Título Original: The men who stare at goats, 2009. Director: Grant Heslov. Intérpretes: Ewan McGregor, George Clooney, Jeff Bridges, Kevin Spacey.
Con un trailer impactantemente divertido y lo suficientemente hábil para no descuartizarnos la historia a los 5 segundos, llega a España esta película a la que todos quieren relacionar con el humor absurdo y guión perfecto que fue “Quemar después de leer”. Quizás porque sale George Clooney, quizás porque el personaje que aquí interpreta Jeff Bridges está calcado de otra película de los Cohen, (el Nota de “El Gran Lebowsky”), quizás porque el director sea un secundario de los largometrajes de estos dos hermanos, o porque Ewan McGregor casa perfectamente con ese estilo cómico, negro y desesperanzador, sea por lo que sea, “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”, aunque divertidísima, plagada de buenas actuaciones, llena de personajes bien interpretados y sobre todo bien plasmados, no llega a la altura de los Cohen por una falta grave: la inconsistencia del guión.
Y la historia tiene posibilidades, no lo neguemos: un periodista de medio pelo (Ewan McGreggor) conoce por casualidad a un excombatiente del ejército (George Clooney), un hombre que perteneció a una extinta unidad que quiso convertirse, en los años 60, en la primera unidad combatiente con poderes paranormales. Comandados por Jeff Bridges y con una mala semilla dentro (Kevin Spacey), los soldados entrenaban sus poderes mentales mirando fijamente a las cabras para pararles el corazón. No se sabe muy bien porqué, y siempre atendiendo a criterios de casualidad, suerte y coincidencias, McGreggor y Clooney sufren una serie de aventuras inconsistentes, aderezadas con numerosos flashbacks que amenizan la historia pero que no palian que no haya suficiente argumento para finalizar la película, y de ahí la poca coherencia de un final que, de tan amable, es hasta irrisorio. No vale la excusa de que está basado en una historia real para defender su verismo: la vida está llena de actuaciones incoherentes y la plasmación literal sólo ayuda a resaltar esos defectos.
Aún así, la película tiene su atractivo. Los cuatro actores están en estado de gracia: Kevin Spacey consigue caernos tan mal como cuando interpretó Seven; Bridges y Clooney poseen la suficiente vis cómica como para apoderarse del protagonismo, y McGregor se ha especializado en papeles de tipo anodino con un encanto oculto que surge poco a poco. Ellos salvan la película y la redimen un poco, acompañados de una buena banda sonora tan “feliz” como los personajes que desempeñan.