Maxi Rodríguez

Bio

Asturiano, guionista de cine (“Carne de Gallina”, “Lo que el ojo no ve”) y televisión (“7 vidas”; “La corriente alterna”), actor de cine (“Peor imposible”, “Carne de Gallina”) y televisión (“Hermanos y detectives”, “El comisario”); articulista en La Nueva España; pero sobre todo teatrero (como actor en obras como “Arsénico por favor” o “Larga espera”), o bien como dramaturgo. Al fin y al cabo, es profesor de teatro, guionista teatral, autor de sus propias obras y director de escena. Su obra “Ondas”, ganadora del Premio Nacional Espiga de Oro en 1985, abriría las puertas a una larga trayectoria. “Oé, oé, oé”, “Píldoras de cabaret”, “El arte que hizo pub” o “El lóbulo y las orejas” (Premio Nacional Jovellanos), están entre sus títulos. Lo último: su adaptación de la obra de Borges “Emma Zunz”.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

Me apasiona la literatura de humor, pero he tenido más acceso a escritores latinoamericanos (Dolina, el grandísimo Fontanarrosa, Arreola, Macedonio Fernández, etc.) e ingleses que a los de aquí, excepto por Eduardo Mendoza y Vázquez Montalbán. ¿A quiénes me recomendarías? Lo siento, pero francamente no soy un gran seguidor del género. Así que no me voy a tirar el rollo porque estoy convencido de que tú lo conoces mejor que yo. Eso sí, me encanta Fontanarrosa, es tan grande que le montaron en España una función teatral bastante regulín y funcionó porque su texto era genial.

De chica leía todos los libros de A. de Laiglesia. ¿Qué opinás sobre él o su obra? Recuerdo “Un náufrago en la sopa” y una obra teatral que escribió con Mihura. También algún artículo cachondo reeditado de “La Codorniz”. Me hacía mucha gracia, la verdad. Aunque de su época tengo otra debilidad: Jardiel Poncela. Al ser de teatro, lo conozco más.

¿Hay algún tema que, según vos, no pueda por naturaleza prestarse al humor? Y si creyeses que sí los hay, en otros casos ¿te autocensurarías para no satirizar sobre determinada cuestión? ¿Cuál? En mi opinión, cualquier tema puede abordarse desde una perspectiva cómica, la cuestión es encontrar la clave adecuada. El nazismo, por ejemplo, es algo execrable que se convierte en comedia hilarante en “To be or not to be” gracias a Lubitch. La muerte, algo tan sombrío y paralizante, es asunto recurrente en la obra de Woody Allen…

Si alguien que no fuese asturiano satirizase las costumbres de la región, ¿te molestaría? En absoluto. Como dice Rajoy: hasta ahí podíamos llegar… Hay que saber reírse de uno mismo y aceptar cómo te ven los demás. La susceptibilidad es algo necio que se cura con la edad.

Respecto a su trabajo como actor de cine, teatro y televisión, ¿dónde se siente más cómodo? ¿Y más usted mismo? Depende del proyecto… Pero, en general, en teatro mandas tú más. En el cine, quieras o no, estás en manos del director. La película se hace y rehace en la sala de montaje, y el actor suele estar ajeno a ese proceso. Cuando vi la primera vez “Carne de Gallina” le pregunté al director por qué había elegido en una secuencia la toma en la que yo me veía peor. La respuesta fue demoledora: “Ya, pero es la única en la que, al abrirse el plano, vemos a la gallina picando el maíz de verdad…” Pues vale. Si la pita se sale, te la tienes que envainar… En cine, tú trabajo está mucho más mediatizado que en el teatro. Cuando tú estás en el escenario, frente a un público, es algo vivo e irrepetible, y esa energía la puedes controlar. En cuanto a la tele, mi experiencia es, hasta ahora, en papeles episódicos en mogollón de series y la sensación casi siempre es de que falta tiempo para que tu trabajo pueda crecer…

¿Qué personaje real o de ficción le gustaría interpretar o si ya lo interpretó quién fue? Bueno, mis colegas dicen que soy el “Hamlet” asturiano. Es por la duda constante, ¿sabes? Tengo tan pocas certezas… De hecho, me estoy planteando borrar mis respuestas anteriores… ¿Lo dejaré para otro día?, ¿volveré a empezar?, ¿hay alguien ahí?, ¿te estaré diciendo lo que te quiero decir…?

¿Podría explicar su vida en tres actos? ¿Cómo ha sido el comienzo? ¿Cómo vive el nudo? ¿Qué desenlace espera? Hombre, Aristóteles, ¿tú por aquí? Ya me gustaría que mi vida imitara al arte pero, ay amigo, esto no va así. Son demasiados nudos y ni siquiera espero un final feliz…

¿Sigue pensando que no es peligroso asomarse a un escenario? Depende de a cual… Aún recuerdo un bolo que hicimos hará 25 años o así en un “prau” de Campomanes. Pasó un tipo con una moto y al vernos ahí enredaos con la “Commedia dell’Arte” gritó: ¡Tábais mejor sulfatiando! Paso la vida preguntándome: ¿quién era ese tío?, ¿tendría razón? Y sobre todo: ¿sería suya la moto?, ¿dónde la compró…?

¿Hace falta un talento especial para adaptar textos en prosa o poéticos a fin de crear un guión que pueda ser la base de una representación? Es como todo: intentarlo, ir probando y a base de práctica, vas aprendiendo… A mi me ayuda llegar a la escritura desde la interpretación. Suelo tener muy presente que lo que queda en ese guión son palabras para ser dichas, alguno se olvida de que lo que él escribe tiene que defenderlo un actor.

¿Cómo se siente cuando se reúne con amigos en la cafetería de la Universidad Laboral rodeado de actores en potencia? No suelo ir mucho por ahí, la verdad… Soy tan de pueblo, chico, que no me acabo de orientar en la Ciudad de la Cultura…

¿Que le impulsó a meterse a actor? El mío es un caso absolutamente vocacional. Desde crío, participaba en los festivales del colegio (¡imitaba a Doña Rogelio y al Patito Fito!). Siempre me gustó actuar. Después, seguí haciéndolo en el instituto, luego en un grupo aficionado y así… Lo de escribir vino después, cuando me cansé de poner en mi boca lo que escribían los demás. Decidí que el teatro me podía ser muy útil para recrear cosas que necesitaba contar. Eso, de alguna manera, lo hacía en la escuela ya.

¿Concibe una vida sin humor? No. Sería imposible de llevar. La coña es pura supervivencia.

¿Aún se le pone la ‘carne de gallina’ cuando ríe por no llorar? Claro. Eso me comentan muchos espectadores (incluso a día de hoy) que al ver esa película (y otras obras mías) se les congela un poco la sonrisa, se les queda una mueca rara… A mí, al idearlo, me pasa igual. A veces creo que escribo comedia por puro pesimismo.

¿Es el humor un ‘arma cargada de futuro”? Desde luego. Es, quizá, una especie de escudo para protegernos, distanciarnos del mal rollo y relativizarlo todo…

La doctora Bañugues ¿tiene título de psicologa, o es una timadora veraniega? Ye titulada, por supuesto. Y está loca por ayudar a los demás. ¿Por qué no encaja en la Seguridad Social?

¿Qué porcentaje de Maxi Rodriguez hay en cada una de sus actividades? Yo, como tú, soy muchos. Y a veces nos llevamos fatal. Por eso, me viene bien sacar a cada uno a pasear un poquito en su actividad…

¿Qué es más fácil, escribir una obra de teatro, o un articulo semanal o diario? Escribir una buena función es mucho más complicado. Desarrollar el trabajo dramatúrgico (componer un drama) y hacerlo con cierta solvencia encierra bastante dificultad. En los artículos, al ser más sintéticos, puedes columpiarte un poco más. Mi sección se basa en diálogos casi por aclamación, hay mucha gente que le hace gracia y me comentan que son más fáciles de leer. Y aunque soy consciente de que en ocasiones bordeo lo sicalíptico, creo que viene bien un cierto alivio cómico entre el mogollón de malas noticias diarias. Pero para escribir teatro hace falta mucho más: manejar más conflictos, más códigos, saber estructurar…

Hace 15 años el fallecido Elías Rodríguez nos llevó a unos pocos alumnos de su clase de teatro a una sesión de su obra ‘Ondas’ en el orfanato minero. Sigue en la retina del recuerdo. ¿Fue más difícil idear esa obra, o interpretarla? Llevaba todo el peso. ¡Qué grande Elías! No sabes cómo le echo de menos. Aunque nos veíamos de Pascua en Ramos, fue un buen amigo que siempre estaba ahí, con el que se podía hablar y al que daba gusto escuchar…“Ondas” era una obra primeriza y muy pegada a mi historia personal. La escribí cuando empecé a hacer magisterio pero lo que deseaba en realidad era dedicarme al teatro profesional. Así surgió la trama del monólogo: un profesor de EGB en paro que se encierra a preparar las oposiciones en su cuarto de baño y, de paso, se inventa otra realidad… Como actor resultaba algo catártico, lo echaba todo fuera y encima la gente se partía de risa. La verdad es que fue un éxito, ganamos muchos premios a nivel nacional y tuvimos que reponerla a lo largo de los años. Incluso, hace tres me contrataron para montarla en Galicia, en gallego, con otro actor y funcionó genial…

¿Qué opinión le merece el teatro actual? ¿Algún dramaturgo de ahora que le gusta especialmente? ¿Algún dramaturgo de cualquier época? ¿Qué opina de la situación de las compañías de Teatro en Asturias? Soy fan absoluto de Valle Inclán, me parece un dramaturgo excepcional. Y, como la realidad es tan tozuda, el esperpento siempre va a perdurar. En la actualidad, me interesan mucho los maestros Sanchis Sinisterra y Benet y Jornet. Y más de mi quinta, Sergi Belbel, Jose Ramón Fernández y Juan Mayorga, aunque a este último quizá con tanta sobreexposición lo pueden achicharrar… En cuanto a Asturias, me parece que hay compañías cojonudas y gente con mucho talento. Pero las ayudas institucionales ahí siguen, atrapadas en el tiempo. Aquí la política teatral parece el día de la marmota.

Con la venia. Señor Rodríguez, está ante este tribunal para confesar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Haga el favor de decirle a la sala si realmente ha parado alguna vez en Villalpando. En caso de que la respuesta sea afirmativa, díganos si fue en el Alsa Asturias-Madrid con parada para comer el bocata de tortilla ladrillera, o en el Mercedes último modelo que se ha comprado gracias a los dineros que le paga la SGAE por derechos de autor.

Míreme a los ojos y dígame si no es cierto que el día de autos se buscó una coartada inadmisible presumiendo que estaba con Bush echando una brisca, cuando la investigación ha demostrado que Bush estaba en ese momento jugando al monopoly con Blair.

Las pruebas son las pruebas y no admiten discusión: fue hallado usted con el cuchillo en la mano, la ropa ensangrentada, y llevaba escrito en la frente “matélu yo”. ¿A qué viene entonces esa tontería de que el asesino de su representante ha sido el mayordomo? Y lo que es más importante, ¿cree que los agentes literarios son unos ineptos disfrazados de burócratas que no ven más allá del brillo del euro que se llevan pal saco?

Ese lenguaje que utiliza ye del mismo Mieres o de los alrededores.

Su polifacetismo es archiconocido en el reino. Nació con él o le tocó en un tapón de Mirinda.

Cuando dirige usted teatro ¿manda mucho? ¿No le hacen ni puto caso? ¿Salen las cosas como salen de puñetero milagro? ¿Ha preparado el escenario del crimen solo o con ayuda de otros?

Señor Rodríguez, ¿no le da un poquito de vergüenza ser tan guapo? ¿No es cierto que se cubre la cara con esa barba de chivo que le queda espantosamente mal para ahuyentar a las quinceañeras que le persiguen, y aún así no es capaz de quitarse de encima a sus madres?

El ministerio fiscal no tiene más preguntas. Haga el favor de dejar de aporrear con el mazo a la linotipista y devolvérselo al señor juez, o no podrá levantar la sesión y ya es hora de irnos todos de sidras. Mire, señor fiscal, confieso que estoy agotado de pensar… Un día quedamos y se lo cuento todo. ¿Vale? Además tengo mucho interés en saber qué tipo de sidra consume usted…

Señor Maxi Rodríguez, a pesar de ser usted un hombre polifacético, ¿no le fastidia bastante saber que si se busca su nombre en google se le confunde fácilmente con un futbolista argentino? Ya estoy acostumbrado. Y no es coña. En una ocasión me llamaron al móvil (“Hola, soy Jesús Bueno de El Larguero”…) para felicitarme por meter dos goles, y en otra me llamaron de “Radio Caracol” de Miami para preguntarme si podía entrar en directo a las seis de la mañana. Claro, yo flipé. Resulta que como, al hacer la promoción nacional de una obra mía que se llama “¡Oé, oé, oé!” me entrevistaron en varios programas deportivos de la Cadena SER, mi número de teléfono está en un directorio de Madrid y, dependiendo de quien lo consulte, lo mismo me llaman para preguntarme qué tal va mi obra o cómo voy yo del menisco… ¡El furbo es asín!

¿Le resulta fácil compaginar todas las facetas que domina o se dedica a cada una de ellas por etapas, tratando de no mezclarlas mucho? Hombre, mentiría si te dijera que todo lo que voy haciendo responde a un plan premeditado. En absoluto. El mítico Fernán Gómez explicaba muy bien cómo va lo nuestro: “Un día comes faisán y al siguiente las plumas”. Así que los proyectos van llegando o no, en función de muchas cosas, hay rachas mejores y peores… Dentro de esa eventualidad, trato de no volverme loco e ir encajando en las facetas que surgen. Por cierto, eres muy gentil pero creo que (de momento) no domino ninguna.

¿Utiliza los mismos recursos para hacer un guión para televisión que para una obra de teatro o cree que al ser diferente público hay que dirigirse a él de diferente forma? Mi experiencia en televisión siempre ha sido en cadenas generalistas. Esto, quieras o no, condiciona bastante el tono de la escritura. En “7 Vidas”, la serie más golfa y de más calidad de las que he trabajado, a mí se me cayeron chistes o gags en alguna revisión porque el productor me decía: “Sí, Maxi, es cojonudo pero no es generalista…” No nos engañemos, en la tele es muy complicado eludir lo políticamente correcto (la “transgresión” está supermedida…) Sin embargo, en teatro suelo hacer lo que me da la gana. También es verdad que no me ha ido igual currando en un teatro público (el Centro Dramático Nacional) que en el privado (la Muntaner de Barcelona, o el Fígaro de Madrid…) El perfil del destinatario cambia, es evidente, pero siempre trato de abordar los trabajos siendo fiel a mi mismo, con vocación de estilo. Alguien dijo que para el éxito no hay receta pero para el fracaso existe una: tratar de contentar a todos…

Existe una especie autóctona asturiana, muy abundante, y sin peligro de extinción: EL MAZCAYU. ¿Cree Ud. que sin la ínclita figura del mazcayu, nuestra heroica historia, jalonada por personajes como nuestro William Wallace local, el conde Peláez de Tineo, hubiera seguido por los mismos derroteros, hasta acabar viviendo todos de Hunosa y Ensidesa, o por el contrario, si la poca burguesía culta y adinerada que tuvimos, hubiera puesto un poquito más de su parte, la figura del mazcayu se hubiera extinguido, con el consiguiente ‘despeje’ cultural? ¡No sé lo que hubiera pasao. jajajaa! Lo único que sé ye que tamos rodeaos… Pero, en fin, además de mazcayos en esta bendita tierra hay otras especies (animales y vegetales) así que tampoco conviene obsesionarse, no vaya a ser que el mazcuyu nos impida ver el bosque…

¿Cree usted que es cierto que muchos actores se esconden en sus personajes para no afrontar la realidad de la vida? Y no sólo actores. Todos, de alguna manera, nos hemos construido un personaje para sobrellevar el día a día, ¿no? Y ahí andamos, dándolo todo (o no), tratando de resultar orgánicos, creíbles… pero es que, claro, a veces la vida está tan mal escrita…

¿Se le pone a usted la ‘carne de gallina’ al ver como la TPA aporta mucho menos de lo que debería aportar al panorama de la cultura asturiana en general y al cine/literatura asturiana en particular? A veces, la verdad. Aunque apenas la veo. Tiene cosas buenas, malas y decepcionantes pero es que algunas son para enfadarse…

¿Para cuándo otro cortometraje o cualquier otra iniciativa en la que participes en el ámbito del cine/televisión en llingua asturiana? Cuando me llamen. ¡Toy siempre dispuestu!

¿Pasa mucho tiempo en el chigre tomando notas entre culín y culín? Como soy de pueblu (El Pedroso, Mieres) pasé ahí tantas horas… En los pueblinos pequeños hace años el chigre (ahora quizá menos) era un poco el centro de la vida, el motor… Todo ocurría allí. Así que tengo perfectamente archivados un montón de personaje insólitos, comentarios geniales y escenas impagables. En una encuesta de dramaturgia nacional dije que lo mío era la poética del chigre. Alguien lo recogió y así figuro en el libro“Teatro español de fin de siglo” (¿Qué pensarán de mí los estudiantes extremeños?). El chigre es fuente inagotable de inspiración, se merecería una sit-com de calidad.

¿Prefiere escuchar a la charanga “Ventolín” ó a la Sinfónica de Asturias? Hay momentos pa todo, ¿no? La Sinfónica suena genial pero si organizo una espicha ¡no la pienso llamar!

¿En qué puede ayudar el actor al escritor y viceversa? Interesante cuestión. A veces hay un divorcio entre estas dos profesiones, y se producen relaciones antagónicas. En teatro, por ejemplo, aún existen autores (cada vez menos) que no quieren que les toquen una coma y actores que montan a autores muertos para evitar algún follón. En la tele, a veces existe demasiada separación. Algunos actores muy bien pagados tienen poco respeto al guión y al tipo que lo escribió. Son categorías diferentes y muy mediatizadas por el Star System. Por eso a veces es ingrato escribir para la tele, en caso de duda se protege a la estrella (el actor o la actriz para el que te has tirado hasta las tres de la mañana escribiendo la frase precisa y, si no le sale de los güevos, no la dice…). Os suelto este rollo porque yo, que procedo del teatro y siempre he entendido que actor y escritor se deben de ayudar, quedé muy sorprendido con ese esquema un poco piramidal que me tocó vivir en los dos bandos: Cuando iba a currar de guionista a una serie me iba en metro. Luego, al contratarme, en la misma serie, como actor me recogía en casa el coche de producción… Bien, pues si el escritor conoce todas las claves del material textual creado por él (intenciones, matices, subtexto..) lo lógico es que se lo aporte al actor, y que si éste tiene algún problema de comprensión, dicción o lo que sea, el texto se rescriba con aportaciones de los dos.

¿Cómo logra organizarse usted con tantas facetas y no salir con la cabeza ‘haciendo humo’ como se dice por ahí? Soy un desorganizado total. Lo de hacer cosas diferentes te sitúa un poco bajo sospecha, eres competencia para mucha gente de ámbitos diferentes y, en general, tratan de expulsarte de todos: los actores te dicen que te dediques a escribir, los escritores dicen que lo que mejor haces es dirigir, y los directores que eres un actor genial… Así las cosas, hago lo que me va saliendo. Y lo bueno de esas facetas es que suelen ser complementarias: cuando escribo necesito gente, que la palabra se encarne, escucharla, matizar; cuando dirijo acabo un poco harto de la gente (las neuras, los ensayos…) y estoy deseando replegarme sobre mi mismo para volver a escribir… Así que… Perdona, ahora vuelvo, estoy haciendo humo…

Guionista, actor, autor teatral, articulista, director de escena y un largo etcétera conforman su enorme currículo, ha representado como actor como todas sus facetas artí¬stico-laborales le han dado el privilegio de vivir más de 7 vidas y por lo tanto tener ventaja a la hora de escribir?, ¿cree, por ello, que la mejor manera de que un escritor enriquezca su obra es viviendo al máximo sus posibilidades?

Por otro lado, leyendo detenidamente su página Web, en la sección Alopecia hay una frase suya realizada ya hace casi diez años que dice Cuando sea mayor escribiré una buena obra, pues bien, ¿ya está usted en ello o no es aún lo suficientemente mayor? Cuando empecé de chavalete en el teatro estaba ávido por acumular experiencias para poder interpretar. Era, entre otras cosas, una excusa perfecta para la promiscuidad: sentir mucho y luego poderlo expresar. Con los años me he ido calmando (no del todo, eh) y cada vez defiendo más el viaje mental. Con la imaginación se puede ir a tantos sitios… Ojalá sea lo suficiente mayor para escribir una buena función. Es curioso, ahora mismo estoy escribiendo una obra para Teatro Paraíso del País Vasco que se llamará “Crecer”. Está siendo, lo confieso, un parto doloroso, me remueve bastante enfrentarme a mi “peterpanismo”. ¿Será buena? Y si lo es, ¿habré llegado ya a la vejez…?

Hace años tuve la suerte de hacer un cursillo de teatro intensivo con usted. Duró un fin de semana. No lo olvido. Además de buen director demostró ser un actor excelente. ¿Se dedicaría sólo a la interpretación si le ofertasen las mejores obras, suyas o ajenas, y dinero acorde con su valía? Muchísimas gracias. Por supuesto que lo haría. ¿Dónde hay que firmar?

¿Por qué escogió Etelvino Vázquez “Emma”, obra escrita por usted, para hacer una coproducción con la actriz Cecilia Hopkins? Pues no lo sé. Me llamó un día para proponerme escribir una versión teatral del relato “Emma Zunz” de Borges (Viene en “El Aleph”). El proyecto está avalado por “Iberescena” (que se dedica fundamentalmente a propiciar coproducciones con América Latina.) Y ahí estamos. Dramatizar un texto narrativo siempre es complicado pero yo estoy bastante satisfecho del resultado.

Actor, autor teatral, guionista, director de escena, profesor de teatro, articulista… ¿En qué faceta se siente más cómodo? Ya lo he comentado: son actividades complementarias, pero en realidad te dedicas siempre a lo mismo: crear historias. Lo de sentirse más cómodo depende del proyecto. Me encanta crear equipos y compartir el placer de levantar entre todos una invención. He disfrutado mucho en todas las facetas. Y cuando ejerzo de profesor (o ponente, como dicen ahora) trato de transmitir ese entusiasmo a los demás.

Alguna vez se ha autocensurado? Bueno, digamos que trato de adecuarme al medio. En el periódico grito menos (y suelto menos exabruptos) que en el cabaret (Lo intento, eh)

¿Se siente más realizado escribiendo o sobre un escenario? Intento realizarme lo más posible tanto en uno como en otro caso, incluso cuando me hacen encargos que no molan trato de resolverlos con la mayor dignidad.

¿El teatro costumbrista asturiano es de su devoción? Desde luego, me parece un patrimonio cultural de primer orden. He tenido oportunidad de poner en escena varias funciones con compañías vocacionales y su eficacia es espectacular. Otra cosa es tratar de darle una vuelta y vincularlo más con la actualidad. Las compañías asturianas lo están haciendo genial.

¿Que siente cuando pasea por ciudades como Oviedo o Gijón, en las que no quedan ya salas de cine (a la antigua usanza) y los teatros o están ‘municipalizados’ o son salas de escaso aforo? Lo del cine me parece especialmente sangrante. Tener que meterme en un centro comercial muchas veces me echa para atrás. El sino de los tiempos…

¿Cómo ve a las gentes de la cultura que se posicionan políticamente en periodo electoral? Me parece muy respetable, cada uno que haga lo que crea conveniente.

Cervantes, Chesterton, Ángel González… ¿Debe haber un toque de humor en la buena literatura? No sé lo que debe haber o no, pero sí confío en la eficacia del humor. En la primera pregunta (hostia, qué lejos me queda ya) me confesaba poco seguidor de la literatura humorística como género. Sin embargo, en estos autores que citas (y muchos clásicos más) reconozco cantidad de geniales ironías, imágenes verbales hilarantes, bromas sutiles… En fin, el humor es un elemento que, cuando se aloja bien, forma parte de la literatura con letras mayúsculas.

Los que escribimos sentimos, a veces, impotencia cuando no logramos representar la idea que teníamos en mente. ¿Es más sencillo encontrar la palabra exacta a través de un lenguaje exclamativo o interrogativo? ¿Son El Roto o Forges dos cronistas representativos de nuestros días? Totalmente de acuerdo contigo. El Roto me parece un crack. En “Parando en Villalpando” hablo cada semana con Suso, el autor de la ilustración, para decirle lo que me tiene que dibujar. Y casi siempre acabo tirando de este referente, el humor gráfico hace incluso las veces del mejor editorial. “La Tira y Afloja” también es otro ejemplo genial.

¿Cree que si no existiera la ironía habría que inventarla? Por supuesto, hombre, hay que relativizarlo todo, ponerse en tela de juicio incluso a uno mismo…

¿Cree que se deben dejar de llamar a las cosas por su nombre para no resultar políticamente incorrecto? Al contrario. Soy insumiso frente a la manipulación del lenguaje. Antes se citaba a El Roto. Recuerdo una viñeta suya donde un siniestro gobernante exclamaba: “Hemos privatizado los diccionarios, a partir de ahora las palabras significaran lo que nosotros queramos”. Al loro…

¿De qué tema no se reiría nunca? Ya lo he comentado antes (hace unos folios, creo) Insisto, depende cómo se haga. Todo tiene una vertiente cómica. Así es la vida. (Incluso, la muerte.)

¿Se toma muy en serio al Sporting? No, hombre, lo justo. Me gusta porque es volver al territorio de mi infancia. Uno es del equipo del que ha sido de pequeño. Luego, con los años, he descubierto en el fútbol tantas cosas que no molan… Por eso he escrito la obra “Oé, oé, oé”, con un punto de autoparodia, riéndome de mi mismo y reflejando qué patéticos somos todos cuando sufrimos más de la cuenta por el tema este de la pelota… Muchas gracias a todos. Salud y resistencia.

Martín Casariego

Bio

Este licenciado en Historia del Arte, madrileño, además de profesor de guión (en la escuela de Creación Literaria Hotel Kafka), ha desarrollado su faceta de novelista a la par que guionista. Colaborador de la revista Letras Libres, El Mundo y ABC, su carrera comenzaría en 1989 con el Premio Tigre Juan a su novela “Qué te voy a contar”. La última, “La jauría y la niebla”, ha recibido el Premio Ciudad de Logroño. Respecto a libros destinados al público juvenil, su obra “Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero” supuso un fenómeno literario al superar los 150.000 ejemplares y ser llevada al cine. Otra novela “juvenil”, “Por el camino de Electra”, ganaría el pasado 2007 el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. De guiones propios podríamos citar “Amo tu cama rica”, “Dos por Dos” o “La fuente amarilla”.

¿Cree que, en España, la “literatura juvenil” (o la infantil) está denostada? ¿Un escritor que escriba prácticamente de un modo íntegro para ese sector, como puede ser Jordi Serra i Fabra, es considerado en España por ello como un escritor “menor”? No todo el mundo, pero sí es cierto que hay gente que menosprecia la literatura juvenil, sin argumentarlo, pues realmente no hay argumentos para ello. Y aunque generalmente es claro distinguir si un libro es para adultos o para jóvenes, son algo así como conjuntos disjuntos: hay libros que podrían adscribirse indistintamente a uno u a otro. El niño del pijama a rayas se ha publicado en algunos países en colecciones juveniles, y por poner un ejemplo español, El secreto de las fiestas de Casavella se publicó primero en una colección juvenil y después en una de adultos.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) Imagen www.martin-casariego.com

¿Cómo decide que un libro va a ser destinado para un adulto o para un joven? ¿O comienza a escribir la obra, y es el libro el que decide por usted? Lo decido antes. En mis novelas juveniles los protagonistas son adolescentes, y procuro que el pesimismo, cuando lo hay, esté amortiguado, que el tono sea más ligero, la realidad más amable…

¿Lo mismo pero diferenciando “novelas” y “relatos”. ¿Un relato es una novela a la que le faltaron temas para desarrollarse, o son ideas claras que necesitan sólo de pocas páginas? Un relato es algo que se cuenta con menos palabras, y por lo tanto, ha de ser más conciso, más directo, menos disperso. Pero, efectivamente, volvemos a lo de antes, a los conjuntos disjuntos: ¿Campo de amapolas es un relato largo o una novela corta?

¿Es más difícil escribir un guión, o “adaptarlo”? Las dos cosas me parecen difíciles. Adaptar tiene la ventaja de que no hay que pensar un argumento, y la desventaja de que las comparaciones son inevitables, y a menudo odiosas.

