He recibido un e-mail, — pero que complicados pueden llegar a ser estos chicos—con lo fácil que hubiese sido aportar unos euros cada uno y comprarle una bonita pluma estilográfica, pues no, no tienen mejor idea que regalarle sensaciones.
No se me ocurre nada, como siempre, en mi cabeza miles de ideas sin sentido pero ninguna que me convenza lo suficiente.
De momento voy a sacar del fondo del armario mi vieja Remington portable, con ella delante igual me inspiro y consigo hacerle una bonita felicitación de cumpleaños.
Quizás en ella duerma un trasgu, el trasgu de la literatura, y solo con posarle mis dedos ella sola escriba lo que yo deseo y no sé expresar con palabras.
—TAK TAK TAKATAK TAK TAKATAK TAKATAK TAK TAK shimmmm TAK TAKATAK TAKATAK TAK TAK
—¿Pero que es esto?
—Aquellos viejos poemas de amor olvidados; no, no valen.
—¿Y esto?
—Los apuntes de aquellas dichosas oposiciones que nunca llegué a sacar.
—El nombre de mi chico escrito en rojo y negro, un folio entero, José, José, José,…
—Será posible que no encuentre nada que me valga para felicitar un cumpleaños.
—TAK TAK TAKATAK TAK TAKATAK TAKATAK TAK TAK shimmmm TAK TAKATAK TAKATAK TAK TAK
—Que los caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
—Que guardes en tu corazón con gratitud
el recuerdo precioso
de las cosas buenas de la vida.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad,
gracioso y generoso como el sol,
que sale entre las nubes
y calienta el mar tranquilo.
Anónimo irlandés.
—¡Bien!—La vieja oración que me regalo ya hace años aquel buen hombre que se cruzo en mi camino, ésta que escribo en cada nuevo libro y todas las agendas que pasan por mis manos, esta sí es una buena felicitación, seguro que le gustará.