Bio
Barcelonés nacido en 1971, señalado como autor de “libros de viajes”, pero también como “periodista literario”, es evidente que defiende géneros narrativos poco respaldados en nuestro país. “Una España inesperada” (libro de reportajes) o “Ático”, con su realidad virtual, son ejemplo de ello. A pesar de la tremenda polvareda que levantó “Diablo de Timanfaya”, su novela “Sudd” fue elegida como una de las más importantes del año por la revista Qué leer y El Periódico. Su último libro publicado, “Los mares de Wang”, continúa en la estela viajera, libre y transgresora.
¿Cree que un videojuego como el que imagina en su libro “Ático” sería aceptado en los colegios para incitar a la lectura o complementar la enseñanza de literatura? Creo que podría ser un buen estímulo, porque viene a demostrar la compatibilidad entre videojuego y literatura –me siento algo bobo al decir esto pero quizá sea necesario vistas las posiciones radicales de algunos al hablar sobre “dos mundos” separados-. Ático aborda historias muy íntimas adoptando fórmulas familiares –creo- a los jóvenes, y eso puede animarles, al menos, a continuar leyendo. Faltan apuestas literarias que busquen un acercamiento a otras disciplinas –sobre todo a las pop-. Hay que encontrar puentes hacia ellas.

(C) La Nueva España (www.lne.es)
Cuando escribió “Ático” ¿pasó usted por las mismas fases que el protagonista en la creación del videojuego? ¿Le cuesta desconectar de la ficción? He vivido tensiones y experimentado sentimientos que tienen que ver con esas fases pero la comparación no es pertinente porque los personajes son autónomos, con particularidades que los sitúan –también al protagonista- lejos de mis vivencias. En cuanto a desconectar de la ficción… creo que, como cada vez más libros y películas y otras obras están demostrando, los hechos reales pasan ahí fuera pero tu imaginación está decodificando y proyectando ilusiones sobre esos hechos sin parar, de manera que yo, pero también tú, transitamos por un espacio más bien híbrido en el que realidad y ficción se encuentran continuamente. En todo caso –aunque esto merecería un debate casi exclusivo-, cada vez le veo menos sentido a la denominación de ese género que algunos han decidido bautizar como “no ficción”.
¿Qué piensa de los videojuegos? Son una dinámica forma de entretenimiento, que a menudo ayuda a ejercitar el coco más de lo que ayudaban hace unas décadas el Stratego o el parchís. A su vez, no deja de ser un mundo “fácil”, exento de responsabilidad y muy poco físico –aunque se estén abriendo nuevas posibilidades interactivas-.
¿Le resulta fácil entender otras culturas? No entiendo bien ni la mía… En todo caso, creo que a las conclusiones, a entender o intuir algo, se llega muchas veces por contraste. Es decir: supongamos que sé cómo viven en Malawi, en Pekín, Madrid, Sydney, Ámsterdam, Ankara y Nueva York… viendo las reacciones de las personas de esos lugares ante cuestiones similares, puedes deducir algunas cosas. Conforme más viajas y ves, más posibilidades tienes de intuir tendencias generales.
¿Cómo decide uno escribir un libro de viajes? ¿Cuál es exactamente la motivación? ¿Hace el viaje en pos de una escritura posterior, o se le ocurre el escribirlo a medida que transcurre ese viaje? ¿Disfruta más con la escritura o con ese viaje en sí? Las motivaciones son muy distintas, depende de tu momento… mi primer libro, sobre Marruecos, viene de un viaje por Interraíl que decidí escribir al observar que no había nada que recogiera, con una ambición literaria, el trayecto que yo iba a hacer. De todos modos, mi formación periodística también me ha dado una mirada documental, informativa, que me obliga a buscar historias –o geografías- que no hayan sido muy –o nada- explicadas. En un mundo presuntamente hiperinformado como el actual, resulta que la mayoría de noticias apuntan a casi lo mismo y quedan enormes huecos por cubrir. Por decirlo de otro modo, busco historias más allá de las noticias. El viaje suelo hacerlo sobre un plan, pero dispuesto a que éste varíe en cualquier momento, e incluso a que se transforme en algo muy distinto de lo que proyecté. Tanto viajar como escribir me hacen feliz. Escribir es más cansado, requiere más tiempo, es sedentario… pero recrear algunos episodios, dotándoles de mi ritmo y fantasía, me ha reportado momentos memorables. Es difícil separar una práctica de otra porque, a fin de cuentas, escribiendo viajo por segunda vez… y mientras viajo, siempre escribo.
