Bio
Praviano del 52, escritor tardío, o de vocación poco madrugadora que luego aprovecha el resto del día con ansia: novelas (“El viajero que huye”; “Azúcar”; “Matómelo Dumas”), relatos (“Los chispazos burlones de las estrellas”), guiones, teatro, ensayos (“La Conferencia. El plagio sostenible”), cuentos infantiles, colaboraciones en La Nueva España (al que ahora se le ha sumado su blog) son algunas de las cosas que hace, y por las que recibe premios (Premio Nacional de Novela Francisco Ayala; Premio Caja de España). El último, Lengua de Trapo, por su novela “La lavandera”, publicada en la editorial del mismo nombre.
¿En sus obras hay más de usted o más de lo imaginado? ¿Qué opina sobre los autores que, como yo, vemos el teatro como un mundo cercano por redescubrir? ¿Estamos algo locos? (Amadís de Gaula) En mis obras soy todo yo, incluso todo lo imaginado soy también yo, y yo soy muchos. “Contengo multitudes”, decía Walt Whitman.
Utilizando términos propios de su profesión, a la hora de escribir ¿levanta andamios y estructuras en las que apoyarse antes de comenzar una novela, o por el contrario escribe dejándose llevar por la intuición? Si su respuesta es afirmativa a la primera parte de la pregunta me gustaría saber si reutiliza dichas estructuras. A la hora de reescribir el texto ¿Cómo lo fragmenta? Quiero decir, que si a la hora de corregir, reescribir, se detiene en párrafos, folios o capítulos enteros. Es decir si tiene una medida determinada, o simplemente corrige todo el texto sin tomar unidades más pequeñas. (Ángela MD) Sí, levanto andamios y estructuras; la intuición es peligrosa y la utilizo en pequeñas dosis, en incursiones de poca monta. ¿Si reutilizo las estructuras? No, casi todas son desechables, encofrados y apeos perdidos, porque cada novela requiere una construcción muy singular. A la hora de reescribir y corregir, quizá la parte de la obra en la que más disfruto (en todas las fases lo paso muy bien), lo hago al por mayor y al detalle; primero repaso lo gordo, con garlopa; luego, desbasto, pulo y abrillanto, y termino sacando filo a cada palabra, una por una, y así hasta que estoy de la novela hasta los cojones.

(C) La Nueva España (www.lne.es)
Sr. Monteserín, ha cultivado usted un gran número de estilos, desde la novela hasta el relato corto, pasando por el ensayo o el cuento infantil. Sin embargo, salvo error u omisión por mi parte, no conocemos que haya publicado usted poesía. Dígame, ¿cómo es su relación con la ella? ¿Se limita a ser lector o ha hecho sus pinitos en privado? Si es así, ¿le gustaría publicar algo en el futuro? Por otra parte, quisiera saber cuál de estas dos preguntas le han hecho más veces: ¿qué hace un aparejador metido a escritor?, ¿qué hace un escritor metido a aparejador? Muchas PRAVIAS, quiero decir, gracias. (Philip) Poesía fue lo primero que escribí, de niño y adolescente; a decir verdad, la escribíamos entre Gustavo Bécquer, Pablo Neruda y un servidor, casi siempre destinadas a alguna moza. Una de ellas, hace poco, pretendía denunciar a Neruda por haberme plagiado. Hace un año publiqué por primera vez unos poemitas muy cortos, en asturiano, que publicó la Academia de la Llingua, junto con otros autores (Lletres Asturianes, mayo de 2007). Soy poético en mi prosa, pero no me tengo por poeta. Por supuesto que me gustaría escribir poesía y publicar. Más allá de escritor, me gustaría ser poeta; más allá de poeta, pintor; más allá de éste, cantaupintor. Pero no me llamó Dios para esos menesteres. Lo que mejor sé hacer es escribir, pero no lo que más me gusta.