¿Prefiere ser escritor o guionista? Novelista, sin duda.

¿Conserva algo de lo que escribió cuando tenía 16 años? Guardé alguna cosa, no he vuelto a leerlo. Creo que me daría un poco de vergüenza, y de melancolía.

¿Cree que se puede sobrevivir sin Agente literario? Sí, aunque yo tengo. El escritor es muy vulnerable cuando termina un libro, y el agente es una especie de muro.

Usted dirige una parte de su obra a los jóvenes ¿Tiene público fiel en este sector? ¿Podría hacernos un retrato robot de un lector joven de la época actual? No sé si tengo un público fiel, espero que sí. Un retrato robot de los lectores jóvenes… Es imposible hacerlo, los jóvenes son individuos, son distintos unos de otros… como los lectores adultos.

Y aunque supere el límite que nuestro mentor nos ha marcado, me gustaría hacerle una tercera ¿en qué cambia el estilo de un escrito dirigido a adultos al de otro a un público juvenil? Independientemente del público al que supuestamente me dirijo, cambio según la historia y el narrador. Intento que en mis novelas juveniles el ritmo sea rápido, que haya bastante humor, fluidez, algún juego de lenguaje, no remarcar especialmente lo desagradable… Procuro ser algo más optimista.

¿Qué opina de los directores de cine jóvenes españoles? Me han gustado “Azul oscuro casi negro”, de Sánchez Arévalo, “La noche de los girasoles”, de Sánchez Cabezudo… Me gusta mucho Amenábar, no sé si se le puede seguir considerando joven.

¿Por qué cree usted que la gente va cada vez menos al cine? Porque las películas se piratean, se ven en el ordenador, en dvd… El consumo de cine es enorme, la pena es que se vaya menos a las salas.

¿Qué le motiva más escribir guiones cinematográficos o novela? Novela, porque es el verdadero arte de la escritura. El guión es un género muy limitado literariamente, todo tiene que ser muy conciso, las descripciones, someras, sólo tienen la misión de que se entiendan, pero el estilo da igual, ni siquiera tienes la libertad de extenderte, una novela puede tener 500 páginas, pero nadie quiere una película de tres horas… Además, en la novela el resultado final es el que tú decides, si yo no estoy de acuerdo, a mí no me pueden cambiar ni una coma, mientras que un guión pueden hacer lo que quieran, hasta dárselo a otra persona para que lo reescriba… Y encima, sé que si escribo una novela, voy a publicarla, mientras que no siempre logro vender los guiones. Y esto último no es sólo cuestión de dinero, si a mí me pagaran –aunque fuera muy bien- por escribir cosas que nunca verían la luz, me sentiría frustrado, a disgusto.

En sus proyectos, he leído que ha iniciado una novela para adultos, que transcurre durante una jornada escolar, con tres protagonistas: un chico de catorce años, su hermano de siete, y un escritor que acude a su instituto para participar en un encuentro literario. Tiene muy buena pinta. ¿Ya ha pensado qué título ponerle? Y ¿Para cuándo su publicación? El título aún no lo he decidido, dudo entre dos o tres. Yo creo que se publicará el año que viene.

Para escribir buena literatura infantil y juvenil, ¿es necesario haber leído mucho sobre el tema, o estar muy en contacto con el público joven, o acaso llevar dentro una parte de ese niño que un día fue? Son necesarias la primera y -sobre todo- la tercera condición, lo de estar muy en contacto con el público joven no creo que sea imprescindible. Todos tenemos algo de niños, de adolescentes, se trata de recuperarlos, de desenterrarlos. Y si has leído mucho, has ido aprendiendo las técnicas necesarias para mantener el interés del lector.

¿Trabaja mejor en aislamiento o con algarabía a su alrededor? Aislado, con algarabía alrededor lo que hago mejor es beber.

En su novela “Por el camino de Ulectra” el tema es la importancia de la lectura. Sí, escribí ese libro con ese asunto de fondo, aunque en un contexto de una aventura futurista con mucha acción y humor. Mi intención era que los chicos que la leyeran disfrutaran, y al final pensaran: pues sí, es verdad, leer es un privilegio.

¿En que medida leer nos hace más reales? No nos hace más reales, ni siquiera más realistas, pero sí creo que nos ayuda a comprender mejor el mundo y a sentirnos menos solo. Creo que la lectura nos da una perspectiva más amplia de la vida.

Gracián decía: “Es mucho el saber y poco el vivir”. Sócrates le decía a Fedro desconfiando de los libros, que lo peor que le podía pasar a una persona era llegar a creer que sabe porque tiene libros. ¿Qué reflexión sacaría de lo anteriormente dicho? Hay distintos tipos de sabiduría, y no toda se consigue a través de los libros. Pero los libros nos ayudan a rellenar muchas lagunas. Por supuesto que nuestra propia experiencia es lo que más nos enseña, pero también se aprende de la ajena, y gran parte de la ajena está recogida en libros.

En los países del tercer mundo, el acceso a los libros es privilegio de una minoría, el común de las personas no puede comprar un libro por el alto costo de los mismos, incluso los estudiantes de universidades estatales leen gracias a la cultura de las fotocopias, pero existe hambre de lectura. El panorama es diferente en el primer mundo, existe una industria editorial muy fuerte y se publica de mucho. Me pregunto si existe realmente una relación de influencia entre libro y cultura, en que momento cree que la cultura se convierte en un puro blablá. En los países ricos lo que falta es tiempo. En España, por ejemplo, y frente a lo que algunos dicen, los libros son baratísimos, e incluso se accede a ellos gratis en las bibliotecas. Y claro que creo que hay una relación entre libro y cultura, pero la cultura es un concepto muy amplio. Y por supuesto que creo que hay gente que lee y está –y es- muy mal educada, y lo contrario. Como norma general, no me cabe duda de que la gente leída es más culta que la no leída.

¿Qué piensa de que su libro “Y decirte alguna estupidez, por ejemplo te quiero” sea recomendado en los institutos? Me parece bien que en los institutos se obligue a leer (¿no obligan a estudiar y a saltar y a tocar la flauta?), otra cosa es que los profesores acierten con lo que eligen. Por cierto, sobre esto hay un equívoco. La gente cree que hay títulos de literatura juvenil que venden porque se recomiendan. Es cierto que se recomiendan, pero los recomienda cada profesor, individualmente. Por el contrario, hay libros de literatura de adultos que sí que se incluyen en los planes de estudio. Son cosas muy diferentes. No tengo la suerte de haber entrado en ese grupo de verdaderas “recomendaciones”.

¿Necesita echar mano de sus recuerdos de juventud para escribir un libro o tiene una imaginación portentosa? No tengo una imaginación portentosa, ya me gustaría. Invento, claro, pero también recuerdo, y escucho. Si yo leo un libro mío escrito hace diez o doce años, me sorprendo: ¡qué imaginación tenía antes! Pero pienso eso porque, al ver tantas cosas comprimidas en unas páginas, que se leen en unas pocas horas, te olvidas de cuántas dedicaste a imaginar.

¿Cree que es importante que los jóvenes se sientan identificados con las aventuras de sus libros o por el contrario que les aporten experiencias totalmente ficticias? Las dos cosas. La identificación es una manera de interesarse por lo que se lee, pero también lo es –incluso más potente- el descubrimiento.

Es usted considerado como un escritor versátil (incluso en la información que se puede obtener de usted en la wikipedia es uno de los primero adjetivos que aparecen), novelas juveniles, para adultos, relatos infantiles, ensayos, prensa, guiones,… ¿considera usted que si alguien tiene “el don de la escritura” (que supongo será lo complicado) a poco que se empeñe puede hacerlo en diferentes estilos?, ¿o para cada uno de esos campos hay que tener un diferente “don” y es usted un privilegiado “multiportadordedones”? Es cierto que soy versátil, lo que en principio es bueno, pero al final, lo que importa es la calidad de lo que se haya escrito, y para ello, la versatilidad no es perjudicial, pero tampoco una garantía de nada. A mí me han gustado cosas muy diferentes, y a lo mejor por eso soy capaz de emplear diferentes registros. Me sigue sorprendiendo cuando a alguien le preguntan por sus escritores favoritos, y responde con un solo nombre. Yo siempre he tenido muchos (y además, esos muchos siempre han tenido novelas que me parecen flojas, excepto Max Frisch o Kafka). Me gusta “Factotum”, de Bukowski, y “El extranjero”, de Camus, por ejemplo. Y las dos las considero importantes en mi vida y en mi formación.

Guiones y novelas, novelas y guiones, ¿en alguna ocasión ha comenzado un relato pensando que sería novela y acabo siendo guión, o viceversa? No, siempre lo he tenido claro, entre otras cosas, porque los guiones siempre los he escrito con alguien.

Siempre que leo un libro estoy viéndolo, con imágenes, “me monto la película”. Usted dijo en una entrevista “la literatura crea imágenes”. ¿Cuando escribe una novela ¿usted “ve” las situaciones, los personajes, las escenas? Sí, algo tienes que imaginar, que ver. Un estilo cinematográfico sería el que tiene un ritmo rápido, mucha acción y diálogos, no se detiene en los detalles, ni hay demasiada introspección en los personajes, etc. Pero crear imágenes es algo absolutamente literario, pensemos en La Odisea, en Tristán e Isolda…

También dijo que a veces las rupturas incentivan más a escribir. ¿Cree que se puede llegar a odiar a alguien de quien se estuvo profundamente enamorado? En cierto modo, si eres feliz, ¿para qué escribir? Si eres feliz, basta con disfrutar de la vida. Pero ¿quién lo es? Y sobre lo otro, seguro que sí, seguro que muchas parejas que han roto han pasado del amor al odio, o al menos, a la más absoluta incomprensión.

¿Facilita el trabajo de guionista a la hora de escribir los diálogos de una novela? ¿Qué diferencias hay entre el diálogo de una novela y el de una película? Para mí, la principal diferencia son las acotaciones. En las novelas, casi tan importante como lo que se dice es lo que lo rodea, porque va creando el ambiente, modulando el ritmo, dirigiendo la mirada del lector hacia determinado lugar. En un diálogo de cine, todo eso es más bien cosa del director y los actores, el guionista sólo puede apuntarlo levemente.

¿La película que tenía en la mente cuando escribía Y decirte alguna estupidez… se asemeja a la posterior adaptación del libro al cine? En algunas cosas sí, en otras no. Los actores, la música, los decorados, el director, pueden cambiar tanto un guión…

¿Qué es en realidad lo que hace que un libro sea denominado “literatura juvenil”, los temas, el lenguaje, las modas, la edad de los personajes, son libros puentes que ayudan a aficionarse a la lectura? Un poco todo. El tono, sobre todo. El sexo explícito, la violencia, difícilmente pueden entrar en la novela juvenil. En ocasiones, esa frontera es muy difusa, como decía antes. Yo creo que una de mis novelas juveniles, “El chico que imitaba a Roberto Carlos”, podría haberse publicado en una colección de adultos.

¿Cómo consiguió describir con tanta crudeza la historia que cuenta en “La hija del coronel”. ¿Cómo es el proceso de documentación? Cuando lees la novela, da la impresión de que conociera perfectamente los lugares y describe las situaciones como si realmente las hubiera vivido. Ya sé que por edad esto es totalmente imposible. ¿No produce un estado de angustia escribir en ese tono?
Viajé a Melilla en dos ocasiones para tomar notas, hablé con legionarios, visité el Tercio, y sobre todo, leí acerca de la legión, libros y muchos números de la revista que publicaba la propia Legión en los años 60 (de ahí saqué, por ejemplo, la escena en la que el mono tira al aire la paga, es condenado a muerte y perdonado cuando saluda militarmente al coronel). Durante unos años, si hablaba con alguien que había estado en la Legión, procuraba sonsacarle. En cuanto a la angustia, no me la produjo, disfruté escribiéndola. Pero una cosa sí es cierta: había pensado, al principio, que el protagonista fuese una especie de bestia, un verdadero asesino, y no me salió así, porque me habría sentido muy incómodo, muy a disgusto…

He leído que con el dinero de un premio viajó a Buenos Aires a conocer a Bioy Casares. ¿Con qué escritor/a le gustaría compartir unos días? Sí, a conocer a Bioy y sobre todo a conocer Buenos Aires. “El sueño de los héroes” es una de las novelas que más me ha marcado, y por eso lo hice, por eso y porque entonces era joven (e ingenuo). Ahora no lo haría, así que me alegro doblemente de haberlo hecho en su momento. Me iría con los que son amigos míos, que son pocos. Con los otros… prefiero admirarlos en los libros.

¿Existen demasiados temas tópicos en la literatura juvenil? Hay muchos títulos que abordan asuntos como la anorexia, las drogas, el racismo, por poner ejemplos, de manera “pedagógica”, lo que no suele dar buenos resultados (ni literarios ni pedagógicos, me temo). Muchos, sí, pero creo que no son mayoría.

La primavera corta, el largo invierno. Es su novela más aplaudida por la crítica. ¿La considera usted su mejor novela? Sinceramente, no tengo la perspectiva suficiente para contestar esa pregunta, y supongo que nunca la tendré.

En su faceta de escritor de libros infantiles, ¿cómo se las apaña para idear historias que capten el interés de un público tan complejo y, a la vez, exigente, como el del los niños? Mis libros infantiles son todos de un mismo personaje, Pisco. Me divierte mucho escribirlos, y creo que a los niños también les gustan. Para ellos hay partes con humor y otras de acción, y para mí, las partes de acción también están llenas de humor. Y sí, los niños también saben si algo les gusta o no. No tragan cualquier cosa. Otro asunto es que nosotros estemos de acuerdo con sus gustos… Bien mirado, lo mismo ocurre con los adultos.

Su novela “Por el camino de Ulectra” tiene como transfondo la importancia de la lectura. ¿No cree que el tema del fomento de la lectura se ha convertido en algo ya habitual pero a lo que todavía no se ha encontrado un buen método para llevarlo a cabo? ¿Cuál sería, según usted, la mejor manera de fomentar la lectura? Yo no sé qué sería lo mejor para fomentar la lectura. Dejar más tiempo en los colegios para que los niños puedan leer, quizá. Los niños tampoco tienen tanto tiempo libre como nos creemos. Mi deber, al respecto, es tomarme en serio los libros que escribo, sean para niños o para adultos. Es la mejor aportación que puedo hacer.

Si la venda de cupido fuese transparente y percibiésemos -como el protagonista de su novela- las “Dos en una” que coexisten en todas las personas ¿cree usted que se romperían menos relaciones? Como aprendiz en este taller: ¿es imprescindible un final feliz para que las novelas juveniles enganchen? Quizá se romperían más… Se disimula por necesidad, más que por gusto, y no es malo que sea así. Las personas que son como les da la gana cuando les da la gana a menudo son grandes egoístas. Los finales felices suelen vender más, es cierto. Y para los adultos, también. Pero no creo que sea imprescindible. “El chico que imitaba a Roberto Carlos” es una historia trágica, y estoy seguro de que, por eso mismo, cala más hondo.

¿En qué momento una idea, una frase que escuchó en la parada del autobús, las manías de su vecino…., se convierte en el embrión de la novela? La única idea que me ha venido de fuera es la de “La hija del coronel”, basada en una historia real. Mis vecinos, la verdad, sólo me inspiran ganas de vivir en un chalet.

Una vez que ya tiene el punto de partida, ¿cuándo decide el punto final, antes o después haberse sentado a escribir? Normalmente lo decido antes de empezar la novela, pero en literatura no.

José María Guelbenzu

Bio

Iniciado como crítico cinematográfico (revista “Signos”) y poeta (Cuadernos Hispanoamericanos), este madrileño del 44 acabaría desarrollando la mayoría de su carrera literaria en el campo de la novela. Finalista del Premio Biblioteca Breve con la primera, “El Mercurio”, entre su extensa bibliografía destacaremos “No acosen al asesino” o “El cadáver arrepentido”, en las que aparece el personaje de la juez Mariana de Marco. Colaborador de revistas como Cuadernos para el Diálogo, El País o Babelia, ha sido también director editorial de Taurus y Alfaguara.

Imagino que antes de comenzar una novela hace una selección de los personajes que van a figurar en ella pero ¿alguna vez se ha ‘colado’ en su historia un personaje con el que no contaba previamente? Es imposible que un personaje se cuele en una novela. Puede ocurrir que la maduración de la novela durante la escritura descubra que la propia novela, para poder desarrollarse plenamente, exija introducir un nuevo personaje o modificar o ampliar uno ya existente, pero eso pertenece también a la creación. El autor es el dueño absoluto de su idea y de sus personajes, pero en muchos aspectos los va conociendo mejor a medida que los construye.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

Imagino que antes de comenzar una novela hace una selección de los personajes que van a figurar en ella pero ¿alguna vez se ha ‘colado’ en su historia un personaje con el que no contaba previamente? Si los hubiera cumplido no continuaría escribiendo. Lo que sí se ha cumplido es el deseo de ser escritor de novelas.

Los títulos de sus novelas me parecen estupendos. ¿Qué puede decirme acerca de cómo los elige? Con instinto, puro instinto; con un gusto acostumbrado. Normalmente los elijo antes de empezar, incluso cuando sólo tengo la idea y sentido del libro en la cabeza. Si a media novela no se me ha ocurrido, ya no se me ocurrirá el bueno, el que le corresponde. Me sucedió con “La tierra prometida”, con el agravante de que, a los quince días de publicarse se me ocurrió el verdadero. Yo creo ue los títulos, de alguna manera, están ahí aguardando a su novela, son como un talismán que uno encuentra al ponerse a escribir.

¿Por qué dejó de publicar poesía? Porque, como soy bastante crítico conmigo mismo, pronto comprendí que, por decirlo de una manera castiza, no me había llamado Dios por ese camino.

¿Qué escritores españoles de novela policial recomienda, aparte de Vázquez Montalbán? Novela policíaca, de la llamada “De crimen y misterio”, la clásica, apenas hay en España. Lo que hay es autores de novela negra, que es otra cosa. Los que más me interesan entre los que he leído son Lorenzo Silva, Alicia Giménez Bartlett y Andreu Martín, porque no necesitan ser abracadabrantes ni se permiten ser previsibles a la hora de contar una historia.

¿Cree que volverá el tipo de novela policial ‘no negra’, sin crítica social? Podría ser. Al fin y al cabo, yo estoy de acuerdo con Joyce Carol Oates cuando dice que, hoy en día, la novela policíaca es la última guardiana de la ortodoxia narrativa. De todos modos, la novela policíaca clásica no ha tirado de crítica social tan descarada (y, a menudo, tan facilonamente) como la novela negra, pero sí recogía en general estudios de conducta y de costumbres muy significativos, desde la propia sencillez lúdica y costumbrista de Agatha Christie hasta la intensidad humana de Simenon.

¿Que opinión le merecen los bestsellers? Que tienen derecho a la vida, claro que sí, aunque con harta frecuencia dan gato por liebre. Yo no los considero Literatura sino Producto, pero reconozcámoslo: hay productos muy bien hechos.

Usted como Editor que fue, que consejo dría a quienes queremos empezar a hacernos hueco en el mundillo literario? Sólo uno: leer y leer con criterio. A escribir se aprende leyendo y luego está el talento artístico de cada uno. Y que no tengan prisa, no les vaya a pasar como a esos novilleros de ahora que a las dos temporadas ya están tomando la alternativa.

Usted abandonó sus estudios para dedicarse a la literatura. ¿Significa eso que no tenía suficiente vocación para ejercer su carrera? Naturalmente, pero eso es una historia personal de estudios impuestos a la fuerza. Era una época en que el bachillerato se dividía en Ciencias y Letras, sin trasvase posible, y para cuando atisbé una salida, ya era tarde. Entonces decidí que, o cortaba por lo sano y quemaba las naves, o nunca sería escritor. No lo aconsejo, creo que es preferible luchar por estudiar aquello que te atrae y te puede formar de acuerdo a tus deseos.

¿Qué le impulsó a escribir? Formalmente, la lectura de “El hombre que fue Jueves”, de Chesterton. Fue la primera vez en que me dí cuenta de que yo deseaba hacer algo así, además de leer. Pero, en realidad, yo tenía una decidida vocación de expresión artística, aún sin concretar hasta ese momento, que me hizo probar a hacer poesía, teatro, cine…

El hecho de haber sido director de una editorial, ¿ayuda a la hora de escribir, es un lastre porque escribe con demasiado ojo crítico, o por el contrario no influye absolutamente nada? No influye. Aquello lo llevé como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, dos personalidades separadas en un tronco común. El escritor era Jekyll, claro.

¿Disfruta más leyendo o escribiendo? Son dos vivencias distintas; cuando se dan bien, resultan incomparables. Cada una a su modo, llenan de sentido una vida, ayudan a vivir.

¿Se atrevería a decirme algún escritor español contemporáneo que no le guste nada? Y por quedarnos con lo positivo, el que le parezca mejor. El mejor fue Juan Benet. El peor, ya lo dije una vez y ni siquiera merece la pena repetirlo.

¿Cree que un escritor, si es también editor, puede editarse a sí mismo, o debe de hacer como los médicos que los diagnostique, o en su caso, que los edite un colega? Nunca debería un escritor-editor editarse a sí mismo. Es un problema de buen gusto.

¿Cómo se consigue compatibilizar estas dos facetas? Véase la respuesta 11.

¿Considera que hay diferencias entre la literatura escrita por hombres y la escrita por mujeres? No lo creo; quizá en matices, pero no en lo sustancial. El sexo no es determinante en la escritura.

Prepararse para ser escritor: ¿por dónde empezar y qué cosas evitar? Lo repito: leer y leer bien. No es muy difícil hacerse con un buen canon siempre que se sea exigente consigo mismo; pero no es lo mismo querer ser lector que escritor, porque quien quiere ser escritor tiene que conocer el oficio. No debe rendirse ante ningún gran libro y no debe olvidar que leer es un esfuerzo, pero un esfuerzo que compensa. La clave es, cuando encuentra algo que le interesa, preguntarse por qué le gusta y darse una respuesta intelectualmente convincente, no basada en etéreas sensaciones, en emociones arrebatadas. Muchos libros le parecerán arduos, pero ya dejarán de parecérselo. Y no es mala cosa leer a algunos de los grandes maestros de la crítica literaria, sea o no creadores. Al sólo lector, en cambio, sí le recomiendo que deje todo libro que le desanime por bueno que éste sea; ya llegará el momento si tiene que llegar.

¿Cree que los editores arriesgan alguna vez? Muy a menudo. Para el editor literario es un oficio de riesgo, más del que parece, pero de esos van quedando menos. Ahora, salvo excepciones, la antorcha la enarbolan pequeños editores, que siempre corren el riesgo de desaparecer en unos pocos años, y editores de tamaño medio y una imagen clara. Los ejecutivos y los técnicos de marketing también arriesgan su cabeza, pero carecen de ideales aunque se ha hecho los amos, quizá por eso.

¿En su arranque literario, le resultaba más fácil tomar pasajes de realidad, o se sentía más cómodo moviéndose por los terrenos de la ficción? Siempre en la ficción. Lo que pasa es que no vivimos en el limbo sino en un mundo y una sociedad concretas que, necesariamente, nos acompañan. Yo creo que una novela es una representación de la realidad, no la realidad. Y no invento de la nada, pero tiendo a no tomar modelos concretos del natural.

¿Cree, que en una profesión como la suya, significarse políticamente puede traer consecuencias? En cuanto a la escritura, en modo alguno, salvo que se escriba para la causa. En cuando al planeta de las letras, sí, claro que sí. La vida de la farándula cultural está llena de favores de ida y vuelta. No hay más que abrir los ojos para ver quien se vende y quien se deja comprar. Eso vale para los honores y para la política también.

En sus principios literarios, con obras como “El mercurio” o “Antifaz” usted experimentó con el lenguaje, dada su experiencia, ¿considera positivo para un autor experimentar con el lenguaje en busca de nuevas “formas literarias”?, ¿o por el contrario ve más productivo que cada escritor se dedique a explotar aquella faceta para la que está más dotado? Lo que no entiendo es que ningún escritor que se precie no intente encontrar algo distinto que lo diferencia de los demás. ¡Pues claro que hay que buscar nuevas formas expresivas! La imitación es muy poco estimulante.

Cuando ‘ejerce’ de lector anota, tacha y subraya o a los libros hay que cuidarlos como siempre dice mi padre. Cuando ejerzo de lector, una parte importante de mis lecturas tiene como destino la crítica. En ese caso, tomo una cuartilla y voy anotando. Si la lectura es por placer, suelo marcar las páginas y, a veces, subrayar, pero no siempre. Cuando marco es porque descubro algo que me enseña o cuya profundidad y belleza me conmueve y no quiero perderlo.

Usted ha creado un personaje de gran peso (Marina de Marco), ¿cree usted que este personaje puede llegar a ser tan absorbente que acabe poniéndole limitaciones a su carrera literaria?, ¿o usted se ve con la suficiente fuerza de voluntad para apartarlo sí lo considerara necesario? De hecho convive con mis otras novelas. Mientras escribía “Esta pared de hielo” intercalé las dos primeras novelas de Mariana de Marco. Ahora estoy escribiendo una larga novela y sigo intercalando a Mariana de Marco; pero hubiese tenido problemas, probablemente, de haber hecho esto mismo sin la experiencia y los recursos que ahora poseo. La veteranía es un grado. De todos modos, es conveniente dejar claro que un narrador ha de tener una dosis de voluntad y disciplina fuera de lo común.

He leído unas declaraciones suyas en las que dice que para engancharse a la

lectura es necesario escribir, ¿lo entendí bien? No creo que yo haya dicho eso, quizá se trate de una transcripción equivocada. Más bien sería al revés, que para escribir es imprescindible leer mucho y bueno.

¿Es Vd. partidario de los Talleres literarios? Los talleres literarios, en mi opinión, a lo que enseñan al alumno es a decir las mismas simplezas que piensa habitualmente, pero en distintos estilos literarios. Las excepciones se dan cuando el profesor es un escritor que, además, posee capacidad pedagógica y, sobre todo, una gran formación literaria. Esto es muy infrecuente en los escritores en lengua española que, por lo general, no acostumbran a reflexionar sobre su oficio. Mi experiencia con la Escuela de Letras fue buena porque, primero, era un proyecto pedagógico y, segundo, antes que cambiar la escritura trataba de cambiar la cabeza del alumno; es decir, le enseñábamos a pensar como piensa un creador y a mirar como mira un creador y le dejábamos en el umbral de la escritura. Más no se puede hacer.

Usted comenzó escribiendo críticas cinematográficas. ¿Qué ha supuesto el cine en su obra literaria? Posiblemente, el tratamiento de escenas, por lo general cortas, que componen la estructura de mis novelas tiene que ver con el cine; no en la escritura sino en el ritmo. Respecto de la escritura propiamente dicha, es difícil que haya relación porque son lenguajes opuestos: las palabras son equívocas y la imágenes, unívocas. Sería, por tanto, una influencia secuencial. Aparte de eso, he visto muchísimo cine, así que algo se notará.

Es conocida su labor como crítico literario. ¿Es capaz de criticar, de la misma manera que lo haría con las ajenas, una de sus propias obras? Creo que lo haría mejor aún porque soy muy autocrítico, pero, además, en mi caso sé reconocer dónde hay desmayos, lagunas, agujeros… sobre todo a toro pasado. Lo que quizá no sepa es colocar en su valor real mi obra, porque estoy demasiado cerca de ella para conseguir la perspectiva necesaria

La curiosidad es la antesala del conocimiento’ son palabras escritas por usted y con las que estoy totalmente de acuerdo. ¿Cree que a un niño de 1º de la ESO (12 años)se le puede despertar la curiosidad lectora con La Celestina, El Quijote…o ‘alguien’ debería poner verdadero empeño y el consiguiente trabajo:búsqueda y análisis de textos más ‘cercanos’. Creo que con los chicos, en bachillerato, se cometen toda clase de disparates con la lectura. Mi opinión es que a los chicos habría que darles lecturas adecuadas a su edad y los clásicos castellanos deberían de leerse en la edad adulta (o en la Universidad, los estudiantes). Y si se quiere dar algún clásico, buscar con lupa, porque hay textos asequibles que podrían servir; pero de mero contacto, no de motivo de estudio. ¿Para qué hacer leer los Entremeses de Lope de Rueda a chicos que tienen dificultades de comprensión con el castellano actual? Es pura vagancia y comodidad de los que lo recomiendan.

