A ciegas

Ficha Técnica: (Blindness) dirigida por Fernando Meirelles y protagonizada por Julianne Moore, Mark Ruffalo, Danny Glover, Alice Braga, Gael García Bernal; basada en “Ensayo sobre la ceguera”, de José Saramago.

Cuando los escritores, a principios del siglo XX, comenzaron a percatarse de que lo que se traían entre manos era algo importante, tan importante que era digno de estudiar, admirar, y sobre todo ser teorizado, surgieron numerosas escuelas de Crítica Literaria. Se intentaba buscar la obra perfecta y para ello se diseccionaban las anteriores: qué habían hecho bien, qué tenían en común, qué nexo habitaba por debajo de ellas para que historias tan diferentes fueran consideradas Obras Maestras.
Como los movimientos fueron tantos no los vamos a resumir aquí, pero sí uno de sus axiomas, uno de los Principios que todas las escuelas, ya desde la lejana Grecia, consideraban imbatible para que la obra funcionara: la coherencia. La verosimilitud.
Y no, no hablamos de realismo. Una obra podía tener un elemento fantástico, sólo habría que aceptarlo. Pero los personajes, ante ese hecho, se han de comportar de un modo congruente y real. Nos creemos que Medea asesine a sus propios hijos porque nos han transcurrido su personaje de tal modo que a su evolución no le queda otra opción para seguir. Nos da igual que lo que utilice para ello sea un pastel mágico o una pistola. Ése será el elemento fantástico que se soslayará.
Así, el que una epidemia de ceguera a la que no se le encuentran las causas asole el Planeta es creíble para el espectador. Está preparado para ello, admite ese elemento fantástico y está dispuesto a teorizar sobre él. Lo que no admite es la falta de credibilidad de sus personajes. Es absurdo que, desde el primer fotograma, los protagonistas, sin excepción, se comporten del modo contrario a lo que cualquiera haría si se ha quedado ciego de repente. No es serio que pidan ir a descansar a casa en lugar de acudir aterrados a un Hospital; que el Estado decida encerrarles, sin médicos, en un sanatorio y les “castigue” con poca comida; o que un montón de soldados estén dispuestos a dispararles cuando simplemente piden hablar con ellos en la distancia. Entendemos que son elementos trágicos y efectivos para crear un drama (la desolación y soledad de los invidentes; la maldad de unos frente a la bondad de otros; el orden de los líderes y el desconcierto que siembran los marginados), pero el autor (y no sé a quién de los dos, si al director o al escritor, echarle la culpa) ha hecho trampa. No se puede crear un clima desde un inicio no válido. No se puede hablar de una historia llena de mentiras.
Aún así, la película tiene aciertos. Las imágenes son poderosísimas. Dividida en tres partes por la luz que desprende cada una de ellas, logra, en los últimos minutos, una pequeña maravilla: que la visión que recupera uno de los ciegos sea, también, nuestra visión recuperada. Lástima de desperdicio. Quizás hubiera funcionado mejor si en lugar de ciego el largometraje hubiera sido mudo.

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