Hace unos días decidí que debía darme un descanso de conocidos. Me pregunté cómo sería posible pasar unos días sin tener que ver ni oír a personas cotidianas. Me senté ante una mesa cogí un lápiz y un cuaderno y comencé a hacer la lista de lo que debería y no debería hacer para conseguir eso. Dividí la hoja de papel en dos partes, en una escribí un SÍ y en la otra un NO y me puse a la tarea.
Al principio todo fue fácil, en el SÍ escribí: cuaderno, lápiz, rotulador, bolígrafo, cargador del teléfono móvil, pendrive, radio, champú, crema solar, botas de trekking, calcetines de algodón, ordenador portátil, maquinillas de afeitar, diccionario, cámara de fotos, tarjetas de memoria, cargador de batería de la cámara y batería de repuesto, polainas para caminar por el monte, bastones de marcha y bastón de monte, botiquín de urgencia: cafinitrina, analgésicos, preservativos, antihistamínicos, barrita para picaduras de mosquitos, crema protectora solar, crema hidratante, afftersun, champú, gel de ducha, pastilla de jabón, medicinas del tratamiento crónico, lágrimas artificiales, laxante, astringente, urbasón, espuma de afeitar, somníferos, frutos secos, barritas energéticas, calzoncillos, unas camisetas, camisas, sombrero, gorra, paraguas, chubasquero, pantalón, zapatos, chanclas, zapatillas.
Miro de reojo la parte de la hoja que pone NO y la veo completamente vacía. ¡Madre mía! Si no he sido capaz de quitar nada de las cosas que uso.
¿Qué hago? Bueno lo primero es echar una ojeada al trastero y ver qué maletas tengo, porque con las cosas que voy a llevar me parece que no tengo ninguna que quepa todo. Cierto. No hay nada capaz de cargar con todo lo de la lista. ¿Qué hago? Si dejo cosas las necesitaré más tarde. Eso siempre me pasa. Si llevo todo la mitad de las cosas no las usaré, pero sé que están a mano, en su bolsa. Así que fijo que me llevo todo. ¿Pero dónde lo meto?
Miraré en qué súper hay rebajas y me acerco a comprar una maleta. No, mejor al chino. Total para una maleta, siempre saldrá más barato. Aunque no sé, a lo mejor es de peor calidad. Y si luego se rompe. Jo, me acuerdo de aquella que llevé a Canarias y se rompió en el avión y cuando reclamé me dijeron que la garantía cubría todo menos los viajes a las Islas. ¡Vaya si se rieron de mí! Supongo que todavía se carcajearán cuando se acuerden.
Bueno eso ya es historia. Ahora a comprar una maleta y a llenarla. Eso sí, esta vez pillo la más barata y que se vea a mil leguas; la más chillona y fea que haya para que no se despiste. Pero dudo que haya del tamaño que necesito. En otros chinos sí que he visto maletas enormes, inmensas, como si las hubieran fabricado para transportar personas dentro, pero aquí no recuerdo que las haya tan grandes. Será cuestión de mirar. Seguro que la encuentro, bueno si no es para guardar mayores a lo mejor la encuentro para meter pequeños. Pero comprar vaya si la compro. ¡No voy a estar yo sin una maleta!
Ahora a la calle, ya acabaré luego la lista. Pero a dónde voy si seguro que ya están todas las tiendas cerradas. No voy a ir a ciegas y volverme loco dando vueltas y más vueltas por todos lados. Si voy en coche me arriesgo a meterme en un atasco pero en el bus no me dejarán entrar con la maleta grande. No sé. ¿Qué hago?
Y después, cuando vuelva a casa con la maleta grande tengo que llenarla con todas las cosas que he escrito en la hoja que puse “SI”, claro pero para meter todo en la maleta antes tengo que ordenarlo y algunas cosas meterlos en bolsas. ¡Ah, el neceser que no se me olvide! Que luego acabo con mil muestras de esas que hay en los baños de los hoteles y no tengo sitio para guardarlas.
Ya está antes de ir a comprar la maleta voy a ordenar y numerar la lista “SI”. Cuando acabe con ella haré lo mismo con la lista “NO”.
Bueno, antes me prepararé algo para merendar, estas cosas se alargan y es mejor con el estómago lleno. Ala, a preparar unas tostadas. Y un café. Sí, un café y así me despejo.
Da gusto merendar así, tan tranquilo. Sin obligaciones de ningún tipo. En un rato me pongo con la lista y en nada salgo a comprar la maleta.
¡Huy, qué ha pasado! Que tonto que soy, si me he echado una cabezada. Desde luego es para que me maten…
Ahora la calle y a comprar la maleta, ya haré luego la lista. Van a cerrar y me quedo sin tener donde meter el equipaje.
—¿Eh, a dónde va usted?
—Pues a la calle, al chino, a comprar una maleta. Voy a marchar de viaje y no tengo ninguna en el trastero.
—¿De viaje, de viaje? Anda suba p’árriba que ya es hora de cerrar.
—¡Cómo que suba p’arriba! Yo tengo que ir al chino, hombre, que me cierran…
—Ande, ande, que ahora va el celador con la medicación. Ya se irá de viaje otro día…