¿Lee detenidamente cada libro antes de hacer su crítica? ¿Tiene prejuicios sobre algunos autores o puede leer a alguien aún sabiendo que su anterior libro fue un bodrio? Leo detenidamente y tomo notas siempre, que luego guardo en el mismo libro. No tengo prejuicios y, si éstos aparecen, los aparto cuidadosamente. En muchas ocasiones he apreciado y elogiado textos de autores que no son santo de mi devoción, pero cuya calidad no puedo dejar de reconocer. Un crítico que se precie no debe de dejarse llevar por prejuicios, pero, a ser posible, trato de hablar de los libros que más me interesan.

Si Usted fuera médico, ¿qué libros nos aconsejaría para curarnos de diferentes estados de ánimos o dolencias de la vida actual? Elija varios títulos incluídos los propios. Un libro no cura, sólo estimula (por el hecho de apelar a la inteligencia y a la imaginación). Para indolentes, una biografía: “El toro de Minos”, de Leonard Cottrell; para melancólicos, “Las sonatas”, de Valle-Inclán; para mitómanos, “Moby Dick”; para depresivos, “Los papeles del club Pickwick”, de Dickens; para optimistas incurables, “Meridiano de sangre”, de Cormac McCarthy; para aburridos de la vida, “Las almas muertas”, de Gógol; para abúlicos sociales o desconcienciados, “Todos los hombres del presidente”, de Robert Penn Warren; para gente ineducada e insensible, “El mensajero” de L. P. Hartley; para enfermos de lucidez, “Ada o el ardor”, de Nabokov; para descreídos, “La isla del tesoro”, de Stevenson; para los que están de retirada, “El Pirata”, de Joseph Conrad. Y así seguiríamos.

¿Cómo nació el personaje de la juez Mariana de Marco? Buscando una figura detectivesca española que pudiera estar a la altura de los clásicos de la novela policíaca y resultase natural en un país tan tosco para las cosas del crimen como ha sido siempre éste.

Cuando se escriben novelas policiacas, ¿hay que mantener un ritmo más intenso que en otro tipo de literatura para que el lector quede atrapado y necesite seguir leyendo hasta el final? Siempre hay que seducir al lector; en cuanto al modo, todo depende de la novela y del lector que la abre. Cada novela tiene su ritmo, desde las de Samuel Beckett hasta las de Conan Doyle.

¿La novela policiaca es una especie de pulso entre autor y lector en las que el autor va dejando pistas que el lector debe de ir desentrañando? Los clásicos de la novela de crimen y misterio tienen a gala cuidar que el lector tenga las mismas posibilidades que el detective de descubrir al asesino. Eso era en los tiempos en que la novela policíaca era un género de damas y de caballeros. Yo me tengo por un caballero.

Un crítico que escribe recibe ¿críticas compasivas o mortales? Hay de todo: acomodaticias, generosas, inteligentes, prepotentes, despistadas y rezumantes de rencor. Compasivas, nunca he llegado a leer ninguna. Personalmente sólo tomo en consideración aquellas que, favorables o desfavorables, contienen una opinión basada en un criterio que queda a la vista. Eso del criterio es bastante difícil de conseguir, pero existe.

El personaje de la jueza Mariana de Marco, ¿va a tener continuidad? Va por la cuarta novela ¿no? De hecho, lo que me interesa de ese personajes es su evolución novela a novela así que, obviamente, la continuidad es una conditio sine qua non.

El argumento de su novela ‘El cadáver arrepentido’ me ha parecido realmente original. ¿Tiene algo de realidad o es pura ficción? Hay un suceso real, muy distorsionado, al fondo; el resto es pura invención. Yo no suelo tirar de hechos reales, prefiero la invención. Lo que ocurre es que ni yo ni nadie inventa de la nada; el ser humano no está dotado para inventar formas que nunca ha visto antes: de ahí que todos los marcianos –por citar una hipotética invención de la nada, de lo no visto antes- tengan formas reconocibles: una baba, un nabo, una esfera… De modo que prefiero la invención, pero la invención procede de una cabeza –la mía- que vive en este mundo y lo tiene como referencia necesaria. La pregunta 19 creo que trataba de lo mismo.

La intuición que resolverá el caso en “La muerte viene de lejos” se presenta en un momento inesperado, en un aparente relax de la tensión. ¿Le sucede esto frecuentemente cuando le da vueltas a la trama de sus narraciones? Mariana despierta de la seducción al sentir un desasosiego inexplicable, no congruente con el bienestar que debería abrigar ante unos buenos modales y una cara bonita. Algo que sólo puede intuirse en las capas profundas de los sentimientos, las que valoran el bien y el mal ¿Cree que en el ser humano existe un detector innato moral? La moral pertenece a la educación y la educación a la sociedad en la que vivimos y a las creencias en las que se sustenta. Desde Darwin sabemos que el ser humano no es naturalmente bueno o naturalmente malo sino producto de la evolución. El “detector innato moral” al que se refiere la pregunta no es innato, es adquirido, y cuanto más complejo sea, más hondo anida en los sentimientos y en la conciencia. Yo creo que el gran asunto del mundo moderno es la formación de la conciencia porque hemos pasado de la Segura Norma de Fe a la atomización de la conciencia y ahí es donde están luchando encarnizadamente la lucidez, que sabe que pisa suelo movedizo, y la religiosidad, que mantiene una utopía providencialista. Prefiero hablar de conciencia que de moralidad. En cuanto a mis tramas, me ocurre algo parecido a lo que le ocurre a Mariana: estar embebido en un problema a veces no deja ver el problema a la distancia correcta, pero basta un cambio de tensión para que las vías de salida se evidencien.

Cuando se sienta a escribir ¿se marca objetivos como por ejemplo escribir un capítulo diario, o es la propia novela la que va marcando el ritmo de trabajo a medida que desarrolla la trama? El único objetivo que me marco es escribir todos los días, aunque sea una línea. Con la novela policíaca uno se puede marcar objetivos más precisos y consistentes porque la novela ha de estar completa en la cabeza antes de empezar a escribir.

¿Una novela publicada es una novela olvidada o pasado un tiempo relee sus novelas como ejercicio de autocrítica? No releo, salvo que tenga que revisar la novela para alguna edición concreta. Un libro acabado se va, sin más. En cierta medida, toda novela terminada, por interesante que resulte, para el autor es un fracaso. Un fracaso, se entiende, sobre sus expectativas, que son, por razones de ambición, de absoluto. Por eso es por lo que se pone a escribir la siguiente.

En su faceta de editor, ¿considera Ud. que a veces es necesario ‘sacrificar’ obras de valor literario en favor de otras más comerciales? En un país tan poco ‘letrado’ como España, el oficio de editor ¿es verdaderamente vocacional? ¿es un ejemplo de amor al riesgo? ¿de utopía? Evidentemente, los libros que venden ingresan el dinero que ayuda a editar a los que tienen más dificultades de sufragar sus propios costos… y quitan sitio a otros semejantes, pero es ley de vida. Pero uno nunca sabe, hay libros que crees que van a ir muy bien y no van y otros que los tenías catalogados como “complicados” y el público los acoge con avidez. El negocio editorial sigue siendo, incluso en estos tiempos, un saber empírico. El editor amante de la literatura y del saber es, desde luego, vocacional, algo utópico y arriesgado; pero es un oficio tan estupendo… Yo sólo conozco otro mejor: el de novelista.

Gabi Martínez

Bio

Barcelonés nacido en 1971, señalado como autor de “libros de viajes”, pero también como “periodista literario”, es evidente que defiende géneros narrativos poco respaldados en nuestro país. “Una España inesperada” (libro de reportajes) o “Ático”, con su realidad virtual, son ejemplo de ello. A pesar de la tremenda polvareda que levantó “Diablo de Timanfaya”, su novela “Sudd” fue elegida como una de las más importantes del año por la revista Qué leer y El Periódico. Su último libro publicado, “Los mares de Wang”, continúa en la estela viajera, libre y transgresora.

¿Cree que un videojuego como el que imagina en su libro “Ático” sería aceptado en los colegios para incitar a la lectura o complementar la enseñanza de literatura? Creo que podría ser un buen estímulo, porque viene a demostrar la compatibilidad entre videojuego y literatura –me siento algo bobo al decir esto pero quizá sea necesario vistas las posiciones radicales de algunos al hablar sobre “dos mundos” separados-. Ático aborda historias muy íntimas adoptando fórmulas familiares –creo- a los jóvenes, y eso puede animarles, al menos, a continuar leyendo. Faltan apuestas literarias que busquen un acercamiento a otras disciplinas –sobre todo a las pop-. Hay que encontrar puentes hacia ellas.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

Cuando escribió “Ático” ¿pasó usted por las mismas fases que el protagonista en la creación del videojuego? ¿Le cuesta desconectar de la ficción? He vivido tensiones y experimentado sentimientos que tienen que ver con esas fases pero la comparación no es pertinente porque los personajes son autónomos, con particularidades que los sitúan –también al protagonista- lejos de mis vivencias. En cuanto a desconectar de la ficción… creo que, como cada vez más libros y películas y otras obras están demostrando, los hechos reales pasan ahí fuera pero tu imaginación está decodificando y proyectando ilusiones sobre esos hechos sin parar, de manera que yo, pero también tú, transitamos por un espacio más bien híbrido en el que realidad y ficción se encuentran continuamente. En todo caso –aunque esto merecería un debate casi exclusivo-, cada vez le veo menos sentido a la denominación de ese género que algunos han decidido bautizar como “no ficción”.

¿Qué piensa de los videojuegos? Son una dinámica forma de entretenimiento, que a menudo ayuda a ejercitar el coco más de lo que ayudaban hace unas décadas el Stratego o el parchís. A su vez, no deja de ser un mundo “fácil”, exento de responsabilidad y muy poco físico –aunque se estén abriendo nuevas posibilidades interactivas-.

¿Le resulta fácil entender otras culturas? No entiendo bien ni la mía… En todo caso, creo que a las conclusiones, a entender o intuir algo, se llega muchas veces por contraste. Es decir: supongamos que sé cómo viven en Malawi, en Pekín, Madrid, Sydney, Ámsterdam, Ankara y Nueva York… viendo las reacciones de las personas de esos lugares ante cuestiones similares, puedes deducir algunas cosas. Conforme más viajas y ves, más posibilidades tienes de intuir tendencias generales.

¿Cómo decide uno escribir un libro de viajes? ¿Cuál es exactamente la motivación? ¿Hace el viaje en pos de una escritura posterior, o se le ocurre el escribirlo a medida que transcurre ese viaje? ¿Disfruta más con la escritura o con ese viaje en sí? Las motivaciones son muy distintas, depende de tu momento… mi primer libro, sobre Marruecos, viene de un viaje por Interraíl que decidí escribir al observar que no había nada que recogiera, con una ambición literaria, el trayecto que yo iba a hacer. De todos modos, mi formación periodística también me ha dado una mirada documental, informativa, que me obliga a buscar historias –o geografías- que no hayan sido muy –o nada- explicadas. En un mundo presuntamente hiperinformado como el actual, resulta que la mayoría de noticias apuntan a casi lo mismo y quedan enormes huecos por cubrir. Por decirlo de otro modo, busco historias más allá de las noticias. El viaje suelo hacerlo sobre un plan, pero dispuesto a que éste varíe en cualquier momento, e incluso a que se transforme en algo muy distinto de lo que proyecté. Tanto viajar como escribir me hacen feliz. Escribir es más cansado, requiere más tiempo, es sedentario… pero recrear algunos episodios, dotándoles de mi ritmo y fantasía, me ha reportado momentos memorables. Es difícil separar una práctica de otra porque, a fin de cuentas, escribiendo viajo por segunda vez… y mientras viajo, siempre escribo.

¿Qué definiría usted como ‘Periodismo Cultural’? Las definiciones no son mi fuerte, lo siento. Supongo que es el periodismo sobre asuntos culturales.

Me ha parecido leer en algún lado que usted perteneció en el pasado a una especie de Asociación de Jóvenes Escritores, ¿qué opina de una variación de eso, como es este Taller de las Palabras? La Asociación era algo diferente a un Taller… aunque tuviera simetrías. Los talleres me parecen útiles para suministrar herramientas, descubrir algunas técnicas y, sobre todo, imprimir ilusión a quienes deseen escribir. En países como Estados Unidos están muy asentados y han salido enormes escritores de ellos: Spanbauer, Palahniuk… pero fijaos que precisamente este par de autores, por ejemplo, se distinguen por tener una voz poderosísima, inconfundible, fuera de cualquier escuela… Si un taller te enseña a ser libre, será el mejor del mundo.

En una entrevista realizada en el año 2004 por el periódico ‘El mundo’, decía: ‘Creo que ahora empezamos a despegarnos de una literatura estéticamente recargada y argumentalmente muy intimista y nos acercamos a fórmulas de apariencia más simples y contenidos más ricos. ‘¿Continúa pensando lo mismo actualmente? Sí. En general, creo que la apuesta por la claridad gana terreno. La prosa espectacular ha deslumbrado a algunos escritores, y a varios les ha llevado a la perdición. Porque la prosa, teniendo mérito, con frecuencia no es más que adorno. Además, los tiempos que corren, mucho más prácticos y funcionales, empiezan a no resistir artificios, imposturas. A su vez, los tan reivindicados mundos interiores del escritor han acabado pervirtiéndose hasta derivar en un ombliguismo que ya cansa y los escritores se están lanzando a buscar historias más aireadas. Cuatro años en términos de creación no son muchos, así que desde 2003 resultaría complicado advertir grandes cambios pero, para mí, 2007 ya fue un año bastante fructífero, con la aparición de varias obras que de algún modo refrendan lo que comento.

¿No es posible al hablar de videojuegos, fútbol o de música, utilizar argumentos intimistas? Por supuesto que es posible, incluso tener que responder a esto me mosquea. El fútbol, los videojuegos o la música forman una parte muy destacada de nuestro entorno, y aunque no fuera así, aunque habláramos de badmington, si lo encaras con talento, puedes cuadrar una obra maestra. La literatura no está en los temas, sino en la forma de abordarlos.

¿Cree que para escribir sobre aventuras es necesarios viajar o basta la imaginación como a Julio Verne? La imaginación es autosuficiente. Algunos necesitamos espabilarla, o colorearla, con viajes, pero no es imprescindible.

¿Donde está la frontera entre libro de aventuras y libro de viajes? Ahora mismo estoy trabajando en un libro sobre la Gran Barrera de Coral en el que intento dinamitar toda frontera. Se supone que la novela de aventuras incluye una considerable dosis de ficción mientras que el libro de viajes es “verdad”. La forma de conciliar ambos sería esa obra capital que escribió T.E. Lawrence, Los siete pilares de la sabiduría, donde leyendo hechos verídicos, tienes una total sensación de novela. De todas formas, mis tentativas apuntan a algo menos apegado a lo real pero que igualmente pueda leerse como un libro de viajes. Quizás es un poco difícil de transmitir, confío que mi próximo libro aclare gráficamente la idea.

¿Considera que un buen escritor es un buen lector? Acostumbra a ser así.

Si tuviera que quedarse con una sola de sus múltiples facetas creativas, cuál sería? Futbolista. En un plano más intelectual me cuesta definirme –supongo que pides que me decante por el periodismo, los libros de viajes…- porque intento aunar géneros, voces, y al escribir, antes que novelista o cualquier otra cosa, me siento eso, escritor.

¿Un relato de viajes ha de llevar una historia de peso implícita, o ésta es más bien accesoria y el peso recae en los escenarios? Depende. En mi último libro, Los mares de Wang, encontré una historia tan magnífica que determina buena parte del libro. Pero eso es una excepción. Tradicionalmente, los libros de viajes se deben a sus escenarios, a recrear las atmósferas… si bien yo considero fundamental que todo el libro pivote sobre una idea de fuerza.

¿Cuál es su ciudad favorita para vivir, y cuál para pasar unas maravillosas vacaciones culturales? Barcelona es la ciudad a la que siempre regreso, y siempre siento alegría. Para “vacaciones culturales”, supongo que Italia es un valor seguro… pero por cambiar el chip, me iría a Suzhou. Marco Polo la definió como una Venecia china.

¿Qué opinión le merece el hecho de estar en la nómina de la “Generación Afterpops”? ¿Le parece correcto este término o prefiere otro? Hace años escribí un artículo titulado Mi nombre es Gabi, creo que se puede encontrar en internet. Ése soy yo. Las etiquetas te las cuelga gente con ciertos intereses que no son los míos. Aprecio a algunos que sí se identifican con ese logo, creo que hay gente muy válida en el grupo y charlar con ellos me hace pensar. Ya está.

¿Cuáles son las señas de identidad de la escritura del siglo XXI? No soy un teórico, pero precisamente Eloy Fernández Porta, en su libro Afterpop, puede que responda bastante bien a la duda. Por mi parte, de lo único que no hay duda es de la influencia de las nuevas tecnologías, que hacen que todo parezca correr más, estemos hiperinformados y recibamos esta información en fragmentos. Esto está teniendo un reflejo literario indudable, con novelas como las del proyecto Nocilla. A la vez, emergen submundos antes invisibles y proporcionan historias, perfiles insólitos… pero si algo distingue a los autores del 21, precisamente porque pueden escoger en una parrilla enorme, es la variedad.

¿Qué le diría, ahora, al editor que en un momento concreto de su vida, se atrevió a espetarle a usted, que no tenía ni repajolera idea de por dónde iban los tiros en esto de la narrativa? Ningún editor me ha hablado de esa forma… aunque alguno ha actuado de manera que lo insinuaba. Cuando debo decir algo, lo digo, así que, lo que tuve que decir, ya está dicho. Que alguien desprecie tu trabajo forma parte del juego. Yo no tardé en tener bastante claro que quería escribir, investigar y experimentar… buscando ser inteligible. Si confías en tus capacidades, los gritos de los demás se pierden muy pronto y, a partir de cierto momento, ni se oyen.

¿Se calificaría usted como un escritor comprometido? Es difícil autocalificarse, pero desde luego que creo necesaria la responsabilidad. Tanto en el escritor como en cualquier persona… aunque lo del compromiso no es nada premeditado: ante ciertas barbaridades o malentendidos o peligros o estupideces, me siento inclinado a reaccionar.

¿En qué época le hubiera gustado vivir y en qué lugar? Estoy a gusto aquí, ahora.

De sus múltiples viajes, ¿qué país le ha llamado más la atención? ¿Por qué? Sudán. Por el contraste de la gente negra vestida siempre de blanco contra un paisaje también de ese color… y por el carácter de los sudaneses, que contrariamente a los habitantes de muchos otros países africanos, son capaces de obviar la presencia de un occidental, hacer como si no estuviera. El porqué de esta actitud tiene que ver con sentimientos no siempre positivos pero, sea como sea, denota una dignidad, un orgullo, que les distingue.

Partiendo de algunas de las preguntas que ya le han hecho mis compañeros sobre su obra y los viajes, me gustaría saber si usted cree que hoy en día es necesario viajar físicamente a un lugar para poder escribir sobre él (puesto que podemos contar con internet, documentales, libros, etcétera) o es imprescindible “respirar” el ambiente para llegar al alma de la cultura, lugar o comunidad que se quiere describir.

Por otro lado, ¿cuál es ese lugar sobre el que le encantaría escribir un libro de viajes (o aventura) y que aún no ha ido?, ¿y hay algún lugar que descarte totalmente para tal fin? (puede ser políticamente incorrecto en su respuesta si así lo desea). Desde luego que puedes escribir sobre lugares donde no estuviste y conseguir algo muy bueno. De todas formas, creo que la experiencia directa siempre aporta detalles y sensaciones lo bastante valiosos como para hacer el viaje. Una ventana virtual difícilmente puede igualar a una ventana de verdad. Otra cosa es lo que después tú hagas con esa impresión. Me gustaría escribir sobre Mongolia. Descartar, quizá, los polos, porque odio el frío… aunque cada vez relativizo más este sentimiento. La violencia de algunas capitales latinoamericanas también me hace dudar sobre cómo afrontaría un viaje allí, aunque no descarto ir si encuentro una motivación que me arrastre.

Cuando viaja ¿borra de su memoria lo malo acontecido para recordar siempre lo bueno o cree necesario escribir y recordar absolutamente todo? Dia lo mejor y lo peor de la ciudad de Nueva York. Desconfío de los libros de viajes que parecen catálogos turísticos. De hecho, me irritan. Los lugares están habitados por personas y las personas no son maravillosas o malvadas, buenas o malas, listas o tontas. Describir una geografía perdurable tiene que ver con hacerla creíble, como el perfil de un individuo… destacar pros y contras. Volcar absolutamente todo no garantiza, por otra parte, reflejar la esencia de un lugar aunque, si se hace con destreza, puede ayudar a crear una atmósfera que al menos se acerque a ella. Nueva York impacta por la tensión. Parte buena: te carga las pilas. Molesta: demasiada agresividad.

¿Qué meta se pone a la hora de escribir un relato de viajes: fotografiar con palabras el lugar para llegar bien al lector o describir sin ánimo de que guste o no a la gente el lugar que Usted visitó? Mi propósito es siempre, inexorablemente, acercarme lo más posible al alma de ese lugar. Transmitir algo de su esencia.

¿Decide visitar un lugar por lo que supone que allí encontrará o cree que cualquier lugar es bueno porque no influye el sitio sino los ojos con los que nosotros queramos mirar y la actitud que adoptemos? Cualquier lugar ofrece el mundo en pequeño pero mis viajes suelen responder a una expectativa determinada. Intento descubrir cosas que no sabía, claves que me hagan crecer, y en función de eso diseño mis desplazamientos.

¿Podría decirme lo peor de Nueva York y lo mejor de Londres? Me refiero a estas dos ciudades por ser vivas,cosmopolitas y referencias culturales para cualquier movimiento. ¿Es una pregunta trampa? Lo peor de Nueva York, como acabo de decir, la agresividad. Lo mejor de Londres, sus oportunidades.

¿Qué le llevó a viajar por el Nilo y no a otro gran rio como por ejemplo el Amazonas? Un escritor me dijo que si tuviera que descartar algún río del mundo para viajar, ese sería el Nilo, porque todo estaba escrito sobre él. La opinión me escamó, y me puse a leer sobre el Nilo, descubriendo que en los últimos cincuenta años, desde Por el Nilo en kayak, nadie había escrito sobre el recorrido completo del río, que para occidente casi parecía reducir su paso a Egipto. Vi que el mito no tenía quien lo contara en el siglo 21. Hace un par de años terminé una primera versión de un libro de seiscientas páginas en el que seguiré trabajando, y algún día espero publicar.

¿Qué entraña más dificultad para usted una novela o un guión? Una novela, sin duda. Requiere mantener la tensión durante más tiempo, y no interviene nadie más. El guión suele recibir constantes interpretaciones de otras personas. Además, esa continúa negociación obliga a una flexibilidad y una tolerancia mayor… Una observación: al hablar de dificultades pienso sobre todo, eso sí, en dificultades creativas y, en ese terreno, la novela me resulta mucho más desafiante. La mayor exigencia del guión es el esfuerzo de síntesis que obliga a hacer. Todo debe ser más rápido, más directo.

Leo que en España se publican unos 70.000 títulos anuales… ¿Cree que se lee tan poco como dicen las estadísticas? Como la propia cifra indica, no creo que se lea poco sino diverso.

¿Con que libro intentaría despertar el amor a la lectura en un adolescente? La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. O con Te llevaré conmigo, de Niccolò Ammaniti.

¿Cuál es su método de trabajo? ¿Tiene una idea, explora, viaja, toma notas, escucha, observa y luego regresa a su casa se encierra durante meses y elabora una novela con todos los datos? Antes de partir, diseño el viaje. Calculo los tiempos que estaré en cada lugar, dejando un margen para variaciones en ruta. Salgo siempre con una idea y muchas lecturas realizadas, de modo que voy en busca de algo, una idea, nada material, pero una idea que debería dar sentido al conjunto del viaje. En Diablo de Timanfaya, busqué los volcanes, cómo afectan poética y físicamente a las personas. Para Hora de Times Square aunque es una novela, se basa en una temporada en Nueva York-, el pivote fue el tiempo, su manera de influir en los neoyorquinos. Los mares de Wang enfoca a la metamorfosis que la costa está provocando en los propios chinos… Los planes de inicio son tan inconcretos como las palabras que los definen: volcanes; tiempo; metamorfosis. Pero esa idea de fuerza sirve de guía, trato de empaparme de los lugares teniéndola siempre como referencia y dispuesto a que el exterior derribe o modifique o refuerce cualquier prejuicio. Luego, con el material recopilado y la idea primera ya muy matizada –o cambiada- me siento a escribir durante meses.

¿Cuando comienza a escribir tiene ya la estructura de la historia en la cabeza y conoce de antemano cómo va a desarrollarse la trama o alguna vez ha llegado a sorprenderse por un resultado inesperado? Los mares de Wang ha sido una de las mayores sorpresas –vitales y literarias- que me he llevado. Precisamente porque, partiendo de la idea de metamorfosis, di con Wang, que matizó la idea de partida, añadiéndole exactitud: cambié la palabra metamorfosis por contradicción. Wang, y su historia, me hicieron plantear el libro de una forma insospechada, pero necesaria. Diría que el libro no se podía escribir de otro modo, y eso es un regalo, porque la fuerza historia se impone a cualquier especulación, no admite titubeos. La historia manda. Después de Wang, he pensado a menudo que nuestro viaje fue la consumación de una idea con la que llevaba mucho tiempo fantaseando, porque en aquel viaje la historia de novela se mezcló con el viaje real y el resultado es algo que aporta la fuerza, la tensión y la verdad de la vida misma.

El protagonista de su novela ‘Atico’, Eduard Montes, tiene muchas obsesiones. ¿Hasta que punto son autobiográficas? Ático lo escribí realmente en un ático de Ciutat Vella, en un momento delicado de mi vida, siendo todavía más frágil que hoy. En ese sentido tiene bastante que ver conmigo, y con mis dudas sobre cómo conciliar arte y vida.

Si fuese profesor de literatura en ESO ¿Qué tres libros piensan que deben leer los chic@s de 16 años? A los dos que cité antes –Stevenson y Ammaniti- quizás añadiría –digo quizás porque se me ocurren decenas- Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé.

La promoción de su novela ‘Sudd’ incluyó un video promocional en youtube. ¿Adaptarse o morir? No sé si morir pero si hay que hacer promoción prefiero hacerla de un modo que conecte lo mejor posible con la gente de mi época. El objetivo de una promoción es llegar al público, y si youtube permite más público, ahí vamos. No creo que un escritor deba prescindir de los medios a su alcance, como no prescinde un músico, un pintor, un arquitecto.

En relación al fraude recientemente descubierto en ciertas guías de viaje (su autor nunca había pisado los países de los que hablaba), ¿qué opinión le merece tal picaresca? Primero, distinguiría lo que es una guía de un libro de viajes. Guías las hace Lonely Planet, National, Aguilar… los libros de viaje los escriben Josep Pla, Lawrence Durrell, Graham Greene, Bruce Chatwin… en cuanto a los que escriben sin haber viajado, supongo que un lugar es una atmósfera y si el autor logra aprehender una atmósfera, aunque no sea la de ese lugar, habrá que reconocerle que ha hecho un libro como poco interesante… otra cosa es que esa atmósfera concuerde con la del lugar físico. Capturar la atmósfera de un lugar es mucho más difícil de lo que parece. He coordinado varias colecciones de viajes, he leído años sobre viajes, y la conclusión es que hay grandes escritores que no saben enfrentarse a un lugar o explicar sus experiencias en ruta. Los buenos libros de viajes los suelen escribir viajeros.

El escritor de viajes ¿es simple notario de los lugares y hechos que le rodean? ¿ó se debe (ó puede) permitir fantasear a partir de los materiales que le ofrece esa realidad? Charles Darwin decía que “sin especulación no hay observación original y de calidad”, y estoy muy de acuerdo con él. Lo primordial, repito, es la atmósfera. Si para transmitirla necesitas en algún momento colocar alguna invención, y ésta encaja sin problemas y enaltece el texto, yo no dudo. Otra cosa sería poner en boca de personas reales declaraciones que no han hecho, o inventar situaciones que de ninguna manera podrían darse en aquel sitio… Y tampoco hay que abusar, claro. La fantasía, en los libros de viajes, es un recurso.

¿Considera, a la vista de su obra publicada, qué ha conseguido imponer su proyecto literario a las exigencias editoriales? ¿Ha tenido que hacer alguna concesión? Imponer quizá sea una palabra excesiva, pero es verdad que he ocupado un hueco, un espacio todavía muy desasistido. Creo que un quid es haber hecho pocas concesiones. Desde que al abandonar el periodismo full time decidí escribir, he elegido siempre mis proyectos, he descartado numerosas ofertas y lo único que he mantenido son colaboraciones puntuales que me proveen de dinero y lecturas, además de permitirme seguir en contacto con las calles españolas.

