Jamás vi un día tan hermoso y tan cruel. La lluvia repiqueteó contra mis oídos hasta despertarme. Tarde unos minutos en abrir los ojos, no quería moverme, me sentía en un mar de nubes, mi cuerpo se acurrucaba entre las sábanas envuelto por una extraña ingravidez de suavidad infinita. En un primer vistazo, reconocí las sábanas que había puesto mi madre el viernes anterior, de fondo blanco decorado con florecillas rosas y verdes, a juego con la habitación, siempre las había detestado, pero en ese momento me parecieron las más bonitas que había tenido nunca. Temía darme la vuelta. Sabía que le encontraría ahí, tumbado a mi izquierda, pero no me atrevía a mirar, no sabía qué hacer si me cruzaba con su mirada, por un segundo creí que esa pequeña sensación de angustia iba a convertirse en un huracán dentro de mí , entonces giré la cabeza y descubrí su espalda desnuda apenas a unos centímetros de mí. El corazón me latía tan fuerte que parecía que estaba apunto de huir de mi pecho al galope . Giré de nuevo la cabeza y en un impulso de absurda vergüenza traté de ocultar mi desnudez. Me reí en silencio de mi misma. Por supuesto, había fantaseado mil veces sobre cómo sería o con quién, pero nunca me había imaginado a la mañana siguiente escondida bajo unas sábanas elegidas por una niña de diez años preguntándome si podía levantarme para ir al cuarto de baño o debía aguantar por si acaso se despertaba. En aquel momento mi mirada se posó en los dos montones de ropa a los pies de la cama, recordé sus manos nerviosas trasteando con mi vestido, el tacto de la yema de sus dedos explorando con mimo y perplejidad los primeros palmos de piel a su alcance, aún podía sentir el cosquilleo… De pronto sentí la necesidad de volver a colarme entre sus brazos para que me abrazase, me besase y volviese a susurrarme al oído lo mucho que me quería. Me acerqué lentamente a él mientras pensaba en la manera más dulce de despertarle. El roce de mis labios con su mejilla helada erizó todos y cada uno de los vellos de mi cuerpo. Le toqué el brazo. Helado. Asustada le di la vuelta y lo puse boca arriba como pude, su cuerpo era una masa completamente rígida, tenía los ojos cerrados, los labios amoratados dibujando una media sonrisa terrorífica, inerte… Tan hermoso y tan cruel.
Último número
El taller en Internet
Cuentos y reencuentros
Comentarios recientes
- juan luis en Ese gallo que canta…
- Carmen de Gijon en Ese gallo que canta…
- Rastrillo en Ese gallo que canta…
- PiN Quintana en El silenciu – El silencio
- PiN Quintana en El silenciu – El silencio
Hemeroteca
En twitter...
- ya se ha abierto el plazo para enviar textos al nuevo número, el décimo, de la revista del taller. ¡Participa! 2010-04-19
- desde ahora, también estamos en twitter. 2010-03-22
- More updates...