¿Qué es para usted escribir: una pasión, una necesidad, un placer, una vocación…? ¿Es fácil sustraerse a las modas literarias y escribir lo que uno realmente quiere escribir? (Asagasti) Todo eso junto, o sea, vocación. Escribo porque sino, me saldría la tinta por las orejas. Escribo porque no tengo otro remedio. Y tengo prisa por hacer arte antes de que la muerte me saque de quicio. Quiero escribir a tope, ahora que tengo tiempo, por si acaso más allá de esta vida me falta la oportunidad. Mi prisa y mi prosa seguramente tienen que ver con mi poca fe. ¿Sustraerse a las modas? Para mí es facilísimo. Soy muy independiente; aunque escribiera por encargo (a veces lo hago), siempre cuento lo que me da la gana. Y no tiene que ver con las modas, al menos a propósito, sino con el afán de ofrecer un nuevo punto de vista.
Tiene fama de prolífico, escribiendo. ¿Qué le frena a la hora de crear: las críticas con mala leche, los “bajones”, el sol del mediodía en Agosto o la octava vez en dos horas que Windows le deja colgado? Las protagonistas femeninas en “Matómelo Dumas” y en “La lavandera” me han impresionado por su sensibilidad, lucidez, energía vital y cultura. Si fuesen hombres le preguntaría lo mismo ¿Pensó en alguna en concreto o le hizo falta reunir estas cualidades de un montón de recuerdos de mujeres? (César) A la hora de crear me frenan mis limitaciones: el oficio y la inteligencia; si yo escribiera según lo que espero de mí, estoy absolutamente convencido de que sería una bomba, el non plus ultra. Pero, lo dicho, me frena mi incompetencia. ¿Críticas malas? Nunca las tuve. O me ignoran los críticos, o me tratan bien. En cuanto a las mujeres de “Matómelo” y de “La lavandera”, sí, es cierto, son recuerdos de un montón de mujeres, con una gran dosis de la abnegación, el amor y la bondad de mi madre.
Suponiéndolo incompatible, ¿prefiere que sus libros sean los más leídos o los más comprados? Y al hilo de esto ¿cree que se debería pagar una tasa en las bibliotecas públicas? ¿Qué cuento clásico escogería para que se hiciera realidad? (Escoma) Sin duda, prefiero que mis libros sean los más leídos. Sí, las bibliotecas deberían pagarnos una tasa a los escritores. ¿Un cuento para que se haga realidad? Sería estropearlo. Un leñador, al volver a su aldea, presumía siempre de haberse encontrado con algún ser extraordinario: náyades, ninfas, sirenas… El día que llegó a verlas de verdad manifestó a sus paisanos, con desencanto: Hoy no he visto nada. Oscar Wilde y yo atribuimos mucha mayor entidad a lo imaginario y aún no conseguido que a lo real. No me jodas el cuento, no me lo hagas realidad.
¿Qué libro ha leído últimamente que recomendaría? ¿Se plantea escribir guiones de cine? (Pulgarcito) Para mí, que leo todos los días, “últimamente” significa en los últimos minutos. Hoy leí Cuadernos, de Paul Valéry, no lo terminé y lo dejo en el baño para continuarlo; ayer leí Historia de mi vida, de George Sand… Pero si tengo, ahora mismo, que recomendar algo a alguien que no conozco y le interesa la literatura, diría Final del juego, cuentos de Cortázar. Recomendando libros podría estar hasta el año tres mil. Tengo una lista, muy cambiante, con mis MIL MEJORES LIBROS. Hice un curso de guiones de cine y televisión, hace ocho o diez años. Escribí algún guión corto y me gusta, pero no es mi prioridad.
¿Qué consejo daría a la gente que empezamos aparte del ya consabido ‘escribir y escribir’? ¿Qué le llevó a abandonar su profesión para dedicarse a escribir? (El Portu) Aparte de escribir y escribir, leer y leer, vivir y vivir…, y escribir. Nulla dies sine linea. Dejé mi profesión porque no quería morirme sin intentar ser escritor. Estoy en ello.
