Sol invernal

Se encendió poco a poco para no despertar a los oseznos. Entre sus tonalidades destacaban el humo, el ladrillo, el musgo y el arroyo. Los ojillos somnolientos tardaron en abrirse: estaba teniendo un sueño tan agradable… Sus párpados se deslizaron perezosamente por el umbral del día, y recorrió los tejados y las copas de los árboles con sus rayitos trémulos, disolviendo sus pijamas de nieve. Bostezó con suavidad sobre el bosque en silencio, mientras algunos grillos empezaban a salir de sus cuevas para desayunar y las hormigas iniciaban su jornada. Conversó en voz muy baja con las gruesas capas de escarcha que adornaban veredas y caminos, para ir diluyendo los adverbios de tiempo que se habían solidificado en el transcurso de la gélida noche. Desnudó a las acequias de sus tules transparentes, y engalanó los prados con las primeras flores que se fueron abriendo al contacto con su aliento luminoso. Se hizo una infusión de menta y repartió su calor entre las nubes, que se fueron diseminando en ráfagas azules hasta desaparecer. El valle se tornó multicolor, y al fin la noche se recostó en su oscuro camastro hasta el turno siguiente.

2 thoughts on “Sol invernal

  1. Me gustan tus comparaciones “tules transparentes”… No me gusta lo de rayitos, ojillos (cosas mías odio los diminutivos), a mi me cortan el ritmo. La descripción del bosque es bárbara.