Hoy en día parece que todos los autores desempeñan oficios y ocupaciones relacionadas con la escritura: periodistas, guionistas, críticos, escritores de narrativa. ¿Cuestión de supervivencia o necesidad artística? Más o menos lo respondí antes. Para mí, también tiene algo de necesidad artística pero diría que la supervivencia es fundamental. En España empieza crearse una infraestructura editorial que debería permitir ganarse la vida escribiendo a más gente de la que se la gana ahora. Pero aún queda.

¿Ha perdido palabras por el camino, ha enterrado algunas para siempre? Si ha ocurrido, no soy consciente. Las palabras brotan de una forma bastante automática. Durante años es cierto que encumbré a algunas, o era muy consciente de que usaba tal o cual. Ahora, simplemente fluyen.

¿Qué viaje le inspira la palabra: Asturias? La Semana Negra de Gijón. Copas con amigos, ciclismo sacrificado, mar, playa, fotografías comprometidas, minas, gente sólida, una noria… Debería buscar el pivote que diera forma a eso y mucho más.

¿Es muy diferente la cultura anglosajona de la española? ¿En qué se diferencian más? Qué difícil sintetizar culturas. Quizás algo que define a los anglosajones es la eficacia. Y la curiosidad. Por eso, en China se encuentra ese prodigio llamado Hong Kong. Se me están ocurriendo un montón de cosas que distinguen o unen a unos y otros pero sería muy largo, necesitaría un libro.

¿A la hora de escribir UNA ESPAÑA INESPERADA, cuál fue la mayor sorpresa que se llevó? Que la España que suponía tan cambiada respecto a la que contaba Juan Goytisolo en España y los españoles continuaba muy apegada a valores hiperrancios. Encontrar escenas y actitudes propias de otro –y menos desarrollado- siglo fue muy inesperado. De hecho, el título rubrica la estupefacción de un español que va en busca de un país del siglo 21 y se encuentra hasta con el 19.

En la mayoría de los comentarios que he leído sobre su obra, se habla de usted como referente del nuevo periodismo, como un escritor de carácter renovador. ¿Se siente realmente así? Hay libros que he escrito con la intención de aportar algo, aunque nunca olvido –y a menudo explicito- que algunas de mis “innovaciones” beben de trabajos que se está realizando en otros países, sobre todo Estados Unidos. Sea como sea, la renovación hoy suele vincularse a cuestiones formales: siempre que he escrito algo gráficamente renovador, la gente responde señalándolo, porque es obvio que es distinto. Sin embargo, poca gente ha señalado la renovación que propone una novela como Sudd, por ejemplo. Ahí, la estructura, la cadencia narrativa, todo es aparentemente clásico. Sin embargo, la idea de fuerza reversiona el mito del laberinto. Hasta ahora, el laberinto era estático. Podía ser imbatible, las paredes descomunales, imposibles de derribar, pero estático. Las oleadas de información actuales y las confusiones que desencadenan han hecho que el nuevo laberinto sea móvil. Si tú intentas evitar una pared, esa pared puede que se mueva contigo, de manera que es un dédalo todavía más angustioso e infranqueable si cabe. Creo que el hecho de traer un mito a la contemporaneidad es una de las grandes renovaciones que puede aportar un escritor, por no decir “la renovación”. Que lo haya hecho con éxito o no es otro tema, pero no deja de extrañarme que casi no se haya aludido a ese aspecto fundamental de la novela. Conclusión: la estética, hoy, ciega considerablemente. Y pregunta: ¿a qué consideramos renovación?

¿Sigue pensando que “en España ser joven y escritor es sinónimo de inmadurez y resta crédito”, o por el contrario cree que, tanto editores como lectores, empiezan a considerar que la literatura necesita un cambio? A los escritores españoles de última hornada que intentan proponer vías algo diferentes no se les está tratando demasiado bien. Hay autores estupendos, además de otros que apuntan muy buenas maneras y a los que habría que animar, e incluso publicar antes que mucha mediocridad importada. Pero el chovinismo en el mundo del arte no es una de nuestras características, desde luego. De todas formas, el cambio ha empezado, simplemente porque los editores han observado que si no se potencia a los nuevos escritores españoles no habrá nuevos libros, y eso sería un problema para ellos y para la literatura española.

Se le ha definido a usted como autor de libros de viajes. ¿Planea un viaje con vistas a un nuevo libro? o ¿Surge un libro cuando está realizando un viaje? Ahora trabajo en un libro sobre la Gran Barrera de Coral que desencadenó la lectura de una información a propósito de los corales durante una visita con mi hijo al Aquarium de Barcelona. El germen de los libros, como de las novelas, está en ti, y de pronto algo lo fecunda, una visión, un sueño, un encuentro… Conforme la idea se hace grande, percibes sus posibilidades, calibras tu energía y tus deseos, y entonces decides qué tipo de libro vas a abordar. Mientras viajo puedo percibir otro libro en el alero, sí, pero no sabré si la idea es lo bastante buena hasta que no acabe el proyecto que tengo entre manos y pueda permitir que la nueva intuición se expanda en mí.

¿Qué libros de viajes recomendaría para viajar con la imaginación? Un buen libro de lo que sea es lo que tiene: desata la imaginación. A los ya citados, añado por ejemplo Los trazos de la canción, de Bruce Chatwin; Los hilos del mundo, de Nicolas Bouvier; Pirata en mar de China, de Aleko Lilius; Cartas de Italia, de Josep Pla; Los árabes del mar, de Jordi Esteva. Viaje a Oxiana de Robert Byron.

Ir a un país, intentar conocerlo y entenderlo, ¿supone necesariamente un viaje ‘al corazón de las tinieblas’? No. Las tinieblas son demasiado tenebrosas y aprender tiene más bien que ver con la luz (aunque matizada por nubes de distinta consideración, dependerá del país).

¿Un libro de viajes busca siempre el lado amable y humano de cada lugar? No. Un libro de viajes busca transmitir la mayor esencia posible de un lugar, y eso es siempre territorio de claroscuros.

¿Se dan la mano la literatura y los viajes? ¿Es, a veces, más extraña la realidad que la ficción? Con frecuencia, y por eso alguna vez vale la pena moderar o explicar soberanamente bien –para hacerla creíble- alguna situación real, por inverosímil. Sin viaje no hay literatura.

¿Se considera un escritor comprometido? ¿Cuál es ese compromiso? A lo primero creo haber respondido antes. En cuanto a lo otro… me debo a lo que amo, así que supongo que mi compromiso es para con la vida y sus amantes.

¿Cree usted que es posible crear un personaje sin la necesidad de agarrarse a la idea de influencia+influencia+influencia? Si te agarras a una idea, estás perdido. Como la propia palabra indica, el agarrotamiento te vencerá. Si encima tu agarradero es la idea i+i+i, estás muerto. Te pudrirás en los infiernos de la hiperintelectualidad. Por otra parte, resulta inevitable reconocer tus influencias. Vale. Las tienes, has aprendido de tales autores, los admiras. Ahora, relájate, y, al escribir, aun sabiendo que lo que vas a producir seguro que posee admirables antecedentes, ten también por seguro que nadie lo habrá hecho jamás como tú.

Si usted dice que al sujeto le queda él mismo y el mundo exterior no se está refiriendo a influencia+influencia+influencia? Quien esté libre de influencia, que tire la primera piedra.

Óscar Esquivias

Bio

Nacido en Burgos en 1970, la vida literaria de este licenciado en Filosofía y Letras comenzaría muy pronto, con su colaboración y dirección en revistas literarias como “El mono de la tinta” y “Calamar”. Poeta, cuentista, y sobre todo novelista, su narrativa se mueve entre el público juvenil (“Huye de mí, rubio”; “Mi hermano Etienne”; “Etienne el traidor”) y el adulto. Premio Ateneo Joven de Sevilla en el 2000 y Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid al año siguiente, su trilogía de la Divina Comedia encabezada por “Inquietud en el Paraíso” (con la que ganó el Premio de la Crítica de Castilla y León) le ha aportado fama.

Cuándo y cómo sintió la necesidad de escribir? La verdad es que no lo recuerdo, pero seguro que fue de muy niño. Para mí, dibujar y escribir eran dos formas de jugar, más placenteras que dar patadas a un balón o que deslizarme por un tobogán. Al fin y al cabo, cuando un niño dibuja monigotes o juega con sus muñequitos está imaginando historias, elaborando diálogos y urdiendo situaciones dramáticas, exactamente igual que un novelista y generalmente con mayor convicción y entusiasmo.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

¿Cómo definiría usted un ‘infierno’? Ya lo definió Dante, que sabía de lo que hablaba: el infierno es el lugar en que nos han abandonado todas las esperanzas. No tiene por qué estar necesariamente en el Más Allá ni ser eterno.

Creo recordar que fue usted el que en una entrevista comentó que, la única diferencia a la hora de escribir para adultos o para un público más juvenil, era la edad del protagonista de sus novelas. ¿Considera, sin embargo, que el lector juvenil está más preparado o más predispuesto para una visión ‘fantástica’ de la realidad? Es imposible generalizar, no son un grupo homogéneo. Me temo que a la mayor parte de la juventud le interesa poco la literatura (por otra parte, sucede exactamente igual con los adultos). Los jóvenes que son aficionados suelen ser, eso sí, lectores apasionados y con pocos prejuicios.

Relato, poesía, novela… ¿en qué género disfruta más escribiendo? ¿Cómo se decanta por un género para comunicar algo? ¿Depende de lo que quiera comunicar en sí, o depende de usted, su estado de ánimo…? Me siento muy cómodo en todos ellos salvo en la poesía (ahí, francamente, dudo de mi capacidad). Yo no elijo el género de mis obras, son ellas las que encuentran su cauce de expresión y, por eso, las rarísimas veces que me sorprendo escribiendo versos, me echo a temblar porque sé que no es lo mío. Creo que lo que más me ilusiona es escribir cuentos porque es una labor breve y muy gratificante. Embarcarse en una novela es como hacer el servicio militar: algo largo, cansado y a menudo fastidioso (aunque proporcione otras alegrías y experiencias muy intensas).

¿Cómo consigue en su novela “Inquietud en el Paraíso” que la fantasía y el sentido del humor no estén de más sino todo lo contrario en un tema tan crudo como es la Guerra Civil española? Surgió de forma natural. En la portada del Diario de Burgos del 10 de agosto de 1936 se podía leer este titular: «Una bomba en Aranda cae en una casa en que habitaba una mujer con siete hijos, y mata a un gato». Si en plena Guerra Civil sus protagonistas eran capaces de tomarse las cosas con cierto humor, cuánto más nosotros.

Fue “La Divina Comedia” su fuente de inspiración a la hora de escribir su novela? Fue un estímulo importante, desde luego; no tanto la literalidad de su texto como algunos aspectos de su planteamiento: que el Más Allá se pueda visitar y cartografiar, que el amor sea más poderoso que la muerte, la propia ambición del relato y su belleza literaria, el poner a prueba los recursos del autor y llegar lo más lejos posible… Todo ello para mí era muy estimulante.

¿Cree que es necesario tener un agente literario para poder introducirse en el mundo literario? Desde luego que no. En general, los agentes literarios son muy reacios a admitir inéditos o autores que consideren marginales y sólo vienen a buscarte cuando ya has metido la cabeza en la industria editorial. Yo publiqué mis primeras novelas (y las últimas, incluida Inquietud en el Paraíso y el resto de la trilogía) sin la ayuda de ningún agente.

¿Qué le parece la relación entre cine y literatura? Son dos artes maravillosos que se retroalimentan: es una relación muy fructífera. A mí me entusiasma el cine y aprendo mucho de él.

¿Basa sus historias en hechos reales o son inventados al cien por cien? Pues todo anda muy mezclado, no sé en qué porcentaje. En cualquier caso, creo que tengo más dotes de fabulador que de notario.

Los editores ¿ni amigos, ni enemigos, sino todo lo contrario? Yo he tenido suerte y en Eduardo Riestra he encontrado no sólo a un amigo, sino a un cómplice

Cuando escribe para el público infantil o juvenil, ¿crea las historias que usted hubiera querido leer a esa edad? Por supuesto, y no sólo eso: me gustaría escribir historias que acompañen al niño que llevo dentro a lo largo de toda mi vida y que mantengan siempre su poder de fascinación.

¿Tiene tiempo para leer a otros autores? ¡Por supuesto! Lo que no tengo es el tiempo suficiente para leer todo lo que me gustaría.

¿Existe una literatura específicamente infantil o se puede adaptar cualquier obra a este mundo? La literatura infantil es más una cuestión de tono que de argumento. En susurros, junto a la cama de un hermanito pequeño, se puede contar la historia más aterradora o la más dulce y amable, da igual: el niño la escuchará emocionado.

¿Piensa que es mejor leer un libro, por malo que sea o pésima crítica que tenga, a no leer nada? No, creo que los malos libros (como las malas películas, las comidas grasientas o las malas compañías) nos entontecen y abotargan nuestra capacidad de sentir. Por supuesto, entiendo por «mal libro» aquel texto tedioso cuya dificultad de lectura no está compensada por su profundidad o belleza. Leer no es un objetivo en sí mismo, debería ser siempre un acto en el que cayéramos seducidos, que sirviera para afinar nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad.

En mi casa somos tres personas auténticas devoradoras de todo tipo de literatura, pero mi marido y mi hijo (11 años), además, son devoradores del género cómic. ¿Cree Ud. una buena base, como punto de partida hacia otras lecturas, para un niño, leer cómics? Yo era un entusiasta de los tebeos: Mortadelo y Filemón, Astérix o Tintín no sólo me han proporcionado (y me proporcionan) muchas horas de felicidad, sino que me convirtieron en escritor.

¿Ha sido, o es Ud. lector habitual de novelas gráficas o cómics, tipo MOUSE ? La verdad es que ahora sólo los leo de forma ocasional

¿Vivir no es más que correr tras una pelota de colores? Eso piensa el protagonista de uno de mis cuentos, que está enfermo y ve con envidia la despreocupación de unos bañistas. A veces sentimos la plenitud de la vida en los gestos más sencillos, como el de jugar desnudos en la playa y sentir el calor del sol sobre nuestra piel.

¿Realmente cree usted que narrar es, de alguna manera, el arte de contar mentiras? Bueno, no necesariamente debemos contar mentiras, pero sí narrar con persuasión. En cualquier caso, sospecho que apenas hay obras literarias importantes donde no haya, en mayor o menor grado, fabulación.

Su novela ‘Inquietud en el paraíso’ tiene como tema la Guerra Civil . Los temas históricos parecieran estar muy de moda. No se preocupe, ya se pasará.

¿Es una moda o un rastreo de cicatrices ‘abiertas’? No lo sé. Yo escribí sobre la Guerra Civil en Inquietud en el Paraíso casi por azar, desde luego no por moda ni por vocación cauterizadora. Me planteé la novela como si fuera una de Julio Verne, con un personaje que hace posible lo que a juicio de sus contemporáneos es un disparate (en el caso de Verne, viajar al centro de la Tierra, la Luna o circundar el mundo en ochenta días; en el mío, llegar al Purgatorio). Yo quería que ese Purgatorio fuera un lugar fantástico, una especie de versión distorsionada de la ciudad que los expedicionarios dejaban atrás, un mundo en el que Dios pareciera también ausente, en el que no se comprendiera el sentido del dolor o de la injusticia. Me preguntaba: ¿qué pasaría si realmente hay vida tras la muerte y llegamos a un lugar donde, en vez de encontrar respuesta a nuestras dudas existenciales, nos encontramos viviendo en una especie de réplica de pesadilla de nuestro mundo? Para que ese díptico entre el territorio real y el territorio fantástico fuera eficaz, quería mostrar una sociedad en descomposición, dominada por la violencia. Me interesa el fenómeno de la guerra en general (no de la Guerra Civil en concreto) por un ánimo parecido al de Tucídides cuando describe la del Peloponeso: la guerra es una enfermedad social con cuyo estudio y descripción se puede entender mejor la naturaleza humana. Por ello, me servía cualquier guerra y, de hecho, mi primera intención fue ambientar Inquietud en el Paraíso no en 1936 sino un siglo antes, en 1835. Yo me sentía más cercano literariamente a las guerras carlistas (gracias a Galdós, Valle-Inclán, Baroja y Unamuno) que a las novelas sobre la Guerra Civil que –además– conocía peor. El personaje equivalente a Sanjurjo (esto es, el general que muere inesperadamente y deja sin caudillo al movimiento insurgente) iba a haber sido Zumalacárregui. Sin embargo, pronto me di cuenta de que me convenía adelantar la fecha de la novela hasta la Guerra Civil: todavía hay personas que vivieron esos momentos a las que podía consultar mis dudas, la situación de Burgos en 1936 fue de absoluto protagonismo (aquí se instaló el Gobierno de la España sublevada) y muchos de los escenarios que yo había previsto para mi novela se conservan casi intactos (el Palacio Arzobispal, el Gobierno Civil, la Capitanía General, el Teatro Principal… todos estos edificios son posteriores a 1835). En cualquier caso, mi interés por la Guerra Civil no era partidista ni reivindicativo, no tenía ninguna necesidad de hurgar en las heridas: cada uno de mis abuelos apoyó a un bando (el materno, al franquista; el paterno, al republicano) así que puedo enfrentarme a ese periodo histórico con cierta ecuanimidad (aunque, desde luego, no tengo ninguna duda sobre la legitimidad de la República). La Guerra del 36, además, me convino literariamente: al convertirse Burgos en capital del movimiento subversivo, la represión a los opositores fue feroz. La ciudad se volvió una trampa angustiosa para todos los que tenían un pasado republicano: cuando escribía los episodios posteriores al golpe de Estado tenía muy presente el espíritu de las novelas de Kafka o de los relatos sobre la peste de Defoe y Camus. Lo que iba a ser una novela casi festiva y aventurera ganó una dimensión trágica que la enriqueció mucho.

Si usted fuera Dante ¿qué castigo eterno les tocaría a los escritores y a los editores? Yo creo firmemente que si el Infierno existe, está vacío. Los malos escritores y los malos editores ya tienen suficiente castigo con leer las obras de su catálogo.

Ha sido nominado con varios premios, ¿cuál de ellos le ha motivado más, es decir le ha ratificado que esto de escribir merece la pena? Cada uno ha supuesto algo distinto en mi vida. El premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid y el Ateneo Joven de Sevilla llegaron casi al tiempo y me permitieron, por primera vez, vivir de la escritura y publicar mis novelas. El Premio de la Crítica de Castilla y León, años después, me abrió muchas puertas.

Ha escrito sobre la Guerra Civil. ¿Cree que a las nuevas generaciones les interesa? Bueno, dentro de «las nuevas generaciones» hay gente muy dispar, no son un batallón que avance con bayoneta en una única dirección. Yo confío en que siempre habrá quien tenga interés por el pasado reciente. En España, además, somos especialistas en cuestionarnos nuestra identidad nacional y en revisar y reinterpretar una y otra vez la historia, así que me temo que la matraca de la Guerra Civil va a seguir sonando durante bastante tiempo.

Hay muchas voces que le califican a usted como uno de los mejores escritores jóvenes de este país, ¿quiere decir esto que en España hay un gran salto de calidad literaria entre los autores “jóvenes” y los considerados “veteranos” que impide que le califiquen como uno de los mejores escritores a secas?, ¿o cree que únicamente esto obedece a etiquetas, más o menos comerciales, que no tienen su justificación en la calidad? A estas alturas, lo de «joven» yo me lo tomo como un piropo un poco exagerado. No creo que la literatura de los supuestos jóvenes supere a la de los escritores veteranos: por fortuna, escribimos en un idioma con una poderosísima tradición literaria.

Leyendo su biografía se nota que escribir es una vocación para usted; tanto su formación académica (Licenciado en Filosofía y Letras, ampliación de estudios artísticos en Roma,…) como su trayectoria (director de distintas revistas literarias, colaboraciones, literatura infantil y juvenil,…) avalan su esfuerzo e interés por las letras, ¿cree usted imprescindible tener una amplia trayectoria para conseguir una escritura sólida? Lo importante es el talento: hay personas completamente ajenas al mundo académico o literario que nos han dejado una obra extraordinaria. Los primeros nombres que se me vienen a la cabeza son los de Garcilaso de la Vega o Emily Dickinson.

Cuando escribe una novela ¿le lleva mucho más tiempo documentarse sobre lo que va a escribir que plasmarlo en papel o lo va haciendo sobre la marcha? ¿Alguien le ayuda a recabar la información o es una tarea que hace usted solo? Me las apaño yo solito para documentarme (aunque, eso sí, busco personas que me asesoren y movilizo a todos mis conocidos si hace falta). Antes de empezar a escribir busco tener un conocimiento amplio de la época en la que voy a ambientar mi relato (en el caso de que suceda en el pasado). Después busco los datos concretos que voy necesitando según avanzo en la escritura. A veces me obsesiono con cosas nimias, como cuándo aparecieron los somieres metálicos, los rulos o los cortaúñas.

¿Cree necesario tener cierta edad para escribir bien y/o tener éxito en la literatura o ello sólo depende de las cualidades del escritor independientemente de la edad? Yo confío en que según uno va cumpliendo años va ganando en experiencia, sensibilidad y conocimiento del mundo, pero hay tantos casos de artistas a los que les sucede lo contrario que no sabría responder, supongo que depende de cada caso y sus circunstancias. De cualquier manera, creo que mis mejores obras están por escribir: aspiro a llegar a ser, algún día, un viejo sabio.

Entre el placer de fabular, el gusto por jugar o el diálogo permanente con los libros que ha leído, ¿con qué se queda Oscar Esquivias? Bueno, todo viene a ser lo mismo: para mí leer es una forma de jugar y, si la obra que tengo entre manos me apasiona, la experiencia me resulta muy creativa y me surgen mil ideas para mis cuentos y novelas. Cuando no se me ocurre nada es cuando un libro me aburre.

¿Cómo definiría un escritor cuándo llega a la “plenitud” de su obra? No entiendo del todo esta pregunta y no sé si la responderé bien: en mi caso siento que un texto ha llegado a su plenitud cuando no concibo que pueda estar escrito de otra manera. Algunos cuentos de Pushkin, Boquitas pintadas de Manuel Puig o La ciudad y los perros de Vargas Llosa son los primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza de relatos perfectos, plenos: estoy seguro de que sus autores sabían que habían hecho algo extraordinario. Por citar otras artes, La Flauta Mágica o Las Meninas tampoco admiten ninguna corrección. En mi obra, yo sigo intentándolo.

Cuándo se le ocurre una idea sobre la que escribir, qué es lo primero que hace, ¿se documenta, hace un borrador, deja que fluya sola y luego pule? ¿Corrige y reescribe mucho? Siempre apunto y desarrollo la idea de forma más o menos abocetada o rápida. Después me documento y voy corrigiendo y completando las lagunas. En general, escribo con buen pulso y las correcciones tienen que ver con el ritmo de la narración más que con la estructura general del texto.

¿Sabe en todo momento cómo será el final de la historia o usted mismo se sorprende de cómo se desarrolla la trama? Suelo saber hacia dónde me dirijo, pero la escritura siempre es un acto creativo en el que surgen nuevas ideas y caminos. Todos los escritores somos un poco exploradores, con una idea vaga del camino que vamos abriendo a machetazos.

¿Por qué la literatura histórica está de moda? Sinceramente, no lo sé.

Cuando decide escribir una trilogía, ¿tiene ya claro el final? En mi caso, las novelas no tienen propiamente «un final». Cada una de ellas tiene una personalidad muy definida y distinta y no dejan de ser relatos abiertos.

Vivir en Roma para documentarse, ¿es esencial o un lujo que puede permitirse? Estuve diez meses en Roma becado en la Academia de España con el fin de investigar sobre la estancia de Hector Berlioz en Italia. Mi intención era (es) escribir una novela con Berlioz como protagonista, así que mi estancia fue algo esencial y también un lujo que no hubiera podido permitirme sin la beca. Para mí fue una fortuna extraordinaria. No hay semana que no sueñe, al menos una noche, con que estoy en Roma.

¿Es usted de la misma opinión que Soledad Puértolas cuando afirma: ‘Los autores nos quejamos pero las Ferias son necesarias? A mí me parecen muy divertidas las Ferias, ojalá me invitaran a más.

¿Le afectan a usted las críticas? Me interesan las opiniones de mis lectores, claro, pero creo que no me afectan (en el sentido de que no me han hecho cambiar mis planteamientos literarios).

¿Por qué se plantea escribir una trilogía? ¿Cómo ensambla las piezas de las tres historias sin que cada libro pierda su identidad respecto al conjunto? La idea de la trilogía llegó de forma natural: al inspirarme en Dante, lo lógico era que –como él– completara el viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso (aunque mi primera intención fue limitarme a estos dos últimos). Los libros están relacionados sutilmente: cada uno tiene una personalidad radicalmente distinta y, en buena medida, se opone al anterior. El primero (Inquietud en el Paraíso) es casi una novela histórica al modo barojiano, con sus conspiradores en provincias, canónigos ocurrentes y militares golpistas, el libro funciona como un mecanismo de relojería en el que todas las piezas se imbrican para hacer avanzar la narración hacia su final. La segunda novela (La ciudad del Gran Rey) pertenece al género fantástico: saca al lector de la realidad, del tiempo histórico, y le lleva a un escenario casi onírico. Además, la técnica literaria es muy distinta: aquí la trama está atomizada en mil microrrelatos que sirven de contrapunto a las líneas narrativas principales y las interrumpen. La obra que cierra la trilogía (Viene la noche) tiene un aire más existencial, sencillo y realista (casi social). El protagonista de la novela, Benjamín Tobes, fue testigo de los acontecimientos históricos del primer libro y fue también lector de la segunda parte: es él quien da coherencia a todo el conjunto.

¿Ha notado algún tipo de evolución en su trayectoria literaria? ¿Si es así podría explicarla? Modestamente, creo que cada vez escribo mejor (con esto quiero decir que cada vez soy capaz de expresar con mayor exactitud lo que llevo en la cabeza).

¿Dejó algo de usted oculto en Roma? Un pedazo del corazón, que por lo demás anda bastante repartido en varias ciudades del mundo (Burgos, Madrid, Turín, San José de Costa Rica, Oporto, Nápoles…).

Suelen decir que los títulos nacen del texto ¿Alguna vez le ha ocurrido lo contrario? A veces se me ocurren títulos bonitos, pero luego no sé qué hacer con ellos. Creo que de ninguno de ellos ha nacido ninguna historia.

¿Cree que para empezar, a los que nos gusta escribir, deberíamos presentar nuestros relatos a los premios literarios que se organizan en toda nuestra geografía? Así lo hice yo. Las revistas literarias y los premios de cuentos suelen ser los únicos medios que tienen los escritores primerizos para publicar.

¿Qué es lo que más le ha costado, ajeno a usted, a la hora de introducirse en este mundo hasta llegar a ser conocido? Publicar la primera novela. Antes de que premiaran Jerjes conquista el mar había participado en varios concursos sin ningún éxito.

¿Comparte la opinión de aquellos autores derrotistas que anuncian la muerte de la novela? La novela ha demostrado ser difícil de matar, yo creo que nos va a enterrar a todos.

En una entrevista, usted apuntaba que escribía para satisfacer a un único lector: usted mismo. ¿Cómo es Óscar Esquivias como lector, también juez, de sus propias novelas? Me gustan muchísimo, soy uno de mis autores favoritos.

¿Su vocación literaria fue muy precoz? Me temo que sí.

¿No siente cierto temor al combinar temas tan dispares en su obra como la Guerra Civil y los recientes sucesos del 11 – M? No, ninguno, un novelista ha de ser ambicioso. Me interesa la violencia y la intolerancia como asuntos literarios.

Para escribir, ¿qué es más importante: vivir mucho, sentir mucho o mentir de forma extraordinaria? A ser posible, las tres cosas a la vez, pero con lo último bastaría: un buen mentiroso (o sea, aquel que nunca es descubierto) ha de ser una persona de recursos, imaginativa, muy persuasiva, conocedora de la naturaleza humana y empático con la persona a la que se dirige. En otras palabras: el mentiroso ha de ser un excelente narrador. La experiencia vital o unos sentimientos intensos no te garantizan, por sí solos, que tengas capacidad para contar una historia.

¿Qué novela/s (suya/s o de otro/s autor/es) recomendaría a un adolescente para que se enganchase a la lectura? Crimen y castigo. Es la mejor novela juvenil que se ha escrito nunca. A mí me removió hasta lo más íntimo y muchísimos otros escritores la han citado y la citan como una obra fundamental en su juventud.