¿Qué definiría usted como ‘Periodismo Cultural’? Las definiciones no son mi fuerte, lo siento. Supongo que es el periodismo sobre asuntos culturales.
Me ha parecido leer en algún lado que usted perteneció en el pasado a una especie de Asociación de Jóvenes Escritores, ¿qué opina de una variación de eso, como es este Taller de las Palabras? La Asociación era algo diferente a un Taller… aunque tuviera simetrías. Los talleres me parecen útiles para suministrar herramientas, descubrir algunas técnicas y, sobre todo, imprimir ilusión a quienes deseen escribir. En países como Estados Unidos están muy asentados y han salido enormes escritores de ellos: Spanbauer, Palahniuk… pero fijaos que precisamente este par de autores, por ejemplo, se distinguen por tener una voz poderosísima, inconfundible, fuera de cualquier escuela… Si un taller te enseña a ser libre, será el mejor del mundo.
En una entrevista realizada en el año 2004 por el periódico ‘El mundo’, decía: ‘Creo que ahora empezamos a despegarnos de una literatura estéticamente recargada y argumentalmente muy intimista y nos acercamos a fórmulas de apariencia más simples y contenidos más ricos. ‘¿Continúa pensando lo mismo actualmente? Sí. En general, creo que la apuesta por la claridad gana terreno. La prosa espectacular ha deslumbrado a algunos escritores, y a varios les ha llevado a la perdición. Porque la prosa, teniendo mérito, con frecuencia no es más que adorno. Además, los tiempos que corren, mucho más prácticos y funcionales, empiezan a no resistir artificios, imposturas. A su vez, los tan reivindicados mundos interiores del escritor han acabado pervirtiéndose hasta derivar en un ombliguismo que ya cansa y los escritores se están lanzando a buscar historias más aireadas. Cuatro años en términos de creación no son muchos, así que desde 2003 resultaría complicado advertir grandes cambios pero, para mí, 2007 ya fue un año bastante fructífero, con la aparición de varias obras que de algún modo refrendan lo que comento.
¿No es posible al hablar de videojuegos, fútbol o de música, utilizar argumentos intimistas? Por supuesto que es posible, incluso tener que responder a esto me mosquea. El fútbol, los videojuegos o la música forman una parte muy destacada de nuestro entorno, y aunque no fuera así, aunque habláramos de badmington, si lo encaras con talento, puedes cuadrar una obra maestra. La literatura no está en los temas, sino en la forma de abordarlos.
¿Cree que para escribir sobre aventuras es necesarios viajar o basta la imaginación como a Julio Verne? La imaginación es autosuficiente. Algunos necesitamos espabilarla, o colorearla, con viajes, pero no es imprescindible.
¿Donde está la frontera entre libro de aventuras y libro de viajes? Ahora mismo estoy trabajando en un libro sobre la Gran Barrera de Coral en el que intento dinamitar toda frontera. Se supone que la novela de aventuras incluye una considerable dosis de ficción mientras que el libro de viajes es “verdad”. La forma de conciliar ambos sería esa obra capital que escribió T.E. Lawrence, Los siete pilares de la sabiduría, donde leyendo hechos verídicos, tienes una total sensación de novela. De todas formas, mis tentativas apuntan a algo menos apegado a lo real pero que igualmente pueda leerse como un libro de viajes. Quizás es un poco difícil de transmitir, confío que mi próximo libro aclare gráficamente la idea.
¿Considera que un buen escritor es un buen lector? Acostumbra a ser así.
Si tuviera que quedarse con una sola de sus múltiples facetas creativas, cuál sería? Futbolista. En un plano más intelectual me cuesta definirme –supongo que pides que me decante por el periodismo, los libros de viajes…- porque intento aunar géneros, voces, y al escribir, antes que novelista o cualquier otra cosa, me siento eso, escritor.
