Cuando Mercé consiguió ponerse en pié, un asfixiante olor a sulfuro perforó sus pulmones. No recordaba nada, sólo sabía que se encontraba tirada en el suelo de la bodega que tenían en el segundo sótano de la masía. La vendimia estaba a punto de comenzar. Los racimos brillaban al Sol tornasolando las laderas y eran una auténtica promesa de felicidad y abundancia.
Había bajado a preparar las barricas de roble más antigüas. Sintíó que le estallaban los tímpanos y los pulmones. Aturdida por la explosión, reptó agonizante por la escalera. Con un esfuerzo sobrehumano consiguió entreabrir la puerta y una vaharada de ácido y calor la tumbó de nuevo desfallecida.
Por fin comprendió aterrada que el momento había llegado, un viento huracanado barría la humanidad, y se llevaba con él a sus seres más queridos, a los desconocidos, a todos, no quedaba nadie. Nunca pensó que le tocaría verlo, y encima en otoño, aunque ya nada le importaba. Entre la espesa niebla, amarilla y purulenta, sus ojos vieron a duras penas como el Sol y las estrellas se apagaban, silenciosas, en un espectáculo de luces irrepetible.
Sintió una tristeza infinita por ser el último ser humano que quedaba para presenciarlo. No logró distinguir los árboles ni las cepas maduras entre aquella maldita niebla, tan sólo percibía que detrás de la cristalera volaban las hojas y los racimos calcinados. Con el escaso oxígeno que sentía que le iba quedando en los pulmones, se arrastró de nuevo por la escalera hacia la bodega. Un frío intenso comenzó a descalcificarle los huesos, bajó la mirada y los metatarsianos de sus piés ya asomaban, mientras la corrosión del ácido le iba trepando por las piernas.

Preparó su último café y se sentó a esperar.
-Espero que Dios me explique porqué ha estallado nuestro universo
-¿Fuiste buena creyente
-Y tú, ¿fuiste buen Dios?
Y cuando lo estropeemos todo y dejemos a nuestros hijos un mundo inservible diremos que como los dioses nos dejaron, todo con tal de no ser culpables de nada. una vez leí que este mundo no es nuestro si no que lo tenemos prestado de nuestros hijos.