La triste historia de Gaspar Vespertino

Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.

¡Gaspar, hijo, tráeme dos botellas de vino de la bodega!, chillaba Maruja desde la cocina.

El niño salió saltando de dos en dos la escalera que daba al sótano y cogió las botellas que le había pedido su madre. A toda prisa, con una botella debajo de cada brazo, el chaval comenzó a subir la empinada escalera ; cuando ya estaba a punto de pisar el último peldaño una de las botellas se escurrió y Gaspar quiso cogerla antes de que cayera al suelo y se rompiera, al agacharse perdió el equilibrio y niño y botellas rodaron escalera abajo. Mientras caía, Gaspar se asía al cuello de la botella que llevaba en la mano y durante los siete peldaños que duró el vertiginoso descenso logró mantener firmemente agarrada la garrafa, pero la otra, dando vueltas en el aire llegó al sótano mucho más rápido y se hizo añicos al pie de la escalera, formado una tupida alfombra de afiladas cuchillas de vidrio, don el pequeño aterrizó produciéndose enormes y profundos cortes. La madre, alarmada por el estrépito de la caída, acudió presurosa y se encontró con la dantesca escena de vidrios, sangre y gemidos que allí se estaba produciendo.

Ya en el hospital, el médico explicó a Maruja que si bien no peligraba la vida del pequeño, había sido necesario amputarle su brazo izquierdo, pues eran tantas y tan profundas las heridas que nada se había podido hacer para salvar el miembro de la criatura.

Así comenzó el precoz desmembramiento de Gaspar Vespertino y así se inició una azarosa vida salpicada de accidentes que hicieron de la vida del muchacho una traumática y cercenada carrera hacia una existencia profundamente marcada por lo imprevisible.

Gaspar, consciente de sus limitaciones físicas debido a su pérdida, siempre mantuvo una actitud positiva ante la vida y su minusvalía le hizo convertirse en alguien al que las dificultades, no sólo le animaban a seguir adelante sino que le obligaban a buscar casi la perfección en todas las tareas que iniciaba.

El tiempo que los demás niños lo dedicaban a juegos, Gaspar lo aprovechaba en el estudio y entrenamiento de habilidades manuales, para que su única mano pudiera desarrollar cualquier tarea con perfección y rapidez y poder conseguir algún trabajo con el que ganarse la vida en el futuro.

Mientras los niños acudían ala colegio del barrio, él se formaba en un centro especial para disminuidos físicos, donde le enseñaban lo fundamental de los oficios. Así en unos pocos años logró dominar varias tareas que le sirvieron para ganarse la vida con dignidad y holgura económica.

A medida que pasaba el tiempo Gaspar iba necesitando otras cosas que no fueran el trabajo y el dinero, por lo que decidió que debía adquirir otra formación que la meramente práctica y así colmar sus anhelos de aprender otras materias. Comenzó a estudiar Historia, Filosofía, Literatura, Arte, etc.…, materias estas que le convirtieron en un ilustrado y en pocos años se sintió satisfecho con su vida. Pero si la solidez económica y la amplitud de conocimientos le hacían sentirse seguro, sentía que debía contraer otros compromisos con la sociedad y se dedicó a participar en asociaciones vecinales, gremiales, deportivas y políticas, alcanzando en poco tiempo tal grado de influencia que se convirtió en un destacado pilar de la sociedad.

Pero la vida es dura y bien se sabe que quien destaca es objetivo de envidias y odios ocultos, de tal manera que nunca se puede ni estar seguro ni tranquilo de lo que tenemos o hacemos, pues siempre hay alguien que quiere destruir nuestra labor, aunque no sirva para nada esa destrucción rotura Así pues a Gaspar Vespertino le salieron muchos y peligrosos competidores, enemigos más o menos poderosos que no cejaban en su empeño de desbancar al manco de su posición en la sociedad.

Un mañana, cuando Gaspar salía de su domicilio, una bomba colocada en su coche hizo explosión y, aunque no consiguió el propósito para al que había sido fabricada, dejó al pobre hombre casi destrozado. Gaspar perdió una pierna y el brazo que le quedaba. Tras varios meses de estancia en el hospital fue dado de alta y se reincorporó a sus tareas cotidianas. Aunque apenas podía valerse por sí mismo, su valentía ante la vida impidió que se rindiera ante las adversidades y prosiguió su labor política con mayor intensidad. Además su prestigio aumentó tras el atentado.

Pero si una vez no había sido suficiente una segunda intentona sí que acabaría con el luchador y sus enemigos planearon y ejecutaron un segundo atentado. El intento de asesinato se hizo sin contemplación alguna y fue tal la violencia, crueldad y eficacia con la que se llevó a cabo que no sólo Gaspar sufrió las consecuencias, sino que también sus colaboradores más cercanos fueron víctimas de la barbarie. Todos, menos Gaspar, perecieron en el ataque.

Gaspar, además de perder a todos sus asociados, perdió la pierna que le quedaba, los ojos y sufrió otras lesiones que le hicieron perder el habla y la razón. El hombre, evidentemente, ya no era aquel portento de lucha y pundonor, se había convertido en un ser que vegetaba en la cama y que necesitaba un infinidad de atenciones, por lo que era más un estorbo que otra cosa y, al haber perdido a sus correligionarios, su actuales compañeros de política pretendían ocupar el puesto de poder de la víctima. Así pues la vida de Gaspar se había convertido en un estorbo político y en un engorroso y caro problema humano ya que era tan cara su asistencia que quienes debían prestársela la escatimaban.

Tras varios meses de atenciones médicas Gaspar, postrado en su cama vivía sus pocos momentos de lucidez con una angustia terrible al verse inerte a merced de sus cuidadores. Solamente deseaba que todo acabara, que su vida se truncara y poder descansar de su martirio. Sus días eran eternos, oscuros. Fortísimos dolores le anulaban su ya quebrada voluntad y su existencia era un infierno.

Una mañana el enfermero se asombró al no ver en su cama a Gaspar. Nadie podía haber entrado en la habitación sin ser visto y ahora el enfermo se encontraba colgado por el cuello de una viga del techo.

Tras unas horas de espera, el comisario encargado de la investigación con voz ronca y espera dijo a su subordinado:

—Martínez, he aquí un clarísimo caso de suicidio. Estos políticos son capaces de cualquier cosa para llamar la atención cuando pierden el poder.

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About Carlos Trenor

Nací en Barres, Asturias, municipio de Castropol, cuando ir a Oviedo era un acontecimiento increíble y se escuchaba la radio para enterarse un poquito de las cosas que ocurrían. Me encanta escribir, contar historias absurdas y reírme con ellas. Cada día disfruto más y estoy aprendiendo que hay muchos puntos de vista para una misma acción.

8 thoughts on “La triste historia de Gaspar Vespertino

  1. desde luego muy tuyo…esa cabecita debería escribir novelas de terror, se te darían de lujo!

  2. velasco
    Publicado 26 26Europe/Madrid Enero 26Europe/Madrid 2010 a 10:53

    Esta situación clama venganza.
    ¿Hago que parezca un accidente?
    Me parece, Velasco, que eres más malo que el autor.:)