Bio
Nacida en Valencia, hija de padres vizcaínos, y licenciada en Filología y Periodismo por la Universidad de Madrid, ha sido guionista (“Sobreviviré”; “I love you baby”), jefe de prensa (Sony), responsable de comunicación (Fnac Callao), editora (Astarté) y profesora de escritura de guión (Universidad de Aberdeen, Escocia, donde la investirían Doctora Honoris Causa).
Aunque ya había publicado una biografía, “La historia de Kurt y Courtney: aguanta esto”, se considera su primera novela “Amor, curiosidad, prozac y dudas”. La segunda, “Beatriz y los cuerpos celestes”, ganaría el Nadal en 1997. Después de “Nosotras que no somos como las demás”, abriría un paréntesis ensayístico (“En brazos de la mujer fetiche”) que terminaría en el 2001, con la publicación de “De todo lo visible y lo invisible”, ganadora del Premio Primavera. El Premio Planeta le llegaría en el año 2004 gracias a “Un milagro en equilibrio”.
En primavera de 2007 ha publicado “Cosmofobia”.
Qué siente al pasar una página de su último libro impreso al tiempo que la vida no da tregua.
Le he dado muchas vueltas a cómo contestar esta pregunta. Cuando me dieron las primeras copias impresas de “Amor, curiosidad, prozac y dudas” es cierto que sentí una emoción tremenda, pero ahora ya me he acostumbrado. No te digo que no me haga ilusión ver copias impresas de mis libros, pero no se me sale el corazón ni nada de eso.
¿Las paredes de su casa han dejado de ser rebeldes o su corazón sigue haciendo graffitis?
En las paredes de mi casa hay dibujos de mi hija. Mejores que los de Schnabel. Y no es pasión de madre.
¿Cree usted que Internet es una vía fiable para la publicación de un libro?
Sí, creo que podría serlo. De hecho, hay muchos clásicos publicados en Internet. Hace poco encontré “La Condesa de Langeais” de Balzac por Internet. En librerías no lo he encontrado nunca. También encontré en Internet la obra completa de Laura Riding, que es dificilísima de encontrar.
A lo largo de su fructífera carrera habrá conocido a muchas personas interesantes y a otras que desearía no haber conocido nunca. ¿Puede nombrar a una de cada parte sin ruborizarse?
Interesantes: Ana María Matute, Catherine Deneuve, James Brown ( a éste lo conocí antes de empezar carrera ninguna con 20 años) , Charlie Haden, Yasir Arafat… La verdad es que podía hacer una lista enorme. Las nombres de las personas a las que desearía no haber conocido no te dirían nada, puesto que no son famosas.
Lucía, tanto usted como Zadie Smith son de mis escritoras favoritas, y últimamente he encontrado similitudes entre las obras de ambas, al menos en la descripción de sus personajes, en los pensamientos íntimos de las protagonistas… ¿Se lo había comentado alguien alguna vez, o es simplemente deseo personal mío?(A propósito, he leído sus predicciones para 2008, enhorabuena por el acierto con Nadal y Wimbledon; espero que se haya sacado el carnet de conducir…)
Es un honor que me compares con Zadie Smith, porque me gusta mucho, y sí, es la primera vez que me lo dicen. Me voy a comprar una bola de cristal y unas cuantas velas negras para dedicarme a hacer de bruja de forma profesional. Y no, un año, cien clases, cuatro exámenes y 3.000 euros más tarde no he conseguido sacarme el carnet.
¿Cómo consigue definir con tanta precisión a sus personajes? ¿Vive intensamente la vida de todos ellos?
Sigo el método Stanislawski. Me concentro en lo que vive el personaje e intento captar sus sentimientos. Los estudio con todo el cuidado posible y los describo lo más precisa, completa y vivamente que puedo. Cuando escribo, mi principal preocupación es la de identificarme con mi personaje, aunque sea un hombre, o una mujer mayor o más joven que yo, o de una clase social diferente. Intento buscar en mi propia experiencia elementos semejantes a los que ocuparían la visión interior del personaje. También me documento muchísimo, hasta la exageración. Por otra parte, jamás me invento las cosas. Todo lo que cuento halla un correlato en la realidad, pero no necesariamente me ha pasado a mí.
