Siete de la mañana como todos los días, subo la persiana esperando ver un rayo de luz que asome en ese cielo oscuro y plomizo que me lleva acompañando desde hace meses.
El otoño este año fue madrugador pero más fue el invierno que no le dejo casi mostrarme su amalgama de colores de esta Asturias intensa con sus bosques repletos de sendas acolchadas por las hojas secas y en las que te dejas abrazar por sus helechos.
Ni siquiera me dejó percibir el grato aroma de los eucaliptos en otoño.
Más aún sabiendo que no va a ser me vuelvo a asomar a la ventana, todo sigue igual.
Una última mirada arrancada como un impulso ilógico y allí en el cielo entre las nubes un claro lucha por asomar como un valiente soldado en la batalla.
Tras él un pequeño rayo de sol, ese sol de invierno que hace que mis labios le concedan una sonrisa.
En la calle la melodía de un viejo bandoneón, interpretada seguramente por alguien que a cambio de unas pocas monedas consigue que siempre la nostalgia me estremezca.
Ya ves,
el día no amanece,
Polaco Goyeneche,
cántame un tango más.
Ya ves,
la noche se hace larga,
tu vida tiene un karma,
cantar, siempre cantar…
Tu voz,
que al tango lo emociona
diciendo el punto y coma
que nadie le cantó.
Canta
garganta con arena,
tu voz tiene la pena
que Malena no cantó…
Canta,
la gente está aplaudiendo,
y aunque te estés muriendo
no conocen tu dolor.
Canta,
que Troilo desde el cielo,
debajo de tu almohada
un verso te dejó.
Cantor,
de un tango algo insolente,
hiciste que a la gente
le duela tu dolor.
Cantor,
de un tango equilibrista,
más que cantor artista,
con vicios de cantor.
Ya ves,
a mí y a Buenos Aires
nos falta siempre el aire
cuando no esta tu voz.
A vos,
que tanto me enseñaste,
el día que cantaste
conmigo una canción.
(Garganta con arena. Cacho Castaña)
El sonido inoportuno del teléfono hace desvanecer ese instante.
—Descansó, dejo de sufrir.
La tristeza se apodera de mí, y no puedo más que asomarme de nuevo a la ventana, cuando las lagrimas recorren mi rostro y siento un gran dolor en el alma miro de nuevo al cielo.
Otra vez oscuridad, sus puertas se han cerrado.
Es un texto bastante complejo (en el buen sentido). Es difícil de leer. El segundo fragmento me resulta largo sin ninguna pausa intermedia.