¿Un relato de viajes ha de llevar una historia de peso implícita, o ésta es más bien accesoria y el peso recae en los escenarios? Depende. En mi último libro, Los mares de Wang, encontré una historia tan magnífica que determina buena parte del libro. Pero eso es una excepción. Tradicionalmente, los libros de viajes se deben a sus escenarios, a recrear las atmósferas… si bien yo considero fundamental que todo el libro pivote sobre una idea de fuerza.
¿Cuál es su ciudad favorita para vivir, y cuál para pasar unas maravillosas vacaciones culturales? Barcelona es la ciudad a la que siempre regreso, y siempre siento alegría. Para “vacaciones culturales”, supongo que Italia es un valor seguro… pero por cambiar el chip, me iría a Suzhou. Marco Polo la definió como una Venecia china.
¿Qué opinión le merece el hecho de estar en la nómina de la “Generación Afterpops”? ¿Le parece correcto este término o prefiere otro? Hace años escribí un artículo titulado Mi nombre es Gabi, creo que se puede encontrar en internet. Ése soy yo. Las etiquetas te las cuelga gente con ciertos intereses que no son los míos. Aprecio a algunos que sí se identifican con ese logo, creo que hay gente muy válida en el grupo y charlar con ellos me hace pensar. Ya está.
¿Cuáles son las señas de identidad de la escritura del siglo XXI? No soy un teórico, pero precisamente Eloy Fernández Porta, en su libro Afterpop, puede que responda bastante bien a la duda. Por mi parte, de lo único que no hay duda es de la influencia de las nuevas tecnologías, que hacen que todo parezca correr más, estemos hiperinformados y recibamos esta información en fragmentos. Esto está teniendo un reflejo literario indudable, con novelas como las del proyecto Nocilla. A la vez, emergen submundos antes invisibles y proporcionan historias, perfiles insólitos… pero si algo distingue a los autores del 21, precisamente porque pueden escoger en una parrilla enorme, es la variedad.
¿Qué le diría, ahora, al editor que en un momento concreto de su vida, se atrevió a espetarle a usted, que no tenía ni repajolera idea de por dónde iban los tiros en esto de la narrativa? Ningún editor me ha hablado de esa forma… aunque alguno ha actuado de manera que lo insinuaba. Cuando debo decir algo, lo digo, así que, lo que tuve que decir, ya está dicho. Que alguien desprecie tu trabajo forma parte del juego. Yo no tardé en tener bastante claro que quería escribir, investigar y experimentar… buscando ser inteligible. Si confías en tus capacidades, los gritos de los demás se pierden muy pronto y, a partir de cierto momento, ni se oyen.
¿Se calificaría usted como un escritor comprometido? Es difícil autocalificarse, pero desde luego que creo necesaria la responsabilidad. Tanto en el escritor como en cualquier persona… aunque lo del compromiso no es nada premeditado: ante ciertas barbaridades o malentendidos o peligros o estupideces, me siento inclinado a reaccionar.
¿En qué época le hubiera gustado vivir y en qué lugar? Estoy a gusto aquí, ahora.
De sus múltiples viajes, ¿qué país le ha llamado más la atención? ¿Por qué? Sudán. Por el contraste de la gente negra vestida siempre de blanco contra un paisaje también de ese color… y por el carácter de los sudaneses, que contrariamente a los habitantes de muchos otros países africanos, son capaces de obviar la presencia de un occidental, hacer como si no estuviera. El porqué de esta actitud tiene que ver con sentimientos no siempre positivos pero, sea como sea, denota una dignidad, un orgullo, que les distingue.
Partiendo de algunas de las preguntas que ya le han hecho mis compañeros sobre su obra y los viajes, me gustaría saber si usted cree que hoy en día es necesario viajar físicamente a un lugar para poder escribir sobre él (puesto que podemos contar con internet, documentales, libros, etcétera) o es imprescindible “respirar” el ambiente para llegar al alma de la cultura, lugar o comunidad que se quiere describir.
Por otro lado, ¿cuál es ese lugar sobre el que le encantaría escribir un libro de viajes (o aventura) y que aún no ha ido?, ¿y hay algún lugar que descarte totalmente para tal fin? (puede ser políticamente incorrecto en su respuesta si así lo desea). Desde luego que puedes escribir sobre lugares donde no estuviste y conseguir algo muy bueno. De todas formas, creo que la experiencia directa siempre aporta detalles y sensaciones lo bastante valiosos como para hacer el viaje. Una ventana virtual difícilmente puede igualar a una ventana de verdad. Otra cosa es lo que después tú hagas con esa impresión. Me gustaría escribir sobre Mongolia. Descartar, quizá, los polos, porque odio el frío… aunque cada vez relativizo más este sentimiento. La violencia de algunas capitales latinoamericanas también me hace dudar sobre cómo afrontaría un viaje allí, aunque no descarto ir si encuentro una motivación que me arrastre.
