Dices que mis ojos pierden claridad y se vuelven huidizos cuando me preguntas si te quiero. Mi silencio te envuelve en una neblina de la que no puedes salir porque no buscas dentro de ti, en esa vida tan poética en la que vives desde que nuestras almas se rozaron, convertido en el viento que mueve dos hojas de un árbol provocando un encuentro efímero que puede no volver a ser. Tú eres poesía y viento a la vez. Poesía que murmuras con palabras de pasión y viento que empuja mi piel hacia tu piel provocando un huracán que me envuelve y lastima mi amor.
Después llega la ausencia, un tiempo infinito en el que dices vivir de mi espíritu mientras compones versos hechos de fantasía para susurrármelos cuando la urgencia te lleva otra vez a mí.
Me comparas con una nube que no acaba de diluirse en el azul porque, ya sé que no puedes comprenderlo amor mío, en tus ojos no veo el calor de la ilusión. Temo que me arrastren a ese negro que reflejan porque en tu universo sin amor no existe la mujer que llora cuando te extraña en la lejanía. Es entonces cuando evito el azul de tu mirada.
Mª Antonia Goás Sánchez
