California 83

Pepe Colubi, 2008. Espasa Narrativa. 342 páginas, 21€.

Nos gusta “California 83” porque todos hemos querido ser alguna vez su protagonista, o al menos, vivir la aventura que él vive durante un curso escolar: estudiar COU en Estados Unidos. Así pues, el libro comienza con la emoción de un adolescente en un avión, emoción compartida con toda una generación que ha visto la adolescencia estadounidense como algo fácil, feliz y carente de preocupaciones.

Lo bueno es que la novela de Pepe Colubi no te quita esa idea. Ahora asistimos a un montón de películas y novelas en las que se nos intenta romper ese mito de adolescencia feliz., enturbiándola con adolescentes confusos, ofuscados y solitarios con complejo mundo interior Afortunadamente, el escritor apoya la generalizada idea de los años 80 de que esos americanos no saben la suerte que tienen. Desde el mismo estupor que el protagonista, asistimos a una elección de asignaturas facilongas (entre las que se incluye aprender a conducir en un coche automático), de horas de estudio, de tiempo cálido, de conciertos al alcance de la mano, de taquillas, de animadoras y juegos de fútbol, de clubs de ciencias y de ajedrez, de fiestas de fin de curso, de cambios entre clase y clase y de, sobre todo, 32 canales de televisión en un tiempo en el que en España existían sólo 2. Esto último, junto con la extensa cultura musical del escritor, será el leit-motiv de la novela, que se va desarrollando sin más incidentes que el transcurso del curso escolar.

Quizás lo más acertado de la novela sea la capacidad de Colubi, o del protagonista, para ser feliz. No es en absoluto un chico traumado, y se comporta como un adolescente normal, que intenta, ante todo, pasar el curso sin matarse demasiado, y se acuerda de su familia muy ocasionalmente. Es, sobre todo, una novela evocadora, puesto que el lector ya no podrá ir a EEUU a estudiar COU, claro, y sobre todo, no quedará admirado ante tanta variedad de canales al habernos igualado, al menos, en eso. Hay que leer el libro con ojos de adolescente, y con adolescente de esa época, y sobre todo, con ojos de adolescente español, que asiste con un bastante de bochorno a la ceremonia de graduación, y con más vergüenza al baile de fin de curso, capaz de ser el único que se da cuenta de lo aburridísimo que es, y sobre todo, del gran negocio que se han montado los estadounidenses con ese día.

Aunque irreverente en muchos aspectos, creo que “California 83” sería el más claro exponente de lo que hace la represión. Todos los viernes, “Pipi” (como le llaman en el libro) y sus amigos acaban borrachos, cercanos al coma etílico, en un país en el que la prohibición de beber alcanza hasta los 21 años. La mayor parte de los capítulos están dedicados a las artimañas para emborracharse, a la obligación de beberse, muchas veces, el alcohol en un tiempo récord. A la obsesión por beber que le embarga a su protagonista precisamente porque no puede hacerlo. Creo fehacientemente que se debería hacer leer este libro a todos aquellos que abominan del botellón. Les daría qué pensar.

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