Crítica: Un lugar llamado nada

Ficha Técnica 2005, Amy Tan, Ediciones Booket. Tít. orig: Saving Fish from Drowning.

La última novela de Amy Tan, a pesar de desarrollarse casi por completo en Birmania, es su novela más norteamericana. Con protagonistas estadounidenses de pasado mayoritariamente estadounidense, el choque de culturas dentro de una misma familia tan presente en sus novelas, se limita, aquí, al enfrentamiento cultural entre un grupo de turistas desaparecidos en un lugar desconocido.

Amy Tan es una escritora mayoritariamente femenina (si entendemos por femenino que sus protagonistas sean mujeres, y la relación que existe entre ellas), con el curioso don de mezclar historias o contar historias dentro de historias. El éxito de “El club de la buena estrella” le vino, sobre todo, por esa distribución curiosa: cada capítulo era una historia de una mujer. Primero, las madres chinas en Norteamérica. Luego, las hijas norteamericanas con sus madres chinas. Más tarde, las madres chinas en China, para cerrar el círculo con sus hijas en su país. No era una novela al uso porque no existía un leit motiv, pero con los años depuraría el estilo y en “Los cien sentidos secretos” (probablemente su mejor obra) tejería hábilmente la historia china con la historia norteamericana, de un modo más sutil que una simple separación por capítulos.

En “Un lugar llamado Nada”, pues, nos encontramos con varios cambios: hay una historia, no dos o cinco, sino simplemente una. No ha necesitado esa separación porque sus dos mundos se han juntado. No hay problemas familiares porque no existe tal familia. Y no hay un protagonista claro, sino 12.

¿Ha ganado la escritura de Amy Tan con el cambio? Sinceramente no. El secreto de su estilo estribaba en ese salto de una cultura a otra, salto aquí que hemos perdido. También en su sensibilidad a la hora de meterse en el corazón de sus protagonistas. En “Un lugar llamado Nada” hay demasiados como para seguirlos tan adentro, así que se limita a dar cuatro rasgos (acertados, eso sí) y a que desarrollen su personalidad dentro de la trama.

Da la impresión de que Tan no escribió algo que le perteneciera. Basó todo en una historia leída por casualidad en un periódico, de la que investigó y sacó este libro. Falta, pues, la imaginación de la autora, y también su implicación y su corazón. Aunque quiere a sus personajes (hay que reconocerle que consigue la difícil obra de que todos acaban cayéndote bien), no se emociona con ellos, no se implica. Tiene el distanciamiento propio de un chino ante algo que no entiende.

Sus novelas, siempre moviéndose entre un sentido hipertrágico pero también cómico, se decantan de un modo descarado por este último, en el que todo acaba pareciendo una parodia de la imagen que se tiene de China en Norteamérica.

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