¿Por qué a un periodista y escritor le puede gustar el fútbol? ¿Cree que el cuento es para los niños, la novela para los jóvenes e inmaduros, la poesía para los pusilánimes, y, cuando se es una persona adulta, lo único serio que se debe leer es el ensayo? (Airun) Si te refieres a mí te diré que yo no iba al fútbol, y que entré por un favor personal que me pidieron, y que detesto el fútbol con toda mi alma. A lo mejor sí, porque yo leo cuentos, novelas, poesía y ensayos; y tengo mucho de niño, de joven inmaduro, de pusilánime y de adulto.
En cierta ocasión le preguntaron (sic): ¿Hacia dónde te diriges como escritor? Usted respondió (sic): -A copiar de mí. A explicarme a mí. Y a tratar de que mis lectores lo pasen bien leyéndome. Divide la respuesta en tres partes muy diferentes entre sí. La tercera me parece lo más lógico y hermoso que puede querer un escritor. Pero las dos primeras dejan un extraño desasosiego y da la sensación que ha contestado eso para llenar un espacio que no puede o no sabe explicar. ¿Podría usted intentar que yo sea capaz de comprender esas dos frases? (27deAbril) Claro que sí; esas dos frases tienen mucho que ver con lo que dice y aconseja y concluye Proust en el séptimo y último libro, El tiempo recobrado, de su obra grandiosa, En busca del tiempo perdido. Dice Marcelino que el artista tiene que escuchar en todo momento a su instinto; dice que el libro más penoso de descifrar es el único dictado por la realidad, el único cuya “impresión” la ha hecho en nosotros la realidad misma. Esa “impresión”, por mísera que parezca, por inconsistente que sea su huella, es un criterio de verdad y por eso merece ser aprehendida por la mente y expresada en un papel. ¿Aplaqué tu desasosiego? Estoy dispuesto a explicarme con más detalle, no te quedes incómodo.
¿Qué tiempo perdido busca Pepe Monteserín? Ópera, lectura, fútbol ¿pasiones encontradas o un sentimiento común? (Sacro) Es curiosa la pregunta; obviamente, no escuchaste mi respuesta anterior, o, por el contrario, la intuiste. Me busco a mí y, sobre todo, trato de detener el mundo. Escribí una novela con ese título: Se detuvo el mundo. No veo ópera, ni jamás, desde hace cinco o seis años, me asomo a un partido de fútbol.
¿Qué se necesita para escribir? ¿Cuál cree que es el mayor tópico que se les atribuye a los ‘escritores’? (Aroa) Para escribir bien es necesario oficio. A partir de ahí, e incluso antes de eso, sería recomendable vocación. Añadiría una frase que leí a un personaje de Lawrence Durrell, en su novela Cefalú; el personaje me parece que se llama Compton y era pintor; decía que él pintaba con la lujuria del alma. Bueno, yo escribo como ése pinta.El tópico más grande es el de la inspiración. Pero, sin inspiración no hay nada que rascar.
El pasado año recibió el Premio Lengua de Trapo por La lavandera, la última obra que ha escrito. ¿Debido a esto de podría decir que La lavandera es la obra que mas importante le ha parecido de todas las que ha escrito, o cree usted que todas las obras que ha escrito son importantes? ¿Cuál de sus obras ha tratado usted con mas mimo a la hora de escribirla? (Bárbara) No estoy seguro de que mi última obra publicada sea la mejor. En mi oficio, todo lo que escribí es importantísimo, incluso lo que tiré en la papelera; no lo digo por abusar de las antítesis, sino convencido. La lavandera, como Matómelo Dumas, son obras muy parecidas, y escritas con más oficio que todas las anteriores, pero eso no es suficiente. Hablaba antes de lujuria: ¿fue nuestro último polvo, nuestro mejor polvo?Jamás escribí sin ganas, sin poner en cada obra todos mis sentidos y sinsentidos. Si tuviera que decir una, diría que la primera, Mar de fondo. Y la que más tardé, donde más sufrí, donde más aprendí.
