Bárbara

Bárbara parece un árbol que se mece
al compás de algún “merenguito”,
gentileza del pinchadiscos de la casa.

Luces amarillas, chispas de ritmo
que palpitan en un trance casi místico.

Mente, ritmo, mente, ritmo
os brazos, ramas desbocadas, se agitan
con la pulsiones de la salsa.

Ritmo, ritmo, rima, ritmo.

El corazón se derrama entre las venas.

!Pin¡, !pan¡, !pin¡, ¡pan!

¡Piernas quietas !

¡Pin! ¡pan!, ¡pin!, ¡pan!

¡Ya no hay músculos!
¡que hablen las caderas!

¡Piernas quietas!

Bárbara ya no baila,
está fundida con el viento…

¿o es sólo música? No lo sé.

Quizás me equivoco

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