Andrés se levanto como cada día, temprano.Hace mucho frió hoy, es lunes, 20 de Enero. Las calles están cubiertas por un impoluto y mañanero manto blanco. Y según predijo el tiempo en las noticias de la noche anterior, va a continuar nevando. Después de una ducha para despabilar se dirige a la cocina para preparar el desayuno. Mientras la leche calienta en el microondas, Andrés extiende sobre la mesa de la cocina un mantelito individual y una servilleta. Coloca el plato y la taza. Al lado derecho pone la cucharilla.Sigue todo un ritual.
Suena el pitido insistente del microondas, avisando de que la leche esta lista. Coge la jarra y la coloca sobre la mesa. Se sirve el café y la leche, y añade cuatro cucharadas de azúcar. Remueve insistentemente, deja la cuchara en el plato y sorbe el café lentamente. Coge una rebanada de pan, lo unta de mantequilla y mermelada y moja este en el café. Come despacio, mientras relee con devoción un libro de auto ayuda titulado “Como vivir bien sin trabajar”. Cuyos consejos sigue al pie de la letra, sin saltarse una coma.Tal vez esta sea la cuadragésima vez que lo lee.
Cuando termina de desayunar, se levanta, recoge la mesa y va al cuarto de baño. Sin peinarse, coge la primera zamarra que ve en el colgador, unos guantes, una bufanda y un gorro de lana gruesa, abre la puerta y baja las escaleras.Cuando llega al portal, saca una aparatosa silla de ruedas, de debajo de la escalera. Se sienta en ella y sale a la calle.Da algunas vueltas. Se detiene en una parada de autobús y espera el numero 1 que va al centro.
Andrés es una persona solitaria. Tiene 49 años, es un hombre todavía atractivo, pero algo dejado en su aspecto físico, de profundos ojos azules y pelo canoso. Su vida tomo un nuevo giro cuando Elisa le abandono, llevándose con ella a sus dos hijos porque según le decía ella era un irresponsable, un inmaduro. Antes de tomar esta decisión hablo con Andrés en diversas ocasiones para intentar salvar su matrimonio. Durante los seis años que duro su relación, Elisa le conoció a su marido algo así como treinta empleos. Nunca permaneció más de seis meses en el mismo trabajo porque siempre cogía una baja por depresión.
Cuando llega a Uría. se dirige hacia la fachada, donde esta la entrada de un importante centro comercial. Se instala con su silla justo al lado de la puerta, saca un cartel mil veces doblado y ajado, que dice: “No puedo trabajar y no percibo pensión de ningún tipo porque la persona para la que trabajaba, no me tenia asegurada, cuando sufrí un terrible accidente de trafico. Tengo 3 hijos a los que alimentar”. Extiende su mano y comienza a solicitar de los viandantes una limosna. Ahora Andrés adquiere una apariencia diferente.La gente le mira con simpatía, unos se acercan y le preguntan que le sucedió, otros se paran para darle algún dinero y otros simplemente pasan por delante sin torcer la cara porque ya no se creen nada.
A media mañana ya contabiliza 40 euros.Son las 2. Andrés decide tomar un descanso para comer algo y se va dos calles más allá, a un pequeño bar donde acude cada día para comer el menú del día y por el que paga seis euros, incluido el café. A las 5 vuelve de nuevo a la calle, se sitúa en el mismo sitio y así continua hasta las 9.La tarde no ha sido tan rentable como la mañana, pero esta satisfecho. Coge el autobús y regresa a casa.
La casa se nota muy vacía. Es un primer piso, en un edificio de apenas dos plantas, que heredo de un tío suyo, soltero, al que Elisa y Andrés cuidaron durante sus últimos días. Aparte de Andrés, nadie mas vive allí Los últimos vecinos que tuvo, fueron desalojados por el juzgado por no pagar la renta. Así que el propietario prefirió mantener el piso vació.
El piso no es muy grande, apenas unos setenta metros cuadrados, pero esta bien distribuido, y es muy luminoso. Como hizo mucho frió y Andrés no estuvo en casa en todo el día, y la calefacción estuvo apagada, lo primero que hizo nada mas entrar fue encender para que la casa se fuera aclimatando. Eso y ponerse el pijama de felpa azul oscuro, que su suegra le había comprado un año que fue a Portugal, con la asociación de amas de casa, a la que pertenecía.
Después de ponerse cómodo, saca el dinero que llevaba en el bolsillo interior de la chamarra y lo guarda en un bote de cristal, que antes había contenido espárragos, junto con la recaudación de las veces anteriores que había acudido a mendigar.
Se prepara la cena, una tortilla francesa de dos huevos y un vaso de colacao, bien caliente.Se sienta en el salón, delante de la televisión y pone el canal donde están pasando una película.
Ni siquiera han pasado quince minutos y se queda profundamente dormido. Es muy habitual que Andrés duerma en el sofá. Desde que su mujer se fue, no ha vuelto a dormir en su cama, salvo alguna vez que alguna de sus amigas, viene a casa para quedarse una noche. Entonces comparte su cama, sin ningún reparo.
La vida de Andrés es siempre igual, lo único diferente que puede ocurrir es que alguno de sus amigos yonquis vengan a verle para pedirle dinero. Entonces se montan unas broncas impresionantes, tanto es así, que alguna vez la policía se presento en la vivienda, llamada por los vecinos de los otros edificios. Pero Andrés siempre sale victorioso de la contienda, alega que vienen a robarle. La verdad es que Andrés no quiere a nadie, solo a si mismo. No tiene escrúpulos ni conciencia.
Son las seis de la mañana y Andrés se levanta, temprano, como siempre. Vuelve a la rutina. Se coloca en el mismo sitio, come en el mismo bar y vuelve de nuevo a su trabajo. Así un día y otro. Andrés se levanto como cada día, temprano. Hoy es 14 de febrero. La gente no para de entrar y salir en el centro comercial. Todo el mundo esta comprando para regalar a sus parejas. Es un día excelente para el trabajo de Andrés, la gente se muestra mas amable de lo habitual, como si fuera Navidad. A media mañana ya había recaudado mas de noventa euros. Como todos los días, se fue a comer, a eso de las 2, al bar, dos calles mas allá. Hoy incluso se tomo un chupito de orujo de hierbas. Y a las 5 volvió de nuevo a su puesto.
Eran las siete, más o menos, cuando una persona se detuvo delante de Andrés. Este permanecía con la cabeza baja, como hacia siempre. La persona que se paro delante del el, se acerco a su oído susurrando: siempre te lo dije y no me negaras que lo tuyo es puro teatro. Andrés reconoció la voz, alzo la vista y vio a Elisa que se alejaba. Mientras la veía alejarse, esbozó una sonrisa.
Muy bueno. Si que le echa cuento Andrés.
Gracias Camenfer. Pensé que no me lo publicaban porque al parecer me pase de fecha, pero han sido benevolos.Un abrazu.