La jauría y la niebla

Martín Casariego, 2009. Editorial Algaida. 314 páginas, 19€.

La violencia del grupo sobre el individuo es una de las mayores problemáticas del Primer Mundo en la actualidad. Cuando los niveles primarios (comida, vestimenta, salud) están perfectamente cubiertos, llegamos a los secundarios, en los que la soledad, el individualismo y la violencia aparecen como principales enemigos de la persona.

Focalizada en el transcurso de una sola jornada, “La Jauría y la Niebla” sigue las andanzas de 3 personajes: Ander, el adolescente al que le supone un calvario el acudir al instituto por su acoso escolar; Leandro, su hermano pequeño, que pasará por el traumático momento de enterarse de quiénes son los Reyes Magos; Ignacio Mayor, un escritor en lengua castellana que acude al instituto para impartir una conferencia. Los tres confluyen en el mismo sitio y sobre todo se caracterizan por estar dentro de un grupo sin pertenecer a él. Mientras el pequeño Leandro no tiene edad suficiente más que para percatarse de que está siendo víctima de alguna injusticia, y el escritor tiene la edad apropiada para enterarse de todo y huir de ello, el adolescente se nos presenta como el clarísimo ejemplo de víctima, ser débil que no puede defenderse, y por lo tanto se degrada de tal modo que hace justificar a sus compañeros el avasallamiento y la violencia a la que le someten.

Comparando de un modo sutil el conflicto lingüístico vasco y la vida doblegada de Ander, todo ello con la suficiente pericia de no cargar mucho las tintas a pesar de desarrollarse en menos de 12 horas, logra Martín Casariego la difícil tarea de una novela crudísima, en el culmen de la tristeza y el horror, que se redime en la última página dejando un final abierto y esperanzador, un mensaje de solución, un conciliábulo.

Con retazos de maestría (el momento en que la maestra, con dos palabras, se convierte en amenaza acusatoria del escritor, convirtiéndole en posible pedófilo, pareciéndose de un modo terrorífico a los maltratadores adolescentes, es absolutamente sublime), ha sido “La jauría y la niebla” definida como una novela sobre el acoso escolar, siendo este adjetivo innecesario, puesto que delimita un tema que estoy segura el escritor quería hacer muchísimo más amplio. Si en “La Excepción” el sueco Juggersen propone una comparativa entre el holocausto nazi y un irrigado entorno de trabajo para demostrar lo importante que es para el ser humano pertenecer al Grupo con mayúsculas, en la obra de Casariego nos demuestra las impactantes consecuencias que puede traer el que uno se dé cuenta de que jamás, por mucho que haga, pertenecerá a él.

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