Viajar

Y de pronto allí estaba, como una explosión de azul, de aquel glorioso azul con el que había tejido sus sueños durante los tres últimos meses.

A su lado Laura dormía. Ella no podía, el ambiente de aquel autobús la subyugaba con un marco perfecto a la bella Cádiz, toda luz, que ya se acercaba. Detrás el japonés con la misma sonrisa calma que les había ofrecido al llegar… El conductor con sus gafas Ray-Ban “penúltimo modelo”, una parodia de sí mismo y aquel programa de radio con música de un tiempo que sin duda ya había pasado.

¡Lo habían logrado! Al conjuro de una palabra se embarcaron en aquella locura y allí estaban.

Fue una de esas tardes de “pizzería”; salían de la biblioteca y decían toda clase de tonterías para olvidar por un momento los cercanos exámenes. El periódico anunciaba la próxima inauguración de la ruta de la plata Gijón-Sevilla. Siempre habían soñado con el sur y aquella era sin duda la ocasión.

Días más tarde ya se habían puesto en contacto con turismo en Sevilla y en Cádiz y esperaban ansiosas alguna respuesta. No se hizo esperar: ambas oficinas de turismo les enviaron información sobre hoteles, transportes, y toda clase de cosas que estudiaban a ratos sueltos, no muy seguras aún de si finalmente aquello sería algo más que una forma de relajar las horas de estudio.

Partieron al anochecer, uno de esos días de julio en que el Norte se empeña en vestirse de otoño. Trece horas de viaje con dos paradas en ninguna parte. Amanecía cuando entraron en Sevilla. La ciudad silenciosa, a aquellas horas, ofrecía su mejor cara antes de que el calor lo cubriera todo.

Fueron directas a la pensión, que resultó ser un lugar encantador. Su habitación recientemente renovada ofrecía una espléndida vista sobre los tejados de la ciudad del Guadalquivir. Además, al estar en la última planta, alejada de todo, les hacía sentir como princesas en su torreón. ¡No podían creer la suerte que estaban teniendo! A toda prisa se cambiaron de ropa y salieron a la calle.

En el barrio de Santa Cruz, sus estrechas callejuelas eran tal y como las habían imaginado: llenas de pequeñas tiendas con coloristas souvenirs…  la plaza de España, la Torre del Oro… y así uno tras otro todos los tópicos.

Horas después el cansancio las llevó a una pequeña tasca donde entre risas se quejaron del calor y se burlaron de sus amigas, que seguramente estarían bajo el gris cielo norteño.

Lo siguiente la Giralda; subieron sin importarles que fueran las tres de la tarde. Más tarde “ellos” se reirían incrédulos al contarles su pequeña y loca hazaña.

Mientras tanto, solas allí arriba, casi sin aliento y completamente deshidratadas, se enamoraron irremediablemente y para siempre de aquella ciudad.

El sol se estaba poniendo cuando regresaron a su “torreón”. Había sido un día increíble,  asfixiante pero luminoso, agotador pero maravilloso. Descansaron un rato mientras comentaban cada detalle y decidían qué ropa ponerse para su primera noche.

Fueron a Triana. ¡Nada podía prepararlas para aquello! En medio del Guadalquivir una enorme barcaza llena de bailarinas con vistosos vestidos flamencos de todos los colores. La música inundaba las laderas del río y casi se podía respirar su alegría. Tan alegres como el ambiente buscaron un lugar para cenar mientras callejeaban. El  barrio estaba de fiesta, las calles abarrotadas… por eso no les habían visto hasta que les hablaron. Si acaso, un atisbo de dos hombres y siguieron caminando. No hablarían con ellos hasta la siguiente noche.

Cuando ya no podían más se retiraron embriagadas de noche y de sur…

Era su último día en Sevilla y tenían que apurar cada segundo. La ciudad las empezaba a tratar como a viejas amigas y parecía enseñarles esos rincones que reserva a los suyos.

Cenaron en el mismo sitio. Tal vez ellas también les buscaban; en cualquier caso, allí estaban, justo delante de la puerta en su ya sexta vuelta como después les confesaron.

Ella pensó que parecían agradables. ¡Tan diferentes! Él moreno y desgarbado, no muy alto con aquel aire que la enternecía no sabía por qué. Las llevaron a “todas partes”, a la otra Sevilla fuera de tópicos, a la que habían ido a conocer. Ellos se la presentaron. Con historias y anécdotas, de lugar en lugar mientras la noche avanzaba. Ya casi amanecía cuando tomaron la última copa, hablaban y hablaban, parecían haber hablado desde siempre.

