Martín Casariego

Bio

Este licenciado en Historia del Arte, madrileño, además de profesor de guión (en la escuela de Creación Literaria Hotel Kafka), ha desarrollado su faceta de novelista a la par que guionista. Colaborador de la revista Letras Libres, El Mundo y ABC, su carrera comenzaría en 1989 con el Premio Tigre Juan a su novela “Qué te voy a contar”. La última, “La jauría y la niebla”, ha recibido el Premio Ciudad de Logroño. Respecto a libros destinados al público juvenil, su obra “Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero” supuso un fenómeno literario al superar los 150.000 ejemplares y ser llevada al cine. Otra novela “juvenil”, “Por el camino de Electra”, ganaría el pasado 2007 el Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil. De guiones propios podríamos citar “Amo tu cama rica”, “Dos por Dos” o “La fuente amarilla”.

¿Cree que, en España, la “literatura juvenil” (o la infantil) está denostada? ¿Un escritor que escriba prácticamente de un modo íntegro para ese sector, como puede ser Jordi Serra i Fabra, es considerado en España por ello como un escritor “menor”? No todo el mundo, pero sí es cierto que hay gente que menosprecia la literatura juvenil, sin argumentarlo, pues realmente no hay argumentos para ello. Y aunque generalmente es claro distinguir si un libro es para adultos o para jóvenes, son algo así como conjuntos disjuntos: hay libros que podrían adscribirse indistintamente a uno u a otro. El niño del pijama a rayas se ha publicado en algunos países en colecciones juveniles, y por poner un ejemplo español, El secreto de las fiestas de Casavella se publicó primero en una colección juvenil y después en una de adultos.

(C) La Nueva España (www.lne.es)

(C) Imagen www.martin-casariego.com

¿Cómo decide que un libro va a ser destinado para un adulto o para un joven? ¿O comienza a escribir la obra, y es el libro el que decide por usted? Lo decido antes. En mis novelas juveniles los protagonistas son adolescentes, y procuro que el pesimismo, cuando lo hay, esté amortiguado, que el tono sea más ligero, la realidad más amable…

¿Lo mismo pero diferenciando “novelas” y “relatos”. ¿Un relato es una novela a la que le faltaron temas para desarrollarse, o son ideas claras que necesitan sólo de pocas páginas? Un relato es algo que se cuenta con menos palabras, y por lo tanto, ha de ser más conciso, más directo, menos disperso. Pero, efectivamente, volvemos a lo de antes, a los conjuntos disjuntos: ¿Campo de amapolas es un relato largo o una novela corta?

¿Es más difícil escribir un guión, o “adaptarlo”? Las dos cosas me parecen difíciles. Adaptar tiene la ventaja de que no hay que pensar un argumento, y la desventaja de que las comparaciones son inevitables, y a menudo odiosas.

¿Prefiere ser escritor o guionista? Novelista, sin duda.

¿Conserva algo de lo que escribió cuando tenía 16 años? Guardé alguna cosa, no he vuelto a leerlo. Creo que me daría un poco de vergüenza, y de melancolía.

¿Cree que se puede sobrevivir sin Agente literario? Sí, aunque yo tengo. El escritor es muy vulnerable cuando termina un libro, y el agente es una especie de muro.

Usted dirige una parte de su obra a los jóvenes ¿Tiene público fiel en este sector? ¿Podría hacernos un retrato robot de un lector joven de la época actual? No sé si tengo un público fiel, espero que sí. Un retrato robot de los lectores jóvenes… Es imposible hacerlo, los jóvenes son individuos, son distintos unos de otros… como los lectores adultos.

Y aunque supere el límite que nuestro mentor nos ha marcado, me gustaría hacerle una tercera ¿en qué cambia el estilo de un escrito dirigido a adultos al de otro a un público juvenil? Independientemente del público al que supuestamente me dirijo, cambio según la historia y el narrador. Intento que en mis novelas juveniles el ritmo sea rápido, que haya bastante humor, fluidez, algún juego de lenguaje, no remarcar especialmente lo desagradable… Procuro ser algo más optimista.

¿Qué opina de los directores de cine jóvenes españoles? Me han gustado “Azul oscuro casi negro”, de Sánchez Arévalo, “La noche de los girasoles”, de Sánchez Cabezudo… Me gusta mucho Amenábar, no sé si se le puede seguir considerando joven.

¿Por qué cree usted que la gente va cada vez menos al cine? Porque las películas se piratean, se ven en el ordenador, en dvd… El consumo de cine es enorme, la pena es que se vaya menos a las salas.