Una guerra civil… ¿Mil versiones, mil miradas diferentes, mil novelas? Si no hay dos personas que cuenten de la misma manera un partido de fútbol, imagínese una guerra civil…

Doris Lessing se arrepiente de haber ganado el Nobel. ¿Hay un precio que pagar cuando se gana un premio, aunque no sea el Nobel? Supongo que si uno gana un premio importante se convierte en un personaje público y puede acabar mareado con peticiones de entrevistas, conferencias, pregones de fiestas, asistencia a mesas redondas, etcétera. El precio que yo he pagado con mis premios ha sido pequeño: he recibido mucho más de lo que he dado.

Se dice que las editoriales no aceptan novelas juveniles si el papel protagonista lo tiene una chica. Según su experiencia como escritor qué hay de cierto en ello? Sucede todo lo contrario: los editores prefieren los personajes femeninos porque son las chicas quienes más leen. A mí siempre me reprochan la preponderancia de los personajes masculinos.

Y hablando de chicas. ¿Se atrevería a crear una novela juvenil donde el protagonismo lo tuviese un personaje femenino? Sí, por supuesto. Muchos de mis cuentos tienen como voz narradora la de una mujer.

¿Dónde cree que nos encontraríamos mejor los seres humanos, en el purgatorio, en el infierno o en el paraíso? En la Tierra, sin duda ninguna.

En ‘Inquietud en el Paraíso’ se toma la Guerra Civil con algo de sentido del humor. ¿Cree usted que va siendo hora de quitarle hierro a ese episodio de nuestra historia? La Guerra Civil ya va entrando en el territorio de la literatura y el mito: los que la pueden contar en primera persona son cada vez menos y todos empezamos a hablar de oídas. Esto hace que nuestros relatos sean radicalmente distintos a los que escribieron, pongo por caso, Arturo Barea, Agustín de Foxá, Hemingway, Orwell o María Teresa León.

¿Cree que el elemento mágico en su novela ‘Inquietud en el Paraíso’ ayuda a apaciguar la rabia de los recuerdos de la contienda, a disminuir las tensiones que todavía se producen cuando se habla de ellos? ¿Recomendar libros como éste a los escolares mejoraría los conocimientos de la historia verdadera? El concepto de «historia verdadera» u «objetiva» es muy espinoso. Un libro o una película pueden despertar el interés de un escolar por algún personaje o acontecimiento del pasado, pero nunca debería perder la perspectiva de que son obras de ficción y que su finalidad no es servir de ilustración pedagógica. En mi caso, creo que el elemento fantástico en mis novelas lo que hace es reforzar su humanismo, en el sentido de que para mí la vida del hombre y su felicidad son los valores superiores de la existencia. Yo no tengo la certeza de la existencia de ningún mundo mejor que no sea el nuestro ni de otra existencia después de la muerte.

¿Para qué sirve la lectura? Para ser más feliz, entre otras cosas. En el peor de los casos, para matar el tiempo.

¿Algún libro le ha marcado especialmente? Muchísimos. Crimen y castigo de Dostoievski, El libro de la selva de Kipling, Rojo y negro de Stendhal, Lo prohibido de Galdós, El lenguaje perdido de las grúas de Leavitt, Cuento de hadas en Nueva York de Donleavy, Miguel Strogoff de Julio Verne, La peste de Camus… ¿Sigo?

Proponga una forma de difundir la lectura. Seguramente bastará con regalar libros a los niños. Yo me leía todos los que entraban en casa.

¿Hace falta haber vivido mucho para escribir bien? No, son cosas distintas; para escribir bien hay que poseer lo que Carson McCullers llamaba el don de la lengua, esto es, una relación natural con el idioma que se utiliza (aunque parezca paradójico, muchos escritores carecen de este don). Por supuesto, tan importante como escribir bien es tener algo interesante que decir, y ahí sí puede ser muy importante la experiencia vital del autor o su imaginación.

Los universitarios de hoy apenas leen. ¿Hay futuro en la literatura española? En la literatura sí, donde no sé si hay futuro es en la universidad: cada vez se valora menos poseer un título universitario.

¿Qué escritor o escritora no le ha defraudado nunca? Entre los de (más o menos) mi generación: Alejandro Cuevas, Alberto Luque Cortina y Cristina Grande.

A la hora de sentarse a leer. ¿Qué género literario prefiere? Leo de todo pero, sobre todo, novelas (aunque siempre tengo un libro de poesía cerca).

Manuel de Lope

Bio

Exiliado por razones políticas en 1969, este burgalés regresaría a Madrid en 1993, aunque ya con obras publicadas: “Albertina en el país de los Garamantes”, “”El otoño del siglo”. Su trabajo para un marchante de pintura marcaría mucha de sus obras, así como su vida errante por países en su juventud. Ganador del Premio Primavera de 1998 con “Las Perlas Peregrinas”, sus últimas obras han ido por la senda de los viajes: “Iberia. La puerta iluminada”, “Iberia. La imagen múltiple”.

¿Qué le resulta más fácil: inventar o escuchar y sentir lo que le rodea? La disposición a escuchar y sentir es prácticamente inconsciente. La disposición a inventar, en el sentido de reconstruir, implica un pequeño esfuerzo de voluntad. En último término lo difícil es escribir.

Cómo le responde la gente cuando les pregunta cosas insólitas sobre ellos o su entorno. ¿Es amable o esquiva? No suelo preguntar cosas insólitas, sino cosas en su contexto. La gente es amable o esquiva según su carácter.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

Respecto a la etapa previa a la escritura, ¿es más trabajoso el período de «documentación» (aunque sea «in situ») de una novela de viajes, o el de una novela literaria? ¿Disfruta más con ese período previo, o con la escritura pura y dura? Y hablando de novelas de viajes, ¿decidió pasearse por España por haber vivido, durante un tiempo, fuera de ella? Creo que hay un error en la pregunta: no se trata de una novela de viajes. Respecto a la segunda parte, el placer de la escritura parece que ocupa mucho a la gente. En la escritura no hay una búsqueda de placer. Hay una búsqueda de conocimiento, el establecimiento de una especie de equilibrio personal con la realidad. Si eso redunda en placer o sufrimiento es algo secundario que depende del momento y de las circunstancias. Respecto a la tercera parte de la pregunta, decidí pasearme por España porque me lo encargó un periódico. Luego me di cuenta de que el proyecto tenía mayor alcance si prescindía del encargo (como así hice) y lo convertía en proyecto personal.

¿Es la observación minuciosa de lo que le rodea la mejor herramienta de un escritor, o tiene usted alguna otra secreta? Muchas veces se ha dicho que la importancia de las cosas está en los detalles.

Usted se exilió de España en el año 1969 y regresó en 1993. ¿En esos 24 años de ausencia ha encontrado variaciones importantes en los escritores españoles? Cuando me fui de España yo no era escritor, ni siquiera me planteaba serlo. Ignoro cómo eran los escritores de entonces. Eso sí, desde que yo empecé la industria editorial ha cambiado bastante.

Por su condición de exiliado. ¿Qué opinión le merece la figura del dictador Franco? Regular.

¿Le cuesta mucho Titular? La mayoría de las veces no.

¿De qué forma refleja usted la pintura en su producción literaria, si es que lo hace? Me he dado cuenta de que poseo un tipo de imaginación visual.

¿Cómo influyó su exilio en sus obras? No lo sé.

¿Siente que después de tantos años escribiendo aún le queda algo que aprender? Espero.

¿Alguna vez el proceso creativo le ha causado sufrimiento? La palabra exacta no es sufrimiento. Se podría decir angustia, ansiedad, sensación de carencia.

¿Considera que el haber vivido en distintas partes del mundo le da un bagaje cultural inestimable a la hora de escribir? No lo creo.

¿Cual es su plato favorito? Bacalao

Su viaje por la geografía española ¿fue sólo un camino o, al contrario, un fin? El camino conducía a un fin.

Viajó usted ligero de equipaje? No soy hombre de baúles ni tampoco de bibliotecas.

¿Qué hace usted para conseguir esa difícil combinación de distanciamiento y ternura que resalta en muchas de sus obras? No lo sé.

¿Para sus creaciones literarias suele utilizar, a menudo, la memoria del corazón? Supongo que sí.

Dice Vargas Llosa que él mantiene un horario estricto de escritura/trabajo de siete de la mañana a dos de la tarde, con una disciplina espartana. ¿Es usted capaz en su quehacer literario de sujetarse a unas estrictas normas y horarios de trabajo? Soy bastante regular. Como decía Picasso, la inspiración siempre me pilla trabajando.

¿Qué es lo primero que hace cuando tiene una idea sobre la que escribir? ¿Elabora bocetos? ¿Busca finales? ¿Crea a los personajes? ¿Estudia la trama? ¿Corrige y reescribe mucho? La idea suele ser una anécdota donde yo percibo una especie de poder radioactivo. En general no hago planes ni bocetos. Los personajes se crean solos. Corrijo poco.

¿Hay que tener la historia bien amarrada cuando se comienza a escribirla o puede salirse de los márgenes establecidos, si es que los hay? Yo no suelo tener la historia bien amarrado. Incluso diré que llega un momento en que la historia me tiene amarrado a mí.

Leyendo su biografía uno queda con la sensación de que usted mismo podría ser el protagonista de una novela (exiliado por cuestiones políticas en París, residencia en varias ciudades europeas, trabajó como marchante de arte, escritor…) ¿cuál de sus creaciones literarias consideraría la más autobiográfica? Escribí hace años un par de pequeños textos autobiográficos: Memorias de Africa y Octubre en el menú. Hubo una parte de la crítica que lo consideró literatura experimental, lo que a mí me extrañó muchísimo.

Repasando los años de publicación de sus obras uno puede percibir que hay períodos de mucha actividad espaciados pro largas temporadas de vacío, ¿le gusta escribir hasta agotarse y luego descansar durante un tiempo?, ¿la inspiración y las ganas de escribir llegan por rachas?, ¿o este dato es sólo cuestión de que las editoriales han coincidido a la hora de publicar sus trabajos? Nunca he dejado de escribir más allá de unos meses. Escribir forma parte de mi vida cotidiana. El público tiene noción de lo que se edita y en ello puede haber plazos más o menos largos.

¿Condiciona una vida tan atribulada como la suya (persecución política, exilio…) una carrera literaria? La verdad es que yo no tengo la sensación de que mi vida haya sido atribulada.

Ahora que vivimos en democracia, ¿merece la pena combatir o lugar por algo? ¿Sigue siendo la literatura útil para la denuncia social? Creo que no hay que pedir utilidad a la literatura. Es algo que viene o no viene por añadidura.

Ha vivido en diferentes países pero ¿ha leído a sus escritores? Diga uno que le guste especialmente. No puedo elegir.

¿Considera que para viajar se necesita dinero o cualquiera puede aventurarse a conocer otros lugares y sus costumbres? De joven viajé con muy poco dinero.

¿Cree que es más fácil llegar a conocer un lugar casi sin moverse del sitio pero mezclándose con sus gentes, o por el contrario es preferible gastarse mucho dinero en viajes del tipo «conozca dos países en una semana»? Creo que al viajar es necesario tener tiempo incluso para aburrirse. El tiempo muerto forma parte del viaje y aporta mucho más de lo que se cree al conocimiento.

¿Qué opina de los libros de viajes de Javier Reverte? No los he leído.

Señor De Lope: autores como Virgilio y Lorca experimentaron con otras lenguas diferentes a la suya propia. El primero con el gético y el último con el gallego. ¿Nunca le tentó hacerlo a usted con las lenguas de los países que ha visitado? Mi segunda novela la escribí en francés y se publicó en Francia antes de ser traducida al español. También escribí algunas otras pequeñas cosas, pocas, en francés.

Que se puede hacer para rematar de forma decente un relato? Ya me gustaría poder decírselo.

¿Cree que las mujeres sentimos un incontenible deseo de viajar o es sólo una frase para un libro? Sería maravilloso conocer los incontenibles deseos de las mujeres.

Usted aconseja fijarse en el elemento geográfico cuando se viaje porque es «el zócalo mismo del conocimiento de una región». ¿Qué diferencias geográficas ha encontrado entre la España que conoció antes del exilio y la de ahora? Se pueden leer en Iberia.

¿Vive usted de la literatura? Sí.

Preparando estas preguntas he leído su biografía y ¿qué recuerda del 68 en España? El 68 en España fue muy peculiar, por las condiciones mismas del país y no tuvo nada que ver con lo que se conoce como el 68 europeo (francés y alemán). Se venía fraguando desde que los jóvenes españoles de entonces nos dimos cuenta de que había terminado la posguerra.

Amor, humor e intriga ¿son una combinación perfecta para el éxito? No lo creo. Los ingredientes no aseguran el éxito de una receta.

Madrid, Burgos, París, Ginebra, Brington, Londres. ¿A qué ciudad le dedicaría una novela suya? Me podría citar una novela para conocer alguna de estas ciudades. Yo escribí Madrid continental y he escrito algo sobre Ginebra en Octubre en el menú, pero creo que Madrid es la ciudad que más me ha inspirado, aunque reconozco que la imaginación se me va a menudo por el mundo rural. Para conocer Nueva York, Manhattan Transfer de Dos Passos.

Debido a su condición de exilio no puedo evitar preguntarle qué opinión le merece la actual situación política española. ¿España va bien como alguien dijo? No lo sé.

¿De qué manera influyó la pintura en su faceta como escritor? Poseo un tipo de imaginación visual.

¿Cómo su encuentro con las regiones que visitó para su libro Iberia? ¿Se encontró algo que nunca habría esperado? Fue una acumulación pausada de conocimientos. Lo explico en el prólogo de Iberia, acudiendo al sueño de los faisanes de Goethe.

Cuando aborda una obra, de cualquier género ¿qué papel juega la figura de un hipotético lector en su trabajo? Dicen que a la hora de escribir se escribe para un sólo lector, una especie de arquetipo que el autor tiene presente. Es un asunto muy curioso.

Un escritor, en cierto modo, también queda marcado según los libros que velan su sueño ¿Cual es su librería fetiche y cuál ha sido el último libro que ha comprado en ella? En el momento que escribo estas líneas el último libro que he comprado son las actas de un seminario internacional sobre la Guerra de la Independencia. No pretendo sacar ningún partido de ello en el sentido literario. Soy un simple lector.

Hablando de su novela «Las Perlas Peregrinas», ganadora del premio Primavera 1998, usted dijo: «Quería hacer el experimento relajante de probar con un género de los considerados menores, aunque yo no lo crea así, para, en cierto modo, darle la vuelta, paradiarlo». ¿Puede ser que se consideren menores algunos géneros, como el policiaco o la ciencia ficción, por aquellas novelistas de a duro en las que aparecían? (a mí personalmente considerar algo como menor me parece una tontería, creo que eso depende de la maestría del autor). Yo creo que existen jerarquías en el arte. En música no es lo mismo Wagner que el Maestro Chapí. Otra cosa es el criterio de excelencia, lo que usted llama maestría del autor. Hay excelentes óperas y excelentes zarzuelas. Y viceversa, pésimas óperas y pésimas zarzuelas. En cuanto al género policiaco en literatura, yo lo considero un género menor, quizá porque no me gusta la profesión de detective ni la de policía.

¿Tiene sentido escribir aun sabiendo que sólo venderás unos cuantos ejemplares? (Eso con suerte). Escribir tiene sentido.

Usted, como autor de dos libros de viajes por España («Iberia: la puerta iluminada» e «Iberia. La imagen múltiple»), ¿considera que este país está vertebrado, por encima de cantonalismos y nacionalismos? ¿La «España real» que usted describe en sus viajes es un país distintos al de sus políticos? Iberia no son dos libros, sino dos volúmenes de un sólo libro al que por necesidad editorial se les puso un subtítulo. Se hubiera podido llamar globalmente Descripción de España. Las conclusiones que usted me pide son muy complejas. En general, creo que los políticos tiene una imagen de España acorde con su profesión, como los geólogos acorde con la suya.

«Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos». (Charles Kingsley). ¿Cree que se puede viajar «ligero» y vivir sin hipoteca? Esto me hace pensar en Byron, que podía permitirse viajar con muchos medios y arrastraba un equipaje demencial. A pesar de todo su vida da una impresión de ligereza.

¿Ha cambiado su opinión sobre la delincuencia y la inseguridad o sigue pensando que es un sarpullido? Durante la juventud se vive la acción. Creo que es una cuestión de energía biológica. Esto lleva ciergos márgenes de inseguridad, incluidos los márgenes que marca el Código Civil

Leyendo sobre usted, me intento poner en su piel (he vivido, de una manera consciente, algunos años de la época franquista), tuvo que exiliarse de forma voluntaria y me pregunto: ¿Qué hace que un joven de 20 años tenga que decidir separarse de todo lo querido y conocido hasta ese momento? ¿Su compromiso ideológico, o tal vez el temor de familiares o de usted mismo a represalias pro tener ideas distintas? Yo tenía 20 años, corría el riesgo de pasar entre tres y seis años de cárcel por asociación ilegal. Eso era demasiado para mis expectativas.

¿Tenía un planteamiento ya establecido de futuro cuando llegó a París o tuvo que elaborarlo allí? Hasta los treinta años no tuve claro de lo que quería hacer.

Señor de Lope, usted que ha vivido en distintas ciudades, distintos países ¿dónde busca las huellas primigenias de su mundo de escritor? Pienso mucho en las ciudades de mi niñez y de mi adolescencia, Burgos y Madrid. No sé si son verdaderas fuentes literarias.

En una entrevista usted decía que anota a diario todo lo que en su vida es novelesco. ¿Cómo reutilizar después todo ese material? Suelo tomar notas, es verdad. A veces utilizo cosas muy concretas pero no son fáciles de reconocer. Yo mismo olvido que proceden de alguna anotación.

No se si es simple casualidad, pero al leer uno de sus relatos me recordó a Kafka y su Metamorfosis. Incluso el comienzo de su historia es un día 3 de agosto, como algunas de las fechas de la vida de Kafka (3 de julio nació, 3 de junio murió). ¿Es simple coincidencia? Kafka me fascinó de joven. Seguramente también me fascinaría ahora pero creo que lo que usted me señala es simple coincidencia.

Fernando Marías

Bio

Nacido en Bilbao en 1958, premio del Nadal 2001 con su obra “El niño de los coroneles”, comenzó en la narrativa escribiendo guiones (vivía en Madrid con la intención de estudiar cine) para la televisión, con los documentales “Páginas ocultas de la historia”. Su primera novela, “La luz prodigiosa”, sería trasladada al cine en 2001 con un guión suyo. Premiado también con el Dulce Chacón de Narrativa Española 2004 por su novela “El invasor”, se ha aventurado con éxito en la literatura juvenil, recibiendo el premio “Gran Angular” por su obra “Zara y el librero de Irak”.

Ha escrito varios guiones, entre ellos el de la pelicula La luz Prodigiosa. ¿Qué es más facil/dificil escribir guiones de las obras propias o de las ajenas? En ambos casos hay una gran “tranquilidad”, si esta palabra puede usarse referioda a la escritura, y es que la película la va a dirigir otro, que es el verdadero y último creador. Eso concede cierta impunidad al guionista, le exime de respondabilidades últimas de alguna manera. Yo he hecho dos películas, pero como digo a veces, solo escribí el guión. Desde este punto de vista, da igual hacer una adaptación propia o de otro.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

En su pagina declara que el premio Ciudad de Barbastro fue esencial para seguir escribiendo ¿porque? Quizás hay premios más fuertes económicamente y más ‘sonoros’, ¿puede un pequeño premio motivar a un escritor? Debo confesarle que personalmente por motivos sentimentales, preferiría ganar este premio a cualquier otro. Esencial porque me animó a continuar escribiendo, me dije que la novela no podía ser tan mala, ni yo tan mal escritor, si había merecido un premio. De no haber ganado el premio habría continuado intentándolo, pero gracias al ciudad de Barbastro mi biografía es la que es, y no otra. Y pienso, además, que es uno de los premios “pequeños” más grandes. Anímate a presentarte.

¿Considera la publicidad un arte? Reconozco la calidad de la publicidad cuando la veo, pero no me interesa lo más mínimo

¿El último libro siempre es el mejor? Transitoriamente, sí. Es al que uno le pone más

¿Qué recomendaciones importantes nos daría para escribir para el público infantil? He escrito un cuento infantil (que también pueden leer los adultos), cinco novelas para jóvenes (que también pueden leer los adultos) y seis novelas para adultos. Creo que lo único importante es tener una buena historia y contarla con ganas.

¿Ha habido algún acontecimiento en su vida que le haya llevado a desencadenar su carrera como escritor? Tal vez el día que vi la película de Sam Peckinpah “Grupo salvaje”. Decidí que quería contar historias, tenía doce años.

¿Tuvo una infancia feliz? Sí, aunque ahora me sicoanalizo y descubro lagunas de oscuridad.

¿Qué es más duro: crear un eslogan, acabar un guión, escribir una novela o un libro infantil? Y ya puestos, ¿qué es más satisfactorio? Para mí, que no me dedico a eso, crear un eslogan es siempre divertido, acabar un guión es elaborar una herramienta para el director… Lo más difícil es hacer una buena novela, que emocione al lector y primero emocione al escritor. Y luego está lo inalcanzable: para mí, escribir poesía.

¿Como novelista le ha ayudado el haber sido previamente guionista, o por el contrario le supuso algún vicio que tuvo que suprimir? Yo, como todos, soy un cóctel donde se van mezclando experiencias, conocimientos, pasiones… Supongo que el cine y los guiones están en mi literatura, y viceversa. Pero eso es positivo, ha colaborado en la búsqueda de una voz propia.

Hablando de escritores ‘vivos y españoles’, ¿se atrevería a decir aquí a quién de ellos lee con satisfacción? Diré una masculino y dos femeninos, aunque hay más: él, Ricardo Menéndez Salmón. Ellas, Pilar Pedraza y Lourdes Ventura.

‘La luz prodigiosa’ es mi película de cabecera. Cuanto más la veo más cosas encuentro. ¿Cree usted la historia que ha contado? ¿Se da usted cuenta de la cantidad de esperanzas que ha despertado? ¡Bueno! Muchas gracias, se lo diré a Miguel Hermoso. A mí me gusta mucho, pero para tanto no sé… La hicimos con mucho amor y pasión, eso es cierto. Yo creo la historia que cuento, de lo contrario no podría haberla contado. En cuanto a las esperanzas… No sé, ¿qué tipo de esperanzas? Buena pregunta, pero no sé qué decir.

¿Le ha influido en su obra y en su vida el haber ganado el Premio Nadal? Muchísimo, cambió mi vida. Desde el 6 de enero de 2001 me dedico a escribir exclusivamente lo que me gusta. ¿Hay fortuna mayor?

¿Cree que el Premio Nadal, es uno de los menos ‘adulterados’ o más ‘independientes, es decir, no están dados de antemano? Por lo que yo sé, no hay duda. Yo era un desconocido cuando lo gané, y creo que irrupciones como la de Eduardo Lago demuestran que es un premio que sigue manteniéndose en sus principios. De todas formas, que conste que yo he sufrido en todos mis premios desde que supe que era finalista hasta que me confirmaron que había ganado. La única excepción fue el premio nacional, ya que ignoraba que estaba finalista.

¿Cual es su rutina a la hora de escribir? Me levanto pronto (a las 5), escribo dos o tres horas y dedico el resto del día a no hacer nada. Pienso cuando camino, y el la bici estática oyendo mi música favorita en el iPod. Eso me inspira.

¿Resulta muy complicado hacer una buena adaptación de una novela para el cine? Siempre surgen dificultades, pero si se tiene muy claro hacia dónde se quiere ir, la cosa de allana. Esta es la única premisa esencial: el objetivo claro.

A su juicio ¿Qué ingredientes considera imprescindibles para que una novela obtenga el calificativo de buena? Siempre me parece subjetivo, y en realidad esa es la base de la literatura y el cine, que a unos nos gusten unas cosas y a otros otras. Siempre que se produce una emoción en el lector/espectador que ha sido premeditadamente buscada por el autor podemos hablar, creo, de una obra buena.

Qué ha influido más en su obra literaria, las imágenes o los libros? Ambas, primero las imágenes, pues fui al cine antes que leí un libro, y luego los libros. En mi vida creo que es más importante el cine, determinante.

¿Después de tantos premios conseguidos, qué otro le haría más ilusión en este momento? Me gustaría el premio Euskadi de Narrativa, o el premio Hammett (cosa imposible, porque no hago novelas negras clásicas). O alguno de cine.

¿Si tuviera que elegir entre el género fantástico y el histórico, con cual se quedaría? Los géneros, por definición, no me interesan. Ni el fantástico ni el histórico, siempre fusiones, experimentos, cosas nuevas a partir d elo de siempre. Una vez un editor me preguntó si escribiría una novela d etemplarios, y le dije que sí… siempre que los templarios fueran zombies gays.

En su novela El vengador del Rif trata episodios de nuestra historia como la semana trágica de Barcelona, la batalla del Barranco del lobo, relacionada con el desastre de Annual. ¿A qué se debe ese interés por tales capítulos de la historia de España? Esas convulsiones son el origen de nuestro país, o al menos están decisivamente en ese origen. Creo que es esencial conocer la historia para saber vivir y estar a salvo de los conspiradores del mal, que siempre acechan, aunque con trajes nuevos.

Mi siguiente pregunta tiene que ver con sus colaboraciones. Una vez un escritor dijo que había salido ‘como gato escaldado’ de una. ¿Dónde está el secreto para que no le pase a nadie como a ese escritor? ¿en elegir a los compañeros? ¿o en la elección del tema? Sí, diría que elegir a los compañeros de viaje, entendiendo por tales: 1, el proyecto; 2, el editor; 3, los autores con los que uno debe compartir aventura.

Imagínese que le proponen hacer una larga travesía en un barco acompañado de uno de estos personajes: Drácula, Frankenstein, el Hombre-Lobo:

a- ¿cual preferiría que le acompañara? Soy heterosexual. ¿No puede ser una vampira o una mujer lobo?

b- ¿cuál de los tres le produce más ternura? Frankenstein.

c- ¿cuál de los tres cree que tendría una conversación más enriquecedora? Drácula

Repasando su obra literaria se descubre un lugar común que directa o indirectamente está presente en la mayor parte de sus libros, y este lugar son los conflictos bélicos, ¿existe alguna razón personal para que el punto de partida o el eje central de varias de sus creaciones sea la guerra?, ¿o es mera coincidencia? Me fascina la guerra, a pesar de odiarla (ojo, no he conocido ninguna, ni siquiera he hecho la mili). Pone a las personas al límite de lo mejor y de lo peor de sí mismas, y esto es bueno para un novelista, amplía el campo. Lo intensifica.

En páginas ocultas de la historia, tanto en el libro como en los guiones, se jugaba entre la frontera de lo real y lo ficticio, ¿en qué campo se siente usted más cómodo a la hora de escribir?, ¿o usted piensa que realidad y ficción siempre van unidas y lo único que puede variar es el tanto por ciento de una y otra? Me gusta explorar la historia, haciendo esa serie Juan bas y yo descubrimos que las posibilidades de que todo hecho histórico esté manipulado son enormes. Y sí, siempre hay una versión distinta a la oficial.

Si usted, como afirma, escribe para divertirse, cuando está decaído o muy triste ¿no escribe? Según pasan los años, y por tanto se hace más sólido el oficio, el estado de ánimo pierde importancia. No deja de tenerla del todo, pero la pierde. Últimamente escribo cuando me apetece, cuando de pornto algo me dice “vamos a la página en blanco”.

Guerras, hambre, insolidaridad… ¿es el hombre un lobo para el hombre? Sin duda. Siempre ha sido así y siempre será así.

En una entrevista señala ‘ la capacidad de hacer el mal es un abismo y a todos los abismos nos gusta asomarnos’, asomarse para comprender lo incomprensible. Arend acuñaba el término ‘banalidad del mal’ refiriéndose también a lo infinitamente complicado que resulta entender al hombre común. ¿Cree que vivimos en una sociedad cada día más psicótica? También sí, sin duda. Me gusta mucho una frase de Marsé que dice que el universo es un caos en permanente expansión. Yo la aplico a nuestra sociedad. Y el caos, obviamente, genera psicosis.

Bajo la lectura de ‘El niño de los Coroneles’ ¿Existe una institucionalización del mal oleada y sacramentada? No entiendo “oleada y sacramentada”

Con qué personaje histórico le gustaría mantener una conversación? También m

e gustaría preguntarle su opinión sobre dos relatos excepcionales, por varios motivos, en la historia de la literatura. Me gustaría mantener una conversación con Francisco Franco. Es un malvado que me sigue fascinando. En cuanto a los relatos excepcionales, no dices cuáles son.