En cierta ocasión usted comentó que para escribir necesita que haya una cierta tranquilidad a su alrededor. ¿Ha tenido que escribir alguna vez en unas condiciones opuestas a esa serenidad en su entorno? (Violeta) Más que tranquilidad a mi alrededor, como por ejemplo que no haya voces ni ruidos, lo que necesito es tranquilidad interior. Con ruidos externos e internos escribí alguna vez, y no sólo artículos, también alguna novela, pero no es lo más recomendable.
Sus novelas ¿son más fantasía o están basada en su vida con algún punto de imaginación? ¿Qué piensa de que los niños de hoy no sean el Azúcar que nosotros fuimos? (Ultreya) Todo está basado en mi vida, todo lo que hacemos, yo y cualquiera, es autobiográfico. El pintor que retrata, a sí mismo se retrata. Un albañil, cuando apareja un muro de ladrillo, es autobiográfico. Yo sabía qué obrero realizaba cada tajo en una obra, aunque él ya se hubiera ido. En lo imaginado y en lo real me hallo. En Pravia, donde nací, los jóvenes nos llamaban “azúcar” a los niños cuando les preguntábamos si podíamos jugar con ellos. “Sí, puedes jugar, pero eres azúcar”, decían. Eso significaba que teníamos voz pero no voto; éramos una especie de aprendices. A mí me da mucha pena que mi hijo no haya vivido esa infancia, pero me da más pena no vivir yo la suya…, además de la mía, claro.
Siendo sincero, le diré que no había leído nada suyo hasta que se presentó esta entrevista. A posteriori he leído todos aquellos artículos que he encontrado. Mis preguntas son: ¿Por cual de sus libros me recomendaría empezar para formarme una idea más completa de su forma de contar historias? ¿Me recomendaría que no leyese alguno de sus libros? ¿Por qué? (N1hm) Si estoy hablando con un lector iniciado, le diría que leyera Matómelo Dumas y La lavandera, ya mencionadas. A un lector furibundo le aconsejaría La conferencia. El plagio sostenible. Caso de uno bisoño, recomendaría mis relatos cortos, El viajero que huye, o Tráeme pilas cuando vengas… A una madre (no tanto un padre), con hijos entre uno y diez años le recomendaría, iniciada en la lectura o no, La mano entera.Todos mis libros son recomendables. No me avergüenzo de ninguno.
Ahora que mucha gente reivindica la oficialidad del asturiano y está más concienciada de que es el idioma de los asturianos, ¿no piensa que se debería incentivar más a los escritores a expresarse en dicha lengua? En el hilo ya abierto, ¿ha escrito usted algo en asturiano? ¿Existe algún paralelismo entre la arquitectura y la escritura? (Neri) Debe incentivarse el asturiano, y se hace. El año pasado me publicaron unos poemas cortos en asturiano, y la Academia de la Llingua también me publicó un cuento ilustrado, Ensin párpagos. En mi primera novela, Mar de fondo, publicada hace catorce años, cuando todavía trabajaba en la construcción, uno de sus personajes, una mujer llamada Milagros, se expresa en asturiano. El pasado verano invitado en Cenera a dar el pregón de las fiestas de la Serondaya, lo hice en asturiano y vestido con el traje de asturiano. Existen paralelismos, claro, pero a alguien que quisiera ser escritor nunca le aconsejaría, como primera medida, que estudiase arquitectura.
A la hora de escribir una historia, ¿hay que tener ya estructurado y preconcebido como se va a desarrollar y cuál va a ser el final, o puede dejarse que la narración avance sola y seguirla hasta donde te lleve? Para los que empezamos y necesitamos a alguien que corrija y valore nuestros trabajos, y nos indique los puntos débiles, lo que hay que mejorar, o lo que hay que cambiar de nuestra escritura, ¿cuándo se consigue saber por uno mismo que lo escrito está redondo? (Yesca) Las dos vías son posibles y ambas conllevan un riesgo, al menos en mi caso. Si uno lo sabe todo antes de empezar, puede llegar a aburrirse; si uno no sabe nada y avanza al albur, puede perderse. Una combinación de ambas técnicas es la que yo utilizo.Que una obra está redonda no lo saben ni los críticos especializados, ni la Historia, ni el propio autor, ni el índice de ventas. Desde luego, me parece importante que el autor crea imposible mejorarla, pero conviene escuchar también las opiniones de personas de nuestra confianza. Así y todo, es muy difícil saber hasta dónde y cómo. Acabo de venir de Madrid, de una exposición de Modigliani y él mismo no quería tocar por segunda vez las obras pintadas poco menos que en arrebatos, decía que si volvía sobre ellas, podía mejorar su pincelada y, al mismo tiempo, estropearlo todo.