Las llevaron al autobús. Él le dijo “lastima que el final no sea en una estación de tren”. (El japonés sonreía). En realidad sólo era el principio…

Cruz A. González

 

Editorial

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Un lector me recuerda a un cronopio cuando va de viaje. Los cronopios, como los lectores, viajan sin hoteles ni taxis ni reservas, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: “La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad”, y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Es este viaje alucinante y enloquecido,  hermoso y sorprendente,  que se hace sin prisa ni raíles ni equipaje (o con todo el equipaje del mundo) y que te llena de conocimientos y de pensamientos voladores. Este viaje-lectura también tiene algo de prestidigitador, porque cultiva el asombroso arte de la teletransportación. Así, leyendo a Paul Theroux podemos afirmar sin que nos tiemble el pulso que hemos atravesado en tren América Latina sudando la gota gorda por el camino, que hemos  entrado en las chozas de África con  Kapuscinski  (el mismo horror en sus ojos que en nuestros ojos porque eran los mismos) y que hemos temido a los tigres de la India junto a Kilping. Cuando visitamos Praga o Nueva York después de leer a Kundera y a Auster, tenemos la sensación de que realmente ya hemos estado allí, que esas ciudades están sumidas en nuestros recuerdos como si fueran lugares que conocimos en nuestra infancia y a los que ahora retornamos para conocerlos de forma más precisa. Porque nosotros ya hemos estado allí.  De la misma forma que muchas personas pueden describir con pelos y señales a qué huele exactamente Macondo; y no me refiero a citar de memoria las palabras que García Márquez empleó para detallar este olor (si es que empleó alguna)  sino a cómo les huele a ellos. Conocen este olor como conocen el tufo de los autobuses a hora punta o la mezcla de palomitas y moqueta en los cines. Lo conocen porque han estado allí.

Los libros son pues un viaje dentro de otro viaje que nos descubren no sólo el laberinto de Londres o el ensordecedor barullo del mercado de Fez, sino también  lo que siente un soldado asustado ante la batalla o lo que habita dentro del corazón de una mujer rusa. Muchas veces he pensado que una de las mejores imágenes para explicar qué es la literatura es el aurin, el símbolo que Michael Ende creó para ‘La historia interminable’, un medallón con dos serpientes enroscadas que se muerden la cola. Si vas deshaciendo sus nudos, si las desenrollas, descubres que esas serpientes forman un círculo.  Porque si Orson Welles decía que toda gran historia, en el fondo, siempre era una historia de amor, tengo el convencimiento de que las grandes historias siempre son circulares. Algo que se abre y se cierra, que se llena de nudos y peripecias, y la mayoría de las veces termina en el mismo punto de partida. Porque la historia de la literatura es la historia de un regreso, de un viaje que comienza y acaba. Una historia es un boomerang que se tira al aire y que cuando vuelve a tu mano te cuenta todo lo que ha visto en el trayecto. La aventura de Ulises fue buscar el camino de vuelta a casa, don Quijote se fue a morir a su cama después de haber luchado con gigantes, la Regenta termina desmayada en el suelo de la misma catedral donde la conocimos: todos ellos regresaron y ninguno era el mismo. Kirmen Uribe lo describe magistralmente en su libro sin necesidad si quiera de empezar a leerlo: ‘Bilbao-Nueva York- Bilbao’. En este título, en este itinerario reducido, nos muestra Uribe todo su aprendizaje: cómo volando al otro lado del mundo volvió a su casa para entenderla.

Pero a veces justamente la historia se cierra sabiendo que ya jamás se puede regresar, que no hay forma posible de volver al punto de partida, porque éste ha quedado enterrado como un alfiler en la nieve.  El protagonista de ‘El Túnel’ de Sabato nos narra desde la cárcel su descenso a la obsesión y a la locura y cómo tuvo que asesinar a la mujer que amaba porque la vida ya no podría ser la misma si ella seguía existiendo lejos de él. Al igual que el fuego por Lolita trasformó para siempre a Humbert Humbert, el corazón del continente africano a Kurtz o Moby Dick al capitán Ahab. Todos comenzaron siendo muy distintos. El viaje sin retorno, el imposible regreso, es otra forma de cerrar el círculo. Si un personaje termina siendo exactamente el mismo que empezó, entonces eso no es un libro sino un listín telefónico.