Siempre me ha parecido que los guionistas ejercen un papel tan importante como el del director de una película. Sin embargo, tengo la sensación de que su trabajo todavía no está tan reconocido como debiera. (¿Cuántos directores célebres conocemos? ¿Y cuántos guionistas?). ¿A qué cree usted que se debe? Es una cuestión de rostro comercial de las películas, en parte, pero también de injusticia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el verdadero autor de una película es el director, y en muchos casos, los cineastas autores (por ejemplo, Ford o Hitchcock) jamás firmaron un guión, pero lo dirigían casi como si, de hecho, lo escribieran. Es decir, el director es MÄS importante que el guionista.

En relación a su libro Páginas ocultas de la historia (1995), ¿considera que los historiadores ‘serios’, al interpretar acontecimientos pasados, dan origen a verdaderas ‘ficciones’? No, eso sería excesivo decirlo. Precisamente el juego de Páginas es que sugiere “lo que pudo haber sido”, pero nunca pretendiendo afirmarlo. Es una revisión histórica que hay que afrontar con sentido del humor.

¿De una mala novela se puede sacar un buen guión? Por supuesto.

Usted atribuyó que el exceso de títulos en el mercado literario daba lugar a la ausencia de pasión lectora en España. ¿Se debe a exceso de títulos o a que no son muchos los buenos libros publicados? No, no son muchos los libros buenos publicados, ojalá lo fueran. Pero tampoco me rasgo las vestiduras por ese tema, hay los lectores que hay y punto.

¿Qué le impulsó a pasarse a la narrativa tras ser escritor de guiones y publicidad? ¿Hubo algún punto de inflexión o fue un paso más natural y lógico? Sí, algo muy parecido a un paso natural y lógico, fluido. De pronto un día me encontré diciendo “esta historia que no me sale como guión (precisamente “La luz prodigiosa”) voy a tratar de convertirla en relato. Y aquí estoy. Creo que el que de verdad quiere ser escritor acaba siéndolo pase lo que pase.

Con la novela ‘El vengador del Rif’ decidió dar inicio a una serie, con personajes fijos. ¿Cómo decidió desarrollar esa serie y cuál está siendo el resultado de esa idea/propuesta personal que ha tenido? Cierto, esa fue la idea inicial, comenzada con El Rif y Matxitxako. Luego iba a venir Cielo abajo, pero decidí dar un paso adelante y eliminar a esos personajes, que en mi opinión, y visto desde ahora, le quitan fuerza a las novelas. Y debió de ser una buena idea, pues con Cielo abajo no me ha podido ir mejor.

¿Ha escrito alguna vez para presentarse a un premio o siempre se presenta con trabajos que ya tenía? Los trabajos no “se tienen” porque sí. Siempre hay un momento en que te pones a escribirlos, y en ese proceso calculas: voy a tardar tantos meses, llego a tiempo de este premio, podría salir bien… Y sí es cierto que hay premios que me gustaban, como el Ateneo de Sevilla o el Gran Angular, y calculé el tiempo para poder presentarme.

Creo que documentarse es imprescindible, pero usted va más allá, investiga para que lo que imagina sea compatible con lo real. ¿Cómo lo hace? Es simple, busco en la historia y trato de encontrar datos que contradigan la historia de ficción que me he inventado. Cuando los encuentro, varío ligeramente mi historia para adecuarla a ellos, y de ahí resulta esa coherencia.

En ‘Invasor’, escribe sobre la presencia española en Irak, ¿cree que los españoles, aún, estamos pagando esta presencia en la guerra? Ya lo pagamos de forma cara y trágica con el 11 M. Ahora además, estamos ya metidos en la irracionalidad de esta tercera guerra mundial semi invisible que se pasea por el planeta, lo queranos o no. Pero también hay un trazo de justicia: el PP perderá siempre las elecciones mientras no se libre de todos aquellos que aplaudieron a Aznar, enfervorizados y puestos en pie, su decisión de entrar en la guerra. Uno no puede ser criminal de guerra y dejar de serlo al día siguiente. Eso no prescribe, y los votantes lo sabemos.

Cuando una autor introduce un tema muy reciente como en su caso la guerra de Irak se puede pensar en ‘oportunismo’. ¿Qué le movió a escribir ‘Invasor’? Quise dejar clara mi indignación con nuestra entrada en la guerra. Personalmente, me pareció repulsivo, escandaloso y trágico que nuestra democracia se alienara con los fabricantes de armas contra los civiles inocentes, y todo por culpa de un psicópata que en ese momento era el presidente de nuestro país. Si a alguien le parece oportunista me parece estupendo. Yo me quedé muy tranquilo escribiendo Invasor.

De verdad, ¿El mundo se acaba todos los días? No. EMPIEZA todos los días.

Mayo… ¿La playa sique debajo de los adoquines? Siempre ha estado ahí, mucho antes de mayo del 68.

Dijo usted en una ocasión: «Si los novelistas no damos rienda a nuestras obsesiones, estaríamos perdidos». ¿Cuáles son sus obsesiones como escritor? Van variando con la vida. Ahora mismo, la convicción de que la literatura que no se compromete a fondo con el ser humano carece de sentido.

La pasión de leer es minoritaria, de acuerdo. ¿Qué cree usted que es peor: leer mala literatura o no leer? Supongo que es peor no leer. Pero no me quita el sueño, creo que cada uno debe hacer lo que le haga sentir bien. Si es no leer, pues que no lea.

«Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.» Marguerite Duras ¿A un escritor, le gusta siempre su obra? ¿O escribir es un trabajo en el que uno no encuentra nunca sosiego? A mí escribir me apasiona, me encanta, me divierte… Y en cuanto a si me gusta mi obra… Hay libros que sí, que permanecen. Otros los cambiaría, o tal vez ni siquiera los escribiría. Es curioso cómo, a medida que me hago mayor, los libros que escribí van perdiendo importancia.

¿Qué siente cuando gana un premio?, ¿se emociona como un niño, ve como se incrementa su ego o simplemente es otro acontecimiento mas en su vida? Me emociono, me siento eufórico, me llena de energía, Es magnífico, un “subidón”.

¿Cuando deja de corregir un guión o una novela? ¿Seguiría corrigiendo algo después de publicado? Lo dejo cuando considero que ya está acabado, que todo lo que quise poner, o supe poner, está ya en el libro. Y una vez publicado no suelo ni leerlo.

¿Cómo explicaría usted la sinrazón de esta realidad nuestra donde convive el desinterés más absoluto por la lectura -no hablemos de fracaso escolar, adecuaciones históricas partidistas y otras artimañas interesadas-, y una potencia editorial envidiable capaz de llenar las librerías día sí y al otro también? Vivimos en un mundo absurdo, ¿por qué no iba a serlo este también?

A

cabo de leer el relato ‘Las mujeres de la casa’ (publicado en la revista QUO nº 117) ¿Se ha basado en hechos reales para escribir? A mí personalmente me gustan las pequeñas venganzas literarias contra hechos que no puedo evitar, por desgracia ¿Le ocurre a usted igual? No, es pura ficción, ni tengo cerca un lago lleno de muertas ni conozco maltratadores (al menos, sabiendo que lo son). Y sí, a veces es divertido cometer pequeñas venganzas contra alguien que nos cae mal, por ejemplo. Pero ello no debe alterar la esencia de ningún libro, por supuesto. Son casi bromas personales, que un lector ajeno probablemente ni siquiera capte.

Dice que, aunque se siente escritor, su ilusión es dirigir cine. Si considera que el director es lo más importante en el resultado final de una película ¿No teme una mala crítica? No, las críticas no me conmueven, ni las buenas ni las malas. Yo hago una propuesta y el crítico dice lo que le parece. Su importancia respecto al proceso d ecreación y ejecución de una obra es inexistente, anécdótica como mucho, las buenas y las malas.

Ha dicho que es ambicioso, que algún día le gustaría escribir un gran libro. ¿Qué es para usted un gran libro? Uno que conmueva intensamente al lector.

Pepe Colubi

Bio

Asturiano, colaborador de prensa escrita (La Nueva España, La Mirada, Diario 16, Tiempo, Rolling Stone, El País, El Jueves, Cinemanía), radio (La Ventana, Carrusel, Hoy por Hoy, Día a la vista) y televisión (Nada que perder; Noche sin tregua; Channel nº 4; Ilustres Ignorantes); guionista de programas (El hormiguero; Lo más Plus; Más te vale; La última noche); autor de textos promocionales; ensayista (“El ritmo de las tribus”; “La tele que me parió”); biógrafo (“Estamos locos, ¿y qué?”); novelista (“California 83”), lo último de él lo encontramos en Espasa: “Pechos fuera”.

¿Se puede ver la tele a destajo (ya sea como espectador o como estudioso del medio) sin sentirse afectado por una chifladura del 15? Nada es bueno a destajo, hay que dosificar todas las actividades, desde las más mundanas hasta las más elevadas.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

¿Qué programa musical rescataría del pasado como ejemplo de lo que debería hacerse y no se hace, si es que lo hubiera o hubiese? PopGrama, Musical Express, La Edad de Oro e incluso la versión diaria de Los Conciertos de Radio 3. Que no existan varios programas musicales es una de las carencias más graves y tristes de la tele actual.

A la hora de escribir, ¿prefiere plasmar ficciones o realidades? Me gustan las ficciones basadas en hechos reales, teniendo en cuenta que el resultado final maneja lo que sucedió de verdad, lo que tú recuerdas y cómo lo recreas. Una vaca no se parece a un entrecot a la plancha, pero son lo mismo. ¿O no?

Acostumbra a decir que le nacieron en Madrid, pero que es asturiano hasta la médula.

¿Qué ama y qué odia de la capital? Amo y odio su enormidad.

¿Hasta que punto marcó su vida aquella tele del pasado?

‘La tele que me parió’, además de una reflexión personal ¿quiso reflejar en su obra la vida de aquellos niños del pasado que hoy somos adultos y la influencia que tuvo sobre nosotros? El libro era unas memorias catódicas. La «ventaja» del monopolio de TVE hasta 1990 es que todos los que vimos la tele antes de ese año manejamos el mismo recuerdo porque no había otra cosa que ver; no se trata tanto de que la televisión «marcara» nuestra vida como que estaba allí mientras éramos niños. Recordar aquella tele es una forma muy cómoda de regresión.

Para escribir ‘El ritmo de las tribus’, ‘La tele que me parió’ y ‘Hombres G. Seguimos locos, ¿y qué” ha necesitado antes un trabajo de investigación (en el primer caso), de análisis (en el segundo) y de periodismo (en el tercero). ¿Cuándo ha disfrutado más: al hacer el trabajo previo, o al escribir luego todo el material que tenía reunido? Y ya puestos, ¿qué lleva más tiempo: el recabar esos datos, o el unirlos todos luego? En el caso de los dos primeros libros hay que destacar que fueron escritos antes del boom de Google; El Ritmo de las Tribus lo escribí a principios de 1997 y la documentación la obtuve directamente de discos, películas y libros. En La Tele que me Parió ya usé algo de internet, pero tiré mucho de memoria y archivos de prensa. El caso de la bio de Hombres G fue distinto: entrevisté a los cuatro miembros por separado (en total, unas 12 horas de conversación), buceé en los recortes de prensa que ellos guardaban (así como en sus fotos personales) y obtuve mucha ayuda de varios fans para obtener material gráfico (entradas, pegatinas, camisetas). Cuando tuve toda la información clasificada me puse a escribir; cada parte del proceso tiene su miga.

A día de hoy, si tuviera que escribir un ‘Ritmo de las Tribus II’, ¿quedaría alguna de las tribus originales, o han desaparecido todas? Todas siguen en activo, pero habría que añadir otras muchas, sobre todo cruces de las ya existentes (¿neohippies?)

¿Considera que la llamada prensa rosa es en verdad prensa? NO y mil veces no. La gran trampa es llamarlos «periodistas» cuando en realidad sólo son cotillas profesionales; se han apropiado de la terminología del medio (exclusiva, fuentes, investigación, reportaje) pero sólo son chismosos que cobran por formar parte del espectáculo. Son muy cansinos.

¿Dedica mucho tiempo a corregir sus obras? Siempre que se lee un original con atención encuentras algo que corregir. Me gusta el proceso de las galeradas porque significan que alguien ha leído con mucha atención tu libro.

¿Cree Ud. que con la tele que sufrimos hoy día, habrá algún ‘Pepe Colubi’ en el año 3000 que pueda escribir una nueva versión de ‘La tele que me parió’? Claro que sí, porque escribiría la tele que él haya visto. Pero quizás no tendría tanta repercusión porque, como ya dije, tuve la «ventaja» de compartir el mismo canal que el resto de españoles hasta 1990.

¿Es difícil ser crítico y actor, al mismo tiempo? Mis «actuaciones» han sido muy tangenciales, creo. No soy nada corporativista ni endogámico, ni en la crítica ni en la «actuación».

La libertad de elegir, es un reto. ¿tenemos lo que queremos o queremos lo que tenemos? Si te refieres a la tele, pienso que no tenemos lo que queremos, pero tampoco tenemos muy claro qué cosas no queremos. Suena liante. No lo es.

¿Se considera un ‘hombre del Renacimiento’, por su faceta de cultivar varias artes? Gracias por lo de «hombre». Sería incapaz de admitir que cultivo varias artes. Prefiero calificarme como disperso.

¿Qué opinión tiene de Boris Izaguirre como escritor? De sus novelas sólo he leído Azul Petróleo y recuerdo haberla disfrutado mucho. Me gustaría que muchos lectores que tienen una imagen frívola de él superaran ese prejuicio.

He estado leyendo algunas reseñas de usted y usted es una persona polifacética. Mi pregunta es ¿Cómo se lleva eso de ‘tocar tantos palos’ como por ahí se dice en un mundo donde se te ‘aconseja’ si no se te ‘empuja’ a la especialización? Nunca he tenido una vocación clara y definida. Lo que más he hecho en mi vida es dibujar, y nunca he llegado a nada serio. Lo demás ha venido de casualidad, sin haberlo buscado realmente (radio, artículos, libros, tele). Considero que he tenido mucha suerte.

Y en lo que concierne a la televisión se me ha ocurrido esto: En países europeos como Francia y Gran Bretaña, las televisiones públicas se orientaron hacia una programación que ha tratado de ser variada, y de calidad. Mientras que los tele shows, los concursos, aquellos programas capaces de hacer subir el índice de audiencias, así como la publicidad han quedado en manos de las cadenas privadas ¿Qué le parece nuestro modelo de televisión. Cree que deberíamos cambiarlo? Respecto a nuestro extraño y absurdo modelo televisivo, recomiendo estar muy atentos a los artículos de Juan Cueto, que siempre lo explica mucho mejor desde su propia experiencia como espectador y ex-ejecutivo televisivo en España e Italia. En pocas palabras: hay muchos comensales para tan poca tarta y las cadenas generalistas siguen pensando en un 20% de share como poco. Es demencial.

Usted opinaba que las primeras ediciones de Gran hermano eran todo un fenómeno social, ¿no había previsto que iban a degenerar en una bazofia incomestible e indigerible como las posteriores? Nadie lo preveía en el año 2000, cuando empezó el primer GH. En efecto, las parrillas se llenaron de programas que diseccionaban y amplificaban las vidas de los concursantes que iban saliendo de la casa y aquello pronto empezó a oler mal. Pero seamos optimistas: sigue habiendo reality, pero mucha menos que hace cinco años.

¿Opina que en Asturias hay buenos directores de cortos? ¿Podría citarme alguno? Hay muy buena cantera y conozco personalmente a muchos. En representación de todos ellos nombraré a Sergio G. Sánchez como ejemplo de corto impecable (7337) y carrera lenta pero segura hacia el largo

Supongo que el paso por la televisión nacional le ha aportado muchos buenos momentos, le sigo bastante porque creo que tiene esa capacidad de improvisación que en un directo es muy positiva. ¿podría citar algunos de sus mejores recuerdos? Hay varios, pero por alguna razón ahora mismo me viene a la cabeza un día en que me comí una Pantera Rosa de un bocado imitando a la Diana de la serie V cuando se comía una rata. Ya sé que no parece el colmo de la intelectualidad, pero no estaba preparado y me sorprendió cómo el realizador Alex Miñana (ahora en El Hormiguero) captó la imagen desde la cámara adecuada.

La televisión, como el cine en mi opinión, se sostienen en los cimientos del guión. ¿qué opina del guionista, como profesión y como persona? ¿se puede vivir de ello y no morir en el intento? ¿El guionista como persona? Pues hay santos benditos y perracos mezquinos, como en todas las profesiones. Yo he sido guionista de programas de televisión y, en general, no lo recomiendo como profesión sana por la presión y el ritmo de trabajo que supone. Estoy generalizando, lo sé; cuando escribía sketches para el Más Te Vale XXL de Javier Coronas fui el tipo más feliz de la Tierra.

Después de haber conocido y participado en tan diversos medios como los libros, la tele, la radio, la prensa. ¿Cuál cree que es el medio que transmite mejor y que más se acerca al público? Cada uno tiene su espacio y función, así como cada persona tiene su momento para cada formato. Siendo puntilloso, resulta evidente que la radio, por inmediatez, es la que «más se acerca», pero un libro de Irvine Welsh, un capítulo de Los Soprano o un artículo de Javier Cuervo también transmiten que dan gusto.

Pocos días después de que el Príncipe Felipe y Letizia Ortiz anunciaran su compromiso, publicó en ‘La Nueva España’ el artículo ‘¿Letizia que?’ y una serie de artículos sobre el evento durante las semanas previas al enlace, recogidos todos ellos en Diario Disperso, ¿qué opinión tiene ahora de Letizia Ortiz y de lo que ha significado su matrimonio con el príncipe? Su matrimonio con el Príncipe ha significado el adelgazamiento de Letizia. Ha pasado de bella periodista a huesuda princesa.

Pepe, tengo una gran curiosidad, me da la sensación de que CUATRO es un nido de asturianos, y todos por cierto, inteligentes, brillantes, cultos… Ana Garcia Siñeriz, Enrique Bueres, Pepe Colubi, y más… ¿Qué arte os dais para reuniros todos allí? Por cierto, si ves a Ana, le dices de mi parte, que ‘cuando sea mayor’ quiero ser como ella, inteligente, glamurosa… ¿O me equivoco en esta imagen? Me encantaba la pareja que hacía con Boris. ¡Y no te olvides de Marta Reyero! No hacemos nada por juntarnos, la vida nos lleva por esos caminos (a ellos más que a mí). Y entre tú y yo: a mí también me gustaría ser Ana Siñeríz. Además de inteligente y glamurosa (que lo es) hay que añadir humilde y divertida; para mí fue un gran apoyo en Channel y le estaré siempre agradecido. Estoy totalmente de acuerdo: en pantalla daban como una pareja estupenda (vale, no soy imparcial, pero me gustaban y divertían mucho).

¿Se ha quedado alguna vez atascado en una frase? Si la respuesta es afirmativa. ¿Tiene algún truco para salir del paso? Claro que me atasco. No tengo un truco interiorizado. Supongo que actuar con naturalidad, a todo el mundo le puede pasar.

Para que la inspiración no le pille a contrapie, ¿es usted un escritor de los de libreta en mano, o de los de libreta mental? Soy más bien de servilleta o incluso de apuntarlo en la agenda del móvil, pero lo hago muy pocas veces. A mí la inspiración me viene sólo cuando estoy escribiendo. Y a veces ni por esas.

A raíz del fallecimiento de Rafael Azcona he tenido varios debates sobre el peso del guión en la televisión y el cine respecto a otros aspectos (interpretación, dirección, dirección artística, etc) ¿Qué importancia cree que tiene la palabra escrita, el guión, dentro de las artes audiovisuales? Personalmente yo me hago eco de la opinión del propio Azcona, quien afirmaba que el guionista debe ser una herramienta a disposición del director. El guión pesa mucho, aunque el guionista no tenga el reconocimiento que se merece (y no sólo palmaditas en la espalda, también me refiero al dinero). Estoy de acuerdo con Azcona. La primera vez que escribí para un programa de televisión fue en La Última Noche de Tele 5 y yo era nuevo en esas lides; cada martes nos reuníamos en Madrid 12 guionistas y nos repartíamos los temas. Me llamó la atención que algún guionista más curtido se quejaba al director porque le retocaban los sketches a la hora de rodarlos. Nunca entendí su queja: me parece normal que, sobre le terreno, un director adecue el texto a una versión más operativa.

Hace años, en un máster de Guión, el director de un programa afirmó que los guionistas deberían decidirse entre escribir detrás de las cámaras o actuar delante de ellas. Concretamente se refería a los primeros pasos de Pablo Motos en la televisión. Sin considerarlo una crítica, fue un comentario personal y bastante amable, ¿qué opina usted de esa afirmación desde su experiencia personal? ¿Cree qué el guionista debe respetar la barrera de los focos? No me parece una barrera tan sagrada ni tan insalvable. Si eso fuera así, no existiría la comedia stand up y nos perderíamos a George Carlin o Jerry Seinfeld, por nombrar dos muy distintos. No sé si ese director se refería al guionista que también dirige; pues estamos en lo mismo, si no se pudieran hacer ambas cosas nos cargaríamos gran parte del cine indie. Ojo, también es cierto que la autocrítica y el conocimiento de los propios límites es un arma que no todos saben usar. A mí me han propuesto hacer monólogos y siempre me he negado; no es mi terreno.

Escuché su voz a través de las ondas, tumbado en la playa reí sus artículos veraniegos en Lne, tengo alguno de sus libros,… Este prólogo es para expresarle que es todo un placer el poder realizarle unas preguntas, muchas gracias por su tiempo y dedicación. Ha trabajado para la radio, la televisión y el cine, es famoso por sus chistes, en una entrevista ha declarado que el estar en contacto con otras personas (una espicha sería uno de los ejemplos supremos) es una puerta al conocimiento y por tanto a la creación literaria. Estos datos nos hablan de usted como una persona extrovertida y con “gracia”; en gran parte de sus escritos usted destila humor por los cuatros costados, ¿cree que tener una personalidad como la suya favorece el poder hacer reír al lector o una persona amargada, introvertida y enfermiza con un poco de ingenio y dedicación también puede lograrlo? Gracias por esos elogios desmesurados; por favor, si encuentras a mi madre por la calle, se los comentas. Respecto a la pregunta, te diré que Woody Allen es una persona amargada, introvertida y enfermiza. Eso es todo, señoría. Y por el contrario, ¿se siente usted incómodo escribiendo relatos, libros o artículos dramáticos y deprimentes? Nunca he escrito libros dramáticos (si son o no deprimentes deben decirlo los lectores). He escrito artículos serios y reflexivos, pero me siento más cómodo manejando la ironía, sin olvidar que a través del sarcasmo también se pueden decir las grandes verdades. Me fastidia que el humor se considere un arte menor.

¿Qué ha significado para usted escribir su primera novela? Escribirla fue un reto. Verla publicada, una felicidad descomunal. Entre una cosa y otra pasaron cinco añazos, que se dice pronto. Las reacciones tan positivas de los primeros lectores son una fuente continua de gozo, lo bueno ahora sería que la gente que no me conoce de nada llegara a la novela.

El escribir siempre en clave de humor y utilizar la ironía ¿es algo que sale de forma natural? ¡Y tanto! Para mí es un mecanismo de defensa, incluso en las situaciones más penosas.

Qué es la tele, un entretenimiento, una aberración o una fuente de inspiración? Es todo eso y mucho más: ilusión, mezquindad, alegría, sufrimiento, pasión, desidia, sorpresa, rutina… La tele, como todo, es un maravilloso y asqueroso compendio de la vida. Ostras, creo que estoy desvariando.

¿Qué clase de medicación se toma para evitar acabar internado? Aguacates Hass con anchoas de Castro Urdiales.

¿Aceptaría el puesto de director general de TVE? Ni loco. Antes me haría corista de David Bisbal, fíjate.

En un programa siempre suelen ser varios los guionistas ¿Cómo se hace el trabajo en grupo? ¿Cada uno aporta sus ideas y luego deciden entre todos lo que está mejor o qué es lo que sobra, o cada uno tiene asignada una parte, un capítulo o un personaje? Sólo te puedo hablar de mi experiencia en programas de humor, nunca he trabajado en una serie. Para los sketches de La Última Noche o Más Te Vale hacíamos propuestas en común y después repartíamos tareas. En El Hormiguero (cuando era semanal) hice desde chistes para el monólogo de apertura hasta preguntas para el invitado e incluso ¡propuestas de experimentos para Flipy! Para decirlo en dos palabras: de todo.

En televisión en un programa en directo, ¿todo está escrito en el guión o hay lugar para la improvisación? Sí es en riguroso directo siempre hay sitio para la improvisación; en Channel había muchísima (y en mi caso, por inconsciente, más). Por supuesto que había una escaleta y unos temas predeterminados pero el ritmo del directo marcaba el rumbo, el orden y la perturbación.

Ha manifestado que la televisión forma y deforma, ¿de qué manera forma y deforma la TV de hoy día? ¿No cree que afortunadamente cada vez se ve menos Televisión? Hoy en día, y generalizando, ¿Dónde estás corazón? deforma y Los Soprano forma. Estoy de acuerdo en que cada vez se ve menos tele, pero también hay más pantallas (consola, móvil, etc). Insisto: la tele no es mala en sí, somos nosotros los que hacemos un mal uso (no se puede pretender que cada vez que la encendemos haya algo interesante; hay que invertir el hábito y encenderla cuando sepamos que hay algo que nos interesa).

Ha trabajado con Pablo Motos en el Hormiguero. ¿realmente se divierten haciendo el programa ó solo es actuar segun indica el guion que toca ese día? ¿es dificil hacer guiones para la televisión? El Hormiguero es un programa duro y Pablo es exigente, pero más currante que nadie, ahora bien: hacer un programa como ese sin divertirse sería un tormento. Se ríen y mucho, no sólo delante de la cámara.

Se confiesa adicto a la televisión, pero ¿considera que es una adicción mala o buena? Si contesta que buena diga por qué, y si contesta que mala, igualmente. La palabra adicto da mucho miedito, pero te diré que soy adicto a la tele igual que lo soy a los entrecots, las playas, los besugos al horno, los baños en el río o los helados de tiramisú. En ese sentido la tele es una buena adicción porque me hace pasar buenos momentos, incluso con programas nefastos e infumables (por ejemplo, acabo de tragarme en La 2 la que quizás es la peor película de la historia del cine español: Escuela de Seducción. Era tan avariciosamente mala que no pude despegarme de un despropósito tan gigantesco).

¿Es una adicción que recomienda a todo el mundo o por el contrario preferiría que fuera una droga prohibida o que desapareciera del mapa? Repito: hagamos un uso racional del electrodoméstico. Ver la tele da colesterol, pero del bueno.

Cree que tiene muchos enemigos a causa de sus opiniones y críticas o se siente respetado por la gente? Con toda franqueza: no tengo enemigos ni me siento respetado, es decir, me siento invisible. Cuando saqué Planeta Rosa creí que podría pasar algo, pero me golpearon con el abanico de su indiferencia. Y mi teoría es que casi nunca pasa nada. Nada de nada.

¿Qué escritor@s famosos pueden considerarse amigos suyos? ¿A cuáles considera usted amigos? Sé lo que es «escritor», pero tendrías que definirme «famoso» y «amigo». Gran escritor y mejor amigo es Manuel García Rubio, pero me temo que no es famoso, al menos no tanto como merece su obra. Un día me encontré en el metro de Barcelona a Quim Monzó y me invitó a comer a un italiano, ¿valdría? Esto me recuerda que en cierta ocasión, y por motivos de trabajo, cené a solas con Brice Echenique; fue hace años en Gijón y él seguro que no me recuerda, así que tampoco vale…

Si la vida es puro teatro y el mundo un escenario ¿Cuál es el secreto para crear un gran guión? Si es cierto lo de la vida y el escenario, todos y cada uno de nosotros seríamos personajes con presentación, nudo y desenlace. Todas las vidas son grandes guiones, no descubro nada nuevo pero no está de más recordarlo.

¿Podría describirnos de forma literaria y breve como recuerda su primer encuentro con un televisor? Lo haré a lo Monterroso: «Cuando despertó, el televisor todavía estaba allí».