¿Qué le motiva más escribir guiones cinematográficos o novela? Novela, porque es el verdadero arte de la escritura. El guión es un género muy limitado literariamente, todo tiene que ser muy conciso, las descripciones, someras, sólo tienen la misión de que se entiendan, pero el estilo da igual, ni siquiera tienes la libertad de extenderte, una novela puede tener 500 páginas, pero nadie quiere una película de tres horas… Además, en la novela el resultado final es el que tú decides, si yo no estoy de acuerdo, a mí no me pueden cambiar ni una coma, mientras que un guión pueden hacer lo que quieran, hasta dárselo a otra persona para que lo reescriba… Y encima, sé que si escribo una novela, voy a publicarla, mientras que no siempre logro vender los guiones. Y esto último no es sólo cuestión de dinero, si a mí me pagaran –aunque fuera muy bien- por escribir cosas que nunca verían la luz, me sentiría frustrado, a disgusto.

En sus proyectos, he leído que ha iniciado una novela para adultos, que transcurre durante una jornada escolar, con tres protagonistas: un chico de catorce años, su hermano de siete, y un escritor que acude a su instituto para participar en un encuentro literario. Tiene muy buena pinta. ¿Ya ha pensado qué título ponerle? Y ¿Para cuándo su publicación? El título aún no lo he decidido, dudo entre dos o tres. Yo creo que se publicará el año que viene.

Para escribir buena literatura infantil y juvenil, ¿es necesario haber leído mucho sobre el tema, o estar muy en contacto con el público joven, o acaso llevar dentro una parte de ese niño que un día fue? Son necesarias la primera y -sobre todo- la tercera condición, lo de estar muy en contacto con el público joven no creo que sea imprescindible. Todos tenemos algo de niños, de adolescentes, se trata de recuperarlos, de desenterrarlos. Y si has leído mucho, has ido aprendiendo las técnicas necesarias para mantener el interés del lector.

¿Trabaja mejor en aislamiento o con algarabía a su alrededor? Aislado, con algarabía alrededor lo que hago mejor es beber.

En su novela “Por el camino de Ulectra” el tema es la importancia de la lectura. Sí, escribí ese libro con ese asunto de fondo, aunque en un contexto de una aventura futurista con mucha acción y humor. Mi intención era que los chicos que la leyeran disfrutaran, y al final pensaran: pues sí, es verdad, leer es un privilegio.

¿En que medida leer nos hace más reales? No nos hace más reales, ni siquiera más realistas, pero sí creo que nos ayuda a comprender mejor el mundo y a sentirnos menos solo. Creo que la lectura nos da una perspectiva más amplia de la vida.

Gracián decía: “Es mucho el saber y poco el vivir”. Sócrates le decía a Fedro desconfiando de los libros, que lo peor que le podía pasar a una persona era llegar a creer que sabe porque tiene libros. ¿Qué reflexión sacaría de lo anteriormente dicho? Hay distintos tipos de sabiduría, y no toda se consigue a través de los libros. Pero los libros nos ayudan a rellenar muchas lagunas. Por supuesto que nuestra propia experiencia es lo que más nos enseña, pero también se aprende de la ajena, y gran parte de la ajena está recogida en libros.

En los países del tercer mundo, el acceso a los libros es privilegio de una minoría, el común de las personas no puede comprar un libro por el alto costo de los mismos, incluso los estudiantes de universidades estatales leen gracias a la cultura de las fotocopias, pero existe hambre de lectura. El panorama es diferente en el primer mundo, existe una industria editorial muy fuerte y se publica de mucho. Me pregunto si existe realmente una relación de influencia entre libro y cultura, en que momento cree que la cultura se convierte en un puro blablá. En los países ricos lo que falta es tiempo. En España, por ejemplo, y frente a lo que algunos dicen, los libros son baratísimos, e incluso se accede a ellos gratis en las bibliotecas. Y claro que creo que hay una relación entre libro y cultura, pero la cultura es un concepto muy amplio. Y por supuesto que creo que hay gente que lee y está –y es- muy mal educada, y lo contrario. Como norma general, no me cabe duda de que la gente leída es más culta que la no leída.

¿Qué piensa de que su libro “Y decirte alguna estupidez, por ejemplo te quiero” sea recomendado en los institutos? Me parece bien que en los institutos se obligue a leer (¿no obligan a estudiar y a saltar y a tocar la flauta?), otra cosa es que los profesores acierten con lo que eligen. Por cierto, sobre esto hay un equívoco. La gente cree que hay títulos de literatura juvenil que venden porque se recomiendan. Es cierto que se recomiendan, pero los recomienda cada profesor, individualmente. Por el contrario, hay libros de literatura de adultos que sí que se incluyen en los planes de estudio. Son cosas muy diferentes. No tengo la suerte de haber entrado en ese grupo de verdaderas “recomendaciones”.

