El cuaderno rojo

Hay objetos sencillos, corrientes, que no consiguen llamar la atención y sin embargo son capaces de cautivar cuando se conoce su destino. Laura era una mujer atrapada por el poder de los colores y así lo había sentido desde niña cuando le enseñaron que éstos son manifestaciones de una energía vibratoria como parte del espectro lumínico. También desde niña le inculcaron la ventaja absoluta del orden y ella creció entre sabios cuadernos de colores: en el cuaderno blanco plasmaba sus deseos más puros, sus proyectos seguros; en el cuaderno amarillo dejaba correr la tinta con cada carcajada de sus momentos alegres, instantes de felicidad que perdurarían para siempre; en el cuaderno azul permitía que lo más profundo del corazón fluyera sin obstáculos ni límites y no era extraño encontrar las páginas abombadas por el impacto de alguna leve lágrima perdida; en el cuaderno verde incluía sus armonías y esperanzas. Pero su favorito, sin duda, era el cuaderno rojo: fuego, sangre, pasión, deseo.

My Kannon, por wadem, en Flickr.com

Cuando conoció a Miguel intuyó que pronto este cuaderno rojo se quedaría pequeño. Tantas horas de amor entre aquellos brazos fuertes; tanto destino incierto enmarcado por fin y orientado con orden, como le gustaba a ella. La vida sería perfecta como una película sin estrenar con final feliz y ante esa expectativa de dicha, Laura no podía ver la realidad. Primero fueron insultos, después empujones torpes, luego gritos y finalmente todos aquellos golpes que la fueron destruyendo. Su cuaderno preferido se rompió por dentro: estaba incompleto, pues sólo la sangre manchaba sus páginas. ¿Dónde había quedado la pasión y el deseo? Laura no supo salir de aquel cruel laberinto. Quemó entonces el cuaderno rojo y comenzó a escribir en su cuaderno verde todas las palabras que pudo encontrar. Después las fue llenando de una inútil esperanza ya conocida.

info foto | My Kannon | © wadem | Reproducida con permiso del autor

One thought on “El cuaderno rojo

  1. Pathos del griego pasión y sufrimiento. Las palabras al igual que los sentimientos están unidas desde el origen.