Jacinta

Ese martes, Arcadio Pérez Rodríguez se permitió levantarse un poco más tarde. No debía ir a trabajar ya que el jefe de la Consejería en la que trabajaba desde hacia tanto tiempo…. –¡desde que acabó Preu!– les había dado la posibilidad de cogerse dos días libres. Eligio Martes y Miércoles Santo. Sabía que a su madre le haría ilusión que fuera a ayudar a Don Ramón en la iglesia, y además, la acompañaría a las Procesiones de Semana Santa. Se vistió con el traje negro que tanto le gustaba, le hacia parecer mas alto de ese metro sesenta y dos centímetros que medía. Se permitiría ir sin corbata, pensó mientras le iba llegando el olor a chocolate y tostadas que le preparaba su madre los domingos.

La noche anterior había recibido una llamada de teléfono que le había dejado extrañamente nervioso: Jacinta, su única novia y empleada de la mercería que regentó su madre hasta que cerró, le llamaba después de… años de no saber nada de ella, quería verle ¿Por qué? pensó. Un lunes Jacinta no llegó a trabajar a la mercería y nunca supo nada de ella.

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