¿Necesita echar mano de sus recuerdos de juventud para escribir un libro o tiene una imaginación portentosa? No tengo una imaginación portentosa, ya me gustaría. Invento, claro, pero también recuerdo, y escucho. Si yo leo un libro mío escrito hace diez o doce años, me sorprendo: ¡qué imaginación tenía antes! Pero pienso eso porque, al ver tantas cosas comprimidas en unas páginas, que se leen en unas pocas horas, te olvidas de cuántas dedicaste a imaginar.

¿Cree que es importante que los jóvenes se sientan identificados con las aventuras de sus libros o por el contrario que les aporten experiencias totalmente ficticias? Las dos cosas. La identificación es una manera de interesarse por lo que se lee, pero también lo es –incluso más potente- el descubrimiento.

Es usted considerado como un escritor versátil (incluso en la información que se puede obtener de usted en la wikipedia es uno de los primero adjetivos que aparecen), novelas juveniles, para adultos, relatos infantiles, ensayos, prensa, guiones,… ¿considera usted que si alguien tiene “el don de la escritura” (que supongo será lo complicado) a poco que se empeñe puede hacerlo en diferentes estilos?, ¿o para cada uno de esos campos hay que tener un diferente “don” y es usted un privilegiado “multiportadordedones”? Es cierto que soy versátil, lo que en principio es bueno, pero al final, lo que importa es la calidad de lo que se haya escrito, y para ello, la versatilidad no es perjudicial, pero tampoco una garantía de nada. A mí me han gustado cosas muy diferentes, y a lo mejor por eso soy capaz de emplear diferentes registros. Me sigue sorprendiendo cuando a alguien le preguntan por sus escritores favoritos, y responde con un solo nombre. Yo siempre he tenido muchos (y además, esos muchos siempre han tenido novelas que me parecen flojas, excepto Max Frisch o Kafka). Me gusta “Factotum”, de Bukowski, y “El extranjero”, de Camus, por ejemplo. Y las dos las considero importantes en mi vida y en mi formación.

Guiones y novelas, novelas y guiones, ¿en alguna ocasión ha comenzado un relato pensando que sería novela y acabo siendo guión, o viceversa? No, siempre lo he tenido claro, entre otras cosas, porque los guiones siempre los he escrito con alguien.

Siempre que leo un libro estoy viéndolo, con imágenes, “me monto la película”. Usted dijo en una entrevista “la literatura crea imágenes”. ¿Cuando escribe una novela ¿usted “ve” las situaciones, los personajes, las escenas? Sí, algo tienes que imaginar, que ver. Un estilo cinematográfico sería el que tiene un ritmo rápido, mucha acción y diálogos, no se detiene en los detalles, ni hay demasiada introspección en los personajes, etc. Pero crear imágenes es algo absolutamente literario, pensemos en La Odisea, en Tristán e Isolda…

También dijo que a veces las rupturas incentivan más a escribir. ¿Cree que se puede llegar a odiar a alguien de quien se estuvo profundamente enamorado? En cierto modo, si eres feliz, ¿para qué escribir? Si eres feliz, basta con disfrutar de la vida. Pero ¿quién lo es? Y sobre lo otro, seguro que sí, seguro que muchas parejas que han roto han pasado del amor al odio, o al menos, a la más absoluta incomprensión.

¿Facilita el trabajo de guionista a la hora de escribir los diálogos de una novela? ¿Qué diferencias hay entre el diálogo de una novela y el de una película? Para mí, la principal diferencia son las acotaciones. En las novelas, casi tan importante como lo que se dice es lo que lo rodea, porque va creando el ambiente, modulando el ritmo, dirigiendo la mirada del lector hacia determinado lugar. En un diálogo de cine, todo eso es más bien cosa del director y los actores, el guionista sólo puede apuntarlo levemente.

¿La película que tenía en la mente cuando escribía Y decirte alguna estupidez… se asemeja a la posterior adaptación del libro al cine? En algunas cosas sí, en otras no. Los actores, la música, los decorados, el director, pueden cambiar tanto un guión…

¿Qué es en realidad lo que hace que un libro sea denominado “literatura juvenil”, los temas, el lenguaje, las modas, la edad de los personajes, son libros puentes que ayudan a aficionarse a la lectura? Un poco todo. El tono, sobre todo. El sexo explícito, la violencia, difícilmente pueden entrar en la novela juvenil. En ocasiones, esa frontera es muy difusa, como decía antes. Yo creo que una de mis novelas juveniles, “El chico que imitaba a Roberto Carlos”, podría haberse publicado en una colección de adultos.

