Quién me iba a decir a mí que a estas alturas de mi vida iba a estar delante de un espejo pintándome el ojo más emocionada que una quinceañera en su primera cita. Y es que a mis años una no espera ligar, o por lo menos no con un jovencito, bueno, tampoco es que me haya convertido de la noche a la mañana en una asalta cunas, no, no eso, lo que pasa es que el pimpollo con el que voy a salir a cenar peina unos cuantos años menos que yo, y eso, quieras que no, da que pensar…
Mi hija ha puesto el grito en el cielo y mi amiga Margarita también, pero me da igual, después de diez años guardando luto por un marido que no encontró mejor lugar donde morirse que la cama de una alumna aventajada del último curso de doctorado, creo que ya es hora de que a mí también me dé un poco el sol. Sí, no lo voy a negar, lo más seguro es que ellas tengan razón y que esto no sea más que sol de invierno, pero… quién quiere más, de invierno o no, en cualquier caso, sol.

Muy bueno. Mira a dónde te llevó la imaginación con la frase “sol de invierno”… Me ha gustado.
Breve y nuy bueno. Rápido y creible.
La imaginación ya sabes como es de traidora… te hace ver molinos donde sólo hay gigantes, o viceversa… Gracias Celia.
Gracias Llagos,
Lo bueno si breve… Ya sabéis lo que se dice