Una noche de verano
Anoche me fui pronto a la cama. Serían las doce la de noche, repito, para mí pronto. Con esta ola de calor, sudaba como un pollo y me estaba costando quedarme dormido y por supuesto con la ventana abierta. Cuando por fin lo consigo, olvidando del calor, en medio de la noche me sobresaltan unas voces. ¡Coño!, Me parece que por aquí hay alguien. Mi mujer no se enteraba ni del nodo. Con el corazón sobresaltado me armo de valor y abro un ojo. Juro que esperaba encontrarme con algún sudamericano o algún paisano del Este apuntándome con una pistola. Me quedé más tranquilo cuando ví que en la habitación no había nadie. Lógico vivo en un piso de urbanización cerrada, en un segundo piso con portero físico las veinticuatro horas y no en un chalet. Habrá sido una pesadilla. No. Las voces volvieron.
—“EeeeeeH, que te he dicho que traigas aquí eso”. ¡Joder!—. Aquello ya empezaba a mosquearme. Vuelvo a abrir el ojo y nadie en la habitación. Me toco el cuerpo y ladeo la cabeza. No estoy dormido ni estoy soñando. Además de abrir el ojo, pongo la oreja.
—”que lo traigas de una vez”—. Por fin caigo que va a ser en la calle, que tengo la ventana abierta. Las voces continúan. Miro el reloj las dos y media de la mañana y me pregunto ¿Se habrán dado cuenta estos que están dando veces a estas horas?. Evidentemente no. De repente llego un camión y para justo delante de mi ventana. Con el motor encendido, empieza a acelerar y darle al acelerador y más y más sin meter primera. ¡Me cago en todo lo que se menea!-
Me levanto de la cama encendido y me asomo por los escasos centímetro que deja la persiana bajada y los veo: los basureros. O como ponía en el camión, del servicio de limpieza del Ayuntamiento de Madrid. Y me pregunto si éstos han hecho oposición para ese trabajo, no lo sé.
Lo digo porque aunque hayan hecho o no oposición, digo yo que un mínimo de educación tendrán. Y si la tuvieran se habrían dado cuenta que son las dos y media de la mañana de un martes y están dando voces en la calle y haciendo ruido. Hay cosas que no se aprenden en los libros. Y lo peor es que en plena sequía, van y se ponen a regar las aceras y venga a darle agua. Pero en que país vivimos. Así se tiraron haciendo ruido hasta las tres de la mañana. Los vecinos tenemos que madrugar, pero a ellos les da igual hacen el ruido que les sale de los huevos.
No tengo nada en contra de esta profesión, pero sí de aquellos que no se dan cuenta que su turno es de noche, cuando el noventa por ciento de la población descansa, y este es entre otros motivos por el cual tiene en su nómina un plus de nocturnidad por el que cobran más que otros que trabajan de día. Digo yo que esto debería implicar unas mínimas nociones de educación y respeto hacia sus congéneres que descansan y si bien tienen que trabajar, que por lo menos traten de hacer el menor ruido posible.
Por cierto, no me quiero marchar sin contar la anécdota que me dejó en mi mente cuándo llegué a Madrid y vi por primera vez a los basureros. ¡Iban corriendo!. Cogían los contenedores y las bolsas de basura y las tiraban al camión que iba en marcha y sólo se detenía por obligación, es decir en los semáforos, a veces ni eso. Los basureros corrían detrás del camión incluso le adelantaban para llegar antes a los contenedores y tenerlos preparados. Yo pensaba que el conductor era un cabrón y les estaría haciendo alguna novatada. Cuando al día siguiente lo conté en el trabajo, ninguno se extrañó y lo más curioso fue la explicación. En Madrid van corriendo porque si en vez de terminar su itinerario en ocho horas, lo hacen en siete, antes se van a la cama. Más chulos que un ocho. Me dejó helado pero pensándolo bien tiene su lógica.
En fin espero que no se lo tomen a mal los muy dignos profesionales que trabajan en el sector, pero al menos señores respeten lo máximo las horas de descanso y por el amor de Dios…hablen bajito, que no hace falta dar voces.
Javier García Peramato

