Tú siempre quisiste ser diferente.
Desde el nacimiento un “enfant” fatal,
siempre pisando cerca del final
y siempre enfrentado a lo conveniente.
Con quince años eras irreverente
probando la autoridad paternal,
simple reflejo de lo audiovisual,
otro rebelde más, otro inconsciente.
Viniste a aquel Madrid de los ochenta,
que para ti duró más de diez años.
Y el punto final lo puso una aguja.
Y terminaste siendo una osamenta
que apenas llegó a cumplir cincuenta años.
Antonio Vega, el eterno granuja.