Puertas que se atascan para siempre

Bárbara siempre había sido una chica insatisfecha. A su mundo le faltaba algo, pero ella nunca supo el qué. Tenía accesos de mal humor con frecuencia, regañinas terribles con la gente que amaba y reproches constantes a sus amigos más íntimos. Más tarde se arrepentía, y volvía a ser una persona encantadora, pero creció y llegó a su época de juventud con la sensación de que el planeta le debía algo.

Era guapa, y la mayor parte del tiempo bastante simpática, pero ante todo tenía encanto, lo que hacía que un enjambre de personas la rodeara con frecuencia. Ella lo apartaba de un manotazo, porque no era eso lo que buscaba. No sabía lo que quería, sólo que no estaba allí, en Valencia, y se temía que tampoco en ningún lado.

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