Las mismas caras;
siempre igual, los mismos rituales
perfectamente seriados, repetidos
hasta la monomanía, con la
meticulosidad de un maestro relojero.
Aquí todo gira despacio
en torno a algún centro de gravedad,
perdido en las simas de la memoria colectiva
Al veros, me atormentan siempre
las mismas preguntas:
Pero ¿aún tenéis aliento?
¿Se atreve a habitar La Vida nuestros cuerpos?
¿Todavía palpita nuestra carne
cuando la estimula el más leve roce?
Es posible que bajo el lodo
haya alguien que se deje las uñas
entre los muros del dique seco.
me gusta…dice mucho.