Cuando viaja ¿borra de su memoria lo malo acontecido para recordar siempre lo bueno o cree necesario escribir y recordar absolutamente todo? Dia lo mejor y lo peor de la ciudad de Nueva York. Desconfío de los libros de viajes que parecen catálogos turísticos. De hecho, me irritan. Los lugares están habitados por personas y las personas no son maravillosas o malvadas, buenas o malas, listas o tontas. Describir una geografía perdurable tiene que ver con hacerla creíble, como el perfil de un individuo… destacar pros y contras. Volcar absolutamente todo no garantiza, por otra parte, reflejar la esencia de un lugar aunque, si se hace con destreza, puede ayudar a crear una atmósfera que al menos se acerque a ella. Nueva York impacta por la tensión. Parte buena: te carga las pilas. Molesta: demasiada agresividad.
¿Qué meta se pone a la hora de escribir un relato de viajes: fotografiar con palabras el lugar para llegar bien al lector o describir sin ánimo de que guste o no a la gente el lugar que Usted visitó? Mi propósito es siempre, inexorablemente, acercarme lo más posible al alma de ese lugar. Transmitir algo de su esencia.
¿Decide visitar un lugar por lo que supone que allí encontrará o cree que cualquier lugar es bueno porque no influye el sitio sino los ojos con los que nosotros queramos mirar y la actitud que adoptemos? Cualquier lugar ofrece el mundo en pequeño pero mis viajes suelen responder a una expectativa determinada. Intento descubrir cosas que no sabía, claves que me hagan crecer, y en función de eso diseño mis desplazamientos.
¿Podría decirme lo peor de Nueva York y lo mejor de Londres? Me refiero a estas dos ciudades por ser vivas,cosmopolitas y referencias culturales para cualquier movimiento. ¿Es una pregunta trampa? Lo peor de Nueva York, como acabo de decir, la agresividad. Lo mejor de Londres, sus oportunidades.
¿Qué le llevó a viajar por el Nilo y no a otro gran rio como por ejemplo el Amazonas? Un escritor me dijo que si tuviera que descartar algún río del mundo para viajar, ese sería el Nilo, porque todo estaba escrito sobre él. La opinión me escamó, y me puse a leer sobre el Nilo, descubriendo que en los últimos cincuenta años, desde Por el Nilo en kayak, nadie había escrito sobre el recorrido completo del río, que para occidente casi parecía reducir su paso a Egipto. Vi que el mito no tenía quien lo contara en el siglo 21. Hace un par de años terminé una primera versión de un libro de seiscientas páginas en el que seguiré trabajando, y algún día espero publicar.
¿Qué entraña más dificultad para usted una novela o un guión? Una novela, sin duda. Requiere mantener la tensión durante más tiempo, y no interviene nadie más. El guión suele recibir constantes interpretaciones de otras personas. Además, esa continúa negociación obliga a una flexibilidad y una tolerancia mayor… Una observación: al hablar de dificultades pienso sobre todo, eso sí, en dificultades creativas y, en ese terreno, la novela me resulta mucho más desafiante. La mayor exigencia del guión es el esfuerzo de síntesis que obliga a hacer. Todo debe ser más rápido, más directo.
Leo que en España se publican unos 70.000 títulos anuales… ¿Cree que se lee tan poco como dicen las estadísticas? Como la propia cifra indica, no creo que se lea poco sino diverso.
¿Con que libro intentaría despertar el amor a la lectura en un adolescente? La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. O con Te llevaré conmigo, de Niccolò Ammaniti.