Aunque quienes protagonizan el mayor regreso de la historia de la  literatura no son otros que los propios lectores. Volviendo a Michael Ende (¿ven? Incluso en menos de mil palabras también se acaba regresando), un lector siempre es como Bastian Baltasar Bux, ese niño que cuando termina de leer ‘La historia Interminable’ continúa en el desván de su colegio, en el mismo día de lluvia y en el mismo lugar en el que empezó a leerlo; sin embargo, ha estado en Fantasía. Así viajamos los que leemos: al cerrar el libro continuamos en nuestra vida, en el salón de casa, con la misma ropa, los mismos cuadros en la pared, las mismas manchas en la alfombra; pero una pequeña parte de nosotros ya no es la misma. Ya no es la misma porque ahora tenemos más. Nunca se regresa de leer con las manos vacías.

Así regresa ‘El taller de las palabras’. Y regresa viajando.

Leticia Sánchez Ruiz

Escritora y periodista ovetense,

ganadora del IX Premio Internacional de Novela

Emilio Alarcos Llorach por “Los Libros Luciérnaga”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asignación de textos

La migración de datos de la anterior plataforma, aunque exitosa, tuvo ciertas carencias, como el vínculo entre autor y usuario de la web. Así que, en vez de rebuscar por viejos correos, crear usuarios y volverme un poco loco, he optado por la parte fácil: hacer un llamamiento. Que todos aquellos que tengan textos, que se registren en la web y me envíen un correo enumerádolos para asignárselos a su usuario.

Muchas gracias, de antemano, por la colaboración.

Cambio de cara

Después de año y medio de vida, le hemos dado una vuelta completa a la página web de la revista y, sin previo aviso, la hemos convertido en un punto de encuentro que aglutina todo aquello que tiene que ver con el taller. Así, en esta primera parte de la web, la más visible, tenemos la revista y en un segundo escalón, los foros.

Nuestra intención ha sido la de facilitar al máximo, tanto el acceso a la web, como el proceso de creación de nuevos números de la revista. Con esta nueva interfaz, cada autor podrá añadir y gestionar sus textos directamente, evitando colapsos y agilizando todos los trámites.

Además, la integración de la web de la revista con la del foro evita tener diferentes usuarios y contraseñas y ayuda en la coherencia del resultado final, manteniendo el mismo nombre, por ejemplo, en ambos lugares.

Todo lo relativo a la gestión del usuario, el nombre a mostrar, la imagen, etcétera, se ha facilitado y potenciado, de tal manera que es más sencillo realizar cualquier gestión y completamente autónomo, sin necesidad de implicar al administrador.

Así pues, comenzamos esta nueva fase con la intención de hacerlo todo mucho más sencillo y facilitar con ello el diálogo y el aprendizaje.

Bienvenidos todos.

El ahora hombre de ciudad

El ahora hombre de ciudad
camina con pasos cansados,
con alegría apagada
sobre el muerto pavimento.
Los sonidos de hierro asustado
golpean sin compasión su cabeza.
Los coches pasan, perros rabiosos
y el torbellino de humo de sus iras
taponan pulmones, queman ansias.
Cuando el alma se apaga, mira recuerdos
y en el renacer del pensamiento
florece el abandonado pueblo.
Ante la luz apagada, los ojos viven,
los labios saborean la nieve del silencio;
la boca busca palabras desterradas
y las manos vacías de callosidades
añoran azada, guadaña y hacha.
El regreso es tortura, necesidad,
noche de tormenta en memoria cerrada;
agua de orbayu que moja suspiros;
fatiga la voz de infancia dormida,
empapa el extraño abandono
de vida repetida en años empedrados
de miradas felices en trabajos realizados
¿y en la vejez,
acaso el hombre
no necesita su infancia?
Su pueblo ha muerto con su silencio.
Sus fantasmas decoran inertes
vidas de carbón fallecido.
Por los caminos del olvido
transitan tenebrosos animales
de tiempo dormido en el recuerdo.
La montaña es un paisaje helado
donde solo se mira un sol negro,
es un lugar muerto de aguas claras,
de piedras con musgo de tiempo sombrío,
de rostro viejo, cementerio perpetuo.
En la necesidad se ancla el deseo.
El hombre se amolda a su destino
con lentitud, como el agua desgasta roca,
él se despide de su miel bien conocida
agarrando silencio y mentira;
atado en la memoria, agoniza el sueño
y por sus cansados ojos camina sin miedo
la muerte, su amiga.

