¿Hay vida después de la pasarela? una foto de la recién estrenada primera dama francesa Carla Bruni, ilustra el titular. Doña Rosina repite en voz alta cada palabra e intenta comprender. Más abajo sigue leyendo: La ex modelo Katoucha muere ahogada en el Sena al resbalar por la pasarela que la conducía a su casa flotante. Doña Rosina sentada en su sillón ante la ventana, se quita las gafas y mira hacía afuera. Es una mujer menuda que el paso de los años ha ido concentrando cada vez más. Su mirada va en busca de la ciudad. Ante ella la única pasarela que conoce, la que salva las vías del tren. Sobre su asfalto sus ojos remolones se detienen. Unos chiquillos juegan al balón. Sigue sus acrobacias con la pelota, hasta que ésta corre veloz a esconderse debajo de un banco. En el banco, dos abuelos conversan. No le hace falta escuchar para saber de lo que hablan: el fútbol, los nietos, la mili. Los hombres callan y giran sus cabezas hacía atrás.
Desde su atalaya Doña Rosina no puede ver lo que ocurre. Su curiosidad la mueve con dificultad a levantarse. Abre la ventana. Una bocanada de aire fresco y el griterío de la calle alegran la habitación. Dos jóvenes se comen a besos. Un hormigueo recorre sus venas. Añoranza de otros tiempos. Sus ojos intentan avanzar una y otra vez hacía el otro lado de la ciudad, siempre hay algún detalle que los detiene: una pareja con un bebe, la mujer con el carrito de la compra, el mendigo feliz… Toda su vida viendo desfilar la vida sobre las vías del tren. Un tren misterioso que a pesar de su cercanía siempre le fue tan lejano. Quizás cualquier día llegue el momento de cogerlo como otros lo hicieron antes y la lleve donde haya vida después de la pasarela.
Ángela M D