En una entrevista, usted dijo que la tele ha pasado de un ‘realismo casi sucio’ a una ‘dulcísima conexión entre la violencia, el sexo, y el drama puro y duro’. ¿Podría explicar un poco más en qué consiste esa conexión? Supongo que hablaría de Los Soprano, que me parece la cumbre de la televisión; nunca ha habido algo así, ni lo habrá. Si has visto la serie entenderás esa perfecta conexión entre violencia, sexo y drama.

De todos los proyectos en los que ha colaborado, con cuál se ha divertido más? Como ya me he olvidado del estrés creo que diría los seis meses que me pasé preparando todos los textos de promoción (pressbook, libro oficial, notas de prensa, documentales) de la película La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón. La oficina de prensa del Festival de Cine de Gijón o el primer Encuentro Internacional de Fotoperiodismo (que dirigía Javier Bauluz) también fue toda una experiencia. Y los conciertos de grupos británicos de reggae que organicé en España a finales de los 80. Y los artículos de Diario Disperso fueron todo un reto. Y el TeleVicio dominical que hacía en La Nueva España o el TeleTipo que escribo en El Jueves desde hace dos años. Y por supuesto, contestar vuestras preguntas.

De todos los programas televisivos en los que ha colaborado, sea de la manera que fuere, ¿cuál destacaría por su originalidad y creatividad? Todos eran creativos, pero guardo especial recuerdo de Más Te Vale (Canal Plus) y Nada Que Perder (Paramount Comedy); en ambos casos éramos equipos de sólo cinco o seis personas y eso exige esfuerzo, profesionalidad, locura y risa.

De las series españolas que se emiten actualmente, ¿hay alguna a la que usted de haría una buena crítica y porqué? Muchas gracias, Sr. Colubi y espero que le haya gustado el café al que le ha invitado Tino. Soy muy cafetero, ¡pero mucho! Me gustaba mucho Gominolas pero me quedé solo defendiéndola, ¡no tengo criterio! De hace años recuerdo con pasión El Grupo y, más recientemente, Mujeres. Ahora mismo soporto Cuestión de Sexo y poco más.

En primer lugar hoy es necesario decirle felicidades por su ‘nuevo hijo’. ¿California

83 es ligeramente autobiográfico, muy autobiográfico o totalmente autobiográfico? Ligeramente autobiográfico. Yo lo pasé mejor que el protagonista, pero compartí varios de sus momentos penosos.

Usted que conoce bien la TV ¿Quién le gustaría como actor para representarle en la pantalla en sus años de joven californiano? Sé que muchos dirían Pepón Nieto, pero yo creo que Ashton Kutcher reflejaría fielmente mi ser (no cuela, ¿verdad?)

A qué piensa que se debe que ninguno de los canales privados de TV dedique un programa a la literatura? Pasa lo mismo con la música… Se debe al círculo vicioso de pensar que la gente quiere otra cosa. De todas formas, tampoco olvidemos que las privadas son empresas, no ONG’s; quizás hay que buscar nuevos modelos de programa literario (y, sobre todo, darle tiempo a consolidarse). Que no haya programas de libros es otra buena prueba de que NO tenemos la tele que queremos.

¿Qué libro recomendaría leer al protagonista de su último libro? La Conjura de los Necios

Leyendo su “Diario Disperso” me vienen a la cabeza dos preguntas:
Si un mal fario le provocase un telele de verdad -no esos lapsus cómicos- y acabase siendo un hombre aburrido ¿en qué se concentraría?
Es la pregunta más hipotética y laberíntica que me han hecho jamás… Si fuese aburrido me concentraría en mi propio aburrimiento, que no es poco.

Teniendo en cuenta que atiende, entiende y resume con guasa inteligente la miga de los sucesos cotidianos ¿le dan pena las historietas de algún humorista de la televisión? ¿Pajares? ¿Esteso? ¿Manolo Vega? Pues sí que dan pena. Existen dos tipos de humoristas: el que se lo toma sólo como profesión (quizás un cómico más trasnochado) y el que lo tiene como impulso vital y, además, vive de ello (Miki Nadal, Javier Coronas, Joaquín Reyes). Los primeros lo pasan mal cuando la vida profesional no funciona como esperan y los segundos se ríen mucho más.

En el prólogo de su libro “La tele que me parió” confiesa su adicción pasada y presente a la televisión. He disfrutado con su lectura recordando escenas y series que casi tenía olvidadas. En su vida cotidiana, entre trabajo, tele, familia, ¿cuánto tiempo dedica a la lectura? Mucho menos del que debiera, lo digo en serio. He dejado de comprar revistas, por ejemplo, porque me quitaban mucho tiempo.

¿Piensa que en la televisión actual existe algún programa que sea enriquecedor para el individuo? Toda experiencia enriquece de un modo primitivo; si buscas alimentos más elevados o nutritivos no puedes quedarte sólo con la tele. Una buena entrevista a un personaje de interés (no necesariamente culto) puede resultar hipnótica y muy enriquecedora.

Soy asidua del Canal Paramount Comedy y veo, a veces en directo, otras en reposiciones el programa NST, ¿hay tan buen rollo como parece a simple vista entre todo el personal? Hay incluso mejor rollo y entre todos: técnicos, producción, colaboradores… Lo pasábamos bien mientras nos ganábamos el sueldo, pero también había responsabilidad.

¿Qué diferencias había entre NST y Nada que perder?. Mi pregunta es porque a mí me parecían prácticamente iguales con el único cambio del presentador. Claro, pero ese es el gran matiz: no era lo mismo Dani Mateo que Ricardo Castella, cada uno tenía un registro que marcaba el tono y ritmo del programa, ya que el monólogo de apertura y las entrevistas pasaban por ellos. El modelo de programa ya estaba inventado en USA; es el presentador el que pone su sello.

Hay ficción más delirante que la realidad? Si es otra forma de decir que la realidad supera la ficción, totalmente de acuerdo.

Muchos escritores dicen que hay que tener cuidado con lo que se publica pues te puedes arrepentir más tarde, ¿se arrepiente de algo que haya escrito? No tengo una obra tan importante o trascendente como para andarme ahora con remilgos.

Y, por último, ¿qué quiere para merendar? Mmmmm… Un café largo con poca leche y una tostada con mantequilla y mermelada de naranja amarga.

Critica la tele basura y su libro, que versa sobre el tema, va en la tercera edición. ¿No debiera estar agradecido de tanta miseria humana que le está dando de comer? Mi libro NO versa sobre la telebasura sino sobre las series, buenas, malas y regulares que vi durante mi vida. De todas formas, si tuviera que comer de lo que cobré de esas tres ediciones estaría más delgado que Letizia.

Habla de “famosotes” refiriéndose a la gente de GH y otros parecidos que verdaderamente proliferan como las ratas. Y mi pregunta es ¿Acaso son mejores los hijos de famosos que no dan palo al agua y viven de ser hijos “de”? ¿Y que me dice de los cantantes famosos que viven de mover la boca como peces en el agua mientras suena el Cd entre bambalinas? Le remito a mi libro Planeta Rosa (ediciones El Jueves) para que vea que no dejo títere famosete con cabeza

José María Latorre

Bio

Nacido en 1945, este polifacético zaragozano (coordina la revista “Dirigido”; colabora en revistas/periódicos italianos y españoles; crítico cinematográfico; guionista para cine y televisión; dirige la colección de libros “Programa Doble”; jurado en festivales de cine, y literarios; editor) es, ante todo, novelista, de un género poco habitual en el territorio español: el terror. Recabador de premios (Literatura Joven Ciudad de Toledo 1981; Premio Especial Gigamesh en 1988; Premio Ciudad de Barbastro 1996; Premio San Pancracio 1996; Finalista Premio Edebé 2000; Premio Gran Angular 2002; Premio Búho de Gaudí 2003; Premio Lectores Zamora en 2004; Premio Literario Villa de Benasque 2005), lo último de él podemos encontrarlo en Valdemar, con “Visita de Tinieblas”.

¿Le parece que con la llegada de las nuevas tecnologías los libros han pasado a un segundo plano e incluso, en muchas ocasiones, algo que ya no se encuentra entre las manos de las nuevas generaciones? Creo que no se trata sólo de la llegada de las nuevas tecnologías, sino de algo más profundo, de una suma de circunstancias. También, a pesar de lo que pueda parecer, el cine ha dejado de ocupar el puesto que ocupaba en los gustos de la llamada sociedad de la imagen. Es un tema que da para mucho, por lo que me limitaré a apuntar que, a mi modo de ver, el libro nunca va a desaparecer como soporte porque hay muchas cosas metidas en él (incluso el placer táctil), y que quizá el público lector se ha alejado un poco del libro a causa de que hoy existe mucho “bluff” y muchas obras que sólo interesan a los especialistas (como sucede en los terrenos de la pintura y de la llamada música culta), y eso reprime los deseos de ir en busca de obras nuevas que merezcan la pena. Espero que con el tiempo vaya quedando un número de excelentes lectores.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

Afirma en una entrevista que no conoce el miedo a la página en blanco. ¿Teme que ese miedo pueda surgir en algún momento? Por fortuna sigo sin tenerlo, si bien nunca se puede dejar de lado el temor a que pueda surgir. Para conseguirlo sigo un principio que hasta ahora me ha resultado infalible: antes de terminar de escribir una novela o un cuento procuro tener ideados una o uno nuevos. Cuanto más pienso en ellos, tanto más tiran de mí y quiero escribirlos.

La novela fantástica entraña una enorme dificultad porque se trata de historias imposibles que han de resultar verosímiles. ¿De dónde saca sus ideas y cuál es el método para darles cuerpo? Apuntas a la cuestión: resultar verosímiles aunque su punto de partida sea irreal…, o lo parezca. Personalmente, no creo en casi nada, pero procuro dar a lo que escribo un cuerpo sólido, como si creyera en todo. Intento crear un mundo completo que sea verosímil, o, por decirlo en términos mecánicos, que «funcione». Tengo muchas ideas y mi problema es tener tiempo para dar vida a todas. ¿Método? El principal es implicarte a fondo en lo que estás escribiendo como si cada ocasión fuera la primera o la última vez que puedes hacerlo.

El género de terror cuenta desde siempre y para siempre con muchísimos adeptos, pero ¿no cree que ya quedan pocos resquicios donde indagar o, por el contrario, con los tiempos cambian las causas del terror y, por tanto, el tema es inagotable? El terror es la piedra angular de todo nuestro arte, dijo Peter Ackroyd. En el espanto, uno se siente a sí mismo, escribió Henning Boetius. El miedo es algo implícito a la naturaleza del ser humano, añado, y por ello siempre se hará notar. Creo que lo principal es tratar los temas con voz propia, mirar al espanto con los propios ojos. Eso lo hace inagotable aunque se trate de seres o ideas que aparentemente pertenecen al pasado, porque todas las miradas son diferentes. Y con el paso del tiempo van surgiendo más terrores que se pueden combinar con aquéllos.

Díganos alguna película que supere a la obra literaria en la que está basada. Recurro a mi ejemplo favorito, «Topaz», de Alfred Hitchcock. La novela original de Leon Uris es espantosa. Pero hay otras…

Ha sentido miedo alguna vez al mirarse al espejo y ver en el fondo de sus ojos algo con lo que no contaba? Es algo que reservo para mi pensamiento, para mis ideas. El ser humano es una mina inagotable de sorpresas, no siempre agradables. Es importante tratar de conocerse a uno mismo cada vez con más profundidad.

¿En alguna ocasión se ha sentido perdido en medio del proceso de escribir una novela, sin saber hacia dónde ir? No, nunca. Lo que sí puede acontecer es que llegado cierto momento en el proceso de escribir una novela se te ocurra seguir un camino del que no te habías apercibido al empezarla. Con el cuento no suele (ni debe) suceder. Hay que estar atento a las voces que surgen en tu interior, y es tarea del escritor darse cuenta de cuándo hay que atender esas voces y cuándo no, ya que no siempre son fiables.

¿Cuándo decide que lo que está escribiendo es para adultos o para jóvenes? ¿O lo decide antes de comenzar a escribir? ¿Resulta más duro escribir para estos últimos o es más satisfactorio? Al principio lo decidía antes de escribir, pero más adelante decidí olvidar esa cuestión y escribir mis novelas pensando que van a ser leídas por todo tipo de lectores, y que cuanto mayor fuera su conocimiento de la literatura más placer podrían extraer de ellas. Creo que mis novelas llamadas, por así decirlo, «juveniles», cada vez son más para «adultos». La única meta que me fijo es que sean buena literatura, que tengan un lenguaje cuidado, literario, y resulten convincentes y comunicativas. Hay en ellas varios grados, y trato de lograr que quienes no pasen del «primer grado» puedan disfrutarlas igual, y que quienes vayan más allá encuentren mayores motivos de disfrute. Me gusta mucho escribir novelas que también (lo subrayo) van a leer los más jóvenes de edad, porque son más abiertos y participativos, no tienen (por lo general) un esquema mental tan cerrado ni esquemas literarios tan rígidos.

Es usted un escritor muy prolífico, y sus novelas y relatos están llenos de peripecias en las que nunca se repite un argumento. Así, he de suponer que el «previo» a comenzar a escribir una obra, es decir, la fase de documentación, es larguísima. ¿Le gusta más recopilar esos datos o el escribir en sí? Lo que más me gusta es escribir. Claro está, procuro documentarme sobre el tema, sobre el ambiente, etc., pero todo va creciendo dentro de mí, con independencia de la base «documental», y lo más fascinante es el proceso de la escritura.

He observado que la literatura «fantástica», así como la de terror, se prestan bastante al relato corto. ¿Por qué cree que ocurre esto? ¿Por qué pasa con más frecuencia que en otro tipo de géneros? Para mí, el relato realista también es un género, y en ese terreno abundan igualmente los cuentos y relatos. Antes había muchos relatos y cuentos de otros temas y géneros. La extensión de una obra depende de la idea que hayas tenido y lo que quieras expresar en ella. Ahora bien, el terror también ha dado lugar a novelas larguísimas, y a menudo interminables, como las de Stephen King, a quien ya dejé de leer hace tiempo. Insisto, todo depende de lo que quieras expresar y del juego que pueda dar tu idea.

¿Le gusta M. R. James? Muchísimo. Es uno de mis autores preferidos en el terreno de la literatura fantástica. Lo recomendaría a cualquiera, con la seguridad de que gracias a él conseguiría hacer un nuevo amante de la literatura

¿Cuántas horas dedica a escribir al día? Unas tres. Podría escribir durante más tiempo, pero me parece necesario tener cierta medida, sobre todo si quieres ofrecer una obra de calidad. Eso sí, hay que tener disciplina.
¿Qué opina de la imagen tan denostada del crítico? En general se lo han ganado a pulso, sobre todo (en España) a partir de los primeros años ochenta, cuando muchos de ellos se convirtieron en algo así como en portavoces de las editoriales, haciendo de su trabajo una suerte de continuidad de la promoción editorial. Faltan buenos críticos, estudiosos, sin prejuicios, que no tengan telarañas en los ojos ni se dejen arrastrar por los prestigios de moda (que han sido creados por los malos críticos). Yo escribo crítica de cine, aunque prefiero llamarlo comentarios sobre films, y trato de analizar y no dejarme llevar por los prestigios dominantes. Espero que algún día se escriba la auténtica historia de la literatura española desde la época de la transición, tarea que recomiendo a los más jóvenes de edad: que derriben falsos ídolos, que denuncien lo sucedido, que analicen lo que realmente ha acontecido desde entonces, y por qué se encumbró interesadamente a unos nombres a cambio de silenciar a otros.

En los años ochenta, «Blade Runner», en los 90 «Pulp Fiction». ¿En esta década? No me gusta «Pulp Fiction», aunque entiendo que sirvió bien a un gusto popular y dio lugar a una tendencia, ya extinta. Actualmente no voy tanto al cine, pero todavía leo más que antes. Me gustan los últimos films de David Cronenberg, si bien mi forma de aproximarme a ellos es muy personal.

¿Podría dar algunas ideas directrices para hacer una buena crítica de cine? Considerar que el cine tiene su propio lenguaje de expresión y escribir a partir de él. No aceptar a ciegas todo lo que viene aplaudido por los demás, incluso desde los festivales. Integrar la crítica/el film en el contexto cultural. Intentar saber más cosas aparte que de cine.

¿Cree que en España se cultiva tanto el género de terror como en los países anglosajones? Lamentablemente no, aunque existe en España una tradición de terror y hace años se cultivaba más que ahora. Incluso autores que hoy figuran en el «panteón» de los ilustres lo practicaron, desde Emilia Pardo Bazán a Vicente Blasco Ibáñez, pasando por Espronceda, Unamuno, Azorín, Palacio Valdés, etc. Y no hay que olvidar la gran aportación de Gustavo Adolfo Bécquer.

¿Si tuviese que elegir entre riqueza y aventura, tendría alguna duda? Para mí siempre estará en primer término la aventura de escribir, que es la mayor aventura de un escritor. El dinero ayuda a poder hacerlo con más tranquilidad, sin precipitación, pero creo que no debería convertirse en una obsesión.

¿En cuál de las actividades literarias que practica se siente más cómodo? En la novela y en el cuento, si bien siento una particular inclinación hacia la novela.

El género de terror en el cine cuenta con una serie de trucos de imagen, efectos especiales, luces y sombras, sonidos y enfoques de cámara que ayudan a que el espectador experimente ese sentimiento en su propia carne. Todas estas armas no son posibles en la literatura, por lo que mi duda es la siguiente: ¿cuáles son las estrategias literarias que hay que desarrollar para crear un relato terrorífico? El mismo que en cualquier terreno literario. Asumir el apasionante reto de que es preciso crearlo a través de la palabra y sus infinitas combinaciones. A partir de ahí, tratar de crear un mundo propio, auténtico, verosímil, en el que la acción se conjugue con la reflexión, los hechos con los sentimientos; diciéndolo en breve: crear a través de la palabra un mundo con un completo organismo.

Hay personas que han trabajado en el mundo del cine como actores y actrices y después dicen que ya nunca ven una película con los mismos ojos (intuyen los micrófonos, las órdenes del director, la posición de la cámara, etc.); ¿a usted que es crítico le sucede algo parecido? ¿Es capaz de relajarse y ver una película sin intentar desmenuzarla o por el contrario ya no le es posible evitar buscar todas las virtudes y defectos en el film que está visionando? Puedo hacerlo. De hecho, lo hago de vez en cuando, aunque no consigo olvidarme de que soy un narrador y, por lo tanto, estoy atento a cómo se desarrolla la narración que estoy viendo, observando cómo la planificación, la construcción de los encuadres y los movimientos de la cámara contribuyen a ello.

¿Cree que es necesaria la figura del agente literario para un escritor? Creo que usted no lo tiene. No, no tengo agente. Si lo hubiera tenido se habría preocupado del tema de las traducciones de mis obras y estoy seguro de que mis novelas tendrían más traducciones. Hoy casi todos los escritores tienen agente. Depende de lo que quieras alcanzar con la literatura. Si pretendes ser autor de una buena obra y te alegra verla publicada y que tenga sus lectores, no hace falta. Si lo que quieres es ganar mucho más dinero, tener agente ayuda porque pactan con las editoriales anticipos más fuertes e incluso la concesión de premios a sus representados.

Se siente reconocido como escritor en su tierra, Aragón, o se siente más reconocido en Cataluña, su lugar de residencia? Curiosamente, me siento más reconocido fuera de Aragón y de Cataluña. No vivo en Aragón, y en Cataluña soy «de fuera». Soy una especie de Juan sin Tierra. Hay explicaciones para ello que son políticamente incorrectas y no voy a tratar aquí, pero todo eso tiene que ver con tus relaciones con quienes detentan el poder en los así llamados medios de comunicación y que en lugares más pequeños, como mi ciudad natal, Zaragoza, tienen capacidad para decidir a quiénes apoyar y a quiénes no, en función de si perteneces o no a su grupo. Soy independiente, siempre lo he sido y no creo que a estas alturas vaya a cambiar. Pero por fortuna tengo buenos lectores y apoyos en las dos comunidades, así como en el resto de España.

Su interés por el género fantástico le acerca mucho a los monstruos, pero ¿cree que hay muchos monstruos entre los humanos? Nombre alguno. Hay un gran abanico de monstruos entre los seres humanos. Uno de ellos sería el personaje de mi cuento «Seguridad ciudadana». Creo que en casi todas mis obras aparece siempre un monstruo humano.

En una de sus entrevistas dijo que aborrece los libros impersonales. Según usted, ¿qué libros pueden considerarse impersonales? Los que están escritos pensando más en el mercado de ventas que en los propios mundo y estilo del autor; los que siguen un modelo que ha logrado vender mucho y lo siguen a ciegas; los que no tienen un estilo propio.

¿Quién tiene más criterio (o mejor criterio)? ¿El crítico que en ocasiones apoya a un escritor de pocos lectores o el público que compra masivamente determinados libros? ¿Son dos formas irreconciliables de ver la literatura? Se trata de criterios, por así llamarlos, diferentes. Ese crítico se preocupa de buscar entre la hojarasca literaria de hoy para buscar alguna joya en la que no todos reparan. Hay que entender el de ese público porque su mente ha sido bombardeada por la publicidad y, por lo general, leen libros que no ofrecen muchos quebraderos de cabeza. Hay que tener claro que las ventas no tienen nada que ver con la calidad literaria. Si coinciden las buenas ventas y la calidad, tanto mejor, pero no suele ser así. De todas formas, los libros que se vendían mucho hace cincuenta, sesenta o setenta años solían ser bastante mejores que los superventas de ahora

¿Cree usted que se puede delimitar con claridad la diferencia entre lo real y lo fantástico? Para mí, lo más bello es que no se pueda delimitar. En todas mis novelas realistas, por así decir, siempre hay elementos fantásticos, que aparecen en ellas como iluminaciones, como epifanías… Y en mis novelas fantásticas hay siempre una base realista.

¿Qué libro recomendaría a alguien que dice que no lee literatura de ciencia ficción? Los de H. G. Wells y Jules Verne; «Soy leyenda», de Richard Matheson, y cualquiera de J. G. Ballard.

¿Son imprescindibles los concursos literarios para hacerse un hueco en los géneros de literatura menos vendidos? Los concursos literarios no son imprescindibles para nada, sobre todo hoy, cuando la mayor parte de ellos están amañados entre agentes y editoriales.

Los niños leen mucho. ¿Por qué piensa que se pierde el hábito lector? Llega un momento, coincidiendo con la adolescencia, en que muchos dejan de leer. Algunos se pierden para siempre, otros se recuperan enseguida. Uno de los motivos se encuentra en el descubrimiento de la sexualidad, que borra de momento tantos otros caminos de disfrute de la existencia y hace nacer en muchos algo tan detestable como es la prepotencia. Eso deja de suceder cuando se recupera el equilibrio. Quienes vuelven a leer lo siguen haciendo durante toda su vida porque saben que todo es compatible.

Hace unos días he ido a ver «Cobardes». Me pareció una película con ritmo, bien contada y que además habla de una situación de actualidad (la gran diferencia con lo que se ve en nuestro cine). La persona que me acompañó no coincidió conmigo, y además no le gusta nuestro cine. ¿En qué aspectos cree usted que debería mejorar para atraer al público? El cine español tiene un problema endémico: faltan buenos guionistas. En general hay otra cuestión: como el cine es una maquinaria que necesita ser engrasada con mucho dinero, se suele ver sólo como una inversión que es preciso recuperar, con beneficios, y eso da lugar a mucha cobardía, a falta de riesgo, a adocenamiento…

Una vez que la novela ya está en marcha, ¿es usted un escritor metódico y se impone un ritmo de trabajo, por ejemplo escribir cada día un capítulo, o es la propia novela la que impone el ritmo a medida que va desarrollando la trama? Si fuera por lo que una novela tira de mí, escribiría durante más horas, pero, como he dicho, prefiero seguir un ritmo más tranquilo porque aspiro a escribir buena literatura, sin excesivos apresuramientos. Por eso me he fijado unas horas diarias, y soy capaz de dejar una frase sin terminar y recuperarla al día siguiente sin haber perdido el ritmo, la densidad.

A la hora de sentarse a escribir, ¿necesita un lugar y un ambiente determinado, o por el contrario cualquier sitio es bueno para plasmar las ideas en el papel? Soy de quienes necesitan un lugar y un ambiente. Dispongo de mi propia habitación y preciso silencio para concentrarme en lo que escribo.

¿En qué se inspira para sus novelas de ciencia ficción o fantásticas? La inspiración puede llegar en el momento más inesperado y en cualquier lugar. Yo paseo mucho y siempre estoy pensando en lo que escribo y en lo que quiero escribir más adelante. Las ideas vienen solas. Por ejemplo, el comienzo de «La mirada de la noche» se me ocurrió viajando en tren desde Sevilla a Barcelona, observando desde la ventanilla de mi compartimento el paisaje de la noche.

Cómo comienza en usted el proceso de creación de una historia? ¿Corrige y reescribe a menudo? ¿Cuándo está seguro de que lo que ha escrito es buena literatura? El proceso de creación comienza cuando tengo la primera idea, que poco a poco va madurando mentalmente. Cuando escribo corrijo bastante, pero llega un momento en que necesariamente dejo de hacerlo, porque puede suceder que tantas correcciones no siempre sean buenas y se pierda un poco de la espontaneidad y densidad iniciales. Creo que nadie puede estar nunca seguro de que ha escrito buena literatura; lo mejor es estar convencido de que lo que has escrito se aproxima bastante a lo que habías pensado.

Cuando escribe, ¿piensa en los posibles lectores? No, nunca. Confío en que los posibles lectores se sientan interesados para entrar en lo que propongo con mis novelas y cuentos.

¿Es necesaria la figura del crítico? No, tal como se ejerce hoy.

¿Es el público juvenil más o menos exigente con lo que lee que cualquier otro tipo de lector? Está mucho menos maleado y es más abierto. No se deja influir tanto por lo que se dice en los medios de comunicación. Me gustaría que los lectores adultos recuperaran ese estado de inocencia con respecto a la literatura, que volvieran a disfrutar con ella.

En este juego entre realidad e irrealidad, ¿existe el peligro de quedarse en medio, de perder las referencias? No lo creo, pero si sucediera tampoco sería grave porque en la existencia los sueños, las invenciones, lo vivido, lo recordado, lo que se está viviendo forma parte de un mismo cuerpo.

Cuando escribe novela fantástica, ¿se aleja de la realidad o más bien es una forma de verla? Todas mis novelas (y cuentos) están conectados con la realidad, aunque se trate de literatura fantástica. Hay que tener los pies apoyados en el suelo para poder elevarse a «otras regiones».

¿Es capaz de hacer crítica de sus propias novelas? La hago mentalmente cuando me dedico a corregirlas.

¿El escritor escribe porque cree que tiene algo que decir o escribe por el placer de escribir, sin más pretensiones? En mí se han dado siempre ambas cosas. No obstante, es preciso tener cuidado con eso de «algo que decir», porque si te dejas llevar por el discurso puedes escribir una obra muy mecánica.

¿Por qué muchos libros de los que usted llama impersonales tienen tanto éxito? Lo he insinuado antes: son de los que no complican la mente del lector, los que tienen una construcción y una escritura elementales, algo que antes se daba en las novelas de quiosco.

¿Cómo empezó a escribir? ¿Debemos a alguien que le animara a ello o surgió espontáneamente? ¿Por qué fantasía? Por lo que recuerdo, escribo y leo desde mi infancia. Cuando no tenía papel contaba cuentos, pero me gustaba más escribirlos. Supongo que, claro está, serían malos porque yo era muy niño. No he dejado de hacerlo desde entonces. La literatura de creación siempre es fantasía, aunque se trate de una temática muy vinculada a la realidad; lo otro sería un documento, un testimonio; aun así muchos testimonios suelen tener una considerable base de fantasía (en su caso de mentira).

¿Admite el género fantástico más recursos cinematográficos que el resto de géneros? No necesariamente. Se podría decir lo mismo de los relatos de aventuras, de los dramas… Lo que sucede es que la literatura y el cine han ido de la mano durante el siglo XX y crearon una especie de vasos comunicantes, con los que una se ha proyectado sobre el otro, y viceversa.

¿Le gustaría que alguna de sus obras se llevara al cine? No me importaría, aunque no suelo pensar en ello. Lo único que se gana con ello es hacer más popular la novela.

Su producción literaria es muy extensa y se puede definir como fértil. ¿Cómo estructura su trabajo? ¿Trabaja en varias obras al mismo tiempo, dando preferencia a una sobre otras, o se centra en un trabajo y hasta que no lo finaliza no aborda el siguiente? No empiezo una obra hasta que he terminado la que tengo entre manos, incluyendo la corrección. Si trabajara en varias obras a la vez estoy seguro de que perderían intensidad. Primero escribo a mano, en unas bellas libretas que compro en Italia, y luego lo paso al ordenador y lo corrijo. Me gusta escribir a mano las novelas y los cuentos, creo que hay una tensión que va desde la mente hasta la mano.

