Las horas pasan perezosas y el tiempo es un amago de inercia. Miro a lo lejos y la nada de la paz se adueña de mis pupilas, alejo aún más la mirada y me reencuentro hace mil años.
Nada pasa. No pasa nada mientras divago y paseo mis devaneos por esta eternidad calmada.
El dolor es una entelequia y los cansinos minutos me llevan hacia la paz verdadera: la ausencia de lo absoluto.
Algo embriagador, diría que casi pecaminoso, es el inodoro aire y lo que ya roza la exaltación de los sentidos es una ligera bruma azulada que envuelve la lontananza y hace que ésta sea aún más acogedora al cansado viajero, ganoso de olvidar sus tribulaciones y renacer en este mágico lugar y tornarse en un ser nuevo capaz de enfrentarse a desconocidos acontecimientos con la sapiencia del veterano y la fuerza del robustecido neonato.
Una corriente marina procedente de un lejano más allá, hace de estas riberas una tierra anhelada desde los más lejanos tiempos. Por ella lucharon bravas legiones contra furiosas tribus defensoras de su estirpe; en ella fueron esclavizados sus legítimos poseedores por la fuerza bruta de quién se decía civilizado y para ella renacieron sus vástagos para expulsar al usurpador.
Así es el lugar más bello del mundo, así es donde vivo y donde vemos como pasan las perezosas horas y no se marcha nadie con ellas.
Y el tiempo fluye.
Y en lo más hondo de mis pupilas se sigue alejando la mirada…
Carlos Trenor

Puedes poner mi nombre: Carlos Trenor.
Estos días estoy muy liado, pero haré un hueco para encontrar alguna foto.
Un abrazo.
Carlos
Ya está hecho, Carlos. Siendo tú el autor del texto creo que puedes modificarlo a placer en la pestaña Editar.
saludos,
n1mh