Como curiosidad soy una Amanda de 17 años, llamada así por “Te recuerdo Amanda” de Víctor Jara, porque significa la que debe ser amada y porque no existe santa Amanda. Cuando leí “Un milagro en equilibrio” me sentí absolutamente vulgar, jaja. Coincidencias aparte, como mujer escritora, ¿hay diferencias entre ser escritora y ser escritor? ¿Por qué?Quizás la respuesta parezca evidente, pero tenga en cuenta que soy muy joven y a mi generación se nos repite constantemente que vivimos en una sociedad de igualdad, soy consciente de que en realidad no es así, pero nunca se me había pasado por la cabeza que en la literatura pudiera existir algún tipo de discriminación…
Las diferencias entre “literatura masculina” y “literatura masculina”, más que estar relacionadas con el sexo/género de sus autores y autoras lo están con la adopción de una posición hegemónica o marginal, tradicional o innovadora y con la identificación o la subversión de los roles y los modelos culturales. Autor y lector no son sujetos neutros, universales, teóricos, sino sujetos encarnados y sexuados. Como señala Patrizia Violi “la diferencia sexual constituye una dimensión fundamental de nuestro experiencia y de nuestra vida, y no existe ninguna actividad que no esté en cierto modo marcada, señalada, o afectada por esa diferencia” (Violi, 1991). Por ejemplo, y sin ir más lejos, a día de hoy una mujer que confesara publicamente que se había acostado con más de cien hombres, se buscaría un problema. Cuando Julio Iglesias lo dijo, se convirtió en un mito. Las mujeres percibimos menos salario por igual trabajo, estamos más sometidas a violencia, tenemos muchas más probabilidades de sufrir acoso sexual que los hombres, etc… Y en tres cuartas partes del mundo las mujeres son esclavas de sus padres o maridos, que pueden comprarlas y venderlas, castigarlas, obligarlas a cubrirse con un veño o extirparles el clítoris. La vida no es igual a día de hoy para hombres y mujeres, tampoco lo son las experiencias de socualización
Es así como un gran número de críticas literarias opina que el género, como preferencia textual, remite a la relación que un determinado/a escritor/a mantiene con el modelo cultural dominante de la identidad femenina o masculina, y en este sentido, diferentes sectores de los women studies, han afrontado el tema del género que se inscribe en el texto.
Una historia de la literatura que incluya a las escritoras no debiera plantearse en términos de sexo-género, sino como un problema de cultura silenciada. La cultura femenina, perteneciente a un grupo de población marginado del poder, es una cultura subalterna frente a la cultura dominante.
¿De qué disfruta más, de escribir novelas o artículos cortos?
De escribir novelas, sin duda.
Si usted abre una novela de un escritor principiante que comienza con la frase: “Marie Cole ha muerto”, ¿qué esperaría encontrar? ¿Cree que podría prometer?
Pues la verdad… así, prometer, prometer… no promete mucho, pero una frase no significa gran cosa. Lo malo sería si las diez primeras frases de la novela no me convencieran.
¿Un buen escritor ha de ser un lector crítico de su propia escritura?
Por supuesto. Yo, por ejemplo, corrijo hasta diez veces el primer manuscrito. Me consta que la mayoría de los buenos escritores corrigen, recorrigen y podan mucho.
Para mí el domingo tiene sentido gracias a sus breves relatos/opiniones que aparecen publicados en el “magazine”. Me sorprende la capacidad que tiene para tratar muchos de los temas que a todos nos preocupan utilizando anécdotas y vivencias en primera persona. ¿De verdad le han sucedido a usted (o a sus amigos o conocidos) tantas peripecias, o es su imaginación la que funciona a todo tren y utiliza esta pequeña estrategia para llegar mejor al lector (si es un secreto entenderé que no responda a la pregunta)?
Todo lo que cuento es real. Lo juro. No invento nada. Y mi amiga la terapeuta existe, lo juro. Es una de mis mejores amigas. De hecho, cualquier día doy su nombre y la dirección de su consulta. Se forraba fijo.