¿Cómo consiguió describir con tanta crudeza la historia que cuenta en “La hija del coronel”. ¿Cómo es el proceso de documentación? Cuando lees la novela, da la impresión de que conociera perfectamente los lugares y describe las situaciones como si realmente las hubiera vivido. Ya sé que por edad esto es totalmente imposible. ¿No produce un estado de angustia escribir en ese tono?
Viajé a Melilla en dos ocasiones para tomar notas, hablé con legionarios, visité el Tercio, y sobre todo, leí acerca de la legión, libros y muchos números de la revista que publicaba la propia Legión en los años 60 (de ahí saqué, por ejemplo, la escena en la que el mono tira al aire la paga, es condenado a muerte y perdonado cuando saluda militarmente al coronel). Durante unos años, si hablaba con alguien que había estado en la Legión, procuraba sonsacarle. En cuanto a la angustia, no me la produjo, disfruté escribiéndola. Pero una cosa sí es cierta: había pensado, al principio, que el protagonista fuese una especie de bestia, un verdadero asesino, y no me salió así, porque me habría sentido muy incómodo, muy a disgusto…

He leído que con el dinero de un premio viajó a Buenos Aires a conocer a Bioy Casares. ¿Con qué escritor/a le gustaría compartir unos días? Sí, a conocer a Bioy y sobre todo a conocer Buenos Aires. “El sueño de los héroes” es una de las novelas que más me ha marcado, y por eso lo hice, por eso y porque entonces era joven (e ingenuo). Ahora no lo haría, así que me alegro doblemente de haberlo hecho en su momento. Me iría con los que son amigos míos, que son pocos. Con los otros… prefiero admirarlos en los libros.

¿Existen demasiados temas tópicos en la literatura juvenil? Hay muchos títulos que abordan asuntos como la anorexia, las drogas, el racismo, por poner ejemplos, de manera “pedagógica”, lo que no suele dar buenos resultados (ni literarios ni pedagógicos, me temo). Muchos, sí, pero creo que no son mayoría.

La primavera corta, el largo invierno. Es su novela más aplaudida por la crítica. ¿La considera usted su mejor novela? Sinceramente, no tengo la perspectiva suficiente para contestar esa pregunta, y supongo que nunca la tendré.

En su faceta de escritor de libros infantiles, ¿cómo se las apaña para idear historias que capten el interés de un público tan complejo y, a la vez, exigente, como el del los niños? Mis libros infantiles son todos de un mismo personaje, Pisco. Me divierte mucho escribirlos, y creo que a los niños también les gustan. Para ellos hay partes con humor y otras de acción, y para mí, las partes de acción también están llenas de humor. Y sí, los niños también saben si algo les gusta o no. No tragan cualquier cosa. Otro asunto es que nosotros estemos de acuerdo con sus gustos… Bien mirado, lo mismo ocurre con los adultos.

Su novela “Por el camino de Ulectra” tiene como transfondo la importancia de la lectura. ¿No cree que el tema del fomento de la lectura se ha convertido en algo ya habitual pero a lo que todavía no se ha encontrado un buen método para llevarlo a cabo? ¿Cuál sería, según usted, la mejor manera de fomentar la lectura? Yo no sé qué sería lo mejor para fomentar la lectura. Dejar más tiempo en los colegios para que los niños puedan leer, quizá. Los niños tampoco tienen tanto tiempo libre como nos creemos. Mi deber, al respecto, es tomarme en serio los libros que escribo, sean para niños o para adultos. Es la mejor aportación que puedo hacer.

Si la venda de cupido fuese transparente y percibiésemos -como el protagonista de su novela- las “Dos en una” que coexisten en todas las personas ¿cree usted que se romperían menos relaciones? Como aprendiz en este taller: ¿es imprescindible un final feliz para que las novelas juveniles enganchen? Quizá se romperían más… Se disimula por necesidad, más que por gusto, y no es malo que sea así. Las personas que son como les da la gana cuando les da la gana a menudo son grandes egoístas. Los finales felices suelen vender más, es cierto. Y para los adultos, también. Pero no creo que sea imprescindible. “El chico que imitaba a Roberto Carlos” es una historia trágica, y estoy seguro de que, por eso mismo, cala más hondo.

¿En qué momento una idea, una frase que escuchó en la parada del autobús, las manías de su vecino…., se convierte en el embrión de la novela? La única idea que me ha venido de fuera es la de “La hija del coronel”, basada en una historia real. Mis vecinos, la verdad, sólo me inspiran ganas de vivir en un chalet.

Una vez que ya tiene el punto de partida, ¿cuándo decide el punto final, antes o después haberse sentado a escribir? Normalmente lo decido antes de empezar la novela, pero en literatura no.

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