Ella sabía a lo que venía. ¿Cómo robar pergaminos? poniéndole cerco al trigo o quizás disimulándolo. En un pliego de documentos sin copias del s.XIII residía la clave para encontrar un supuesto tesoro en una colina circundante. Entre las líneas de un infante Alfonso, futuro rey Alfonso X, recibiendo bajo su protección al monasterio de San Pelayo de Oviedo se custodiaba lo que otros llaman mapa del tesoro. Lo primero era entrar y lo logró bajo supuesta vocación cristiana presentándose a una beata en la hospedería del monasterio. Pronto cuajó una amistosa conversación. Luego llegó el arroz con leche a dos cucharillas que se quemó cuando tuvo acceso a la sala donde estaba el anhelado archivo. Allí escribían poemas a Cristo con una caja infantil: tijeras, lápiz, goma, regla y punzón. Pero la ya veterana madre Teresa hacia las cuatro de la tarde bailaba las llaves entre migas y ronquidos momento que aprovechaba la pirata para usar la maestra, abrir la vitrina y desgarrar lentamente a golpe de punzón las hojas que le eran prohibidas. Sustituía cada pergamino por un folio vacío amarillento del mismo peso, rugosidad y grosor.
Cuando una puerta se cierra una ventana se abre, y por allí decidió salir nuestra ladrona el último día para darle algo de emoción. Desde entonces nadie se ha dado cuenta que en la cuarta estantería del viejo archivo de la vieja comunidad de la Regla hay un libro invisible donde sólo quedan falsos pliegos en blanco dentro del tomo. Mientras a tierra movida huele en las cimas circundantes de la ciudad, Teresa se ríe. Los pliegos de su monasterio ciertamente señalaban la existencia de un tesoro nunca hallado, pero que se encontraba bajo el suelo de aquella silla antigua donde la veterana hacia las cuatro de la tarde bailaba las llaves entre migas y ronquidos, auténtica guardiana del tesoro del Señor.
Amadis de Gaula

TERESA B.
Me gusta el relato y el golpe de tuerca que das al final. Sólo tengo que mencionar una cosa: El hiperbaton funcional regular en la prosa