En su obra llaman la atención los títulos. Esta cuestión es algo que me planteo en todos mis relatos y escritos. ¿Cómo y cuándo elige el título de sus textos? ¿En qué medida afecta el título al desarrollo de cada obra? Doy mucha importancia a los títulos, hasta el extremo de que no suelo empezar a escribir hasta que tengo el título. La excepción fue «Una sombra blanca», donde no tuve el título hasta que acabé de escribirla. También doy mucha importancia a los comienzos.

Leyendo «Codex Nigrum», cuando el protagonista buscaba en la iglesia dicho códice y suena el órgano, en mi casa sonó el teléfono y del susto casi me caigo del sofá. ¿Le sucedió lo mismo mientras escribía ese lance? Al final era mi cuñado. ¿No son suficientes estos males y horrores concretos, que todavía buscamos los fantásticos?
Está bien esa anécdota, me gusta. A mí me sucede otra cosa: cuando acabo de escribir cada día, me cuesta unos minutos recuperar el sentido de la realidad, como si estuviera viviendo en otro mundo o hubiera despertado de un sueño. Es cierto, hay muchos horrores concretos, siempre los ha habido, pero los fantásticos, los artísticos, contribuyen a hacer más placentera la existencia. El miedo es una fuente de placeres agridulces.

Pepe Monteserín

Bio

Praviano del 52, escritor tardío, o de vocación poco madrugadora que luego aprovecha el resto del día con ansia: novelas (“El viajero que huye”; “Azúcar”; “Matómelo Dumas”), relatos (“Los chispazos burlones de las estrellas”), guiones, teatro, ensayos (“La Conferencia. El plagio sostenible”), cuentos infantiles, colaboraciones en La Nueva España (al que ahora se le ha sumado su blog) son algunas de las cosas que hace, y por las que recibe premios (Premio Nacional de Novela Francisco Ayala; Premio Caja de España). El último, Lengua de Trapo, por su novela “La lavandera”, publicada en la editorial del mismo nombre.

¿En sus obras hay más de usted o más de lo imaginado? ¿Qué opina sobre los autores que, como yo, vemos el teatro como un mundo cercano por redescubrir? ¿Estamos algo locos? (Amadís de Gaula) En mis obras soy todo yo, incluso todo lo imaginado soy también yo, y yo soy muchos. “Contengo multitudes”, decía Walt Whitman.

Utilizando términos propios de su profesión, a la hora de escribir ¿levanta andamios y estructuras en las que apoyarse antes de comenzar una novela, o por el contrario escribe dejándose llevar por la intuición? Si su respuesta es afirmativa a la primera parte de la pregunta me gustaría saber si reutiliza dichas estructuras. A la hora de reescribir el texto ¿Cómo lo fragmenta? Quiero decir, que si a la hora de corregir, reescribir, se detiene en párrafos, folios o capítulos enteros. Es decir si tiene una medida determinada, o simplemente corrige todo el texto sin tomar unidades más pequeñas. (Ángela MD) Sí, levanto andamios y estructuras; la intuición es peligrosa y la utilizo en pequeñas dosis, en incursiones de poca monta. ¿Si reutilizo las estructuras? No, casi todas son desechables, encofrados y apeos perdidos, porque cada novela requiere una construcción muy singular. A la hora de reescribir y corregir, quizá la parte de la obra en la que más disfruto (en todas las fases lo paso muy bien), lo hago al por mayor y al detalle; primero repaso lo gordo, con garlopa; luego, desbasto, pulo y abrillanto, y termino sacando filo a cada palabra, una por una, y así hasta que estoy de la novela hasta los cojones.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) La Nueva España (www.lne.es)

Sr. Monteserín, ha cultivado usted un gran número de estilos, desde la novela hasta el relato corto, pasando por el ensayo o el cuento infantil. Sin embargo, salvo error u omisión por mi parte, no conocemos que haya publicado usted poesía. Dígame, ¿cómo es su relación con la ella? ¿Se limita a ser lector o ha hecho sus pinitos en privado? Si es así, ¿le gustaría publicar algo en el futuro? Por otra parte, quisiera saber cuál de estas dos preguntas le han hecho más veces: ¿qué hace un aparejador metido a escritor?, ¿qué hace un escritor metido a aparejador? Muchas PRAVIAS, quiero decir, gracias. (Philip) Poesía fue lo primero que escribí, de niño y adolescente; a decir verdad, la escribíamos entre Gustavo Bécquer, Pablo Neruda y un servidor, casi siempre destinadas a alguna moza. Una de ellas, hace poco, pretendía denunciar a Neruda por haberme plagiado. Hace un año publiqué por primera vez unos poemitas muy cortos, en asturiano, que publicó la Academia de la Llingua, junto con otros autores (Lletres Asturianes, mayo de 2007). Soy poético en mi prosa, pero no me tengo por poeta. Por supuesto que me gustaría escribir poesía y publicar. Más allá de escritor, me gustaría ser poeta; más allá de poeta, pintor; más allá de éste, cantaupintor. Pero no me llamó Dios para esos menesteres. Lo que mejor sé hacer es escribir, pero no lo que más me gusta.

¿Qué es para usted escribir: una pasión, una necesidad, un placer, una vocación…? ¿Es fácil sustraerse a las modas literarias y escribir lo que uno realmente quiere escribir? (Asagasti) Todo eso junto, o sea, vocación. Escribo porque sino, me saldría la tinta por las orejas. Escribo porque no tengo otro remedio. Y tengo prisa por hacer arte antes de que la muerte me saque de quicio. Quiero escribir a tope, ahora que tengo tiempo, por si acaso más allá de esta vida me falta la oportunidad. Mi prisa y mi prosa seguramente tienen que ver con mi poca fe. ¿Sustraerse a las modas? Para mí es facilísimo. Soy muy independiente; aunque escribiera por encargo (a veces lo hago), siempre cuento lo que me da la gana. Y no tiene que ver con las modas, al menos a propósito, sino con el afán de ofrecer un nuevo punto de vista.

Tiene fama de prolífico, escribiendo. ¿Qué le frena a la hora de crear: las críticas con mala leche, los “bajones”, el sol del mediodía en Agosto o la octava vez en dos horas que Windows le deja colgado? Las protagonistas femeninas en “Matómelo Dumas” y en “La lavandera” me han impresionado por su sensibilidad, lucidez, energía vital y cultura. Si fuesen hombres le preguntaría lo mismo ¿Pensó en alguna en concreto o le hizo falta reunir estas cualidades de un montón de recuerdos de mujeres? (César) A la hora de crear me frenan mis limitaciones: el oficio y la inteligencia; si yo escribiera según lo que espero de mí, estoy absolutamente convencido de que sería una bomba, el non plus ultra. Pero, lo dicho, me frena mi incompetencia. ¿Críticas malas? Nunca las tuve. O me ignoran los críticos, o me tratan bien. En cuanto a las mujeres de “Matómelo” y de “La lavandera”, sí, es cierto, son recuerdos de un montón de mujeres, con una gran dosis de la abnegación, el amor y la bondad de mi madre.

Suponiéndolo incompatible, ¿prefiere que sus libros sean los más leídos o los más comprados? Y al hilo de esto ¿cree que se debería pagar una tasa en las bibliotecas públicas? ¿Qué cuento clásico escogería para que se hiciera realidad? (Escoma) Sin duda, prefiero que mis libros sean los más leídos. Sí, las bibliotecas deberían pagarnos una tasa a los escritores. ¿Un cuento para que se haga realidad? Sería estropearlo. Un leñador, al volver a su aldea, presumía siempre de haberse encontrado con algún ser extraordinario: náyades, ninfas, sirenas… El día que llegó a verlas de verdad manifestó a sus paisanos, con desencanto: Hoy no he visto nada. Oscar Wilde y yo atribuimos mucha mayor entidad a lo imaginario y aún no conseguido que a lo real. No me jodas el cuento, no me lo hagas realidad.

¿Qué libro ha leído últimamente que recomendaría? ¿Se plantea escribir guiones de cine? (Pulgarcito) Para mí, que leo todos los días, “últimamente” significa en los últimos minutos. Hoy leí Cuadernos, de Paul Valéry, no lo terminé y lo dejo en el baño para continuarlo; ayer leí Historia de mi vida, de George Sand… Pero si tengo, ahora mismo, que recomendar algo a alguien que no conozco y le interesa la literatura, diría Final del juego, cuentos de Cortázar. Recomendando libros podría estar hasta el año tres mil. Tengo una lista, muy cambiante, con mis MIL MEJORES LIBROS. Hice un curso de guiones de cine y televisión, hace ocho o diez años. Escribí algún guión corto y me gusta, pero no es mi prioridad.

¿Qué consejo daría a la gente que empezamos aparte del ya consabido ‘escribir y escribir’? ¿Qué le llevó a abandonar su profesión para dedicarse a escribir? (El Portu) Aparte de escribir y escribir, leer y leer, vivir y vivir…, y escribir. Nulla dies sine linea. Dejé mi profesión porque no quería morirme sin intentar ser escritor. Estoy en ello.

¿Por qué a un periodista y escritor le puede gustar el fútbol? ¿Cree que el cuento es para los niños, la novela para los jóvenes e inmaduros, la poesía para los pusilánimes, y, cuando se es una persona adulta, lo único serio que se debe leer es el ensayo? (Airun) Si te refieres a mí te diré que yo no iba al fútbol, y que entré por un favor personal que me pidieron, y que detesto el fútbol con toda mi alma. A lo mejor sí, porque yo leo cuentos, novelas, poesía y ensayos; y tengo mucho de niño, de joven inmaduro, de pusilánime y de adulto.

En cierta ocasión le preguntaron (sic): ¿Hacia dónde te diriges como escritor? Usted respondió (sic): -A copiar de mí. A explicarme a mí. Y a tratar de que mis lectores lo pasen bien leyéndome. Divide la respuesta en tres partes muy diferentes entre sí. La tercera me parece lo más lógico y hermoso que puede querer un escritor. Pero las dos primeras dejan un extraño desasosiego y da la sensación que ha contestado eso para llenar un espacio que no puede o no sabe explicar. ¿Podría usted intentar que yo sea capaz de comprender esas dos frases? (27deAbril) Claro que sí; esas dos frases tienen mucho que ver con lo que dice y aconseja y concluye Proust en el séptimo y último libro, El tiempo recobrado, de su obra grandiosa, En busca del tiempo perdido. Dice Marcelino que el artista tiene que escuchar en todo momento a su instinto; dice que el libro más penoso de descifrar es el único dictado por la realidad, el único cuya “impresión” la ha hecho en nosotros la realidad misma. Esa “impresión”, por mísera que parezca, por inconsistente que sea su huella, es un criterio de verdad y por eso merece ser aprehendida por la mente y expresada en un papel. ¿Aplaqué tu desasosiego? Estoy dispuesto a explicarme con más detalle, no te quedes incómodo.

¿Qué tiempo perdido busca Pepe Monteserín? Ópera, lectura, fútbol ¿pasiones encontradas o un sentimiento común? (Sacro) Es curiosa la pregunta; obviamente, no escuchaste mi respuesta anterior, o, por el contrario, la intuiste. Me busco a mí y, sobre todo, trato de detener el mundo. Escribí una novela con ese título: Se detuvo el mundo. No veo ópera, ni jamás, desde hace cinco o seis años, me asomo a un partido de fútbol.

¿Qué se necesita para escribir? ¿Cuál cree que es el mayor tópico que se les atribuye a los ‘escritores’? (Aroa) Para escribir bien es necesario oficio. A partir de ahí, e incluso antes de eso, sería recomendable vocación. Añadiría una frase que leí a un personaje de Lawrence Durrell, en su novela Cefalú; el personaje me parece que se llama Compton y era pintor; decía que él pintaba con la lujuria del alma. Bueno, yo escribo como ése pinta.El tópico más grande es el de la inspiración. Pero, sin inspiración no hay nada que rascar.

El pasado año recibió el Premio Lengua de Trapo por La lavandera, la última obra que ha escrito. ¿Debido a esto de podría decir que La lavandera es la obra que mas importante le ha parecido de todas las que ha escrito, o cree usted que todas las obras que ha escrito son importantes? ¿Cuál de sus obras ha tratado usted con mas mimo a la hora de escribirla? (Bárbara) No estoy seguro de que mi última obra publicada sea la mejor. En mi oficio, todo lo que escribí es importantísimo, incluso lo que tiré en la papelera; no lo digo por abusar de las antítesis, sino convencido. La lavandera, como Matómelo Dumas, son obras muy parecidas, y escritas con más oficio que todas las anteriores, pero eso no es suficiente. Hablaba antes de lujuria: ¿fue nuestro último polvo, nuestro mejor polvo?Jamás escribí sin ganas, sin poner en cada obra todos mis sentidos y sinsentidos. Si tuviera que decir una, diría que la primera, Mar de fondo. Y la que más tardé, donde más sufrí, donde más aprendí.

En cierta ocasión usted comentó que para escribir necesita que haya una cierta tranquilidad a su alrededor. ¿Ha tenido que escribir alguna vez en unas condiciones opuestas a esa serenidad en su entorno? (Violeta) Más que tranquilidad a mi alrededor, como por ejemplo que no haya voces ni ruidos, lo que necesito es tranquilidad interior. Con ruidos externos e internos escribí alguna vez, y no sólo artículos, también alguna novela, pero no es lo más recomendable.

Sus novelas ¿son más fantasía o están basada en su vida con algún punto de imaginación? ¿Qué piensa de que los niños de hoy no sean el Azúcar que nosotros fuimos? (Ultreya) Todo está basado en mi vida, todo lo que hacemos, yo y cualquiera, es autobiográfico. El pintor que retrata, a sí mismo se retrata. Un albañil, cuando apareja un muro de ladrillo, es autobiográfico. Yo sabía qué obrero realizaba cada tajo en una obra, aunque él ya se hubiera ido. En lo imaginado y en lo real me hallo. En Pravia, donde nací, los jóvenes nos llamaban “azúcar” a los niños cuando les preguntábamos si podíamos jugar con ellos. “Sí, puedes jugar, pero eres azúcar”, decían. Eso significaba que teníamos voz pero no voto; éramos una especie de aprendices. A mí me da mucha pena que mi hijo no haya vivido esa infancia, pero me da más pena no vivir yo la suya…, además de la mía, claro.

Siendo sincero, le diré que no había leído nada suyo hasta que se presentó esta entrevista. A posteriori he leído todos aquellos artículos que he encontrado. Mis preguntas son: ¿Por cual de sus libros me recomendaría empezar para formarme una idea más completa de su forma de contar historias? ¿Me recomendaría que no leyese alguno de sus libros? ¿Por qué? (N1hm) Si estoy hablando con un lector iniciado, le diría que leyera Matómelo Dumas y La lavandera, ya mencionadas. A un lector furibundo le aconsejaría La conferencia. El plagio sostenible. Caso de uno bisoño, recomendaría mis relatos cortos, El viajero que huye, o Tráeme pilas cuando vengas… A una madre (no tanto un padre), con hijos entre uno y diez años le recomendaría, iniciada en la lectura o no, La mano entera.Todos mis libros son recomendables. No me avergüenzo de ninguno.

Ahora que mucha gente reivindica la oficialidad del asturiano y está más concienciada de que es el idioma de los asturianos, ¿no piensa que se debería incentivar más a los escritores a expresarse en dicha lengua? En el hilo ya abierto, ¿ha escrito usted algo en asturiano? ¿Existe algún paralelismo entre la arquitectura y la escritura? (Neri) Debe incentivarse el asturiano, y se hace. El año pasado me publicaron unos poemas cortos en asturiano, y la Academia de la Llingua también me publicó un cuento ilustrado, Ensin párpagos. En mi primera novela, Mar de fondo, publicada hace catorce años, cuando todavía trabajaba en la construcción, uno de sus personajes, una mujer llamada Milagros, se expresa en asturiano. El pasado verano invitado en Cenera a dar el pregón de las fiestas de la Serondaya, lo hice en asturiano y vestido con el traje de asturiano. Existen paralelismos, claro, pero a alguien que quisiera ser escritor nunca le aconsejaría, como primera medida, que estudiase arquitectura.

A la hora de escribir una historia, ¿hay que tener ya estructurado y preconcebido como se va a desarrollar y cuál va a ser el final, o puede dejarse que la narración avance sola y seguirla hasta donde te lleve? Para los que empezamos y necesitamos a alguien que corrija y valore nuestros trabajos, y nos indique los puntos débiles, lo que hay que mejorar, o lo que hay que cambiar de nuestra escritura, ¿cuándo se consigue saber por uno mismo que lo escrito está redondo? (Yesca) Las dos vías son posibles y ambas conllevan un riesgo, al menos en mi caso. Si uno lo sabe todo antes de empezar, puede llegar a aburrirse; si uno no sabe nada y avanza al albur, puede perderse. Una combinación de ambas técnicas es la que yo utilizo.Que una obra está redonda no lo saben ni los críticos especializados, ni la Historia, ni el propio autor, ni el índice de ventas. Desde luego, me parece importante que el autor crea imposible mejorarla, pero conviene escuchar también las opiniones de personas de nuestra confianza. Así y todo, es muy difícil saber hasta dónde y cómo. Acabo de venir de Madrid, de una exposición de Modigliani y él mismo no quería tocar por segunda vez las obras pintadas poco menos que en arrebatos, decía que si volvía sobre ellas, podía mejorar su pincelada y, al mismo tiempo, estropearlo todo.

¿Ha participado en alguna ocasión en un taller literario? ¿Cómo se empieza por la arquitectura técnica y se termina ejerciendo de periodista y escritor? ¿Vocación tardía? ¿Cambio de tercio? (Rubázquez) Nunca asistí a un taller literario. Cuando empecé, hace catorce años, asistí en la Universidad, durante un año, a un curso de guiones de cine y televisión. Pero leí y subrayé, y aún consulto, decenas de libros sobre el oficio de escribir. Quise ser periodista, pero un montón de azares me llevaron a esta carrera técnica. Luego, me fue bien, fui bien tratado, bien pagado y tuve un trabajo tan creativo y absorbente que apenas pude escuchar mi voz interior. Hace unos diez u once años reflexioné y decidí. No fue vocación tardía, yo nací escritor. Sí, cambié de tercio.

Después de usted, ¿Quién tiene la primicia de leer sus novelas? Una vez que la novela está en la librería, ¿se olvida de ella por completo, o por el contrario tiene por costumbre releer sus libros como ejercicio de autocrítica? (Judit) Mi mujer y un amigo, también escritor; luego, mi editor o algún jurado de algún premio.Jamás vuelvo a leer un libro mío publicado. Quizá alguna página suelta, alguna consulta, pero nunca entero. Ten en cuenta de que antes de publicarlo lo habré leído veinte mil veces. La autocrítica antes, no después.

En el mundo de la música hay compositores que crean melodías e instrumentistas que las ejecutan, en el cine hay guionistas que desarrollan historias y directores que las organizan, en el ámbito de la arquitectura existen arquitectos que establecen los proyectos y peones que ponen los ladrillos. ¿Cree usted que sería positivo para la literatura que una persona proponga la idea central y otra la desarrolle?, ¿o piensa que las grandes obras necesitan de un solo ingenio? En el caso hipotético de que usted tuviera que escribir una novela compartida según este planteamiento, ¿usted preferiría ser el que da la idea y establece las líneas maestras, o el que usa su capacidad de expresión y conocimiento de las palabras para llevar a buen puerto dicha idea? (Velasco) Defendí a los negros siempre. Si el de escritor fuera un oficio emergente, se pagara como a los arquitectos, tendríamos “negros” trabajando para nosotros, o sería negro de alguien, o colaborador, discípulo o como quiera llamarse. Sin renunciar nunca a mi nombre, yo colaboraría con cualquiera. Creo en eso. En cuanto a esa novela compartida, me quedaría con el que cuenta la historia, más que con el que la inventa. Gozo escribiendo, contando las cosas a mi manera. Pero no iría jamás al cincuenta por ciento de los beneficios; no olvidemos que el mérito de la Gioconda no es el de esta mujer, que puso la idea o la cara, sino de Leonardo; ni es mérito de Magallanes la biografía que le hizo Stephen Zweig. La idea es menos importante que llevarla a cabo.

¿Documenta al detalle sus novelas o deja lugar a la imaginación y la creación? ¿Cree que los concursos literarios son una buena forma de iniciarse y encontrar un lugar como escritor? (Xuan Manuel) Suelo documentarme mucho pero eso no me coarta la imaginación, que también ejerzo en cada página. Los concursos son buena forma de iniciarse y de continuar por esta vida. Si yo os contara… Me refiero a escritores “consagrados” que coincidieron conmigo en concursos, y los que ahora me encuentro también, yo como jurado y ellos opositando. Actualmente, los arquitectos se presentan a concursos de obras… Siempre estamos concursando, de una u otra manera.

¿Cómo se reconstruye la vida de un personaje como Manuel Acuña?

¿En qué momento se decide y piensa ‘este va a ser el argumento de mi próxima novela’? (Pepina) Documentándome sobre su vida y, algo fundamental, escogiendo un punto de vista insólito. Yo elegí un personaje de ficción, la señora que le lavaba la ropa.Uno, aunque esté escribiendo otra historia, siempre tiene la antena puesta. Pero a mí, sigo comparándome con los pintores, me interesa menos el asunto que el estilo; me da lo mismo pintar una mona que una Monalisa; un bufón que un rey. Es más, me gustaría ser un escritor por encargo. Y alguna vez lo hice.

¿Cree que un autor asturiano es fácilmente reconocible? Es evidente que me refiero a escritores asturianos que escriben en castellano. ¿Hay temas comunes a los escritores asturianos de su generación? (Celia30) Podemos coincidir, y no siempre, en el paisaje; alguna vez en los asuntos tratados, es lógico. Yo no soy costumbrista. Hay claves para dar conmigo, pero sólo yo las conozco. Nadie que haya leído La lavandera, encontrará al escritor asturiano; reconocerá a Monteserín, pero no por asturiano.

¿Quién es su autor favorito español no contemporáneo? ¿Cree usted que los escritores asturianos actuales comparten ciertas características esenciales, y si es así, cuáles? (Quevedo) Quevedo y Cervantes. ¿Qué compartimos? Los problemas de distribución de nuestras obras; lo difícil que resulta para un escritor asturiano aparecer en los telediarios generalistas, nuestra duda entre escribir en Asturias o ir a pendonear a Madrid. ¿Otras señas de identidad? Si acaso el paisaje, entre los que ubican la acción cerca de su domicilio. Y la mina y el busgosu y toda la pesca, y un algo inexplicable de melancolía, como si se nos hubiera metido un Nuberu en el ojo. Y nuestro idioma, claro, de haberlo cuidado, hubiera sido nuestra piel. También memoria y esperanza, tradición e ilusión, inteligencia y fantasía, amor y crítica, pasión sostenida, honor, educación y revolución… Podemos hacer grande la patria chica, podemos ayudar a exprimir más y mejor nuestros frutos y conseguir buena literatura de “turcipié”. Hay que trabajar en todos los frentes y los escritores abarcamos un mundo imaginario inagotable, países de Nunca Jamás que no envejecen y apenas tienen gastos de mantenimiento.

¿Cuenta en sus novelas lo que vive o vive para poder escribir novelas? Sabe que todos nosotros participamos en el Taller de las palabras. Si esto fuera al revés ¿Qué dos preguntas nos haría? (Las Caldas) Cuento lo que vivo, vivo para escribirlo y lo cuento para vivirlo.¿Qué te gustaría contar? ¿Por qué no lo haces? Eso os preguntaría.

El viajero que huye, Azúcar, Matómelo Dumas, La Lavandera… Y en medio de todas estas novelas ni largas ni cortas, La Conferencia, novela-ensayo o ensayo novelado, que requería una mastodóntica labor de recopilación de datos, lecturas, notas y apuntes, un trabajo ingente que supongo tedioso a veces… ¿Algo que llevaba dentro, como ese gusanito que te corroe, perfilándose, aclimatándose, esperando su ocasión? ¿Un reto? ¿Una broma que va y ya no te deja…? ¿Varió mucho el resultado final de la idea primigenia? (Gaspar) Nunca fue tedioso el trabajo para la conferencia; exhaustivo, ingente y cansado, pero no tedioso, al revés. La idea primitiva, y el reto, era escribir un ensayo; finalmente, incorporé, entreveré una historia de amor. El resultado final se pareció mucho a la idea inicial, que en su momento me pareció irrealizable.

Hay una pregunta que hace el doctor Alcázar en el capítulo 7 de su ensayo La Conferencia: ¿Sabe usted cuántas obras habrán quedado en el cajón?, ¿cuántos libros inmortales habrán muerto? Con respecto a ella, ¿ha tenido que guardar en el cajón, para mejores tiempos, alguna de sus obras? ¿Qué siente-piensa un escritor cuando manda un manuscrito (en el que ha puesto todo de sí) a múltiples editoriales y todas le contestan, amablemente, con cosas similares a que éste no encaja con sus planes de publicación? (Márcugo) Tengo alguna obra en el cajón, pero no espera mejores tiempos; son malas, fallidas. Hasta ahora, no con demasiadas dificultades, publiqué todo lo que quise. Eso me ocurre cada vez con menos frecuencia, pero aún sigo sufriéndolo. Hace un mes terminé una novela y ya tuve el primer rechazo. No me desanimo, estoy escribiendo otra y, al mismo tiempo, trato de colocar aquella.

Me detenía en los títulos de sus textos, sobre todo en dos que me parecieron originales: Ignorolitos y Matómelo Dumas, ya con esta elección de los títulos manifiesta una tendencia lúdica y de exploración de la palabra. Quisiera saber:¿Cuánto de este rasgo está presente en su obra y si es conciente de ello? ¿Qué necesita sacar de su interior para escribir? (Cielo) Es una actitud consciente, la de jugar con las palabras, y ello da colorido a toda mi obra. No sé escribir de otra manera. Exploro la palabra y exploro el alma, mi alma, como ya dije anteriormente. Hablo de mí, siempre hablo de mí, también cuando hablo de otros. Es inevitable, o al menos, no debe evitarse: nuestra pincelada es la que puede trascendernos o, cuando menos, distinguirnos.

En la novela La conferencia. El plagio sostenible, Josué Buelves, su protagonista, demuestra unos conocimientos literarios exhaustivos que utiliza para preparar una conferencia. Cuando narra su vida como peón de Obras Públicas y hombre enamorado permite, así lo sentí yo, relajarse de tanta erudición. Y se agradece. Es como leer dos libros en uno. ¿Busca usted este efecto en sus lectores? ¿Cuánto tiempo necesitó para informarse de las numerosas obras que comienzan citando el verbo dormir? (Antía 100) Buscaba ese efecto. La conferencia es erudita y espesa, la vida de Buelves no. Yo mismo descansaba al incorporar ese nivel. Habré consultado unos diez mil libros de ficción e hice referencia a más de mil, creo, que adjunto en el índice onomástico con las obras citadas. Empleé un año en todo el trabajo, desde que concebí la idea hasta que puse el punto final. Y además tuve la colaboración de un poema de Fernando Beltrán, inédito y escrito expresamente para esta obra, que le di a leer antes de terminarla.

Novelas, ensayos, artículos en prensa, relatos, libros de viajes, guiones para televisión, cuentos infantiles, obras de teatro. ¿No está tocando ‘muchos palos’?Soledad, su personaje en La Lavandera, descubre a los demás a través de las manchas de la ropa. ¿Cómo descubre usted a sus personajes? (Llagos). ¿Por qué crees que no debo tocar “tantos palos”? ¿A mis personajes de ficción? Suelo esbozarlos antes de que existan; conozco sus intenciones y sus miedos. Luego, voy descubriendo sus matices a lo largo de sus peripecias.

¿Usted fuma? (si es así, haga el favor de abrir la ventana) ¿Ha matado a alguien y lo ha hecho parecer un accidente? Si es que sí, cuéntenos si lo pillaron. Si es que no, díganos a quién haría desaparecer del mapa si dispusiera de inmunidad y/o impunidad. (Presuntamente) No fumo más que, de vez en cuando, un porro. Jamás fumo ni bebo alcohol mientras escribo. Sí, he matado. Discúlpame si no entro en detalles.

¿Qué miedos se interpusieron a la hora de crear? Los venció. Seguro. Pero… ¿Cómo lo consiguió? (Carmen SR) Siempre tengo el mismo miedo: no terminar. Y no siempre consigo terminar.