Abrí la ventana y la mosca fue a posarse directamente sobre el borde de la taza de café. Después de unos segundos, comenzó a frotarse las patitas, y ha revolotear incansablemente por la sala como si estuviera decidida a no salir, aunque afuera, el sol había reaparecido después de varios días de lluvia. En otras circunstancias, hubiera salido a pasear hasta la playa, muy temprano, pero no hacía mucho que había sepultado a Luis. También ese día salió el sol, no me moví de su lado, hasta que cayó la tarde y regresé a casa sin mi único hijo. Entonces entré a su habitación, recogí algunos libros que estaban sobre su mesa de noche y los coloqué en la biblioteca de la sala. Luego lloré, porque Luis había amado esa biblioteca y jamás volvería a verlo llegando a casa con un libro. Yo no he podido leer desde entonces, a pesar que he estado en casa desde que él se fuera. Me he limitado a estarme sentada en el sofá mirando la lluvia caer incesantemente, hasta que vi la mosca pegada en la ventana.
Rápidamente la mosca ha alcanzado el cielo raso y revolotea alegremente haciendo pequeños rizos en el aire. Parece un animalito muy vivaz. Pocas veces he visto una mosca con tanta atención. Tal vez la mosca presagia que el invierno está pronto a terminar o simplemente soy yo que quiere encontrar algún significado a las cosas y creo que la mosca me trae un mensaje de algún lugar que ha quedado fuera de mi vista. No es raro que una mosca entre a nuestras casas invierno. Ni que pasen todo el día dando vueltas alrededor nuestro como si esperaran algo de nosotros. He aquí, que ella viene directamente hacia mí. Al cabo de unos segundos, vuelve a posarse sobre mi taza de café. Parece esperar algún mal pensamiento. Levanta su pequeño lomo y yo dejo caer sobre ella un vaso, antes que pueda volar. En un primer instante parece desconcertada atrapada en su inesperada jaula de cristal.
Las moscas tienen poco tiempo de vida. Ésta parece muy fuerte y vivaz. Por momentos deja de volar pero vuelve a intentarlo, remontando el vuelo. Pienso que no quiere morir y cuando se queda quieta es como si el alma se le fuera a escapar y ella lo evitara volando a duras penas, porfiada en no morir. Quizá la muerte es cuestión de dejarse morir y no sentir más el dolor. Éste no es el caso de ésta pobre mosca, que acaba de morir ahogada por mi culpa y tiene las patitas tiesas hacia arriba. Su fin ha llegado demasiado pronto, a pesar de su gran fuerza, no vuelve a levantarse y a mí me parece que en cualquier momento podría renacer y salir por esa ventana donde la espera el cielo amarillo, los árboles sin hojas y este sol de invierno que no me calienta.
Creo que has acertado con este texto. La idea de como todos en algún momento, especialmente triste, miramos a una mosca mientras nos preguntamos sobre nuestra vida es tan humana que nos acerca al personaje. (Yo suprimiría alguna de las veces que escribes “mosca” sobre todo en el segundo párrafo).
Gracias por tus comentarios LLagos. Necesitaba reflexionar sobre ese momento tan cercano, justamente el 16 de Febrero mi padre cumplía un mes de fallecido.