Elías Veiga

El último ganador del Premio de La Crítica de Asturias que concede la Asociación de Escritores de Asturias, en la modalidad de Poesía, entrevistado en El Taller de las Palabras.

He leido “Robinson Astur” y he de felicitarle por la madurez adquirida respecto a “La Tierra Fonda”. ¿Usted definiría su poesía como desesperanzada? ¿O realista?
Bueno, para empezar tengo que decir que soy una persona bastante optimista y que más que desesperanza lo que yo siento (y creo que muchos millones de ciudadanos) es desencanto. Está claro que el sistema de vida actual es un sistema vacío abocado al fracaso y en estos momentos estamos empezando a pagar las consecuencias serias. Uno no puede sustraerse a la realidad y por eso ahora necesitaba hacer una poesía realista e intencionadamente cruda que fuera fiel reflejo de la vida misma. Es una poesía hecha para comer sin masticar. Intenté escribir sin utilizar demasiados aditamentos. La literatura tiene muchas similitudes con la cocina: si el chef es bueno, con cuatro ingredientes se pueden hacer maravillas. Aunque debo señalar una cosa importante: siempre escribo a fuego lento. Las palabras tienen que encontrar su sitio con el tiempo y encajar en un todo que al final les da sentido.

¿Cuál es el tablón particular al que se agarra Elías Veiga cuando se ve próximo a naufragar?
Hay naufragios en los que pienso que lo mejor es hundirse del todo para salir a flote como si fueras un recién nacido. Pero por otro lado, con este poemario quiero dejar claro que naufragar no significa hundirse. Todo el mundo naufraga de alguna manera cientos de veces a lo largo de su vida. Es algo consustancial al ser humano. No hay ninguna novedad en ello. Lo que creo que interesa aquí es ver cómo respondemos a esos naufragios. Evidentemente, el tema da para mucho. Por lo que a mí respecta, y después de unos cuantos chapuzones, creo, en primer lugar, que el mejor tablón de salvación es intentar ser una persona digna. Tiene sus inconveniencias pero a la larga, según tengo entendido, merece la pena. Y, en segundo lugar, tener un puñado de cosas básicas muy claras. Para mí, por ejemplo, son la familia , los amigos, la música y la literatura.

¿Sólo escribe poesía? ¿No le interesaría escribir en prosa? ¿Algún proyecto?
Tengo publicado algún cuento y de hecho gané algún concurso. Pero la poesía es el género con el que, de momento, me siento más cómodo. Me permite expresarme de la manera que yo quiero.

Intenté escribir prosa varias veces y abandoné el intento otras tantas porque veía que aún no estaba “maduro”. Sé que algún día la escribiré porque siento la necesidad de hacerlo. Pero supongo que para ello es fundamental encontrar el momento adecuado.

Buscando su nombre por Internet he descubierto que le incluyen, en varios sitios, en la “Generación del Compromiso”. ¿Le gusta pertenecer a una generación, y en concreto, a ésta?
No tengo ni idea dónde se me incluye y, realmente, es una cuestión que no me interesa demasiado. El mundillo literario asturiano me resulta decepcionante y, últimamente, insufrible. Es un círculo cerrado y asfixiante donde ciertos clanes y algunos personajillos se masturban entre ellos de forma patética para propagar sus grandezas. Nada nuevo, por otro lado. Esto ya se practicaba en las cavernas. Y seguirá practicándose en la luna si llegamos a vivir en ella. Por mi parte, hace tiempo que elegí la independencia, aunque me cueste no salir en la foto. Por eso no tengo prácticamente relación alguna con los escritores de mi hipotética generación y si el ambiente sigue así, no me interesa tenerla. Lo único que me une a ellos es escribir en una lengua en peligro de extinción. Nada más.

¿Siempre escribe en asturiano? ¿Cree que el asturiano es un lenguaje más poético que el castellano?
Siempre digo que ojalá pudiera escribir en unos cuantos idiomas porque seguro que cada uno de ellos te permitiría expresarte de una manera diferente. Lo hago preferentemente en asturiano porque es la lengua que sentí desde que estaba en el vientre de mi madre y es la que llevo, por lo tanto, tatuada en la sangre y el corazón. Como la gran mayoría, tuve que aprender a escribirlo por mi cuenta. No entiendo el conflicto lingüístico, me parece surrealista y, sobre todo, de una ignorancia supina. Hay algunos que están empeñados en confundir (intencionadamente) el tocino con la velocidad o, lo que es lo mismo, el patrimonio cultural y la política.