¿Cuál es su método de trabajo? ¿Tiene una idea, explora, viaja, toma notas, escucha, observa y luego regresa a su casa se encierra durante meses y elabora una novela con todos los datos? Antes de partir, diseño el viaje. Calculo los tiempos que estaré en cada lugar, dejando un margen para variaciones en ruta. Salgo siempre con una idea y muchas lecturas realizadas, de modo que voy en busca de algo, una idea, nada material, pero una idea que debería dar sentido al conjunto del viaje. En Diablo de Timanfaya, busqué los volcanes, cómo afectan poética y físicamente a las personas. Para Hora de Times Square aunque es una novela, se basa en una temporada en Nueva York-, el pivote fue el tiempo, su manera de influir en los neoyorquinos. Los mares de Wang enfoca a la metamorfosis que la costa está provocando en los propios chinos… Los planes de inicio son tan inconcretos como las palabras que los definen: volcanes; tiempo; metamorfosis. Pero esa idea de fuerza sirve de guía, trato de empaparme de los lugares teniéndola siempre como referencia y dispuesto a que el exterior derribe o modifique o refuerce cualquier prejuicio. Luego, con el material recopilado y la idea primera ya muy matizada –o cambiada- me siento a escribir durante meses.
¿Cuando comienza a escribir tiene ya la estructura de la historia en la cabeza y conoce de antemano cómo va a desarrollarse la trama o alguna vez ha llegado a sorprenderse por un resultado inesperado? Los mares de Wang ha sido una de las mayores sorpresas –vitales y literarias- que me he llevado. Precisamente porque, partiendo de la idea de metamorfosis, di con Wang, que matizó la idea de partida, añadiéndole exactitud: cambié la palabra metamorfosis por contradicción. Wang, y su historia, me hicieron plantear el libro de una forma insospechada, pero necesaria. Diría que el libro no se podía escribir de otro modo, y eso es un regalo, porque la fuerza historia se impone a cualquier especulación, no admite titubeos. La historia manda. Después de Wang, he pensado a menudo que nuestro viaje fue la consumación de una idea con la que llevaba mucho tiempo fantaseando, porque en aquel viaje la historia de novela se mezcló con el viaje real y el resultado es algo que aporta la fuerza, la tensión y la verdad de la vida misma.
El protagonista de su novela ‘Atico’, Eduard Montes, tiene muchas obsesiones. ¿Hasta que punto son autobiográficas? Ático lo escribí realmente en un ático de Ciutat Vella, en un momento delicado de mi vida, siendo todavía más frágil que hoy. En ese sentido tiene bastante que ver conmigo, y con mis dudas sobre cómo conciliar arte y vida.
Si fuese profesor de literatura en ESO ¿Qué tres libros piensan que deben leer los chic@s de 16 años? A los dos que cité antes –Stevenson y Ammaniti- quizás añadiría –digo quizás porque se me ocurren decenas- Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé.
La promoción de su novela ‘Sudd’ incluyó un video promocional en youtube. ¿Adaptarse o morir? No sé si morir pero si hay que hacer promoción prefiero hacerla de un modo que conecte lo mejor posible con la gente de mi época. El objetivo de una promoción es llegar al público, y si youtube permite más público, ahí vamos. No creo que un escritor deba prescindir de los medios a su alcance, como no prescinde un músico, un pintor, un arquitecto.
En relación al fraude recientemente descubierto en ciertas guías de viaje (su autor nunca había pisado los países de los que hablaba), ¿qué opinión le merece tal picaresca? Primero, distinguiría lo que es una guía de un libro de viajes. Guías las hace Lonely Planet, National, Aguilar… los libros de viaje los escriben Josep Pla, Lawrence Durrell, Graham Greene, Bruce Chatwin… en cuanto a los que escriben sin haber viajado, supongo que un lugar es una atmósfera y si el autor logra aprehender una atmósfera, aunque no sea la de ese lugar, habrá que reconocerle que ha hecho un libro como poco interesante… otra cosa es que esa atmósfera concuerde con la del lugar físico. Capturar la atmósfera de un lugar es mucho más difícil de lo que parece. He coordinado varias colecciones de viajes, he leído años sobre viajes, y la conclusión es que hay grandes escritores que no saben enfrentarse a un lugar o explicar sus experiencias en ruta. Los buenos libros de viajes los suelen escribir viajeros.
