Crítica: La clase

Ficha técnica: “Entre les murs” (Francia, 2008). Dirección: Laurent Cantent. Interprétes: François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja Rachedi, Juliette Demaille. Guión: François Bégaudeau.

Perteneciente al tipo de película “documentalizada”, hija del movimiento Dogma, llena de cámaras en mano, temblores, y excesos de realidad, aunque “La Clase” pueda parecer en un primer momento una sucesión de horas de clase sin hilo conductor, en las que prima el diálogo veraz y las “actuaciones” que no lo son tanto, como si hubieran metido una cámara oculta en las lecciones, no nos dejemos engañar por las apariencias. “La Clase” está meditada y estudiada, y bajo su aparente irreflexión contiene un guión cargado de intenciones. Protagonizada por el profesor y los alumnos reales de la historia de verdad (escrita en una irregular novela por el mismo profesor), la película es eso, una película, en la que los actores juegan a ser ellos, pero no por eso han dejado de actuar. Su título original revela de un modo acertado el leit motiv del largometraje: lo que ocurre dentro de las paredes del instituto. La cámara nunca sale de ahí, y lo que nos ofrece es un curso escolar, aunque nos lo explican de un modo sutil: no nos ofrecen una fiesta de Navidad para indicarnos que ya están en diciembre, así como tampoco nadie habla de lo que van a hacer en vacaciones. Por un mini diálogo conocemos que el curso ha empezado, así como adivinamos el final de la película cuando a los chicos les dan las notas. En todo ese trayecto nos han dado una semblanza de los alumnos, pero es la misma semblanza que tiene un profesor: lo que ocurre dentro de las aulas. No es ésta una de esas películas en las que el profesor va a casa de sus alumnos, se entera de un hecho terrible de su vida, le perdona y se redimen. Aquí la concepción es más veraz: el profesor sabe de sus alumnos por lo que ve en clase, por lo que discute con otros profesores, por lo que le dicen otros compañeros, y por lo que vislumbra de su vida en las reuniones con sus padres. Y poco más puede hacer. Por el contrario, la vida del profesor queda todavía más desdibujada (de hecho, su nombre se nos dice un par de veces y de un modo casual), y quizás en eso estribe el mayor acierto de la película, pues es así como los alumnos ven a sus profesores, con esa falta de interés tan propia de la adolescencia, con esa deshumanización de la autoridad por la que todos, a los trece años, hemos pasado alguna vez.

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