Rojo pasión

Se pinta las uñas hábilmente, a pesar del tiempo transcurrido; una primera pasada en todas ellas (incluidas las de los pies), una segunda más abundante para igualar el color; brazos y piernas extendidos, agitándose, con soplos y manotazos; y finalmente, mucho cuidado. Sobre todo cuidarse de tocar nada en los siguientes quince minutos.

Está contenta: no ha perdido la antigua habilidad para dejarlas perfectas. Y quedan bonitas, lo sabe, igual que cuando tenía veinte años, y se preparaba para salir. Es justo lo que está haciendo ahora. Se maquilla, se peina, elige cuidadosamente la ropa, y mima toda la tarde de sábado como preparación a la noche. Es igual que antes. La misma emoción. La misma expectación. Las mismas ganas.

En momentos así, con la música a todo volumen y también la televisión (el piso es tan grande para ella…), olvida el fracaso de su matrimonio de un plumazo.

 Buena Vista, por diglesias, en Flickr.com

Llaman al teléfono. No lo coge, no puede (las uñas). Da igual, bendito contestador. La voz de su amiga inunda la habitación, acompaña al olor del esmalte. No va a poder salir, le ha surgido otra cosa, lo siente…

Se queda sola.

Y siente la decepción. Como a los veinte años. No va a poder salir, no va a poder divertirse… pero no es por eso. No.

Es por el montón de horas vacías que se le presentan. Horas en las que va a estar pensando. Echando de menos. Lamentándose. Deprimiéndose. Sintiéndose sola. Y preguntándose. Porqué falló todo a mitad de camino. Porqué está abandonada a una edad tan cruel. Porqué con una nimiedad el mundo se le viene encima. Porqué se ha comprado un esmalte de uñas tan ridículo, tan brillante, tan juvenil.

Atraída por el nombre, quizás. “Rojo pasión”.

info foto | Buena Vista | © diglesias | Reproducida con permiso del autor

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