El escritor de viajes ¿es simple notario de los lugares y hechos que le rodean? ¿ó se debe (ó puede) permitir fantasear a partir de los materiales que le ofrece esa realidad? Charles Darwin decía que “sin especulación no hay observación original y de calidad”, y estoy muy de acuerdo con él. Lo primordial, repito, es la atmósfera. Si para transmitirla necesitas en algún momento colocar alguna invención, y ésta encaja sin problemas y enaltece el texto, yo no dudo. Otra cosa sería poner en boca de personas reales declaraciones que no han hecho, o inventar situaciones que de ninguna manera podrían darse en aquel sitio… Y tampoco hay que abusar, claro. La fantasía, en los libros de viajes, es un recurso.
¿Considera, a la vista de su obra publicada, qué ha conseguido imponer su proyecto literario a las exigencias editoriales? ¿Ha tenido que hacer alguna concesión? Imponer quizá sea una palabra excesiva, pero es verdad que he ocupado un hueco, un espacio todavía muy desasistido. Creo que un quid es haber hecho pocas concesiones. Desde que al abandonar el periodismo full time decidí escribir, he elegido siempre mis proyectos, he descartado numerosas ofertas y lo único que he mantenido son colaboraciones puntuales que me proveen de dinero y lecturas, además de permitirme seguir en contacto con las calles españolas.
Hoy en día parece que todos los autores desempeñan oficios y ocupaciones relacionadas con la escritura: periodistas, guionistas, críticos, escritores de narrativa. ¿Cuestión de supervivencia o necesidad artística? Más o menos lo respondí antes. Para mí, también tiene algo de necesidad artística pero diría que la supervivencia es fundamental. En España empieza crearse una infraestructura editorial que debería permitir ganarse la vida escribiendo a más gente de la que se la gana ahora. Pero aún queda.
¿Ha perdido palabras por el camino, ha enterrado algunas para siempre? Si ha ocurrido, no soy consciente. Las palabras brotan de una forma bastante automática. Durante años es cierto que encumbré a algunas, o era muy consciente de que usaba tal o cual. Ahora, simplemente fluyen.
¿Qué viaje le inspira la palabra: Asturias? La Semana Negra de Gijón. Copas con amigos, ciclismo sacrificado, mar, playa, fotografías comprometidas, minas, gente sólida, una noria… Debería buscar el pivote que diera forma a eso y mucho más.
¿Es muy diferente la cultura anglosajona de la española? ¿En qué se diferencian más? Qué difícil sintetizar culturas. Quizás algo que define a los anglosajones es la eficacia. Y la curiosidad. Por eso, en China se encuentra ese prodigio llamado Hong Kong. Se me están ocurriendo un montón de cosas que distinguen o unen a unos y otros pero sería muy largo, necesitaría un libro.
¿A la hora de escribir UNA ESPAÑA INESPERADA, cuál fue la mayor sorpresa que se llevó? Que la España que suponía tan cambiada respecto a la que contaba Juan Goytisolo en España y los españoles continuaba muy apegada a valores hiperrancios. Encontrar escenas y actitudes propias de otro –y menos desarrollado- siglo fue muy inesperado. De hecho, el título rubrica la estupefacción de un español que va en busca de un país del siglo 21 y se encuentra hasta con el 19.
En la mayoría de los comentarios que he leído sobre su obra, se habla de usted como referente del nuevo periodismo, como un escritor de carácter renovador. ¿Se siente realmente así? Hay libros que he escrito con la intención de aportar algo, aunque nunca olvido –y a menudo explicito- que algunas de mis “innovaciones” beben de trabajos que se está realizando en otros países, sobre todo Estados Unidos. Sea como sea, la renovación hoy suele vincularse a cuestiones formales: siempre que he escrito algo gráficamente renovador, la gente responde señalándolo, porque es obvio que es distinto. Sin embargo, poca gente ha señalado la renovación que propone una novela como Sudd, por ejemplo. Ahí, la estructura, la cadencia narrativa, todo es aparentemente clásico. Sin embargo, la idea de fuerza reversiona el mito del laberinto. Hasta ahora, el laberinto era estático. Podía ser imbatible, las paredes descomunales, imposibles de derribar, pero estático. Las oleadas de información actuales y las confusiones que desencadenan han hecho que el nuevo laberinto sea móvil. Si tú intentas evitar una pared, esa pared puede que se mueva contigo, de manera que es un dédalo todavía más angustioso e infranqueable si cabe. Creo que el hecho de traer un mito a la contemporaneidad es una de las grandes renovaciones que puede aportar un escritor, por no decir “la renovación”. Que lo haya hecho con éxito o no es otro tema, pero no deja de extrañarme que casi no se haya aludido a ese aspecto fundamental de la novela. Conclusión: la estética, hoy, ciega considerablemente. Y pregunta: ¿a qué consideramos renovación?