Lo que en otros lados sería motivo de orgullo, aquí se desprecia y se humilla constantemente. Tienen que estar felices porque, de seguir así, la lengua asturiana acabará desapareciendo en breve. Y todos tan contentos.

Como pertenecemos a un Taller Literario (on-line), la pregunta es obligada: ¿qué opina de los talleres/escuela de escritura? ¿Cree que “sirven” para algo? ¿Alguna vez participó en alguno? ¿Participaría usted como profesor?
Comienzo por la última pregunta. No creo que por ser escritor uno ya pueda dedicarse a impartir talleres literarios. Son dos cosas distintas. Creo que aquí lo importante es ser un buen comunicador y saber transmitir esa devoción por la literatura, al margen de las cualidades creativas de cada uno. A mí me faltaría paciencia y muchos más kilos de conocimientos. Nunca participé en un taller literario y no sé cómo funcionan. Pero si sirven para fomentar el interés por la literatura y motivar a escribir, bienvenidos sean.

Veo que antes de publicar “La Tierra Fonda” participó en Revistas Literarias. ¿Cómo se consigue dar el “salto” a la publicación de un libro? ¿Qué nos aconsejaría a nosotros, como escritores noveles?
Las revistas literarias fueron importantes para mí porque me sirvieron de lanzadera. También me ayudó el hecho de quedar varias veces finalista del Asturias Joven de Poesía, ganar algunos premios, etc. Cuando llegué a la editorial con el primer poemario ya me conocían. No es que sea un hecho definitivo para publicar pero ayuda. ¿Qué aconsejo? Leer mucho y practicar mucho más para ejercer algo que es fundamental: la autocrítica. Y buscar lo que distingue a los buenos escritores: voz propia.

Enhorabuena por “Robinson Astur”. Al ser una poesía muy pegada a la realidad, ¿me podría decir cómo ve usted la crisis?
Evidentemente se veía venir. Vivimos es una sociedad con pies de barro. Asistimos impasibles al derrumbe y desaparición de toda una forma de vida. Y aceptamos anestesiados, prejubilados y subvencionados lo que nos echen. A mí, que nací en un pueblo del occidente de Asturias, me tocó, me está tocando vivir el final de un mundo. El final del cuento. Después de un montón de generaciones anteriores no es fácil asimilar esto.

Es una cruz que pesa demasiado. Tengo esperanzas, evidentemente, en que se supere la crisis y se recupere el campo, la pesca, etc. Pero tengo muy poca fe en esta clase política inepta, corrupta y caciquil preocupados únicamente por el poder.

¿Qué opina de la situación de la Llingua Asturiana en la literatura, y en los medios en general?
Si tenemos en cuenta que siempre se remó contracorriente, la producción literaria en asturiano es, cuando menos, milagrosa. Por otro lado, la presencia de la llingua en los medios sigue prácticamente igual que hace unos años: reducida a mínimos. Mientras no se reconozcan los derechos lingüísticos de los asturianos la cosa seguirá así pero peor porque cada día se pierden hablantes.

Como integrante de una generación, ¿qué opina de sus coetáneos? Y, ya puestos, ¿qué opina de la profesión de escritor en Asturias?
Realmente, como ya dije, estoy al margen del mundillo literario y no tengo demasiado que opinar. Estoy enterado de lo que se publica pero leo a muy pocos autores. No sé cuántos pueden presumir de tener la escritura como profesión. En Asturias es muy difícil plantearse esto, y si escribes en asturiano hay que multiplicar la dificultad por diez. Para mí no es una profesión ni tampoco un hobby. Es una necesidad. No quisiera estar sometido a la obligatoriedad de la profesión pero tampoco quiero tomármelo como un pasatiempos para pasar los ratos libres.

Además de escritor, es usted bibliotecario o archivero (desconozco el término exacto, discúlpeme). ¿Qué libros son los más “sacados” en la actualidad? ¿Qué autores son sus favoritos? Y mójese: ¿qué autores reconocidos se atreve a decir que no le gustan nada?
Soy archivero/bibliotecario, por cierto. Lo más leído suele coincidir con lo más vendido, lo cual no quiere decir que sea lo mejor, al menos desde mi punto de vista. Por eso la mayoría de mis autores favoritos no están en esa lista de los más leídos: Virgilio, Chaucer, Poe, Buzzatti, Steinbeck, Italo Calvino….

