La vuelta

Un conejo de peluche, un conejo de peluche blanco y azul, suave, enorme, o por lo menos a mí me lo parecía, con una sonrisa entre amable y diabólica, más bien diabólica, de oreja a oreja; un conejo de peluche, ¡manda cojones!, ese es el primer recuerdo del que tengo constancia en mi vida. Ni mis padres, ni mi hermano, ni mis abuelos, ni el día en que dicen que metí los dedos en un enchufe, ni la casa en la que vivía entre lámparas horteras y sillones de eskay, ni siquiera un triste programa de televisión, mi primer recuerdo es así de cutre, un conejo bobalicón, y de peluche.

 5º - culpa, por el_cafe, en Flickr.com

Lo del conejo de peluche, y bobalicón, no pasaría de ser una vulgar anécdota en mi vida si no fuera porque con él comenzó mi manía, mi mayor y más estúpida manía, dar la vuelta a todo lo que me dan y volver a donde quiera que voy. Con los años, y gracias a esta estúpida manía, descubrí que la cola de aquel conejo estaba mal cosida, que los espejos no reflejan por detrás, que las monedas tienen cara, pero casi nunca cruz, que es absurdo buscar la parte de delante y la parte de atrás de un balón, que las chicas de los clicks de famobil tenían la falda levantada, aún hoy me pregunto por qué, que detrás de un gran hombre no siempre hay una gran mujer, que detrás del maquillaje de una mujer muchas veces está lo que un hombre prefiere ver, que a las ciudades les salen arrugas con los años, que la luna jamás me muestra su secreto, que los sueños rara vez están donde creí dejarlos una vez.

Hoy pasan los kilómetros y los minutos, y mi infancia se va, es de noche, me agarro al volante, vuelvo a casa, a la tierra que me vio nacer. Hoy odio a aquel conejo de peluche, bobalicón, blanco y azul, y odio a mi estúpida manía, pues no quiero volver. Pero sí quiero llegar. Hoy, ¿o ya fue ayer?, mi móvil sonó, tu abuelo está muriendo, dijo mi madre, apenas le quedan unas horas, entendí yo.

Hoy vuelvo, mi abuelo se va.

info foto | 5º – culpa | © el_cafe | Reproducida con permiso del autor

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