¿Ha participado en alguna ocasión en un taller literario? ¿Cómo se empieza por la arquitectura técnica y se termina ejerciendo de periodista y escritor? ¿Vocación tardía? ¿Cambio de tercio? (Rubázquez) Nunca asistí a un taller literario. Cuando empecé, hace catorce años, asistí en la Universidad, durante un año, a un curso de guiones de cine y televisión. Pero leí y subrayé, y aún consulto, decenas de libros sobre el oficio de escribir. Quise ser periodista, pero un montón de azares me llevaron a esta carrera técnica. Luego, me fue bien, fui bien tratado, bien pagado y tuve un trabajo tan creativo y absorbente que apenas pude escuchar mi voz interior. Hace unos diez u once años reflexioné y decidí. No fue vocación tardía, yo nací escritor. Sí, cambié de tercio.
Después de usted, ¿Quién tiene la primicia de leer sus novelas? Una vez que la novela está en la librería, ¿se olvida de ella por completo, o por el contrario tiene por costumbre releer sus libros como ejercicio de autocrítica? (Judit) Mi mujer y un amigo, también escritor; luego, mi editor o algún jurado de algún premio.Jamás vuelvo a leer un libro mío publicado. Quizá alguna página suelta, alguna consulta, pero nunca entero. Ten en cuenta de que antes de publicarlo lo habré leído veinte mil veces. La autocrítica antes, no después.
En el mundo de la música hay compositores que crean melodías e instrumentistas que las ejecutan, en el cine hay guionistas que desarrollan historias y directores que las organizan, en el ámbito de la arquitectura existen arquitectos que establecen los proyectos y peones que ponen los ladrillos. ¿Cree usted que sería positivo para la literatura que una persona proponga la idea central y otra la desarrolle?, ¿o piensa que las grandes obras necesitan de un solo ingenio? En el caso hipotético de que usted tuviera que escribir una novela compartida según este planteamiento, ¿usted preferiría ser el que da la idea y establece las líneas maestras, o el que usa su capacidad de expresión y conocimiento de las palabras para llevar a buen puerto dicha idea? (Velasco) Defendí a los negros siempre. Si el de escritor fuera un oficio emergente, se pagara como a los arquitectos, tendríamos “negros” trabajando para nosotros, o sería negro de alguien, o colaborador, discípulo o como quiera llamarse. Sin renunciar nunca a mi nombre, yo colaboraría con cualquiera. Creo en eso. En cuanto a esa novela compartida, me quedaría con el que cuenta la historia, más que con el que la inventa. Gozo escribiendo, contando las cosas a mi manera. Pero no iría jamás al cincuenta por ciento de los beneficios; no olvidemos que el mérito de la Gioconda no es el de esta mujer, que puso la idea o la cara, sino de Leonardo; ni es mérito de Magallanes la biografía que le hizo Stephen Zweig. La idea es menos importante que llevarla a cabo.
¿Documenta al detalle sus novelas o deja lugar a la imaginación y la creación? ¿Cree que los concursos literarios son una buena forma de iniciarse y encontrar un lugar como escritor? (Xuan Manuel) Suelo documentarme mucho pero eso no me coarta la imaginación, que también ejerzo en cada página. Los concursos son buena forma de iniciarse y de continuar por esta vida. Si yo os contara… Me refiero a escritores “consagrados” que coincidieron conmigo en concursos, y los que ahora me encuentro también, yo como jurado y ellos opositando. Actualmente, los arquitectos se presentan a concursos de obras… Siempre estamos concursando, de una u otra manera.
