Haikus de un olmo

Olmo añejo,
lisiado de cruel rayo,
renace verde.

Abril lluvioso
y mayo soleado
obran milagros.

En la colina,
a la vera del Duero,
cumple cien años.

Musgo amarillo,
corteza blanquecina,
tronco roído.

Quedó silente,
de pardos ruiseñores
abandonado.

Suben hormigas
avanzando en hilera
hasta la cima.

Nidos de arañas,
refugios sosegados
donde tejer.

¿Te dará muerte
con hacha desalmada
un campesino?

¿Y un carpintero
convertirá tu cuerpo
en carro o yugo?

Al rojo vivo
tus ramas arderán
en una hoguera.

Te empujará,
tal vez, un torbellino,
bajando el valle,

a la corriente
oscura, recrecida,
a descansar al mar.

Mi primavera,
después de tantos años,
¡ay, si volviera!

(Homenaje a Antonio Machado)

Na mina – Y en la mina

Na mina

Na lexanía sonó opacu´l turullu, señal de desosiegu
d´angonies y pesares, de conmociones,de rumiar palabres malsonantes.
Acuden como si fuesen autómates madres, padres, esposes y dalgún rapacín.
Fríes d´argadiellones barruntes golpien ensin compasión pechos xenxos;
llarimes enllutaes que broten asustaes en güeyos encaldiaos
y mentestantu, los padres traguen babia amesturada en sangre,
les madres con vides encaniaes y corazón muertu
llevanten cantíos al cielu pidiendo por los suyos.
Les llames de les candilexes siguen formes pantasmales y mentres,
la espera angustiase en entirriaes necesidaes;
apaecen per la puerta de la descaía xaula
cuatru torres de pena negra tirando per una camilla;
una man que se mueve, un sospiru, un´allegría
y en tan oscura tez toos ven reflexos de cara conocía.
La nueche golpía con tristura doloríes carnes inmunes
y hasta la lluna escóndese entre les ñubes de desdicha.
Salen de nuevo los valientes con cabeza gacha y manes vacíes;
otros titanes métense nel enxeñu pa intentar recuperalos.
El tiempu comprime l´ánima, desarma les serenidaes.
Les plegaries son más altes y tamién son los cagamentos
que cubren la impotencia de no poder tar abaxu.
Aterraes candeles emerxen de les entrañes y con elles
les manes ensangrentaes que porten la última cama.
Los lloros multiplíquense, les rabies dispárense
al pasar per xunta ellos el cuerpu ensolláu con un cobertor.
La mina de los demonios, castrona y serena,
poneora de pan enriba la mesa, cobra otru tributu.

Y en la mina

En la lejanía sonó opaco el turullo señal de desasosiego
de angustias y pesares, de conmociones, de rumiar palabras malsonantes.
Acuden como si fuesen autómatas madres, padres, esposas y algún niño.
Sombras de inquietantes sospechas golpean sin compasión pechos endurecidos;
lágrimas enlutadas que nacen asustadas en ojos enrojecidos
y mientras, los padres tragan saliva mezclada en sangre,
las madres con vidas desecadas y corazón muerto
elevan cánticos al cielo pidiendo por los suyos.
Las luces de los candiles siguen formas fantasmales y mientras,
la espera se angustia en tensas necesidades,
aparecen por la puerta de la decaída jaula
cuatro torres de pena negra tirando de una camilla;
una mano que se mueve, un suspiro, una alegría
y en tan oscura tez todos ven reflejos de cara conocida.
La noche golpea con tristeza doloridas carnes inmunes
y hasta la luna se esconde entre nubes de desdicha
Salen de nuevo los valientes con cabeza gacha y manos vacías;
otros titanes se meten en el artefacto para intentar recuperarlos.
El tiempo comprime el alma, desarma las serenidades.
Las plegarias son más altas y también lo son las blasfemias
que cubren la impotencia de no poder estar abajo.
Aterradas candelas emergen de las entrañas y con ellas
las manos ensangrentadas que portan la última cama.
Los lloros se multiplican, las rabias ya se disparan
al pasar por junto a ellos el cuerpo tapado con una manta
La mina de los demonios, maliciosa y serena,
ponedora de pan sobre la mesa, ha cobrado otro tributo.