El sustituto

–No quiero que me interrumpas cuando estamos rodando.

–Perdone, quería decirle que el protagonista no puede venir.

–¿Qué dices?

–Está en el hospital, se ha roto una pierna.

–Maldita sea, llama a otro ¿No tienes un sustituto? Para eso te pago. Procura que sea bueno si quieres seguir como director del casting. Cítalo para mañana a primera hora.

Cuando se dirigió a nosotros su enfado se había transformado en rabia.

–Esta película va a ser mi ruina. Cada día hay un accidente, gripes, caída de escenarios, abandonos, rupturas de piernas y lo que vendrá. Si no la termino en la fecha prometida me retiro porque no podré pagar la penalización. A trabajar. Mañana tenemos protagonista nuevo, David está en el hospital con una pierna rota, espero que no tenga complicaciones. Hay que volver a rodar las escenas en las que está él. Venga, venga, todo el mundo a su sitio.

La noticia me entristeció. Estaba deseando terminar el rodaje para llamarle al móvil e ir a verle. La tarde anterior habíamos reñido porque, a pesar de que nuestro noviazgo duraba ya tres años, no deseaba casarse. Para él nuestra relación era satisfactoria porque los dos elegíamos estar juntos, sin ataduras que nos obligasen a nada, disfrutando del amor. Mi visión del matrimonio era distinta, deseaba tener hijos y un hogar que cobijara a toda la familia, me parecía un seguro de fidelidad, quizá porque mis padres lo habían vivido así.

El día, mejor dicho la noche, se hizo interminable. Empezamos el rodaje al alba soportando temperaturas bajo cero vestidos con ropas veraniegas. A mediodía el calor del desierto, logrado con estufas y focos que nos hacían sudar, añadían trabajo a maquilladores y estilistas para que nuestros personajes pareciesen reales. La arena artificial, agitada por ventiladores, nos irritaba los ojos. Jaimas que nos obligaban a permanecer en posturas incómodas, palmeras trasplantadas, dromedarios, tuaregs auténticos, y demás añadidos lograban que el escenario pareciese real pero a los actores y actrices nos provocaron un cansancio que la hora, eran las nueve de la noche, hacía aún más insoportable. El nuevo protagonista significaría otro inconveniente puesto que David facilitaba a todos el rodaje de las escenas en las que él intervenía. Era un profesional. Ya en el camerino lo llamé por teléfono. El médico le había dicho que la rotura era limpia y en un mes estaría de nuevo en condiciones de hacer vida normal. Prometí ir a verle a la mañana siguiente. Era medianoche.

La pierna escayolada le hacía parecer indefenso, no se quejaba pero sus gestos denotaban el fastidio que le causaba tener que suspender todos sus proyectos. Le animé a pesar de la decepción que suponía tener que rodar escenas amorosas con otro protagonista.

–Dentro de un mes estarás como nuevo y te surgirán otras oportunidades.

–No estoy tan seguro, en el cine nunca se sabe cuando va a llegar otro que te quite el puesto ¿Conoces a mi sustituto?

–No, pero no lo hará tan bien como tú.

–Se te hace tarde, ya sabes que el director no admite retrasos. Suerte.

–Te llamaré esta noche y volveré a verte mañana.

Sus besos fueron más largos que nunca.

A las siete de la mañana ya estaba vestida y maquillada para el rodaje. Me reuní con el resto de la compañía y el director nos presentó al sustituto de David. Su cara no me era familiar pero cuando me dio la mano sentí un escalofrío. Restregué la mía contra la falda, deseando limpiar la humedad que me había dejado el contacto, sin comprender porqué aquel hombre alto, atractivo y con una sonrisa resplandeciente me resultaba desagradable.

Una escena del rodaje me lo aclaró todo. Entró en la jaima donde yo dormía abalanzándose sobre mi cuerpo mientras me tapaba la boca con su mano derecha y la izquierda recorría mi cuerpo. Cerré los puños y le golpeé la espalda. El indignado director suspendió el rodaje. Recordé con horror lo que me había contado mi sobrina de doce años cuando sufrió un intento de violación. Igual que ella había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.