El sendero hoy está más triste. La bruma cubre el hayedo haciéndolo funesto e irreconocible; sombras alargadas con matices vaporosos hacen de él un lugar idóneo para que la imaginación fluya ilusoria en un universo de fantasías. El mundo que se reúne a su alrededor cae en la melancolía de una tiniebla vaga y asustadiza. Pero la vida debe continuar y Ramón ya está acostumbrado a sentir estos pedazos de naturaleza. Sabe que en el mes de junio son normales y que pronto la niebla partirá hacia otro destino, hacia otro territorio cediendo el lugar al sol que hará que todo despierte de su particular letargo; haciendo que la vida renazca en chisporroteantes augurios de esperanza, de alegría.