¿Cómo se reconstruye la vida de un personaje como Manuel Acuña?
¿En qué momento se decide y piensa ‘este va a ser el argumento de mi próxima novela’? (Pepina) Documentándome sobre su vida y, algo fundamental, escogiendo un punto de vista insólito. Yo elegí un personaje de ficción, la señora que le lavaba la ropa.Uno, aunque esté escribiendo otra historia, siempre tiene la antena puesta. Pero a mí, sigo comparándome con los pintores, me interesa menos el asunto que el estilo; me da lo mismo pintar una mona que una Monalisa; un bufón que un rey. Es más, me gustaría ser un escritor por encargo. Y alguna vez lo hice.
¿Cree que un autor asturiano es fácilmente reconocible? Es evidente que me refiero a escritores asturianos que escriben en castellano. ¿Hay temas comunes a los escritores asturianos de su generación? (Celia30) Podemos coincidir, y no siempre, en el paisaje; alguna vez en los asuntos tratados, es lógico. Yo no soy costumbrista. Hay claves para dar conmigo, pero sólo yo las conozco. Nadie que haya leído La lavandera, encontrará al escritor asturiano; reconocerá a Monteserín, pero no por asturiano.
¿Quién es su autor favorito español no contemporáneo? ¿Cree usted que los escritores asturianos actuales comparten ciertas características esenciales, y si es así, cuáles? (Quevedo) Quevedo y Cervantes. ¿Qué compartimos? Los problemas de distribución de nuestras obras; lo difícil que resulta para un escritor asturiano aparecer en los telediarios generalistas, nuestra duda entre escribir en Asturias o ir a pendonear a Madrid. ¿Otras señas de identidad? Si acaso el paisaje, entre los que ubican la acción cerca de su domicilio. Y la mina y el busgosu y toda la pesca, y un algo inexplicable de melancolía, como si se nos hubiera metido un Nuberu en el ojo. Y nuestro idioma, claro, de haberlo cuidado, hubiera sido nuestra piel. También memoria y esperanza, tradición e ilusión, inteligencia y fantasía, amor y crítica, pasión sostenida, honor, educación y revolución… Podemos hacer grande la patria chica, podemos ayudar a exprimir más y mejor nuestros frutos y conseguir buena literatura de “turcipié”. Hay que trabajar en todos los frentes y los escritores abarcamos un mundo imaginario inagotable, países de Nunca Jamás que no envejecen y apenas tienen gastos de mantenimiento.
¿Cuenta en sus novelas lo que vive o vive para poder escribir novelas? Sabe que todos nosotros participamos en el Taller de las palabras. Si esto fuera al revés ¿Qué dos preguntas nos haría? (Las Caldas) Cuento lo que vivo, vivo para escribirlo y lo cuento para vivirlo.¿Qué te gustaría contar? ¿Por qué no lo haces? Eso os preguntaría.
El viajero que huye, Azúcar, Matómelo Dumas, La Lavandera… Y en medio de todas estas novelas ni largas ni cortas, La Conferencia, novela-ensayo o ensayo novelado, que requería una mastodóntica labor de recopilación de datos, lecturas, notas y apuntes, un trabajo ingente que supongo tedioso a veces… ¿Algo que llevaba dentro, como ese gusanito que te corroe, perfilándose, aclimatándose, esperando su ocasión? ¿Un reto? ¿Una broma que va y ya no te deja…? ¿Varió mucho el resultado final de la idea primigenia? (Gaspar) Nunca fue tedioso el trabajo para la conferencia; exhaustivo, ingente y cansado, pero no tedioso, al revés. La idea primitiva, y el reto, era escribir un ensayo; finalmente, incorporé, entreveré una historia de amor. El resultado final se pareció mucho a la idea inicial, que en su momento me pareció irrealizable.
