Luces para unos, sombras para otros. Pura hipocresía…
Aquel día, veinticuatro de diciembre, Asun se despertó a golpe de despertador. Lo apagó rápidamente para no perturbar el sueño de Jorge, su marido y así no provocar su cólera. Se dirigió al baño para ponerse un poco presentable y fue a la habitación de su hija, que aún dormía plácidamente a pesar de las pesadillas que la asaltaban cada noche y ella no podía mitigar.
Ya en la cocina, preparó cuidadosamente el desayuno y repasó paso a paso todo lo que tenía que hacer para que la cena resultase perfecta. En ese momento apareció Jorge, el cual volcó una silla y empezó a lanzar improperios porque la mesa no estaba bien puesta y el café frío.
–¡Qué descuido más tonto! –dijo Asun–. Estoy nerviosa porque quiero que todo salga como a ti te gusta en una noche tan entrañable con toda la familia reunida. Van a venir las chicas a preparar las cosas y tengo que ir a la peluquería y a la esteticista, añadió tapando con la servilleta el labio partido.
–Haz lo que tengas que hacer, pero no quiero ni un solo fallo. Y di a esa mocosa malcriada que salga de la cama de una puta vez.

Se levantó de la mesa arrojando al suelo la taza de café.
–¡No sirves ni para hacer un jodido café!
Asun, con ayuda de su amiga Soida, organizó todo lo mejor que pudo: decoración, catering, servicio…
–Ahora vete a ponerte guapa –dijo Soida– y no olvides que te esperamos.
Después de pasar todo el día presa de los nervios y aleccionando a su hija, llegó la noche tan esperada.
Cuando estaban en mitad de la cena, sin haber probado apenas bocado, Asun fingió que la llamaban a su móvil.
–¡Qué contratiempo, querida! –dijo dirigiéndose a su hija–. Se nos olvidó llevar los dulces a los niños de Soida. Si nos disculpáis unos minutos…
Lo dijo segura, sabiendo que Jorge no iba a protestar delante de su familia. Tomó a la niña de la mano, cogió un pequeño maletín de debajo de la cama y se dirigió a la humilde casa de su amiga. Sabía que en aquel hogar que carecía de lujos pero en el que sobraban la comprensión y el cariño, pasarían su hija y ella una temporada hasta que denunciara a su marido y pudiera hacer su vida.