Luz que ciega

Nunca se le había ocurrido comparar ese sol de invierno —que se cuela sin ganas por entre las nubes y casi nunca consigue ser cálido— con su situación personal en el amor. Tenía prisa por crecer y, ávida de sol, no supo distinguir el invierno del verano. Ella, siempre fiel a la buena educación, se lanzó a la aventura y derribó murallas de razones, se olvidó de las buenas maneras y arremetió contra el mundo, hiriendo hasta su propia vida sin titubear ni dejarse abatir por el más leve matiz de arrepentimiento.

Sus vanos y continuos esfuerzos por transmitir alegrías ficticias, sólo fueron acogidos por cargados silencios domésticos. Su repentina aversión a la verdad hacía peligrosamente delicado cualquier intento de locuaz razonamiento.

Aparentemente, el cielo le mostraba un cálido paisaje y ella se dejaba seducir por esa luz cegadora que la momificaba, alejándola del resto de la humanidad pero que, más temprano que tarde, causaría una pulmonía a su estabilidad emocional.

Confiada, se dejó deslumbrar y dijo adiós a su adolescencia, respondiendo con una indiferencia cruel ante las advertencias de un entorno que, a su vez, se vio obligado a sucumbir con una desaprobación resignada.

Sorda y ciega por convicción, su metamorfosis fue brutal; en muy poco tiempo transformó una dulzura extrema, en una furia amenazadora que buscaba continuamente un blanco donde apuntar con gestos ilustrativos y dardos envenenados.

Sin ver barreras y segura de que todos se equivocaban otorgándole una dimensión insólita a cualquiera de sus actos, siguió inmersa en unos sueños irreales y se dejó arrastrar hacia el abismo renunciando absolutamente a todo, a cambio de un turbulento espejismo. En el fondo era consciente de que estaba haciendo de su vida una camisa de fuerza con la que no iba a poder moverse, pero… —su sol de invierno— la seguía cegando y ella misma, se negaba el derecho al aprendizaje de estar viva.

This entry was posted in #04 - Reinvención by Pily. Bookmark the permalink.

About Pily

Pily Vázquez Suárez. Natural de Mieres, Asturias. Se considera una aprendiz incesante, rodeada de excelentes personas que le regalan de forma altruista las lecciones necesarias para seguir adelante con esta afición literaria.

2 thoughts on “Luz que ciega

  1. Esta frase es muy buena “Tenía prisa por crecer y, ávida de sol, no supo distinguir el invierno del verano”. Resume muy bien la idea del texto. El uso que haces del adjetivo locuaz me confunde.

  2. Gracias por tus comentarios, Llagos. A veces cuando uno conoce las historias de cerca se olvida de que las cosas que nos resultan obvias, en realidad no lo son tanto para los demás.
    Lo que yo quería decir es que —por mucho que se le explicasen los inconvenientes— ella seguiría desoyendo las explicaciones de quienes realmente sabían de lo que hablaban, y además de forma automática, les convertiría en sus enemigos.