¿Sigue pensando que “en España ser joven y escritor es sinónimo de inmadurez y resta crédito”, o por el contrario cree que, tanto editores como lectores, empiezan a considerar que la literatura necesita un cambio? A los escritores españoles de última hornada que intentan proponer vías algo diferentes no se les está tratando demasiado bien. Hay autores estupendos, además de otros que apuntan muy buenas maneras y a los que habría que animar, e incluso publicar antes que mucha mediocridad importada. Pero el chovinismo en el mundo del arte no es una de nuestras características, desde luego. De todas formas, el cambio ha empezado, simplemente porque los editores han observado que si no se potencia a los nuevos escritores españoles no habrá nuevos libros, y eso sería un problema para ellos y para la literatura española.
Se le ha definido a usted como autor de libros de viajes. ¿Planea un viaje con vistas a un nuevo libro? o ¿Surge un libro cuando está realizando un viaje? Ahora trabajo en un libro sobre la Gran Barrera de Coral que desencadenó la lectura de una información a propósito de los corales durante una visita con mi hijo al Aquarium de Barcelona. El germen de los libros, como de las novelas, está en ti, y de pronto algo lo fecunda, una visión, un sueño, un encuentro… Conforme la idea se hace grande, percibes sus posibilidades, calibras tu energía y tus deseos, y entonces decides qué tipo de libro vas a abordar. Mientras viajo puedo percibir otro libro en el alero, sí, pero no sabré si la idea es lo bastante buena hasta que no acabe el proyecto que tengo entre manos y pueda permitir que la nueva intuición se expanda en mí.
¿Qué libros de viajes recomendaría para viajar con la imaginación? Un buen libro de lo que sea es lo que tiene: desata la imaginación. A los ya citados, añado por ejemplo Los trazos de la canción, de Bruce Chatwin; Los hilos del mundo, de Nicolas Bouvier; Pirata en mar de China, de Aleko Lilius; Cartas de Italia, de Josep Pla; Los árabes del mar, de Jordi Esteva. Viaje a Oxiana de Robert Byron.
Ir a un país, intentar conocerlo y entenderlo, ¿supone necesariamente un viaje ‘al corazón de las tinieblas’? No. Las tinieblas son demasiado tenebrosas y aprender tiene más bien que ver con la luz (aunque matizada por nubes de distinta consideración, dependerá del país).
¿Un libro de viajes busca siempre el lado amable y humano de cada lugar? No. Un libro de viajes busca transmitir la mayor esencia posible de un lugar, y eso es siempre territorio de claroscuros.
¿Se dan la mano la literatura y los viajes? ¿Es, a veces, más extraña la realidad que la ficción? Con frecuencia, y por eso alguna vez vale la pena moderar o explicar soberanamente bien –para hacerla creíble- alguna situación real, por inverosímil. Sin viaje no hay literatura.
¿Se considera un escritor comprometido? ¿Cuál es ese compromiso? A lo primero creo haber respondido antes. En cuanto a lo otro… me debo a lo que amo, así que supongo que mi compromiso es para con la vida y sus amantes.
¿Cree usted que es posible crear un personaje sin la necesidad de agarrarse a la idea de influencia+influencia+influencia? Si te agarras a una idea, estás perdido. Como la propia palabra indica, el agarrotamiento te vencerá. Si encima tu agarradero es la idea i+i+i, estás muerto. Te pudrirás en los infiernos de la hiperintelectualidad. Por otra parte, resulta inevitable reconocer tus influencias. Vale. Las tienes, has aprendido de tales autores, los admiras. Ahora, relájate, y, al escribir, aun sabiendo que lo que vas a producir seguro que posee admirables antecedentes, ten también por seguro que nadie lo habrá hecho jamás como tú.
Si usted dice que al sujeto le queda él mismo y el mundo exterior no se está refiriendo a influencia+influencia+influencia? Quien esté libre de influencia, que tire la primera piedra.