María Dueñas, 2009. Ediciones Temas de Hoy (Editorial Planeta). 638 páginas, 22€.
Me acerqué a “El tiempo entre costuras” con la curiosidad que te ofrecen los libros que hablan de esa “época”, de nuestra Guerra Civil, de la implacable posguerra. Me preguntaba si me encontraría ante una Celia, escapando sola de la Revolución y buscando, también sola, a sus hermanas por toda España, todo ello con la prosa limpia y pura, plagada de la incertidumbre de puntos suspensivos, que aportó a la literatura española Elena Fortún.
Pues bien: son radicalmente diferentes. Y quizás en eso consista su atractivo. Con una prosa muy particular, llena de figuras y metáforas, con algo de soniquete madrileño y bastante gracia española, María Dueñas nos relata la historia de Sira, una joven hija de modista que ve cómo su destino cambia gracias a una máquina de escribir (aunque esto en realidad es un recurso de la autora para otorgar un inicio atrayente a la novela, ya que lo que tuerce el destino no sólo de Sira, sino de los cien personajes que la habitan, es la Guerra Civil con todas sus consecuencias).
Así, Sira se convierte en una joven aguerrida al sufrir un revés amoroso en un país extranjero, Tánger, justo cuando estallaba la Guerra. Es por esto que “El tiempo entre costuras” no es un relato de guerra (la protagonista está fuera al vivir un exilio medio impuesto) sino una historia de superación personal y de aventuras. Es una novela exótica. Sira aprovecha sus conocimientos de hija de modista y su rabia de mujer engañada para crear un taller de alta costura que la irá poniendo en contacto con importantes personajes dentro del mundo de la Diplomacia y la Política, lo que supondrá su ascenso social e inmersión en una historia de espionaje, de justicia, de moda, y por supuesto, de muchas relaciones amorosas, románticas y evasivas.
Recuerda un poco a “El largo adiós” de Rosamunde Pilcher, aunque la autora escocesa tuvo el acierto de dejar reposar una novela tan larga en varios personajes, mientras que “El tiempo entre costuras” está íntegramente contada por Sira y quizás sea eso lo que acabe cansando un poco.
No se trata de una novela realista, o al menos el conjunto de la trama no lo es, aunque sí posee cuadros o semblanzas muy exactos (la vida de los emigrantes españoles en Tetuán; la vuelta de los exiliados a la posguerra española; los pasajes dedicados a la costura y la moda) que contrastan con los impostados diálogos, más cinematográficos que realistas o literarios. Pero insisto en que eso no echa a perder la valoración global de una novela original en el panorama narrativo actual, quizás por asemejarse más, tanto por el estilo de escritura como por la estructura, a esas novelas de heroínas casuales que sufren mil avatares en un contexto histórico real antes de encontrar un final justo y lo suficientemente feliz para satisfacer al lector, que en este caso han sido muchísimos, convirtiendo a “El tiempo entre costuras” en la sorpresa literaria española del momento.