Hay una pregunta que hace el doctor Alcázar en el capítulo 7 de su ensayo La Conferencia: ¿Sabe usted cuántas obras habrán quedado en el cajón?, ¿cuántos libros inmortales habrán muerto? Con respecto a ella, ¿ha tenido que guardar en el cajón, para mejores tiempos, alguna de sus obras? ¿Qué siente-piensa un escritor cuando manda un manuscrito (en el que ha puesto todo de sí) a múltiples editoriales y todas le contestan, amablemente, con cosas similares a que éste no encaja con sus planes de publicación? (Márcugo) Tengo alguna obra en el cajón, pero no espera mejores tiempos; son malas, fallidas. Hasta ahora, no con demasiadas dificultades, publiqué todo lo que quise. Eso me ocurre cada vez con menos frecuencia, pero aún sigo sufriéndolo. Hace un mes terminé una novela y ya tuve el primer rechazo. No me desanimo, estoy escribiendo otra y, al mismo tiempo, trato de colocar aquella.
Me detenía en los títulos de sus textos, sobre todo en dos que me parecieron originales: Ignorolitos y Matómelo Dumas, ya con esta elección de los títulos manifiesta una tendencia lúdica y de exploración de la palabra. Quisiera saber:¿Cuánto de este rasgo está presente en su obra y si es conciente de ello? ¿Qué necesita sacar de su interior para escribir? (Cielo) Es una actitud consciente, la de jugar con las palabras, y ello da colorido a toda mi obra. No sé escribir de otra manera. Exploro la palabra y exploro el alma, mi alma, como ya dije anteriormente. Hablo de mí, siempre hablo de mí, también cuando hablo de otros. Es inevitable, o al menos, no debe evitarse: nuestra pincelada es la que puede trascendernos o, cuando menos, distinguirnos.
En la novela La conferencia. El plagio sostenible, Josué Buelves, su protagonista, demuestra unos conocimientos literarios exhaustivos que utiliza para preparar una conferencia. Cuando narra su vida como peón de Obras Públicas y hombre enamorado permite, así lo sentí yo, relajarse de tanta erudición. Y se agradece. Es como leer dos libros en uno. ¿Busca usted este efecto en sus lectores? ¿Cuánto tiempo necesitó para informarse de las numerosas obras que comienzan citando el verbo dormir? (Antía 100) Buscaba ese efecto. La conferencia es erudita y espesa, la vida de Buelves no. Yo mismo descansaba al incorporar ese nivel. Habré consultado unos diez mil libros de ficción e hice referencia a más de mil, creo, que adjunto en el índice onomástico con las obras citadas. Empleé un año en todo el trabajo, desde que concebí la idea hasta que puse el punto final. Y además tuve la colaboración de un poema de Fernando Beltrán, inédito y escrito expresamente para esta obra, que le di a leer antes de terminarla.
Novelas, ensayos, artículos en prensa, relatos, libros de viajes, guiones para televisión, cuentos infantiles, obras de teatro. ¿No está tocando ‘muchos palos’?Soledad, su personaje en La Lavandera, descubre a los demás a través de las manchas de la ropa. ¿Cómo descubre usted a sus personajes? (Llagos). ¿Por qué crees que no debo tocar “tantos palos”? ¿A mis personajes de ficción? Suelo esbozarlos antes de que existan; conozco sus intenciones y sus miedos. Luego, voy descubriendo sus matices a lo largo de sus peripecias.
¿Usted fuma? (si es así, haga el favor de abrir la ventana) ¿Ha matado a alguien y lo ha hecho parecer un accidente? Si es que sí, cuéntenos si lo pillaron. Si es que no, díganos a quién haría desaparecer del mapa si dispusiera de inmunidad y/o impunidad. (Presuntamente) No fumo más que, de vez en cuando, un porro. Jamás fumo ni bebo alcohol mientras escribo. Sí, he matado. Discúlpame si no entro en detalles.
¿Qué miedos se interpusieron a la hora de crear? Los venció. Seguro. Pero… ¿Cómo lo consiguió? (Carmen SR) Siempre tengo el mismo miedo: no terminar. Y no siempre consigo terminar.