Hablan conmigo y cuando comprendo que no he contestado ya es demasiado tarde, ahora mis palabras no son sonidos, son recuerdos, pensamientos que me unen a ti. Así aprendí a volar.
Hablan de mí pero se callan cuando saben que puedo oírlos, me miran y siguen esperando de cada día que sea el último, no entienden que, entre todos los caminos, prefiero este.
Cada madrugada me convierto en niebla y, desnuda, vuelo a tu encuentro, al mar en que ahora habitas, para regresar, en cada poro una gota de tu espuma, repleta de lágrimas para vivir, contigo.