Las noticias de las once

Como siempre Julio, Fernando y yo habíamos quedado en “El Rosal” y allí, entre vinos, arreglábamos todos los problemas del país. Pero aquel día era especial pues José Manuel nos había dicho que pasaría por allí con un amigo de Madrid, que nos ayudaría y pondría medios para arreglar aquella situación tan caótica que estaba viviendo el país.

Cuando ya creíamos que no vendrían aparecieron por la puerta y José Manuel nos presentó. Se llamaba Federico y ya sentí que de aquel hombre de aspecto ingenuo y tímido emanaba una rara energía; de estatura media, bastante delgado, nada había en él distinto a otros muchos. Su aspecto era vulgar, tal vez lo único que pudiera llamar un poco la atención eran los ojos, bueno no exactamente los ojos sino algo en ellos, ni la mirada ni la expresión; no sé qué, pero tenía un atisbo especial. Nos explicó lo importante que era el hecho de que en Madrid se hubieran fijado en nosotros y que esperaba que no le defraudáramos.

Comments are closed.