El silenciu – El silencio

El silenciu

Y el silenciu muerese en tarde de torbón;
Afuegase en tebios reproches e intensos regaños,
rescamplios de días felices y nueches con embruxu;
suaños creados en la pura pasión y delicáu embruxu.
Truenos que retrañen con ecu atenazante y,
que a pesar de ser sonoros, comu torbón de veranu
descarga fraudulenta lluvia mansa, en sin pecáu,
y vuelve el asosiegu, el remansu, sol que ahuyenta xangades;
nacen besos, allegría, ardor, pasión y cantíu,
y el silenciu nace en cuerpos encaciñaos.
La nueche ciega, ciega la nueche que con güeyos de sorpresa
asalta ventanes, roba corazones y en el retratu del ríu
onde les agues non tiriten, rebilten amores.

El silencio

Y el silencio se muere en tarde de tormenta;
se ahoga en tibios reproches e intensos regaños,
relámpagos de días felices y noches con encanto;
sueños creados en pura pasión y delicado embrujo.
Truenos que resuenan con eco atenazante y,
que a pesar de ser sonoros, como tormenta de verano
descarga fraudulenta lluvia mansa, sin pecado,
y vuelve el sosiego, el remanso, sol que ahuyenta necedades;
nacen besos, alegría, ardor, pasión y canto,
y el silencio nace en cuerpos enredados.
La noche ciega, ciega la noche que con ojos de sorpresa
asalta ventanas, roba corazones y en el retrato del río
donde las aguas no tiemblan, renacen amores.

Noche amarilla

Las mismas caras;
siempre igual, los mismos rituales
perfectamente seriados, repetidos
hasta la monomanía, con la
meticulosidad de un maestro relojero.

Aquí todo gira despacio
en torno a algún centro de gravedad,
perdido en las simas de la memoria colectiva

Al veros, me atormentan siempre
las mismas preguntas:
Pero ¿aún tenéis aliento?

¿Se atreve a habitar La Vida nuestros cuerpos?
¿Todavía palpita nuestra carne
cuando la estimula el más leve roce?

Es posible que bajo el lodo
haya alguien que se deje las uñas
entre los muros del dique seco.

Haikus de la mañana

Se fue la nieve.

Las montañas se alejan

oscuras, grises.

Nubes viajeras,

compañeras del viento,

las acompañan.

Dos aves cruzan,

largo vuelo rasante,

destino, el parque.

En el paseo

los perros se saludan,

brincos y vueltas.

Emparejadas

pasean cochecitos

las dos gemelas.

Sueños blancos

El invierno se aproximaba con pasos prudentes,
las primeras chimeneas lo anunciaban
con señales de humo.

Las últimas hojas en lo alto de las hayas despedían el otoño
ondulando pañuelos de infinitos colores
del rojo al amarillo.

Y llegó la nieve
en una noche de enero.
Y el cielo era más azul,
y las retinas se atiborraron de blanco,
y volvíamos a ser niños
con los pies mojados,
tiritando,
y los sueños intactos.

Haikus de autobús

Mil hojas muertas

Entre Huracanes

Giros: manos a mente.

Un trozo de alma

Pende de un hilo

Tarde violeta,

Luces abiertas.

Paloma solitaria

Hace equilibrios

Sobre el alfeizar

Canción de cuna:

Mujer cosiendo

Constelaciones de hilo.

Empieza el sueño

Sobre el asfalto.

Ramas desnudas,

Corro de árboles.

Hora de falso sábado,

El cielo brilla

Bajo un sol mudo

Muerte de oro,

Savia dormida.

El beso, yace marchito

Sobre la nieve:

El río hierve 

Petróleo encima

De mi cabeza.

La bruma entre los montes

Traza caminos

Perecederos.

Luz como sopa

De cebolla, los ojos

Cubren las horas

Ebria de soledad

Corrompida mi inocencia,
Saturada de ansias
Y ebria de soledad,
Me voy muriendo.
He perdido mi batalla ante la vida,
He sido ingenua, inocente y atrevida;
Mi absurda candidez me ha traicionado
Y hoy soy la dueña de un sueño fracasado.
Han bombardeado mi confianza,
El desconcierto impera sobre todo;
Estoy desorientada;
Me ha embrujado el amor
Con una deliciosa sinfonía
Y he sido sacudida
Por una fuerte descarga de ironía.
Me he dejado atrapar
Por el temblor emotivo de los sentidos,
¡Pobre ilusa! Esos sueños…
No me estaban permitidos.
Hoy, con un paso inseguro y dolorido,
Voy recogiendo por el suelo las migajas
Que han dejado caer por compasión
Y llevan el aroma del olvido.